• GUARDAR IMAGEN


  • GUARDAR TODAS LAS IMAGENES

  • COPIAR IMAGEN A:

  • OTRAS OPCIONES
  • ● Eliminar Lecturas
  • ● Ultima Lectura
  • ● Historial de Nvgc
  • ● Borrar Historial Nvgc
  • ● Ayuda
  • PUNTO A GUARDAR



  • Tipea en el recuadro blanco alguna referencia, o, déjalo en blanco y da click en "Referencia"
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Todas Las Revistas Diners
  • Todas Las Revistas Selecciones
  • CATEGORIAS
  • Libros
  • Libros-Relatos Cortos
  • Arte-Graficos
  • Bellezas Del Cine Y Television
  • Biografias
  • Chistes
  • Consejos Sanos
  • Cuidando Y Encaminando A Los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Paisajes Y Temas Varios
  • La Relacion De Pareja
  • La Tia Eulogia
  • La Vida Se Ha Convertido En Un Lucro
  • Mensajes Para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud Y Prevencion
  • Sucesos-Proezas
  • Temas Varios
  • Tu Relacion Contigo Mismo Y El Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005
  • CATEGORIAS
  • Arte-Gráficos
  • Bellezas
  • Biografías
  • Chistes que llegan a mi Email
  • Consejos Sanos para el Alma
  • Cuidando y Encaminando a los Hijos
  • Datos Interesantes
  • Fotos: Paisajes y Temas varios
  • La Relación de Pareja
  • La Tía Eulogia
  • La Vida se ha convertido en un Lucro
  • Mensajes para Reflexionar
  • Personajes Disney
  • Salud y Prevención
  • Sucesos y Proezas que conmueven
  • Temas Varios
  • Tu Relación Contigo mismo y el Mundo
  • Un Mundo Inseguro
  • TODAS LAS REVISTAS
  • Selecciones
  • Diners
  • REVISTAS DINERS
  • Diners-Agosto 1989
  • Diners-Mayo 1993
  • Diners-Septiembre 1993
  • Diners-Noviembre 1993
  • Diners-Diciembre 1993
  • Diners-Abril 1994
  • Diners-Mayo 1994
  • Diners-Junio 1994
  • Diners-Julio 1994
  • Diners-Octubre 1994
  • Diners-Enero 1995
  • Diners-Marzo 1995
  • Diners-Junio 1995
  • Diners-Septiembre 1995
  • Diners-Febrero 1996
  • Diners-Julio 1996
  • Diners-Septiembre 1996
  • Diners-Febrero 1998
  • Diners-Abril 1998
  • Diners-Mayo 1998
  • Diners-Octubre 1998
  • Diners-Temas Rescatados
  • REVISTAS SELECCIONES
  • Selecciones-Enero 1965
  • Selecciones-Julio 1968
  • Selecciones-Abril 1969
  • Selecciones-Febrero 1970
  • Selecciones-Marzo 1970
  • Selecciones-Mayo 1970
  • Selecciones-Marzo 1972
  • Selecciones-Julio 1973
  • Selecciones-Diciembre 1973
  • Selecciones-Enero 1974
  • Selecciones-Marzo 1974
  • Selecciones-Marzo 1976
  • Selecciones-Noviembre 1976
  • Selecciones-Enero 1977
  • Selecciones-Septiembre 1977
  • Selecciones-Enero 1978
  • Selecciones-Diciembre 1978
  • Selecciones-Enero 1979
  • Selecciones-Marzo 1979
  • Selecciones-Julio 1979
  • Selecciones-Agosto 1979
  • Selecciones-Abril 1980
  • Selecciones-Agosto 1980
  • Selecciones-Septiembre 1980
  • Selecciones-Septiembre 1981
  • Selecciones-Abril 1982
  • Selecciones-Mayo 1983
  • Selecciones-Julio 1984
  • Selecciones-Junio 1985
  • Selecciones-Septiembre 1987
  • Selecciones-Abril 1988
  • Selecciones-Febrero 1989
  • Selecciones-Abril 1989
  • Selecciones-Marzo 1990
  • Selecciones-Abril 1991
  • Selecciones-Mayo 1991
  • Selecciones-Octubre 1991
  • Selecciones-Diciembre 1991
  • Selecciones-Febrero 1992
  • Selecciones-Junio 1992
  • Selecciones-Septiembre 1992
  • Selecciones-Febrero 1994
  • Selecciones-Mayo 1994
  • Selecciones-Abril 1995
  • Selecciones-Mayo 1995
  • Selecciones-Septiembre 1995
  • Selecciones-Junio 1996
  • Selecciones-Mayo 1997
  • Selecciones-Enero 1998
  • Selecciones-Febrero 1998
  • Selecciones-Julio 1999
  • Selecciones-Diciembre 1999
  • Selecciones-Febrero 2000
  • Selecciones-Diciembre 2001
  • Selecciones-Febrero 2002
  • Selecciones-Mayo 2005

  • SOMBRA DEL TEMA
  • ● Quitar
  • ● Normal

  • PRESENTACIÓN DEL BLOG

    El objetivo de este blog es ofrecerte lectura con un estilo diferente y personalizable; brindando opciones para que el área y lo que lees o ves sean agradables, a tu gusto y necesidad.

    Aquí encontrarás lectura variada: libros y relatos completos, chistes, temas de salud, sobre la pareja, los hijos, consejos, temas variados, revistas Selecciones y Diners. Las revistas selecciones están ordenadas de manera que puedas leer cada una completamente. No requieres suscribirte, no hay publicidad ni enlaces ajenos al blog, todo es totalmente gratis.

    El blog dispone de más de 8000 publicaciones y más de 15000 imágenes. Las publicaciones están distribuidas por categoría. Puedes crear tu propia lista o listas de temas, o, categorizarlas según tu elección.

    Así como los temas de las publicaciones, también puedes organizar o categorizar las imágenes según tus gustos.

    La navegación en el blog es fácil, práctica y rápida; su manejo también es fácil e intuitivo. A continuación una visión rápida de sus características:

    Puedes darle diferentes aspectos con el sinnúmero de combinaciones que te permite el blog al SALON DE LECTURA, INICIO, INDICE O LISTA, CATEGORIA y NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL; sin perder el estilo dado cuando regreses al blog; permitiendo de esta manera dejarlo a tu gusto. Además, esos cambios realizados puedes definirlos en 10 estilos, los cuales puedes cargarlos en el momento que quieras. También puedes darle un estilo a cada post o publicación, a cada categoría, agrupar las publicaciones en 3 grupos diferentes y/o categorizarlos en "Lectura", "Leído", "Menú Personal 1 a 16"; todos independientes entre sí. Y si te preocupa que borren o dañen tus ESTILOS o CAMBIOS, también hay la opción de protegerlos.

    Puedes cambiar el tamaño, color y estilo de la letra; dar realce a: temas, subtemas, letra cursiva, texto entre comilla, dialogo entre dos personas, listas, texto en blockquote, título de la publicación; puedes ampliar o centrar la publicación; dejar marcado partes interesantes de alguna lectura; ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; emplear opacidad o transparencia, definir colores, ocultar secciones, ampliar las imágenes, crear indices de hasta 121 temas en los libros, cambiar de lado o inmovilizar el sidebar, crear listas personales de las publicaciones y catalogarlas a tu necesidad, crear sesiones para cuando dos o más personas usan la misma máquina, etc. etc.

    Si eres nuevo en el Blog y eres amante de la lectura te recomiendo leer "PERSONALIZA - MANUAL DEL BLOG" que se encuentra en el menú; pequeño manual que te permitirá sacarle el mayor provecho a las opciones brindadas; o, el tema "CÓMO FUNCIONA EL BLOG", que sigue a continuación de "OBSERVACIONES", en este mismo gadget.

    Prueba personalizando esta SECCION dando click en   P A N E L   del lado izquierdo.

    Presiona AQUI para información detallada sobre las opciones de PERSONALIZACION de este blog.

    CARACTERÍSTICAS DEL BLOG

    Algunas características requieren tener las funciones del PANEL activado.

    GENERAL
    • Las publicaciones están catalogadas por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Rápido acceso a las CATEGORIAS y SUB-CATEGORIAS por medio del MENU
    • Ventana de INTRODUCCION en todas las secciones, para las miniaturas y listas en texto
    • Tres slides de fondo (si has guardado imágenes en los slides 1, 2 y 3)
    • Listado de las publicaciones en:
      - Orden Alfabético
      - Por Categoría
      - Libros
      - Relatos Cortos
      - Por Autor (libros y relatos cortos)
      - Sólo imágenes (libros)
      - Sólo imágenes (revistas Diners y Selecciones)
      - Una sola página con todo lo arriba descrito
    • Guardar publicaciones para su acceso rápido en LECTURAS
    • Catalogar publicaciones para su acceso rápido en MENU PERSONAL (16 categorías personales y una de LEIDO)
    • Historial de las publicaciones navegadas (MENU / MENU PERSONAL / 13-16)
    • Activar o desactivar el desplazamiento del MENU
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier otra que te ofrece el blog
    • Cambiar la imagen del Header por cualquier imagen del internet
    • Ver el MENU con ICONOS
    • Crear un MENSAJE como recordatorio
    • Que el MENSAJE creado aparezca en 6 intervalos diferentes de tiempo
    • Crear SESIONES cuando entran al blog más de una persona en una misma máquina
    • Agregar clave para que no puedan accesar a un usuario o sesión
    • Permitir que la imagen del header cambie automáticamente cada vez que entras a la página. Independiente por sección del blog
    • Cambiar el aspecto de la página y guardarlos en ESTILOS personales (Básico y 1 a 9), independiente en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cambiar el aspecto de la página sin que los cambios se guarden
    • Borrar los cambios que realizas en una página por cada sección de la misma, o todo
    • Cargar ESTILOS predefinidos, independientes en cada sección del blog (INICIO, LISTAS o INDICE y SALON DE LECTURA)
    • Cargar los ESTILOS predefinidos de forma aleatoria u ordenada
    • Cargar los ESTILOS predefinidos y que se aplique el mismo en las otras secciones
    • Cargar un ESTILO personal
    • Cargar un ESTILO personal de forma aleatoria u ordenada
    • Copiar un ESTILO, personal o predefinido
    • Copiar un ESTILO personal o predefinido a otro USUARIO
    • Proteger los ESTILOS personales
    • Agregar CLAVE para que los ESTILOS personales no puedan ser protegidos o desprotegidos por otras personas
    • Crear NOTAS indefinidas
    • Te indica qué publicaciones tienen NOTAS, y cuántas tiene cada una
    • Acceso a la última publicación navegada
    • Muestra la fecha de la última navegación hecha en el Salon de Lectura
    • Guardar las imágenes en los SLIDES y BANCOS DE IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Dar zoom a las IMAGENES (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Fijar una imagen como fondo (en la página de INICIO solo se puede en las Ultimas Publicaciones)
    • Ver la imagen en pantalla completa (menos en en la página de INICIO)
    • Activar SLIDES, como fondo, con las imágenes guardadas en los SLIDES 1, 2 y 3
    • Indica cuál de los ESTILOS 1 a 9 y BASICO están ocupados
    • Dar a las imágenes tonos grises (independiente por sección de la página)
    • Dar al MENU para que tenga colores diferentes
    • Dar a las MINIATURAS, SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR para que tengan colores diferentes
    • Permitir que al dar click en una MINIATURA con la opción arriba indicada, la publicación adquiera ese color.
    PÁGINA DE INICIO
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (últimas publicaciones)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (sidebar)
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas (downbar)
    • Desactivar el cambio automático de los temas del: Slide, Sidebar y Downbar
    • Permitir ver las imágenes de las "Últimas publicaciones" a la izquierda y a la derecha
    • Cambiar de aspecto
    • Cambiar las miniaturas de "Últimas Publicaciones" por una categoría a elección
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas de las últimas publicaciones, el slide, menú, sidebar y downbar aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINAS DE LAS LISTAS
    • Cargar, de forma aleatoria u ordenada, las diferentes formas de ver las miniaturas
    • Ver las listas con IMAGENES y TEXTO
    • Ver las listas solo IMAGENES o solo TEXTO
    • Diferentes formas de ver la lista en IMAGENES
    • Aumentar la cantidad de imágenes a mostrar
    • INTRO de las publicaciones
    • Cambiar el aspecto del INTRO
    • Cambio de las imágenes automático, con 4 intervalos de tiempo
    • El intervalo puede ser fijo o sólo por una vez
    • Guarda la última publicación o grupo de imágenes revisado por categoria (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    PÁGINA DE CATEGORIAS
    • Guarda el último grupo revisado (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • Puede adquirir el ESTILO dado en el SALON DE LECTURA, por CATEGORIA y SUB-CATEGORIA
    • Cambiar de aspecto
    • Que las miniaturas adquieran los ESTILOS dados desde el SALON DE LECTURA a su respectiva categoría
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura de las últimas publicaciones con los cambios de su respectiva categoria, al dar click en la miniatura se refleje en la publicación
    • Que las miniaturas aquieran fondos de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    SALON DE LECTURA
    • Cambiar el aspecto de la publicación por y guardarlos por:
      - ESTILOS Personales (Básico, 1 a 9), se aplica a todas las publicaciones
      - Por Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Sub-Categoria (1, 2 y 3)
      - Por Publicación
      - Por Grupos 1, 2 y 3
      - Por listas de LECTURA, MENU PERSONAL (1 a 16) y LEIDO
    • Cargar un ESTILO:
      - En todas las publicaciones (ajeno a estilos Básico y 1 a 9)
      - Para todo el blog
      - Para todo el blog y publicaciones
      - Para todo el blog menos en el SALON DE LECTURA
      - Respetando si la CATEGORIA tiene un ESTILO propio
      - Respetando si la publicación tiene un ESTILO propio
      - Definiendo el orden de carga de los GRUPOS 1, 2 y 3
    • Cambiar el aspecto de la publicación y del texto
    • Diferenciar conversaciones en las publicaciones (menos libros y relatos cortos)
    • Definir para cuando se ingrese a una publicación se coloque la primera imagen como fondo
    • Guardar hasta 121 puntos o partes importantes de una publicación (como un índice). Por publicación
    • Guarda la posición donde suspendes la lectura de forma rápida
    • Desplazamiento automático de la publicación (7 niveles de velocidad)
    • Guia de lectura cuando hay mucho texto
    • Lleva un registro de las CATEGORIAS, SUB-CATEGORIAS, PUBLICACIONES y publicaciones en GRUPOS con ESTILO aplicado
    • Que los widgets del sidebar adquieran fondos de color diferente
    • Que las miniaturas del sidebar del widget OTRAS PUBLICACIONES, adquieran fondo de color diferente
    • Permitir que al aplicar la carga de la miniatura con fondo de color diferente del widget OTRAS PUBLICACIONES del sidebar, al dar click en ésta, se refleje en la publicación
    • Colocar la imagen principal de la publicación para que ocupe el ancho de la página.
    PÁGINA NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL
    • No hay refresco de pantalla
    • Las mismas opciones del SALON DE LECTURA
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 1
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 2
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda la última publicación revisada o leída, por categoría (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    • La primera imagen de la publicación está como fondo
    PÁGINA NAVEGAR DIRECTO 3
    • No hay refresco de pantalla
    • Guarda el último grupo de publicaciones revisados (varía cuando se agrega publicaciones nuevas)
    MI LIBRERIA
    • Edición de las NOTAS guardadas
    • Edición de las imágenes guardadas en los Slides 1, 2, 3 y Bancos de Imágenes
    • Edición de las publicaciones guardadas en Lecturas, Personal 1 a 16 y Leído
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones entre Slides y Banco de Imágenes y entre Listas
    • Permite copiar las imágenes y publicaciones guardadas a otro usuario o sesión

    CÓMO FUNCIONA EL BLOG

    Si eres nuevo en el blog y quieres aprender cómo funciona, o hay partes algo complicadas, te daré una explicación detallada para que puedas comprender a fondo su funcionamiento y aprovechar las características que te brinda.

    Para comenzar explicaré rápidamente las características que te ayudarán en la lectura en el SALON DE LECTURA:

    En el MENU, en "+Otros", encontrarás las opciones CREAR NOTA y VER O EDITAR NOTAS, esas opciones te permiten crear una NOTA de forma rápida y/o ver la ventana de NOTAS y revisar todas las que has creado. La letra "N" debajo de la palabra PANEL hace la misma función. En la misma sección "+Otros" encontrarás "Ultima Lectura" y una fecha, la fecha es la última vez que estuviste en el blog, y Ultima lectura es la última publicación que leiste o revisaste; dando click a esa frase te vas a esa publicación.

    Cuando estás en una publicación y te has desplazado un poco hacia abajo, ese punto se guarda automáticamente. Cuando regresas a la misma publicación, la pantalla se situará en ese punto. Cada publicación es independiente.

    Otra forma de hacerlo es dejando marcado el punto donde la suspendes, dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura; al hacer esto automáticamente aparece un punto en la parte última del MENU. Cuando regreses a la publicación das click en ese punto y te desplazarás a la línea donde suspendiste la lectura. La línea de retorno debe estar entre "I PANEL N". Una vez que haz dado click en el punto, el mismo desaparece del MENU.

    Cuando una publicación tiene NOTAS guardadas y puntos guardados, aparece en la parte última del MENU dos caracteres rectangulares, indicando que hay NOTAS y puntos guardados, le das click a ese caracter y se abre la ventana respectiva.

    Para dejar más de un punto de la publicación guardado, das click en PANEL en la sección PUNTOS. En esa ventana vas a ver una opción: "Guardar Punto". Cuando das click en esa opción aparece una ventana donde dice "PUNTO A GUARDAR". En el recuadro blanco puedes colocar una referencia al punto o pantalla a guardar o dejarlo en blanco. Para que acepte guardar el punto debes dar click en "Referencia". Si no has colocado referencia, automáticamente toma el nombre de "Punto Guardado " y el número correspondiente al mismo. Si has guardado un punto aparece el texto "Borrar todos los Puntos". Si has guardado más de un punto, aparece otro texto que dice "Borrar por Punto". El primero te permite eliminar el punto o todos los puntos guardados; y el segundo te permite eliminar por punto específico.

    La letra "I", que aparece sobre la palabra PANEL, te permite almacenar la o las imágenes de una publicación, ya sea en uno de los tres SLIDES o en los BANCOS DE IMAGENES; también permite darle zoom a cualquier imagen de la publicación. Te permite también colocar cualquier imagen de la publicación como fondo. Las imágenes guardadas en los SLIDES se pueden activar en cualquier parte del blog, y se ejecuta como fondo. Para activar el SLIDE, das click en la palabra PANEL, en la sección ESTILOS, aparece una línea con Slide1 Slide 2 Slide 3 (aparecerán las que tengan al menos una imagen guardada), das click a uno de ellos y se activa el slide.

    Si deseas guardar la publicación en LECTURAS o en alguno de MENU PERSONAL (que se encuentra en el MENU), cada tema tema tiene un "+" a la derecha, que te permite seleccionar en qué lista guardar.

    Si deseas cambiar los nombres en el MENU PERSONAL (Personal 1, Personal 2, etc. etc.), en el SALON DE LECTURA das click en PANEL, seguido de "Registros" y por último "Cambiar Tema de PERSONAL (1-16)". En INICIO, CATEGORIA e INDICE o LISTA, das click en PANEL y luego en "Varios".
    Para cambiar el nombre, tipeas el nuevo en el recuadro en blanco y das click en "Personal 1, Personal 2, etc. etc." que se encuentra a mano derecha del recuadro en blanco.

    Cuando estás en una publicación o post, cualquiera, puedes usar las opciones del MINI PANEL que se encuentra en el MENU (ocultar, columnas-imagen, tipo letra, etc.). Las opciones que ves en el MINI PANEL también las encontrarás en el PANEL, solo que ahí cada una está en su respectiva sección. La función del MINI PANEL es brindarte, de manera rápida, el acceso a funciones básicas del PANEL.

    ¿QUÉ PUEDES HACER CON EL MINI PANEL?
    El MINI PANEL te permite cambiar el aspecto a la publicación o página mediante las opciones que se explican a continuación:

    CAMBIAR PUBLICACION - OCULTAR SECCIONES: Permite ocultar el sidebar, cambiarlo de posición, etc. etc.
    COLUMNAS E IMAGENES DEL POST: Te permite ver la publicación en dos, tres o cuatro columnas; además, puedes ampliar o reducir las imágenes.
    TIPO LETRA-TAMAÑO LETRA-COLOR LETRA: Te permite cambiar el tipo, tamaño y color de la letra de la publicación.
    COLOR DEL TITULO: También puedes cambiar el color del título de la publicación.
    SOMBRA-BLUR DE LAS IMAGENES: Puedes darle sombra o blur a las imágenes de la publicación.
    CAMBIAR IMAGEN DEL HEADER: Puedes cambiar el header o cabecera del blog por un paisaje, del mismo tamaño que el actual o más grande.


    Cualquier opción u opciones que apliques del MINI PANEL y/o PANEL para cambiar el aspecto de la página se guardará automáticamente en lo que he denominado ESTILO BASICO, y no se perderá cuando regreses al blog, a la misma u otra publicación. Eso significa que, si te gusta leer en dos columnas, con el título en rojo y el texto de color gris y aplicas esas opciones con el MINI PANEL y/o PANEL, cuando regreses al blog verás todas las publicaciones con esos cambios.

    Estos cambios que se hacen con el MINI PANEL y el PANEL, para dar otro aspecto a la publicación, también los llamo ESTILOS, por lo que más adelante emplearé ese término sin que se refiera, específicamente, a los ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    En el PANEL encontrarás muchas más opciones, incluido para realizar cambios al MENU, SIDEBAR, MAIN y BODY.

    Este PANEL también lo encontrarás en la página de INICIO, INDICE O LISTA y CATEGORIA. Su funcionamiento es similar en cada sección e independiente entre sí; eso significa que si haces cambios en la página de INICIO, éstos no afectarán al POST o PUBLICACION ni al INDICE O LISTA, y viceversa.

    El MINI PANEL es sólo para la sección del POST o PUBLICACION (SALON DE LECTURA).

    Ahora que tienes una visión sobre lo que puedes hacer en el blog, entremos a describir otras opciones que se encuentran en el PANEL para ver cómo se puede manejar los cambios que realizaste, además de otras interesantes características.

    Seguir leyendo

    OBSERVACIONES

    Algunos efectos que aquí encontrarás requieren navegadores que soporten CSS3.
    BLOG OPTIMIZADO para Google Chrome a una resolución de pantalla de 1024 x 768.

    LAS FUNCIONES DEL PANEL están desactivadas para los nuevos en el blog o para aquellos que no han hecho cambio alguno. Debes activar las funciones del PANEL y posterior debes ir al MENU, ESTILOS y dar click en "Desactivar Carga Aleatoria u Ordenada" (en INICIO, SALON DE LECTURA y LISTA o INDICE) para que puedas hacer cambios en el blog.

    ESTE BLOG fue diseñado bajo la plataforma GOOGLE CHROME. Su constante revisión, los cambios que se realizan y las publicaciones que se agregan son hechos bajo la misma plataforma, no se emplea otro navegador; por lo que no garantizo que su aspecto y funcionalidad sea el correcto en otros navegadores. Por experiencia propia, la funcionalidad y presentación del blog no es la correcta en INTERNET EXPLORER 6, 7 y 8.

    SI TIENES ACTIVADO el traductor automático de idioma tendrás problema con las funciones que te ofrece el PANEL. Si vas a hacer cambios, debes desactivar el traductor, permitiendo que el blog quede en su idioma original (español).

    TODOS LOS CAMBIOS que hagas en el block, las imágenes guardadas en los SLIDES y BANCO DE IMAGENES, los libros guardados en LECTURA y MENU PERSONAL, las NOTAS creadas, y los PUNTOS guardados de algún libro(s), se almacenan en tu máquina. Cuando vayas a otra PC no verás lo anterior descrito. Para saber cómo llevar toda tu información a otras máquinas, da click AQUI

    LOS LIBROS CORTOS Y RELATOS no disponen de portada, por lo que, al entrar a uno de estos temas, no vas a ver la misma imagen, ya que es agregada. Cuando entras a una de estas publicaciones, aparece una imagen como portada; y si vuelves a entrar a esa misma publicación o refrescas pantalla, aparece otra diferente. Esto no sucede en las publicaciones de las opciones de NAVEGAR DIRECTO. De igual forma ocurre en las miniaturas de todas las secciones del Blog. Ninguna imagen de las designadas para los RELATOS o LIBROS CORTOS está relacionada a un tema en especial, es totalmente aleatorio; ya sea que entres a Inicio, Listas, Categorías, Navega Directo (todos) y Salón de Lectura.

    EN LAS MINIATURAS, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO. Esto no se aplica si estás en NAVEGA DIRECTO + FUNCIONES DEL PANEL.

    LOS PUNTOS no funcionan si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST. Debes tomar en cuenta, también, que si haces cambios en el HEADER (cambiar la imagen por una de mayor longitud); cambios en la publicación, como por ejemplo: cambiar el tamaño de la letra, aumentar de tamaño la LETRA CAPITAL, ampliar el post ocultando el sidebar, aumentar el tamaño de la imagen, agregar avatar a las conversaciones, etc. etc.; los PUNTOS no se desplazaran, exactamente, a la pantalla exacta. Debes marcar los puntos después de haber hecho los cambios necesarios en la publicación o en el ESTILO.

    El DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO no funciona si has aplicado REDUCIR LARGO DEL SIDEBAR Y POST; se hace lento cuando tienes abierta la ventana del PANEL, o aplicado muchas sombras; y no funciona la barra lateral de desplazamiento mientras esté activo.

    EN EL SALON DE LECTURA, si aplicas para colocar la IMAGEN DEL POST como fondo, dedes desactivar esta opción si vas a cambiar de ESTILO a uno que tengas cambiado el fondo del BODY. Tampoco recomiendo aplicar esta opción en los ESTILOS que hayas empleado cambios en el fondo del body.

    USAR LAS OPCIONES del MINI PANEL intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    USAR LAS OPCIONES de MINIATURAS que se encuentra en el MENU (en la página de INICIO y LISTAS O INDICE) intercalado con las mismas del PANEL causa conflicto, provocando cambios con errores visuales....Más detalles

    EL FORMATO NUEVO del texto no está aplicado a todos los LIBROS y RELATOS. En el INDICE O LISTA los que disponen del formato tienen un (√) en el lado derecho. El resto de las CATEGORIAS disponen del formato nuevo.

    LA LONGITUD DEL SIDEBAR debe quedar igual con la longitud de la PUBLICACION o POST siempre y cuando la longitud de la PUBLICACION o POST sea superior a la longitud del SIDEBAR; si es lo contrario habrá diferencia; y, cuando no se ha alterado la longitud de la publicación con cualquier tipo de cambio de formato en su contenido; como por ejemplo: cambiar el tamaño del texto, cambiar la longitud entre líneas, aplicar letra capital, etc. etc. Si aplicas REDUCIR LARGO SIDEBAR Y POST (derecho o izquierdo), debes refrescar pantalla para que quede parejo.

    SI ESTAS EN EL INDICE O LISTA, en los LIBROS, y la carga de las miniaturas es muy demorado, la razón es que has aplicado muchos gráficos en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIAS)". Para que la carga sea más rápida debes dar click en un número de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS)", que se encuentra en el PANEL, en la sección "VISUAL".

    NOTA: Para que los cambios realizados permanezcan es necesario tener activada las cookies de tu navegador. El mismo principio se aplica si vas a dejar puntos guardados en las publicaciones, agregar temas en "LECTURAS", "LEIDO" y "MENU PERSONAL", dejar anotaciones en "NOTAS" y para que funcione la sección "REGISTROS" del PANEL del SALON DE LECTURA.
    Si eliminas el archivo "http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage" de la carpeta "LOCAL STORAGE", pierdes todos los cambios realizados, los puntos guardados en las publicaciones, lo guardado en NOTAS, las listas de LECTURAS, LEIDO y MENU PERSONAL y el control que lleva la sección REGISTROS del PANEL; dejando el blog en su estilo estándar.
    Si desactivas las funciones del PANEL no podrás hacer cambio alguno con el MINI PANEL y PANEL.

    NOMENCLATURA

    Significado de las letras que aparecen en el menú, el menú del PANEL y la sección ESTILOS del PANEL.

    Letras en la parte derecha inferior del menú del PANEL:
    EBa: Cargado o trabajando con el Estilo Básico
    E1 a E9: Cargado o trabajando con el Estilo 1, estilo 2, estilo 3.... estilo 9
    Post: Cargado o trabajando por publicación
    C1 a C3: Cargado o trabajando por categoría 1, 2 ó 3
    S: Cargado o trabajando por sub-categoría 1, 2 ó 3
    P: Cargado o trabajando el estilo respetando si la publicación tiene estilo propio.
    G1 a G3: Cargado o trabajando con el Grupo 1, 2 ó 3
    LY: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Lecturas"
    LL: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Leídos"
    P1 a P16: Cargado o trabajando el Estilo dado a "Personal 1 a Personal 16"
    ALEATORIO: Carga de los estilos aleatoriamente
    ORDENADO: Carga de los estilos ordenadamente
    ALEATORIO+PP: Carga de los estilos aleatoriamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    ORDENADO+PP: Carga de los estilos ordenadamente respetando si la publicación tiene estilo propio.
    PREDEF.: Has cargado uno de los ESTILOS predefinidos que te ofrece el blog.
    Ho: Cambio del header ordenado
    Ha: Cambio del header aleatorio
    Pm: Publicación toma color de la miniatura
    Letra en gris Significa que la publicación también está en ese estilo, pero, el actual en rojo está en un nivel superior de prioridad.


    Letras en la parte derecha superior del menú del PANEL
    : Estilo protegido
    X: Las funciones del PANEL están desactivadas.
    T: El estilo se carga en todo el blog
    P: El estilo se carga en todas las publicaciones
    C: El estilo se carga en todo el blog y publicaciones
    F: Estilo fijo para el inicio e indice o lista (INICIO e INDICE O LISTA)
    MA: Está activado "Estilo en miniatura Aleatorio" (INICIO)
    MC: Está activado "Estilo en miniatura Continuo" (INICIO)
    SA: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Aleatorio" (INICIO)
    SC: Está activado "Estilo en miniatura del Sidebar Continuo" (INICIO)
    DA: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Aleatorio" (INICIO)
    DC: Está activado "Estilo en miniatura del Downbar Continuo" (INICIO)
    AUT: Está activado el avance de las miniaturas (LISTA O INDICE)
    AUT-no fijo: Está activado el avance de las miniaturas. No queda activado cuando refrescas pantalla (LISTA O INDICE)
    A: Carga de estilos por sub-categoría (CATEGORIA)

    PANEL, sección ESTILOS, Guardar los Cambios:
    Guardar 1 a Guardar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 en el cual se guardarán los cambios.
    Guardar en Básico: Seleccionar el estilo Básico para guardar los cambios.
    LY: Seleccionar "Lecturas" (del Menú) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. LL: Seleccionar "Leído" para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esa lista adquiera el Estilo dado. P1 a P16: Seleccionar del "Menú Peronal" (Personal 1 a 16) para guardar el Estilo, y toda publicación que se agregue a esas listas adquiera el Estilo dado.

    PANEL, sección ESTILOS, Ver Estilos con Cambios
    Bás: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo Básico
    1 a 9: Se ha hecho, al menos, un cambio en el estilo 1, 2, 3... 9.
    Cat1() a Cat3(): Se ha hecho cambio en x categorías 1, 2 y/o 3. La cantidad de categorías con estilo va entre los paréntesis.
    Post(): Se ha hecho cambio o dado estilo propio en x publicaciones. La cantidad de publicaciones con estilo propio va entre los paréntesis.
    G1() a G3(): Se ha agregado x publicaciones al grupo 1, 2 y/o 3. La cantidad de publicaciones agregadas va entre los paréntesis.
    LY, LL, P1 a P16 Se ha hecho, al menos, un cambio en "Lecturas", "Leído" y "Personal 1 a 16".

    PANEL, sección ESTILOS, Cargar ESTILOS
    Cargar 1 a Cargar 9: Seleccionar el estilo del 1 al 9 a cargar.
    Cargar Básico: Cargar el estilo Básico.


    PRIORIDAD DE CARGA DE LOS ESTILOS:

    1) PREDEFINIDO
    2) CARGA MINIATURA CON ESTILO DE CATEGORIA
    3) PUBLICACION TOMA COLOR DE LA MINIATURA
    4) LY, LL, P1 a P16: Lecturas, Leídos y Personal 1 a Personal 16
    5) G3 - G2 - G1: Grupos 1, 2, 3
    6) POR POST
    7) POR CATEGORIA o SUBCATEGORIA 1, 2, 3
    8) ESTILOS 1 a 9 y BASICO.

    PREGUNTAS Y SOLUCIONES

    Lo que a continuación describo son situaciones que pueden surgir en cualquier momento, aunque estemos muy familiarizados con el blog. A veces olvidamos cuál es el motivo para que nuestra petición no responda como es debido.
    También es para aquellos visitantes, nuevos o asiduos, que no les gusta o no acostumbran a leer MANUALES u OBSERVACIONES, contestando preguntas de algunas opciones brindadas en este blog.
    Les recuerdo que el navegador empleado es el GOOGLE CHROME. Si empleas otro navegador es probable que haya situaciones o inconvenientes muy ajeno a lo aquí descrito.
    Esta sección hace hincapié de lo ya tratado en OBSERVACIONES y CÓMO FUNCIONA EL BLOG.
    Las situaciones están por sección (INICIO - SALON DE LECTURA - CATEGORIA - INDICE O LISTA) y conjunto de ellas, para su mejor búsqueda. Esta lista se va incrementando a medida que experimento situaciones o que crea conveniente debe ser expuesta.

    Nota.
    Al colocar la imagen de fondo, en la mayoría de los libros que no disponen del visto bueno o del formato para hacer cambios, no aparece la imagen. La razón es que al subir la imagen se lo hizo colocando el autor entre paréntesis. No he realizado los arreglos necesarios, y por el momento, se mantendrán así.


    SE APLICA A TODO EL BLOG
    Eso ocurre cuando has aplicado "Desactivar funciones del PANEL" o has cargado el ESTILO ORIGINAL. Debes activar las funciones del PANEL para poder realizar cualquier cambio; o cargar otro ESTILO que no sea el ORIGINAL. Esas opciones las encuentras en PANEL, la sección ESTILOS.

    Cinco razones para que eso ocurra: 1) Has aplicado "Desactivar funciones del PANEL", 2) Has cargado el estilo ORIGINAL. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL, 4) Debes tomar en cuenta en qué estilo hiciste los cambios, y cargar ese mismo estilo. Y 5) Tienes desactivada las cookies de tu navegador.

    Lo más seguro es que tienes protegido el estilo actual. Desprotégelo, preferentemente desde el SALON DE LECTURA, en la sección "SEGURIDAD" del PANEL. Otra razón es que has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS, que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL.

    El PANEL de la página de INICIO, INDICE O LISTA y SALON DE LECTURA trabajan de manera independiente. Cada uno puede tener 10 estilos diferentes sin afectarse entre sí.

    Si has seguido el proceso de su instalación correctamente, entonces, cerciórate que tengas activado las cookies del navegador.

    En este caso debes estar consciente de qué estilo está cargado, qué combinación de estilos has aplicado, a cuál estilo hiciste cambios y considerar la prioridad de carga de los estilos. El estilo cargado lo puedes ver en la parte inferior derecha del menu de la ventana del PANEL. El detalle de las siglas empleadas y la prioridad de carga de los estilos lo encuentras en este mismo gadget en "NOMENCLATURA".

    Si eso ocurre es probable que hayas aplicado sombras o blur en varios secciones de la página y a la vez tener abierta la ventana del PANEL, también, puedes haber aplicado imagen en el fondo del body y tener abierta la ventana del PANEL y/o haber aplicado sombras o blur en algunas secciones de la página. No uses muchas sombras si vas a colocar imagen en el fondo del body.

    La única razón para que eso ocurra es activando la opción de PASARLA A GRISES. En la sección que veas la imagen blanco y negro, por ejemplo en el SIDEBAR (SALON DE LECTURA), te vas a PANEL, la sección SIDEBAR, buscas "IMAGEN, PASARLA A GRISES" y eliges la opción deseada.

    En las miniaturas, sea en el INICIO, SALON DE LECTURA, INDICE O LISTA y CATEGORIA, al dar click en el tema el link se abre en otra ventana, al dar click en la imagen o en "LEER", "SEGUIR LEYENDO" o "PUBLICACION COMPLETA" el link se abre en la misma ventana. Lo mismo ocurre en el SLIDE, SIDEBAR y DOWNBAR de la página de INICIO.

    Presiona PANEL y en la ventana que aparece verás un candado color amarillo en la parte derecha superior.

    Hay dos razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado CARGA ALEATORIA u ORDENADA en esa sección, desactívala, ya que tiene prioridad sobre los ESTILOS. 2) En el SALON DE LECTURA tienes activado CARGAR EN TODAS LAS PUBLICACIONES o CARGAR EN TODO EL BLOG Y PUBLICACIONES.

    Para eliminar una NOTA debes abrirla y luego presionar ELIMINAR NOTA. Si has abierto dos o más NOTAS, solo se eliminará la última abierta, el resto no, debes cerrarlas y eliminarlas una por una. Debes abrir NOTA por NOTA e ir eliminándola a medida que la abras.

    En los ESTILOS predefinidos no puedes hacer cambios. Para hacer cambios en alguno de ellos, debes primero cargarlo y seguido copiarlo a otro ESTILO (que van desde GUARDAR 1, GUARDAR 2… hasta PERSONALIZAR GRUPO 3 O APLICARLO AL POST); hecho esto, cargas el ESTILO al que se copió y seguido haces los cambios deseados.
    Si quieres aplicar el ESTILO para todo el blog o fijarlo para el INICIO e INDICE O LISTA, sigues el proceso ya explicado, luego cargas el ESTILO a cual se copió y eliges la opción deseada (esto último sólo en el SALON DE LECTURA).

    Puede ser por cuatro razones: 1) Tienes desactivado las FUNCIONES DEL PANEL. 2) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA que se encuentra en el MENU / ESTILOS (debes hacerlo en INICIO, LISTA o INDICE y SALON DE LECTURA). 3) No has activado FONDO COLOR VARIADO, y/o 4) No has aplicado DESACTIVAR CARGA ALEATORIA U ORDENADA en el SALON DE LECTURA.



    SE APLICA SOLO EN EL "SALON DE LECTURA" Y EN EL "INDICE O LISTA"
    Tienen que estar ocultos. Entra en PANEL, la sección "VARIOS" en "CAMBIA-INMOVILIZA SIDEBAR-OCULTAR SECCIONES", la opción "OCULTAR SECCIONES", en el SALON DE LECTURA; en INDICE O LISTA busca las opciones similares.

    Si estás en el SALON DE LECTURA en la publicación de tu interés, simplemente agrégalo a la lista deseada. Si estás en INDICE O LISTA, cuando agregas a la lista siempre se agregará la primera publicación superior que aparece a mano izquierda (cuando son varias miniaturas o imágenes). Para que sea un tema elegido, debes darle click al INTRO de ese tema y luego agregarlo a la lista deseada; o dar click en el caracter "+" y elegir dónde guardarlo.



    SE APLICA AL "SALÓN DE LECTURA"
    Tres razones para que eso ocurra: 1) Debes haber cambiado la longitud de la publicación, 2) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación y/o 3) Cambiaste la imagen del header por una de mayor longitud, o viceversa. Si has hecho cualquiera de los tres casos descritos, o los tres, debes marcar y guardar la posición después de esos cambios.

    Eso ocurre cuando has aplicado el DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Debes detenerlo para que tomes el control de la barra de desplazamiento. La opción la encuentras en la sección VARIOS del PANEL.

    Para reducir esa cantidad a 5 miniaturas, te vas al PANEL, la sección VARIOS, presionas NIVELAR SIDEBAR CON POST y luego presionas DESACTIVAR.

    Te vas a PANEL, sección VARIOS, presionas ICONO:CAMBIAR-DIMENSIONAR-DESPLAZAR. Si quieres quitarlo presionas CAMBIAR ICONO la opción QUITAR, si quieres mostrarlo presionas ORIGINAL.

    Presiona PANEL, luego POST, seguido de COLUMNAS Y ZOOM DE IMAGENES.

    Lo primero que debes hacer es entrar a cualquier publicación que pertenezca a la categoría de la revista que desees aplicar los cambios (puedes ver la categoría en la parte última de la publicación), luego das click en "GUARDAR Y CARGAR POR SUB-CATEGORIA 1" (la 2 o la 3) que se encuentra en la sección ESTILOS en "GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL, se efectúa un reinicio de página (si la página aparece con cambios es porque ya has hecho cambios en esa subcategoría anteriormente); por último seleccionas la opción "GUARDAR POR SUB-CATEGORIA", toma unos segundos a que aparezca el visto bueno, opción que la encuentras en GUARDAR, BORRAR ESTILOS Y APLICADOS" del PANEL. Ahora sí, procede a hacer los cambios que desees en esa revista. Si no das click en GUARDAR POR SUB-CATEGORIA los cambios se guardarán en la CATEGORIA que seleccionaste (1, 2 ó 3) y no en la SUB-CATEGORIA de la revista actual.

    Las razones son: 1) Has desactivado la opción para que quede igual, la cual se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego NIVELAR SIDEBAR CON POST, debes activarlo. 2) Cuando la publicación es más corta que la longitud del sidebar, el sidebar tratará de ajustarse a ésta, y por lo general no logra igualar la longitud. 3) Debes haber hecho cambios significativos en el texto, título o imagen de la publicación. 4) La última miniatura corresponde a la primera publicación realizada y como ya no tiene qué mostrar no puede completar el sidebar. 5) El máximo de miniaturas a mostrar es de 250 y cuando son libros o relatos cortos con gran cantidad de contenido la publicación sobrepasa ese máximo.

    Eso ocurre por una de las siguientes razones: Tienes abierta la ventana del PANEL, has añadido muchas sombras, o has colocado imagen en el fondo del body.

    Eso ocurre porque has estado presionando intercaladamente la tercera y quinta opción que se encuentra en la barra del DESPLAZAMIENTO AUTOMATICO. Para poder controlar la velocidad con las opciones brindadas presiona la cuarta opción que es para detener el desplazamiento; ahora sí, puedes elegir cualquier opción para activar el desplazamiento.

    Es todo texto centrado dentro de un rectángulo azul, que encontrarás en algunas publicaciones. Para realizar cambios en los BLOCKQUOTE, presiona PANEL, seguido de TEXTO DEL POST y luego TEXTO EN BLOCKQUOTE Y BLOCKQUOTE. Tienes algunas opciones para darle otro aspecto.

    No hay forma de recuperar la clave asignada. La única opción que te queda es eliminar el archivo http_www.mdarena.blogspot.com_0.localstorage que se encuentra en la unidad C del disco duro, en la siguiente ruta: "C:\Documents and Settings\MAQUINA5\Local Settings\Application Data\Google\Chrome\User Data\Default\Local Storage", en este caso MAQUINA 5 es el usuario de la sesión de windows. Para eliminarlo debes cerrar el GOOGLE CHROME. Una vez eliminado abres nuevamente el GOOGLE CHROME y entras al blog, empezando de cero, con su presentación estándar.

    Presiona PANEL, luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION. Lo mismo es en la página de INICIO, cambias el color de la paginación y del selector de tema en el slide.

    CATEGORIA es cada uno de los links del menú que están a la izquierda de +LISTAS. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías; estando enmarcadas cada una en las categorías "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente

    Esto se debe a que, como estándar, está activado la nivelación de la longitud del SIDEBAR con la longitud de la publicación. Cuando la publicación es corta, dependiendo de cuán corta es, algunas ventanas o widgets no se mostrarán, tratando que la longitud del sidebar no sea demasiado larga que la longitud de la publicación; igual ocurre con las miniaturas. Para desactivar esta opción y que las ventanas o widgets del sidebar se mantengan das click en PANEL, luego en VARIOS, seguido de NIVELAR SIDEBAR CON POST, y por último DESACTIVAR.

    Cuando dejas marcado uno o varios puntos de una lectura para luego emplearlos, la línea de retorno estará debajo del MENU. Cuando aplicas guardar el PUNTO de acceso rápido, que aparece al final del MENU una vez que lo has guardado, el punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Si no es así es porque has hecho cambios significativos en la publicación, como por ejemplo: aumentar el tamaño del texto y/o de la imagen, o cualquier cambio que altere la longitud de la publicación. También afecta si has expandido la publicación ocultando el sidebar. Siempre que vayas a dejar puntos marcados debes hacerlo después de hacer los cambios necesarios en la publicación o ESTILO.

    No necesitas dejar marcado el punto donde suspendes la lectura, ya que automáticamente se guarda el punto o la pantalla que dejas de leer. El problema con esta opción es que si navegas por la lectura, el punto o pantalla se guardará dónde te quedes al dejar de navegar.
    Otra opción es dando doble click en cualquier parte de la línea que suspendes la lectura. Cuando dejas marcado la línea, al retornar al libro o publicación verás en la parte derecha del MENU el punto "●". Das click en el mismo y te desplazarás a la línea que suspendiste la lectura. El punto de retorno estará al comienzo o entre "I PANEL N", que se encuentra a mano izquierda. Cada publicación es independiente al resto. Cuando aplicas el "●", el mismo desaparece.

    Para activar LA GUIA DE LECTURA debes estar en el comienzo de la publicación.

    Las opciones para activar el o los slides aparecen sólo si has guardado imágenes con la opción 'I' que se encuentra sobre el PANEL; también si guardas en MI LIBRERIA o en NAVEGA DIRECTO 1.

    Tienes dos métodos: 1) Seleccionar CARGAR SOLO POR POST y hacer los cambios deseados. 2) Cargas el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas GUARDAR POR POST y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios en la publicación o post eliges CARGAR SOLO POR POST. Si la publicación ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el estilo está protegido no podrás hacer cambio alguno.

    Primero debes cargar el ESTILO ORIGINAL, luego seleccionas PERSONALIZAR GRUPO 1 O APLICARLO AL POST (igual con el grupo 2 ó 3) y realizas los cambios deseados. Para ver los cambios hechos en el GRUPO eliges PERMITIR CARGA DEL GRUPO 1 (igual con el 2 ó 3). Si el GRUPO ya tenía cambios hechos, los que acabas de hacer se agregan y se cambian si la opción hecha ya había sido aplicada anteriormente. Si el GRUPO está protegido no podrás hacer cambio alguno.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS DE "+LISTAS" O "INDICE O LISTA"
    Eso ocurre cuando estás en LISTA DE LOS TEMAS-LIBROS y has aplicado una de las opciones que hay en "CANTIDAD DE IMAGENES (CATEGORIA)". Prueba cambiando con una de las opciones de "CANTIDAD DE IMAGENES (LIBROS y RELATOS), en PANEL, sección VISUAL, en la parte última. Los LIBROS y algunos LIBROS-RELATOS CORTOS, por su extenso contenido, toman más tiempo en completar las miniaturas o mostrar las imágenes.

    El visto bueno indica que la publicación tiene el formato que permite hacer cambios en el texto, lo que es: BLOCKQUOTE, TEMA, SUBTEMA, IDENTIFICADOR 1-2, LETRA CAPITAL, etc. etc. Este visto bueno se aplica sólo en los LIBROS y LIBROS-RELATOS CORTOS, ya que el resto de las publicaciones sí disponen de ese formato.

    Los LIBROS y LIBROS CORTOS-RELATOS CORTOS disponen de un visto bueno "√" al final del tema, indicando que ese libro o publicación se puede aplicar el formato nuevo. En el resto de las CATEGORIAS todas las publicaciones tienen el formato nuevo.

    La única razón por la que puede ocurrir eso es porque tu internet está fallando.

    Das click en PANEL y luego MINIATURAS. Puedes aplicar todas las opciones que comiencen con la palabra IMAGENES.

    Si ya has elegido "Imagen + Título" o "Solo Imagen", entonces el problema es que estás o muy cerca o en la primera publicación. En este caso la primera publicación es, literalmente, la primera que se realizó en esa categoría. Para solucionar el problema presiona el punto que se encuentra entre las dos flechas localizadas a mano derecha y vuelve a cambiar la cantidad de imágenes.



    SE APLICA EN LAS PAGINAS "CATEGORIA"
    En esta sección no funciona las opciones para hacer cambios en el estilo de las miniaturas, no puedes aumentar ni reducir la cantidad a mostrar, no hay lista en texto, y por último, cada categoría puede tener un aspecto diferente, incluso las sub-categorías.

    CATEGORIA es cada uno de los links, del menú, que están a la izquierda de +LISTAS; a excepción de las revistas "Diners" y "Selecciones", ya que ese conjunto se enmarca en la categoría "Revistas Diners" y "Revistas Selecciones", respectivamente. SUB-CATEGORIA es cada una de las revistas Diners y Selecciones, independiente entre sí y de las Categorías.

    Esas opciones te permite cargar el ESTILO, creado en el SALON DE LECTURA, de cada categoría. Si has dado un ESTILO diferente a alguna categoría en particular o has descargado los ESTILOS DEFINIDOS que ofrezco, cuando activas la opción CARGAR ESTILOS DE LA CATEGORIA 1 ó 2, cada categoría tendrá un aspecto diferente; igual ocurre si activas CARGAR LO ANTERIOR EN SUB-CATEGORIAS, tomando cada revista el estilo dado en el SALON DE LECTURA. Esto solo se aplica cuando eliges, del MENU, cualquier link que se encuentra a la izquierda de "+LISTAS".



    SE APLICA A LA PAGINA DE "INICIO"
    Cuatro razones para que eso ocurra: 1) Tienes activado el estilo ALEATORIO o CONTINUO en las miniaturas, debes desactivarlo para elegir uno en particular. 2) Tienes activado CARGAR PARA TODO EL BLOG de la sección ESTILOS del PANEL, desactívalo. 3) Has aplicado NO GRABAR LOS CAMBIOS que se encuentra en la parte superior de la ventana del PANEL y 4) El estilo está protegido. Si ocurre eso y has aplicado CARGAR PARA TODO EL BLOG, debes desproteger el estilo desde el SALON DE LECTURA.

    Presiona PANEL, luego VARIOS , seguido CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS y das click en CAMBIO DESACTIVADO.

    Eso puede ocurrir solo por dos razones: 1) Lo has desactivado mediante la opción que se encuentra presionando PANEL, seguido de VARIOS y luego CAMBIO DE CONTENIDO DE LAS MINIATURAS " y/ó 2) Tu internet está fallando.

    Presiona PANEL luego MAIN y en la parte última la opción COLOR TEXTO DE LA PAGINACION Y SELECTOR DEL SLIDE. Lo mismo es en el SALON DE LECTURA, solo que ahí cambias es el color de la PAGINACION.



    SE APLICA A "MI LIBRERIA"
    Las imágenes siempre van a aparecer, tarda cuando tienes una gran cantidad de imágenes guardadas, entre más imágenes guardes, más tardará. Debes tener paciencia para que carguen todas. La ventaja es que, cuando entres a MI LIBRERIA, puedes seguir agregando imágenes desde las otras secciones del blog y actualizas MI LIBRERIA sin tener que refrescar pantalla con la opción que se encuentra a mano izquierda, representada con un bolígrafo negro.

    Para guardar la imagen elige dónde vas a guardarla y seguido da click en la o las imágenes deseadas.
    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

    -----------------------------------------------------------
    Guardar todas las imágenes
    Dar Zoom a la Imagen
    Fijar la Imagen de Fondo
    No fijar la Imagen de Fondo
    -----------------------------------------------------------
    Colocar imagen en Header
    No colocar imagen en Header
    Mover imagen del Header
    Ocultar Mover imagen del Header
    Ver Banco de Imágenes del Header

    Imágenes para el Header o Cabecera
    Slides
    P
    S1
    S2
    S3
    B1
    B2
    B3
    B4
    B5
    B6
    B7
    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura. Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.
    Sólo se guardará un tema a la vez, o sea, si entras a una publicación cualquiera, la misma se guarda automáticamente en el historial, y, si vuelves a entrar a ese tema, al rato o cualquier otro día, ya no se guarda, porque que el tema ya se encuentra en el registro.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...Leer" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre la INFO del tema.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en 'Intro' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema, se abre en otra ventana, o en '...tema completo', se abre en la misma ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de los Libros: muestra las portadas de los libros en tamaño grande. Se muestran de 48 en 48.

    Lista Gráfica de las Revistas: muestra todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la página de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color de todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color del tema.
    ● Eliminar la sombra del tema.
    ● Cambiar el color de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones nuevas.

    MOTIVOS PARA SER FELIZ (Greg Egan)

    Publicado el domingo, abril 13, 2014
    1


    EN SEPTIEMBRE DE 2004, no mucho después de mi duodécimo cumpleaños, entré en un estado de felicidad casi constante. Nunca se me ocurrió preguntar por qué. A pesar de que el colegio seguía incluyendo la cuota habitual de lecciones tediosas, académicamente me iba tan bien que podía perderme en mis fantasías cuando me apetecía. En casa tenía libertad para leer libros y páginas web sobre biología molecular y física de partículas, cuaterniones y evolución galáctica, así como para escribir mis propios juegos de ordenador bizantinos y mis complicadas animaciones abstractas. Y aunque era un niño escuálido y torpe, y cualquier absurdo y elaborado deporte organizado me dejaba comatoso de aburrimiento, a mi manera me sentía bastante a gusto con mi cuerpo. Cada vez que corría, e iba corriendo a todas partes, me sentía bien.

    Tenía comida, un techo, seguridad, unos padres que me querían, aliento, estímulos. ¿Por qué no habría de ser feliz? Y aunque no puedo haber olvidado por completo lo opresivas y monótonas que las tareas de clase y la política del patio de recreo podían llegar a ser, o con cuánta facilidad mis habituales arrebatos de entusiasmo descarrilaban al más mínimo problema, cuando las cosas me iban bien de verdad no tenía por costumbre contar los días que quedaban para que todo se echara a perder. La felicidad siempre traía consigo la certeza de que iba a durar, y aunque debía de haber visto este pronóstico optimista refutado miles de veces antes, no era lo bastante mayor y cínico como para sorprenderme cuando finalmente todo indicó que esta vez iba a ser cierto.

    Cuando empecé a vomitar con frecuencia, la doctora Ash, nuestra médico de cabecera, me prescribió un tratamiento con antibióticos y una semana sin colegio. No creo que a mis padres les sorprendiera que estas vacaciones imprevistas parecieran alegrarme bastante más de lo que cualquier simple bacteria podía llegar a abatirme, y si el hecho de que ni siquiera me molestara en fingir que sufría les dejaba perplejos, quejarme constantemente de dolor de estómago cuando en realidad vomitaba tres o cuatro veces al día habría sido redundante por mi parte.

    Los antibióticos no tuvieron ningún efecto. Empecé a perder el equilibrio, daba traspiés al andar. De vuelta en el consultorio de la doctora Ash, entrecerré los ojos ante la cartilla optométrica. Me envió al neurólogo del hospital de Weastmead, que solicitó una resonancia magnética urgente. Ese mismo día me ingresaron. Mis padres conocieron el diagnóstico desde el primer momento, pero yo tardé tres días en hacerles escupir toda la verdad.

    Tenía un tumor, un meduloblastoma que obstruía uno de los ventrículos llenos de fluido de mi cerebro, lo que aumentaba la presión en el cráneo. Los meduloblastomas podían llegar a ser mortales, aunque con cirugía, seguida de un tratamiento agresivo de radiación y quimioterapia, dos de cada tres pacientes diagnosticados en esta fase vivían cinco años más. Me imaginé a mí mismo en un puente de ferrocarril plagado de traviesas podridas, sin ninguna opción salvo seguir adelante, confiando mi peso a cada paso en una tabla sospechosa. Entendía el peligro de lo que se avecinaba con suma claridad... y aun así no sentía ningún pánico, ningún miedo auténtico. Lo más parecido al miedo que pude experimentar fue una sensación de vértigo casi estimulante, como si sólo me estuviera enfrentando a una audaz y angustiosa atracción de feria.

    Había una razón para ello.

    La presión en el cráneo explicaba la mayoría de los síntomas, pero unos análisis de mi fluido cerebroespinal también habían revelado un alto nivel de una sustancia llamada leu-encefalina: una endorfina, un neuropéptido que se unía a algunos de los mismos receptores que opiáceos como la morfina y la heroína. En alguna parte del camino hacia la malignidad, el mismo factor mu tan te de transcripción que había activado los genes que permitían la división indiscriminada de las células del tumor, al parecer, también había activado los genes necesarios para producir leu-encefalina.

    Se trataba de un accidente fortuito, no de un efecto secundario habitual. Por entonces no sabía mucho de endorfinas, pero mis padres repetían lo que el neurólogo les había dicho, y más tarde yo mismo lo consulté todo. La leu-encefalina no era un analgésico que se segregara en casos de extrema necesidad cuando el dolor amenazaba la supervivencia, y no tenía efectos narcóticos fulminantes para inmovilizar a una criatura mientras se curaban sus heridas. Era más bien la manera fundamental de indicar alegría, liberada cada vez que el comportamiento o las circunstancias garantizaban el placer. Otras incontables actividades cerebrales modulaban ese simple mensaje, creando una paleta de emociones positivas casi ilimitada, y la unión de la leuencefalina con sus neuronas diana era sólo el primer eslabón de una larga cadena de acontecimientos mediados por otros neurotransmisores. Pero, a pesar de todas estas sutilezas, podía dar fe de un hecho simple e indiscutible: la leu-encefalina me hacía sentir bien.

    Mis padres se derrumbaron cuando me dieron la noticia y fui yo quien les consoló, resplandeciendo plácidamente como un beatífico niño mártir sacado de una sensiblera miniserie oncológica. No se trataba de reservas de fuerza ocultas o de madurez. Era físicamente incapaz de sentirme mal por mi destino. Y puesto que los efectos de la leu— encefalina eran tan específicos, podía contemplar sin pestañear la verdad de una forma que no habría sido posible si hubiera estado drogado hasta las cejas con burdos opiáceos farmacéuticos. Me sentía sereno pero emocionalmente indomable y de hecho rebosaba valor.

    Me instalaron un derivador ventricular, un tubo delgado insertado en el cráneo para aliviar la presión, y quedó pendiente el procedimiento más invasivo y arriesgado, que consistía en extirpar el tumor principal; dicha operación estaba prevista para finales de la semana. La doctora Maitland, la oncóloga, me explicó al detalle cómo se desarrollaría el tratamiento y me advirtió del riesgo y el malestar al que me iba a enfrentar en los próximos meses. Ahora estaba bien sujeto para el paseo y listo para arrancar.

    Sin embargo, una vez pasada la conmoción, mis padres, para nada arrebatados, decidieron que no tenían la intención de cruzarse de brazos y aceptar una simple probabilidad de dos a uno de que llegara a la edad adulta. Llamaron por todo Sídney, y luego más lejos, en busca de segundas opiniones.

    Mi madre encontró un hospital privado en la Costa Dorada, la única franquicia australiana de la cadena Palacio de la Salud de Nevada, donde la unidad de oncología ofrecía un nuevo tratamiento para los meduloblastomas. Un virus de herpes genéticamente modificado se introducía en el fluido cerebroespinal infectando sólo a las células tumorales en división, y seguidamente una potente droga citotóxica, activada únicamente por el virus, mataba a las células infectadas. El tratamiento tenía una tasa de supervivencia a cinco años del ochenta por ciento, sin los riesgos de la cirugía. Yo mismo miré el precio en el folleto de la web del hospital. Ofrecían un lote: tres meses de alojamiento y pensión completa, todos los servicios patológicos y radiológicos y todos los fármacos, por sesenta mil dólares.

    Mi padre era electricista, trabajaba en la construcción. Mi madre era secretaria comercial en unos grandes almacenes. Yo era su único hijo, por lo que no es que fuéramos pobres, pero tendrían que haberse metido en otra hipoteca para poder hacer frente al pago, cargándose con quince o veinte años más de deudas. Las dos tasas de supervivencia no eran tan distintas y oí cómo la doctora Maitland les advertía de que las cifras no se podían comparar, porque el tratamiento vírico era muy nuevo. Habría estado más que justificado si hubieran aceptado su consejo y se hubieran ceñido al régimen tradicional.

    Tal vez mi santidad, provocada por la encefalina, les espoleó un poco. Puede que no hubiesen hecho un sacrificio tan grande si hubiese seguido siendo el mismo niño difícil y taciturno, o incluso si me hubiese sentido claramente aterrorizado en vez de preternaturalmente dispuesto. Nunca llegué a saberlo de veras y, de todos modos, no me haría pensar peor de ellos. Pero sólo porque la molécula no estuviera saturando sus cráneos no era motivo para esperar que fueran inmunes a su influencia.

    En el vuelo hacia el norte cogí la mano de mi padre durante todo el trayecto. Siempre habíamos estado algo distanciados, un poco decepcionados el uno con el otro. Yo sabía que él hubiera preferido un hijo más fuerte, más atlético, más extrovertido, mientras que a mí él siempre me había parecido un conformista perezoso, con una visión del mundo construida con tópicos y eslóganes nunca analizados. Pero en ese viaje, sin apenas intercambiar palabra, pude sentir cómo su decepción se transformaba en una especie de amor protector, intenso y desafiante, y me avergoncé de mi propia falta de respeto hacia él. Dejé que la leu-encefalina me convenciera de que, cuando esto hubiera terminado, todo cambiaría a mejor entre nosotros.

    Desde la calle el Palacio de la Salud de la Costa Dorada podría haber pasado por un hotel elevado más en la línea de playa, e incluso una vez en el interior no era muy distinto de los hoteles que había visto en la ficción de vídeo. Tenía mi propia habitación, con un televisor más ancho que la cama, ordenador en red y módem de cable incluidos. Si el objetivo era distraerme, funcionó. Tras una semana de pruebas me engancharon un goteo en el derivador ventricular. Primero me inyectaron el virus y tres días más tarde, el fármaco.

    El tumor empezó a encogerse casi de inmediato; me enseñaron los escáneres. Mis padres parecían contentos pero desconcertados, como si nunca hubieran confiado en un sitio al que venían promotores inmobiliarios millonarios a hacerse repliegues en el escroto, salvo para despojarles de su dinero y ofrecerles palabras vanas de primera clase mientras yo continuaba empeorando. Pero el tumor siguió encogiéndose y cuando titubeó durante dos días seguidos el oncólogo repitió rápidamente todo el proceso, y entonces las manchas y los zarcillos de la pantalla de la IRM se encogieron y atenuaron aún más rápido que antes.

    Ahora tenía todos los motivos del mundo para estar completamente feliz, pero cuando en cambio sufrí una creciente sensación de malestar, asumí que se trataba de la falta de leu-encefalina. Era incluso posible que el tumor hubiera segregado una dosis tan alta de la sustancia que literalmente nada podía hacer que me sintiera mejor: si había sido elevado al pináculo de la felicidad, el único sitio al que podría ir era hacia abajo. Pero en tal caso, cualquier atisbo de oscuridad en mi alegre disposición sólo podía confirmar las buenas noticias de los escáneres.

    Una mañana me desperté de una pesadilla, la primera en meses, con visiones del tumor como un parásito con pinzas debatiéndose dentro de mi cráneo. Seguía oyendo el golpe seco del caparazón sobre el hueso, como el golpeteo de un escorpión atrapado en un tarro de mermelada. Estaba aterrorizado, empapado en sudor... liberado. El miedo pronto dio paso a una rabia candente: la cosa me había drogado hasta la sumisión, pero ahora era libre de ponerme a su altura, de soltarle obscenidades dentro de mi cabeza, de exorcizar el demonio con una ira farisaica.

    Me sentí algo engañado por la sensación de anticlímax resultante de perseguir a mi némesis en plena huida y cuesta abajo, y no podía ignorar por completo el hecho de que imaginarme que la rabia estaba expulsando al cáncer era una completa inversión de la verdadera causa y efecto: un poco como ver una carretilla elevadora quitándome una roca del pecho, y luego pretender que yo mismo la había movido gracias a una potente aspiración. Pero hice lo que pude por darle sentido a mis tardías emociones, y lo dejé estar.

    Seis semanas después de que me ingresaran todos los escáneres estaban limpios, y mi sangre, fluido cerebroespinal y fluido linfático no tenían las proteínas que indicaban la presencia de células metastásicas. Pero seguía existiendo el riesgo de que quedaran unas cuantas células resistentes del tumor, por lo que me pusieron un tratamiento corto e intenso de fármacos completamente distintos que ya no estaban ligados a la infección del herpes. Primero me hicieron una biopsia testicular —con anestesia local, más embarazosa que dolorosa— y un análisis de médula ósea extraída de la cadera, de forma que mi capacidad para producir esperma y el suministro de nuevas células sanguíneas pudieran restaurarse si los fármacos acababan con ellos en su origen. Perdí el pelo y el recubrimiento del estómago, temporalmente, y vomitaba más a menudo y mucho peor que cuando me diagnosticaron la primera vez. Pero cuando empecé a emitir ruidos autocompasivos, una de las enfermeras, inflexible, me explicó que niños a los que doblaba en edad aguantaban el mismo tratamiento durante meses.

    Estos fármacos nunca podrían haberme curado por sí solos, pero como operación de limpieza redujeron enormemente la posibilidad de recaída. Descubrí una bonita palabra: apoptosis —suicidio celular, muerte programada—, y me la repetía constantemente. Casi llegué a disfrutar de las náuseas y del cansancio; cuanto más desgraciado me sentía, más fácil me resultaba imaginarme el destino de las células cancerígenas, membranas que reventaban y se consumían como globos a medida que los fármacos les ordenaban que tomaran sus propias vidas. « ¡Sufre y muere, basura zombi!» Tal vez escribiera un juego sobre el tema, o incluso toda una serie que culminaría con el espectacular Quimioterapia III: La batalla por el cerebro. Me haría rico y famoso, podría devolverles el dinero a mis padres y la vida sería tan perfecta en la realidad como el tumor sólo la había hecho parecer.

    Me dieron de alta a principios de diciembre, sin rastro alguno de la enfermedad. Mis padres se mostraban a ratos cautelosos, a ratos exultantes, como si se desprendieran lentamente del miedo a que cualquier optimismo prematuro fuera a ser castigado. Los efectos secundarios de la quimioterapia desaparecieron; el pelo me volvió a crecer, salvo por una pequeña calva en el sitio en que había estado el derivador, y no tenía problemas para asimilar la comida. La vuelta al colegio no tenía ningún sentido a esas alturas, dos semanas antes del final del curso, con lo que las vacaciones de verano empezaron inmediatamente. La clase al completo me mandó un correo electrónico dándome ánimos; orquestado por el profesor, era cursi y poco sincero, pero mis amigos me visitaron en casa, algo avergonzados e intimidados por darme la bienvenida a mi regreso de los confines de la muerte.

    Entonces, ¿por qué me sentía tan mal? ¿Por qué la visión del cielo azul y despejado a través de la ventana cuando abría los ojos todas las mañanas, con la libertad de seguir durmiendo tanto como quisiera, con mi madre o mi padre todo el día en casa tratándome como a la realeza, pero manteniéndose a distancia y dejando que me pasara dieciséis horas sentado delante de la pantalla del ordenador sin importunarme, por qué ese primer destello de luz me hacía querer enterrar la cara en la almohada, apretar los dientes y susurrar: «Debería haber muerto, debería haber muerto»?

    Nada conseguía agradarme lo más mínimo. Nada, ni mis revistas electrónicas o webs favoritas, ni la música de njari que tanto me deleitaba, ni la comida basura más suculenta, dulce o salada, que ahora tenía a mi alcance con sólo pedirla. No era capaz de leer una sola página de ningún libro, no podía escribir diez líneas de código, no podía mirar a mis amigos a la cara, o enfrentarme a la idea de conectarme a la red.

    Todo lo que hacía, todo lo que imaginaba, estaba contaminado por una sensación de miedo y vergüenza. La única imagen que podía utilizar como comparación era de un documental sobre Auschwitz que vi en la escuela. Empezaba con un largo plano secuencia, la cámara avanzaba directamente hacia las puertas del campo. Había visto esa escena con el alma en un puño, sabiendo muy bien lo que había ocurrido en el interior. No me engañaba a mí mismo; no creí ni por un momento que hubiera una fuente de maldad innombrable al acecho bajo todas las superficies brillantes a mi alrededor. Pero cuando me despertaba y veía el cielo, sentía el tipo de augurio enfermizo que sólo habría tenido sentido si hubiera estado mirando fijamente las puertas de Auschwitz.

    Tal vez tuviese miedo de que el tumor volviera a crecer, pero no tanto miedo. La rápida victoria del virus en el primer asalto tendría que haber pesado más, y por una parte pensaba en mí mismo como alguien afortunado y adecuadamente agradecido. Pero al igual que antes no había podido sentirme desgraciado en la cumbre de la felicidad provocada por la encefalina, ahora era incapaz de regocijarme en la escapada.

    Mis padres empezaron a preocuparse y a regañadientes me llevaron a un psicólogo para que me ofreciera su «asistencia postoperatoria». La idea tenía el mismo aire viciado que todo lo demás, pero no me quedaban fuerzas para resistirme. El doctor Bright y yo «exploramos la posibilidad» de que subconscientemente estuviera eligiendo sentirme triste porque había aprendido a asociar la felicidad con el peligro de muerte, y secretamente temía que recreando el principal síntoma del tumor podría acabar resucitándolo. Una parte de mí descartó esta explicación pueril, pero otra parte se aferró a ella con la esperanza de que si confesaba tales ejercicios mentales subterráneos, conseguiría sacar todo el proceso a la luz, donde su imperfecta lógica se volvería insostenible. Pero la tristeza y el disgusto que todo me provocaba —el canto de un pájaro, el dibujo del alicatado del cuarto de baño, el olor de las tostadas, la forma de mis propias manos— sólo aumentaban.

    Me preguntaba si los altos niveles de leu-encefalina producidos por el tumor podrían haber hecho que mis neuronas redujeran la población de sus respectivos receptores, o si me había convertido en una persona que toleraba la leu-encefalina del mismo modo que un adicto a la heroína tolera los opiáceos, mediante la producción de un molécula reguladora natural que bloquea los receptores. Cuando le mencioné estas ideas a mi padre, insistió en que las hablara con el doctor Bright, quien fingió un interés especial pero no hizo nada por demostrar que me tomaba en serio. Siguió contándoles a mis padres que todo lo que sentía era una reacción perfectamente normal al trauma por el que había pasado, y que todo lo que en realidad necesitaba era tiempo, paciencia y comprensión.

    Me despacharon al instituto a principios del nuevo año, pero cuando me limité a sentarme y fijar la mirada en el pupitre durante una semana, se hicieron los arreglos oportunos para que estudiara por la red. En casa, me las apañé para avanzar lentamente en el programa, en los periodos de embotamiento cuasi zombi que tenían lugar entre los ataques de pura y paralizante tristeza. En esos mismos periodos de relativa claridad, seguía pensando en las posibles causas de mi aflicción. Busqué en la literatura biomédica y encontré un estudio acerca de los efectos de altas dosis de leu-encefalina en gatos, pero parecía demostrar que cualquier tolerancia tendría una duración corta.

    Entonces, una tarde de marzo, mirando el micrográfico de electrones de la célula de un tumor infectada con un virus de herpes, cuando se suponía que tenía que haber estado estudiando exploradores muertos, finalmente di con una teoría que tenía sentido. El virus precisaba de proteínas especiales para poder acoplarse a las células que infectaba, permitiéndole pegarse a ellas el tiempo suficiente para poder utilizar otras herramientas y penetrar así en la membrana celular. Pero si había obtenido una copia del gen de la leu-encefalina de las abundantes transcripciones de ARN del propio tumor, podría haber adquirido la habilidad para adherirse no sólo a las células tumorales en división, sino a todas las neuronas de mi cerebro con un receptor de leu-encefalina.

    Y luego habría llegado el fármaco cito tóxico, activado únicamente en las células infectadas, y habría acabado con todas ellas.

    Desprovistos de cualquier estímulo, los canales estimulados normalmente por esas neuronas muertas se estaban marchitando. Las partes de mi cerebro capaces de sentir placer se estaban muriendo. Y aunque en ocasiones todavía podía sentir sencillamente nada, mi ánimo era un equilibrio de fuerzas cambiante. Ahora, sin nada que lo contrarrestara, el más insignificante amago de depresión podía ganar cada tira y afloja sin encontrar resistencia.

    No les dije ni una palabra a mis padres; no podía soportar decirles que la batalla que habían luchado para darme la mejor oportunidad de supervivencia podría estar lisiándome. Intenté ponerme en contacto con el oncólogo que me había tratado en la Costa Dorada, pero mis llamadas se toparon con la fosa de hilo musical de la protección automática e ignoraron mi correo electrónico. Conseguí ver a la doctora Ash a solas y escuchó educadamente mi teoría, pero declinó enviarme a un neurólogo cuando mis únicos síntomas eran psicológicos: los análisis de sangre y orina no presentaban ninguno de los marcadores estándar de la depresión clínica.

    Las ventanas de claridad se fueron haciendo más pequeñas. Me vi pasando cada día más tiempo en la cama, la mirada perdida en la penumbra vacía de la habitación. Mi desesperación era tan monótona, y estaba tan sumamente desconectada de cualquier cosa real, que hasta cierto punto su propio carácter absurdo la embotaba: ninguna persona querida había sido brutalmente asesinada, con casi toda probabilidad el cáncer había sido vencido y todavía podía ver la diferencia entre lo que sentía y la lógica indiscutible del auténtico sufrimiento, o del auténtico miedo.

    Pero no tenía forma de deshacerme del pesimismo y sentir lo que quería sentir. La única libertad que me quedaba se reducía a elegir entre buscar motivos que justificaran mi tristeza, engañándome con que se trataba de mi propia respuesta perfectamente natural a una letanía efectista de desgracias, o rechazarla como algo extraño, impuesto desde fuera, que me aprisionaba dentro de una cáscara emocional tan inútil e insensible como un cuerpo paralizado.

    Mi padre nunca me acusó de debilidad e ingratitud, sencillamente se apartó de mi vida en silencio. Mi madre siguió intentando llegar hasta mí, ya fuera para consolarme o para provocarme, pero la cosa llegó a un punto en que apenas podía apretarle la mano en respuesta. No estaba literalmente paralizado o ciego, mudo o idiota. Pero todos los mundos luminosos en los que había vivido alguna vez, físicos y virtuales, reales e imaginarios, intelectuales y emocionales, se habían vuelto invisibles e impenetrables. Enterrados en niebla. Enterrados en mierda. Enterrados en cenizas.

    Para cuando me admitieron en un centro neurológico, las zonas muertas de mi cerebro eran claramente visibles en una resonancia magnética. Pero era poco probable que se hubiera podido detener el proceso, aunque el diagnóstico se hubiese hecho antes.

    Y estaba claro que nadie podía meterse en mi cráneo y restaurar el mecanismo de la felicidad.


    2


    EL RELOJ ME DESPERTÓ A LAS DIEZ, pero me costó otras tres horas reunir la energía suficiente para moverme. Me quité la sábana de encima y me senté en el borde de la cama murmurando vagas obscenidades, intentando superar la ineludible conclusión de que no debería haberme molestado. Cualesquiera que fueran las proezas a las que lograra encaramarme ese día (conseguir no sólo ir de compras, sino comprar algo aparte de una comida congelada) y cualquiera que fuera la enorme suerte que me tocase (que la compañía de seguros me ingresara la pensión antes del plazo del alquiler), me levantaría a la mañana siguiente sintiéndome exactamente igual.

    Nada influye, nada cambia. Cuatro palabras lo decían todo. Pero eso lo había aceptado hacía tiempo; ya no quedaba nada por lo que sentirse decepcionado. Y no tenía ningún motivo para estar aquí sentado lamentándome por milésima vez de lo que era puñeteramente obvio.

    ¿Verdad?

    A la mierda. Limítate a moverte.

    Me tragué la medicación «matutina», las seis cápsulas que había colocado encima de la mesilla la noche anterior, luego fui al cuarto de baño y oriné un chorro amarillo intenso que básicamente consistía en los metabolitos de las últimas dosis. Ningún antidepresivo en el mundo podía enviarme al cielo del Prozac, pero esta mierda mantenía mis niveles de dopamina y serotonina lo suficientemente altos como para rescatarme de una catatonía total, de comidas líquidas, cuñas y lavados con esponja.

    Me eché agua en la cara, intentando pensar en una excusa para salir del piso cuando la nevera seguía medio llena. Si me quedaba todo el día en casa, sin lavar y sin afeitar, me sentía peor: limoso y letárgico, como una especie de pálida sanguijuela parasitaria. Pero aun así podía aguantar una semana o más hasta que la presión del asco se hacía tan fuerte que me obligaba a moverme.

    Me miré en el espejo. La falta de apetito compensaba cómodamente la falta de ejercicio, era tan inmune a la asimilación de carbohidratos como lo era a la euforia del corredor, y podía contarme las costillas por debajo de la piel floja del pecho. Tenía treinta años y parecía un viejo demacrado. Apoyé la frente contra el frío cristal, obedeciendo al vestigio de algún instinto que sugería que de la sensación podría extraerse una pizca de placer. No era así.

    En la cocina vi el piloto del teléfono encendido: había un mensaje esperándome. Volví al cuarto de baño y me senté en el suelo; intenté convencerme de que no tenían por qué ser malas noticias. Nadie tenía que haber muerto. Y mis padres no podían separarse dos veces.

    Me acerqué al teléfono y activé la pantalla con un gesto de la mano. Había una imagen en miniatura de una mujer de mediana edad de aire severo, nadie a quien reconociera. El nombre del remitente era doctora Z. Durrani, Departamento de Ingeniería Biomédica, Universidad de Ciudad del Cabo. El título del mensaje decía: «Nuevas técnicas de neuroplastia reconstructiva protésica». Eso era un cambio; la mayor parte de la gente hojeaba los informes de mi estado clínico de forma tan descuidada que asumían que era un poco retrasado. Sentí una estimulante ausencia de aversión por la doctora Durrani, lo más cerca que podía llegar del respeto. Pero por mucha diligencia que mostrase, no podía evitar que la propia cura fuera un espejismo.

    El acuerdo pactado con el Palacio de la Salud me concedía una pensión vitalicia equivalente al salario mínimo, más la devolución de los gastos médicos aprobados; no disponía de una suma total astronómica para gastar como me viniera en gana. Sin embargo, cualquier tratamiento susceptible de convertirme en una persona económicamente independiente podía pagarse en su totalidad, a discreción de la aseguradora. El valor de una cura como ésa para Global Assurance (el coste total restante de mantenerme hasta la muerte) bajaba constantemente, pero también lo hacían los fondos para investigación médica en todo el mundo. Mi caso había llegado a sus oídos.

    La mayoría de los tratamientos que me habían ofrecido hasta entonces habían tenido que ver con fármacos nuevos. Las drogas me habían librado de la asistencia institucional, pero esperar que me convirtieran en un saludable asalariado era como esperar que un ungüento hiciera que los miembros amputados volvieran a crecer. No obstante, desde la perspectiva de Global Assurance aflojar por algo más sofisticado significaba apostar con una cantidad mucho mayor, una idea que sin duda puso al gestor de mi caso frente a la base de datos actuariales. No tenía ningún sentido transigir con gastos imprudentes cuando todavía era muy probable que me suicidara a los cuarenta. Los arreglos baratos siempre merecían la pena, aunque ofrecieran pocas garantías, pero estaba claro que cualquier propuesta tan radical que pudiera funcionar no superaría el análisis de costes y riesgos.

    Me arrodillé delante de la pantalla con las manos en la cabeza. Podía borrar el mensaje sin leerlo, ahorrándome la frustración de saber exactamente lo que me estaría perdiendo... pero no saberlo sería igual de malo. Pulsé el botón de PLAY y desvié los ojos; encontrarme con la mirada de alguien, aunque fuera la de un rostro grabado, me daba mucha vergüenza. Entendía el porqué: el circuito neural necesario para registrar mensajes positivos no verbales había desaparecido hace tiempo, pero los canales que avisaban de respuestas como el rechazo y la hostilidad no sólo habían permanecido intactos, sino que estaban tan alterados e hipersensibles que llenaban el vacío con una fuerte señal negativa, fuera cual fuera la realidad.

    Escuché lo más atentamente que pude mientras la doctora Durrani explicaba su trabajo con pacientes de infarto. El tratamiento estándar actual consistía en injertos de tejido neural cultivado, pero en vez de eso ella inyectaba una elaborada espuma de polímero en la zona dañada. La espuma liberaba factores de crecimiento que atraían a los axones y las dendritas de las neuronas colindantes, y el polímero en sí estaba diseñado para funcionar como una red de conmutadores electroquímicos. Gracias a unos microprocesadores esparcidos por la espuma, la amorfa red inicial estaba programada para reproducir genéricamente las acciones de las neuronas perdidas, y más tarde era ajustada para alcanzar la compatibilidad con cada receptor.

    La doctora Durrani enumeró sus triunfos: vista restaurada, habla restaurada, movimiento, continencia, habilidad musical. Mi propio déficit, medido en neuronas perdidas, o en sinapsis, o en simples centímetros cúbicos, quedaba bastante lejos del rango de todas las simas que había llenado hasta la fecha. Pero eso sólo hacía que el reto fuera mayor.

    Esperé casi estoicamente a que llegara la trampa, con seis o siete cifras.

    —Si puede hacer frente a los gastos de desplazamiento y al coste de tres semanas de hospital —dijo la voz de la pantalla—, mi beca de investigación cubrirá el tratamiento en sí.

    Repetí estas palabras una docena de veces buscando una interpretación menos favorable, una tarea para la que normalmente era bueno. Cuando no encontré ninguna, me forcé a mandarle un correo al ayudante de la doctora Durrani en Ciudad del Cabo, pidiéndole que me aclarara las cosas. No había ninguna malinterpretación. Por el coste de un año de suministro de los fármacos que apenas me mantenían consciente, me estaban ofreciendo la oportunidad de volver a ser alguien para el resto de mi vida.

    Organizar un viaje a Sudáfrica estaba completamente fuera de mi alcance, pero una vez que Global Assurance vio la oportunidad que se le presentaba, la maquinaria en los dos continentes se puso en marcha en mi nombre. Yo tenía que limitarme a controlar el ansia de cancelarlo todo. La idea de ser hospitalizado, de volver a estar indefenso, ya era lo bastante perturbadora, pero contemplar el potencial de la propia prótesis neural era como contar los días que faltaban para un Día del Juicio secular. El 7 de marzo de 2033 sería admitido en un mundo infinitamente más grande, más rico, un mundo infinitamente mejor... o quedaría patente que el daño que había sufrido no tenía remedio. Y en cierta forma, incluso la muerte definitiva de la esperanza era una perspectiva mucho menos aterradora que la alternativa; estaba mucho más cerca de donde ya me encontraba, era mucho más fácil de imaginar. La única visión de felicidad que podía permitirme era la de mí mismo de niño, corriendo alegremente, disolviéndome en la luz, lo que era muy tierno y evocador, pero un poco falto en detalles prácticos. Si lo que quería era ser un rayo de sol, podía haberme cortado las venas en cualquier momento. Quería un trabajo, quería una familia, quería amor normal y corriente y ambiciones modestas, porque sabía que ésas eran las cosas que se me habían negado. Pero no podía imaginarme cómo sería conseguirlas finalmente, más de lo que podía imaginarme una vida cotidiana en un espacio de 26 dimensiones.

    No dormí nada antes del vuelo que salía de Sídney al amanecer. Una enfermera (de psiquiatría) me acompañó hasta el aeropuerto, pero me ahorraron la vergüenza de tener un acompañante sentado a mi lado todo el camino hasta Ciudad del Cabo. Los momentos que estuve despierto en el vuelo los pasé luchando con la paranoia, resistiendo la tentación de inventar motivos para la tristeza y la ansiedad que corrían por mi cabeza. Nadie en el avión me miraba con desdén. La técnica de Durrani no iba a resultar un engaño. Conseguí aplastar estas fantasías «explicativas»... pero, como de costumbre, me seguía siendo imposible alterar lo que sentía, o tan siquiera trazar una línea divisoria entre la pura infelicidad patológica y la ansiedad perfectamente razonable que cualquiera sentiría antes de someterse a una operación quirúrgica radical en el cerebro.

    ¿No sería una bendición no tener que luchar constantemente para ver la diferencia? Olvídate de la felicidad. Incluso un futuro lleno de abyecta miseria sería un triunfo, con tal de que supiera que siempre era por un motivo.

    Luke de Vries, uno de los alumnos de posdoctorado de Durrani, fue a recogerme al aeropuerto. Por su aspecto tendría unos 25 años, e irradiaba el tipo de seguridad en sí mismo que yo tenía que esforzarme para no interpretar como desprecio. De inmediato me sentí atrapado e indefenso; lo habían preparado todo, era como subirse a una cinta transportadora. Pero sabía que si hubiesen dejado algo en mis manos todo el proceso se habría visto interrumpido.

    Llegamos al hospital a las afueras de Ciudad del Cabo después de medianoche. Cruzando el aparcamiento, los sonidos de los insectos eran fuertes, el aire olía indefinidamente extraño, las constelaciones parecían falsificaciones ingeniosas. Al acercarnos a la entrada me desplomé sobre mis propias rodillas.

    — ¡Eh! —De Vries se paró y me ayudó a levantarme. Estaba temblando de miedo, y también de vergüenza por el espectáculo que estaba dando.
    —Esto viola mi Terapia de Evitación.
    — ¿Terapia de Evitación?
    —Evitar los hospitales a toda costa.

    De Vries se rio, aunque no tenía forma de saber si se limitaba a reírme la gracia. Reconocer el hecho de provocar una risa auténtica era un placer, y todos esos canales estaban muertos.

    —A la última tuvimos que traerla en camilla. Salió por su propio pie casi tan firme como tú.
    — ¿Tan mal?
    —La cadera artificial le estaba dando guerra. No era culpa nuestra.

    Subimos los escalones y entramos en un vestíbulo bien iluminado.

    A la mañana siguiente, el lunes 6 de marzo, víspera de la operación, conocí a la mayor parte del equipo que realizaría la primera parte puramente mecánica del procedimiento: raspar las cavidades inservibles dejadas por las neuronas muertas, abrir por la fuerza cualquier hueco que se hubiera plegado con unas diminutas bombas y luego rellenar todo el insólito espacio con la espuma de Durrani. Aparte del agujero que ya tenía en el cráneo de la derivación de hacía dieciocho años, probablemente tendrían que hacerme dos más.

    Una enfermera me afeitó la cabeza y pegó cinco marcadores de referencia sobre la piel recién expuesta, luego se pasaron toda la tarde haciéndome escáneres. La imagen tridimensional final de todo el espacio muerto de mi cerebro parecía el mapa de un espeleólogo, una secuencia de cavidades conectadas, con sus deslizamientos y sus túneles hundidos.

    La misma Durrani se pasó a verme esa noche.

    —Mientras sigues bajo los efectos de la anestesia —me explicó—, la espuma se endurecerá y se efectuarán las primeras conexiones con el tejido colindante. Después los microprocesadores le darán instrucciones al polímero para que forme la red que hemos elegido para que sirva de punto de partida.

    Tuve que obligarme a hablar; cualquier pregunta que hacía —por muy educadamente elaborada que estuviera, por lúcida o pertinente que fuera— me resultaba tan dolorosa y degradante como si estuviera desnudo delante de ella pidiéndole que me quitara mierda del pelo.

    — ¿Cómo encontró la red que va a utilizar? ¿Escaneó a un voluntario?

    ¿Iba a empezar mi nueva vida como un clon de Luke de Vries, heredando sus gustos, sus ambiciones, sus emociones?

    —No, no. Existe una base de datos internacional de estructuras neurales sanas; veinte mil cadáveres que murieron con el cerebro intacto. Congelan los cerebros en nitrógeno líquido, los cortan en láminas con un microtomo de punta de diamante y luego tiñen y micrografían con electrones las láminas; algo mucho más preciso que la tomografía.

    Me quedé pensando en el número de exabytes que estaba invocando con toda naturalidad; había perdido el contacto con la informática completamente.

    — ¿Así que va a usar una especie de combinación de la base de datos? ¿Me dará una selección de estructuras típicas sacadas de gente distinta?

    Durrani pareció a punto de dejarlo pasar como una buena aproximación, pero estaba claro que era una maniática de los detalles, y todavía no había insultado mi inteligencia.

    —No exactamente. Más que una combinación será una exposición múltiple. Hemos utilizado unos cuatro mil registros de la base de datos, todos los varones entre veinte y treinta años, y cuando alguien tenga la neurona A conectada con la neurona B, y alguien tenga la neurona A conectada con la neurona C... tú tendrás conexiones tanto con B como con C. Empezarás con una red que en teoría podría reducirse a cualquiera de las cuatro mil versiones individuales empleadas en su construcción, pero de hecho, en vez de eso, serás tú quien irá reduciéndola hasta tu propia versión única.

    Eso sonaba mejor que ser un clon emocional o un collage tipo Frankenstein; sería una escultura toscamente tallada, con los rasgos aún por definir. Pero...

    — ¿Cómo voy a reducirla? ¿Cómo voy a pasar de ser potencialmente cualquiera a ser...? — ¿Qué? ¿Mi yo de doce años resucitado? ¿O el treintañero que hubiera podido ser, surgido como una remezcla de esos cuatro mil desconocidos muertos? Divagaba; había perdido la poca fe que me quedaba en mi propia sensatez.

    Durrani también pareció incomodarse un poco, aunque mi opinión sobre eso era poco fiable.

    —Debería haber partes de tu cerebro aún intactas que guardan algún registro de lo que se ha perdido. Recuerdos de experiencias formativas, recuerdos de las cosas que solían gustarte, fragmentos de estructuras innatas que sobrevivieron al virus. La prótesis será conducida automáticamente hacia un estado que sea compatible con todo lo que hay en tu cerebro, se encontrará a sí misma interactuando con el resto de los sistemas, y las conexiones que mejor funcionen en ese contexto se verán reforzadas. —Se detuvo un momento para pensar—. Imagínate una especie de miembro artificial que al principio no tiene una forma perfecta y que se va ajustando a medida que lo usas: alargándose cuando no llega a coger lo que intentas alcanzar, encogiéndose cuando se choca con algo de forma inesperada... hasta que adopta precisamente el tamaño y la forma del miembro fantasma implicado por tus movimientos. Que en sí mismo no es otra cosa que una imagen de la carne y el hueso perdidos.

    Era una metáfora atractiva, aunque costaba creer que mis marchitos recuerdos contuvieran la suficiente información para reconstruir a su autor fantasma en todos sus matices; costaba creer que el puzzle de quién había sido, y de quién podría haber llegado a ser, pudiera completarse con unas cuantas pistas sobre las esquinas y con las piezas revueltas de otros cuatro mil retratos de la felicidad. Pero el tema estaba incomodando al menos a uno de nosotros, así que no insistí.

    Conseguí hacer una última pregunta:

    — ¿Cómo será antes de que todo esto ocurra? ¿Cuándo me despierte de la anestesia y todas las conexiones estén intactas?
    —Eso es algo que no puedo saber —confesó Durrani—, hasta que tú me lo digas.

    Alguien repitió mi nombre, de modo tranquilizador pero con insistencia. Me desperté un poco más. El cuello, las piernas, la espalda, todo me dolía, y notaba el estómago tenso por las náuseas.

    Pero la cama estaba caliente y las sábanas eran suaves. Era agradable estar ahí tumbado.

    —Es miércoles por la tarde. La operación fue bien.

    Abrí los ojos. Durrani y cuatro de sus alumnos estaban juntos al pie de la cama. La miré fijamente, estupefacto: el rostro que una vez me pareció «severo» y «sombrío» era... cautivador, magnético. Podría haberla contemplado durante horas. Pero entonces le eché un vistazo a Luke de Vries, que estaba a su lado. Era igual de extraordinario. Me volví uno a uno hacia los otros tres estudiantes. Todos eran igualmente hipnóticos. No sabía dónde mirar.

    — ¿Cómo te sientes?

    No encontraba las palabras. Los rostros de estas personas estaban cargados de tanto significado, tantas fuentes de fascinación, que no tenía forma de aislar ningún factor concreto: todos parecían inteligentes, extáticos, bellos, reflexivos, atentos, compasivos, tranquilos, vibrantes... Un ruido blanco de cualidades, todas positivas, pero a la postre incoherentes.

    Pero al pasar la mirada de un rostro a otro compulsivamente, esforzándome por darles sentido, sus significados empezaron por fin a cristalizarse, como palabras haciéndose nítidas, aunque nunca hubiera visto borroso.

    — ¿Está sonriendo? —le pregunté a Durrani.
    —Un poco. —Dudó un momento—. Existen exámenes estándar, imágenes estándar para esto, pero... Describe mi expresión, por favor. Dime en qué estoy pensando.

    Le contesté de manera desenfadada, como si me hubiese pedido que leyera una cartilla optométrica.

    —Siente... ¿curiosidad? Está escuchando con atención. Está interesada, y... espera que pase algo bueno. Y sonríe porque piensa que va a ser así. O porque apenas puede creerse que ya ha pasado.
    —Bien —asintió, reafirmándose en su sonrisa.

    No añadí que ahora la encontraba increíblemente, casi dolorosa— mente hermosa. Pero era lo mismo con cada uno de los presentes en la habitación, hombre y mujer: la neblina de estados de ánimo contradictorios que leía en sus rostros se había aclarado, pero había dejado tras de sí un brillo que helaba la sangre. Esto me alarmó un poco (era demasiado indistinto, demasiado intenso), aunque de alguna forma parecía una respuesta casi tan natural como el deslumbramiento de un ojo adaptado a la oscuridad. Y después de dieciocho años de no ver otra cosa que fealdad en cada rostro humano, no estaba dispuesto a quejarme por la presencia de cinco personas que parecían ángeles.

    — ¿Tienes hambre? —me preguntó Durrani.

    Tuve que pensar la respuesta.

    —Sí.

    Uno de los estudiantes sacó una comida preparada, más o menos lo mismo que había comido el lunes: ensalada, un panecillo, queso. Cogí el panecillo y le di un mordisco. La textura era totalmente familiar, el sabor el mismo. Dos días antes había masticado y tragado lo mismo con el ligero asco habitual que me provocaba cualquier comida.

    Unas lágrimas calientes me recorrieron las mejillas. Estaba extasiado; la experiencia era tan extraña y dolorosa como beber de una fuente con los labios tan resecos que la piel se hubiera convertido en sal y sangre seca.

    Tan dolorosa y tan embriagadora. Cuando acabé con el plato, pedí otro. Comer era bueno, comer estaba bien, comer era necesario.

    —Es suficiente —dijo Durrani con firmeza después del tercer plato.

    Yo temblaba por el ansia; seguía pareciéndome sobrenaturalmente bella, pero violentado, le grité.

    Me cogió de los brazos y me sujetó.

    —Esto va a ser duro para ti. Habrá arrebatos como éste, giros en todas direcciones, hasta que la red se asiente. Tienes que intentar permanecer tranquilo, intentar mantenerte reflexivo. La prótesis hace posibles muchas cosas a las que no estás acostumbrado... pero sigues teniendo el control.

    Apreté los dientes y aparté la mirada. Al tocarme me había provocado una erección inmediata, dolorosa.

    —Eso es —dije—. Tengo el control.

    En los días siguientes mis experiencias con la prótesis se hicieron mucho menos crudas, mucho menos violentas. Casi podía ver cómo los bordes más puntiagudos y desencajados de la red se iban —metafóricamente— puliendo con el uso. Comer, dormir, estar con gente, seguía siendo algo intensamente placentero, pero se parecía más a un imposible sueño rosado de la niñez que al efecto provocado por alguien que estuviera metiéndome un cable de alto voltaje en el cerebro.

    Ciertamente la prótesis no enviaba señales a mi cerebro para hacer que mi cerebro sintiera placer. La propia prótesis era la parte de mí que sentía todo el placer... por muy perfecta que fuera la integración de ese proceso con todo lo demás: percepción, lenguaje, cognición... el resto de mi persona. Al principio, meditar sobre esto era desconcertante, pero bien pensado no lo era más que imaginarse el experimento consistente en teñir de azul todas las zonas orgánicas correspondientes de un cerebro sano y afirmar: « ¡Ellas sienten todo el placer, no tú!».

    Me sometieron a un montón de pruebas psicológicas (a la mayoría de ellas ya me había sometido muchas veces como parte de los reconocimientos anuales del seguro), mientras el equipo de Durrani intentaba cuantificar su éxito. Puede que el que un paciente de infarto consiguiera controlar una mano paralizada fuera más fácil de medir objetivamente, pero yo debía haber pasado de lo más bajo a lo más alto de cualquier escala numérica de afectación positiva. Y lejos de constituir una causa de irritación, estas pruebas me dieron la primera oportunidad de usar la prótesis en nuevos campos; ser feliz de formas que apenas podía recordar haber experimentado antes. Además de tener que interpretar recreaciones mundanas de escenas de situaciones domésticas —qué había pasado entre este niño, esta mujer y este hombre; ¿quién se siente bien y quién se siente mal?—, me mostraban imágenes de grandes obras de arte, desde complejas pinturas alegóricas y narrativas hasta elegantes ensayos geométricos minimalistas. Aparte de escuchar fragmentos de habla común, e incluso gritos de alegría y dolor sin adorno alguno, me ponían muestras de música y canciones de cualquier tradición, época y estilo.

    Fue ahí cuando me di cuenta de que algo iba mal.

    Jacob Tsela me ponía los archivos de audio y anotaba mis respuestas. Se había mostrado inexpresivo la mayor parte de la sesión, evitando cuidadosamente cualquier riesgo de contaminar los datos dejando escapar sus propias opiniones. Pero después de poner un fragmento celestial de música clásica europea, y después de que yo lo puntuara con un veinte sobre veinte, percibí un atisbo de consternación en su cara.

    — ¿Qué? ¿No te ha gustado?
    —No importa lo que a mí me guste. —Tsela sonrió veladamente—. No es eso lo que estamos midiendo.
    —Ya lo he puntuado, no puedes influir en mi puntuación. —Lo miré suplicante; estaba desesperado por cualquier tipo de comunicación—. He estado muerto para el mundo durante dieciocho años. Ni siquiera sé quién era el compositor.

    J-S. Bach —dijo después de dudar—. Y estoy de acuerdo contigo: es sublime.

    Alzó de nuevo la pantalla táctil y continuó con el experimento.

    ¿Qué era lo que le había consternado? Supe la respuesta inmediatamente; fui un idiota al no darme cuenta antes, pero había estado demasiado metido en la música.

    No había puntuado ninguna pieza por debajo de dieciocho. Y había hecho lo mismo con las artes plásticas. De mis cuatro mil donantes virtuales había heredado no el mínimo común denominador, sino el gusto más amplio posible; y en diez días no había conseguido imponerle ningún límite, ninguna preferencia propia.

    Para mí todo el arte y toda la música eran sublimes. Cualquier tipo de comida era deliciosa. Toda la gente a la que le ponía la vista encima era una visión de la perfección.

    Puede que después de mi larga sequía sólo estuviera absorbiendo placer de cualquier cosa, pero con el tiempo me acabaría saciando y me volvería tan perspicaz, tan centrado y tan crítico como cualquiera.

    — ¿Debería seguir siendo así? ¿Omnívoro?

    Solté la pregunta empezando con un tono de ligera curiosidad y acabando con un punto de pánico.

    Tsela paró la muestra que estaba sonando en ese momento; un canto que para mí oído podría haber sido albano, marroquí o mongol, pero que me puso los pelos de punta y me animó muchísimo. Como todos los demás.

    Permaneció en silencio un instante, sopesando deberes encontrados. Luego suspiró y dijo:

    —Será mejor que hables con Durrani.

    Durrani me enseñó un gráfico de barras en la pantalla de su despacho: el número de sinapsis artificiales que habían cambiado de estado dentro de la prótesis (las nuevas conexiones que se habían formado, las conexiones existentes que se habían roto, debilitado o reforzado) por cada uno de los diez últimos días. Los microprocesadores integrados se mantenían al tanto de tales cambios y los datos se extraían mediante una antena que me pasaban por encima del cráneo todas las mañanas.

    El primer día, mientras la prótesis se adaptaba a su nuevo entorno, fue espectacular; las cuatro mil redes que la conformaban podían haber sido perfectamente estables en los cráneos de sus dueños, pero la versión conjunta que me habían dado nunca antes había estado conectada al cerebro de nadie.

    El segundo día había visto aproximadamente la mitad de actividad, el tercero en torno a una décima parte.

    Sin embargo, a partir del cuarto día, no había habido nada salvo ruido de fondo. Mis recuerdos episódicos, por muy placenteros que fueran, al parecer se almacenaban en otra parte (dado que era evidente que no sufría amnesia), pero tras el frenesí de actividad inicial, la circuitería que definía lo que era el placer no había sufrido ningún cambio, ningún ajuste de ningún tipo.

    —Si en los próximos días surgieran algunas tendencias, deberíamos ser capaces de amplificarlas, sacarlas adelante, como si equilibrásemos un edificio inestable una vez que muestra signos de caer en una determinada dirección. —Durrani no sonaba esperanzada. Ya había pasado demasiado tiempo y la red ni siquiera oscilaba.
    — ¿Qué hay de los factores genéticos? ¿No puede leer mi genoma y acotar las cosas a partir de eso?

    Negó con la cabeza.

    —Al menos dos mil genes tienen un papel en el desarrollo neural. No es como hacer coincidir un grupo sanguíneo o un tipo de tejido; todos los sujetos de la base de datos tendrían en común contigo más o menos la misma pequeña proporción de esos genes. Está claro que algunos de ellos tienen que haber tenido un temperamento más parecido al tuyo que otros, pero no hay forma de que podamos identificarlos genéticamente.
    —Ya veo.
    —Podemos apagar la prótesis completamente, si es lo que quieres —dijo Durrani con tacto—. No haría falta cirugía, sólo la apagaríamos y volverías a estar donde estabas al principio.

    Miré fijamente su rostro radiante. ¿Cómo podía volver atrás? Dijeran lo que dijeran las pruebas y los gráficos de barras... ¿cómo podía ser esto un fracaso? Por abundante y estéril que fuera la belleza en la que me ahogaba, no estaba tan jodido como cuando tenía la cabeza llena de leu-encefalina. Seguía siendo capaz de sentir miedo, ansiedad, tristeza; las pruebas habían revelado carencias universales comunes a todos los donantes. No podía odiar a Bach o a Chuck Beriy, a Chagal o a Paul Klee, pero había reaccionado con tanta cordura como cualquiera ante imágenes de enfermedad, hambre y muerte.

    Y no ignoraba mi propio destino de la manera que había ignorado el cáncer.

    Pero, ¿cuál sería mi destino, si seguía usando la prótesis? ¿Felicidad absoluta, oscuridad absoluta... la mitad de la raza humana dictando mis emociones? ¿En todos los años que había pasado en las sombras, si me había aferrado a algo rápidamente, no había sido a la posibilidad de llevar una especie de semilla dentro de mí: una versión de mí mismo capaz de crecer y volver a convertirse en una persona viva, si se presentaba la ocasión? ¿Y esa esperanza no había resultado ser falsa? Me habían ofrecido la materia de la que están hechos los yoes, y aunque los había probado todos, y los había admirado por igual, no había reclamado ninguno como propio. Toda la alegría que había sentido en los últimos diez días no tenía ningún sentido. Yo era sólo una cáscara muerta, flotando en el aire bajo el sol de los demás.

    —Creo que debería hacerlo —dije—. Apagarla.

    Durrani levantó la mano.

    —Espera. Si estás dispuesto, hay otra cosa que podemos probar. Lo he estado discutiendo con nuestro comité de ética, y Luke ha empezado el trabajo preliminar en el software... pero al final la decisión será tuya.
    — ¿Para hacer qué?
    —Podemos forzar la red hacia cualquier dirección. Sabemos cómo intervenir para hacerlo, para quebrar la simetría, para hacer que algunas cosas produzcan más placer que otras. Sólo porque no haya pasado de forma espontánea no quiere decir que no se pueda conseguir por otros medios.

    Repentinamente exaltado, solté una carcajada.

    — ¿De modo que si digo que sí... su comité de ética elegirá la música que me gusta, y mis comidas favoritas, y mi nueva vocación? ¿Decidirán quién voy a ser?

    ¿Sería eso tan malo? ¿Habiendo yo muerto hace tiempo, otorgarle la vida a una persona completamente nueva? ¿Donar no sólo un pulmón o un riñón, sino el cuerpo entero, recuerdos imposibles incluidos, a un ser humano arbitrariamente construido ex novo, pero enteramente funcional?

    Durrani estaba escandalizada.

    — ¡No! ¡Nunca se nos ocurriría hacer algo así! Pero podemos programar los microprocesadores para que te permitan controlar el reajuste de la red. Podríamos darte la capacidad de elegir por ti mismo, de forma consciente y deliberada, las cosas que te hacen feliz.
    —Intenta visualizar el control —dijo De Vries.

    Cerré los ojos.

    —Mala idea —me dijo—. Si te acostumbras, limitará tu acceso.
    —De acuerdo.

    Miré al vacío. Algo glorioso de Beethoven sonaba en el sistema de sonido del laboratorio; resultaba difícil concentrarse. Me esforcé por visualizar el estilizado control horizontal de color rojo cereza que De Vries acababa de construir dentro de mi cabeza, línea por línea, hacía cinco minutos. De repente fue algo más que un vago recuerdo: volvió a superponerse a la habitación, tan claro como cualquier objeto real, al fondo de mi campo visual.

    —Lo tengo. —El botón permanecía inmóvil cerca del diecinueve.

    De Vries le echó un vistazo a la pantalla, para mí oculta.

    —Bien. Ahora intenta bajar la puntuación.

    Me reí débilmente. Pasando de Beethoven.

    — ¿Cómo? ¿Cómo puede intentar uno que algo le guste menos?
    —No se puede. Tan sólo intenta mover el botón hacia la izquierda. Visualiza el movimiento. El software monitoriza tu córtex visual siguiendo cualquier percepción imaginaria transitoria. Engáñate a ti mismo y piensa que ves el botón moviéndose y la imagen te seguirá.

    Y así lo hizo. Perdía el control brevemente, como si la cosa se resistiera, pero conseguí bajarla hasta el diez antes de parar para apreciar el efecto.

    —Joder.
    — ¿Significa eso que funciona?

    Asentí como un estúpido. La música seguía siendo... agradable... pero el hechizo se había roto por completo. Era como estar escuchando un electrizante fragmento de retórica, y luego, a medio camino, darse cuenta de que el orador no creía ni una sola palabra de lo que decía, dejando la poesía y la elocuencia originales intactas, pero arrebatándoles su verdadera fuerza.

    Empecé a notar sudor en la frente. Cuando Durrani me lo explicó, la idea me había sonado demasiado extraña para ser cierta. Y dado que ya había fracasado a la hora de afirmarme a mí mismo en la prótesis —a pesar de los miles de millones de conexiones neurales directas y de las incontables oportunidades para que los restos de mi identidad interactuaran con la cosa y le dieran forma siguiendo mi imagen—, temía que llegado el momento de tomar una decisión la duda me paralizara.

    Pero sabía, sin lugar a dudas, que no debía quedarme extasiado al escuchar un fragmento de música clásica que o bien nunca antes había oído, o bien, dado que parecía ser famoso y estar por todas partes, había escuchado una o dos veces por casualidad sin que me afectara lo más mínimo.

    Y ahora, en cuestión de segundos, había cercenado esa falsa respuesta.

    Todavía había esperanza. Todavía tenía una oportunidad para resucitarme a mí mismo. Sólo tenía que recorrer el camino de forma consciente, paso a paso.

    —Codificaré con colores los instrumentos virtuales de los sistemas más grandes de la prótesis —dijo De Vries alegremente al tiempo que trasteaba en el teclado—. Después de un par de días de práctica será como una segunda naturaleza. Sólo tienes que recordar que algunas experiencias implican a dos o tres sistemas a la vez... de modo que si estás haciendo el amor con una música que preferirías que no te distrajera tanto, asegúrate de que bajas el control rojo, no el azul. —Levantó la vista y vio mi cara—. Eh, no te preocupes, siempre puedes volver a subirlo más tarde si te equivocas. O si cambias de opinión.


    3


    ERAN LAS NUEVE EN SÍDNEY CUANDO EL AVIÓN ATERRIZÓ. Las nueve en punto de un sábado por la noche. Cogí un tren hasta el centro de la ciudad con la intención de coger el que me llevaba hasta casa, pero cuando vi a la multitud haciendo cola en la estación del Ayuntamiento dejé la maleta en consigna y los seguí hacia la calle.

    Había estado unas cuantas veces en la ciudad después de lo del virus, pero nunca por la noche. Me sentía como si hubiera vuelto a casa después de pasarme media vida en otro país, después de haber estado confinado, solo, en una prisión extranjera. De una u otra forma todo me desorientaba. Sentí una especie de déjá vu vertiginoso al ver edificios que parecían haberse conservado fehacientemente, pero que aun así no eran tal y como los recordaba, y una sensación de vacío cada vez que doblaba una esquina para encontrarme con que un hito propio, alguna tienda o señal que recordaba de la infancia, había desaparecido.

    Me paré delante de un pub, tan cerca que podía sentir cómo mis oídos vibraban al ritmo de la música. Podía ver a la gente dentro: reían y bailaban de un lado para otro con las manos llenas de bebidas, sus caras resplandecientes por el alcohol y la camaradería. Algunos animados por la posibilidad de la violencia, otros por la promesa del sexo.

    Podía entrar y formar parte de esa imagen, en ese mismo instante. La ceniza que había enterrado el mundo había desaparecido; podía ir a dónde quisiera. Y casi podía sentir a los primos muertos de estos juerguistas —renacidos ahora como armónicos de la red, resonando con la música y la visión de sus compañeros del alma—, clamando en mi cabeza, pidiéndome que los llevara a la tierra de los vivos.

    Avancé unos pasos, entonces vi algo por el rabillo del ojo que me distrajo. En el callejón que había junto al pub, un chico de unos diez o doce años estaba acurrucado contra la pared y metía la cara en una bolsa de plástico. Tras unas cuantas inhalaciones la sacó, sus ojos apagados resplandecientes, sonriendo con la misma alegría que un director de orquesta.

    Me alejé de allí.

    Alguien me tocó en el hombro. Me di la vuelta y vi a un hombre que me sonreía alegremente.

    — ¡Jesús te ama, hermano! ¡Tú búsqueda ha terminado!

    Me puso un panfleto en la mano. Le miré fijamente a la cara y su estado se me reveló, transparente: había dado con la forma de producir leu-encefalina a voluntad, pero no lo sabía, por lo que había deducido que la causa era algún manantial divino de felicidad. El miedo y la pena me llenaron el pecho. Al menos yo había sabido lo del tumor. E incluso el chico tirado del callejón sabía que sólo estaba esnifando pegamento.

    ¿Y la gente del pub? ¿Sabían lo que hacían? Música, afecto, alcohol, sexo... ¿Dónde estaba el límite? ¿En qué punto la felicidad justificable se convertía en algo tan vacío, tan patológico, como lo era para ese hombre?

    Me alejé a trompicones y me dirigí de vuelta a la estación. A mi alrededor la gente se reía y gritaba, se cogía de la mano, se besaba... y yo los observaba como si fueran figuras anatómicas desolladas revelándome miles de músculos entretejidos que, con precisión y sin esfuerzo aparente, trabajaban al unísono. Enterrada dentro de mí, la maquinaria de la felicidad se reconocía a sí misma, una y otra vez.

    Ahora no me cabía la menor duda de que Durrani había metido en mi cráneo hasta el último fragmento de la capacidad humana para la alegría. Pero para reclamar cualquiera de sus partes tenía que aceptar el hecho (mucho más de lo que el tumor me había hecho aceptarlo) de que la felicidad en sí no significaba nada. La vida sin ella era insoportable, pero como fin en sí mismo no era suficiente. Era libre de elegir sus causas, y de estar contento con mis decisiones, pero sintiera lo que sintiera una vez que hubiera parido a mi nuevo yo, la posibilidad de que todas mis decisiones fueran incorrectas seguiría existiendo.

    Global Assurance me había dado hasta el final de año para valerme por mí mismo. Si mi reconocimiento psicológico demostraba que el tratamiento de Durrani había tenido éxito, tanto si tenía un empleo como si no, me arrojarían a los brazos todavía menos piadosos de los restos privatizados de la seguridad social. Así que fui dando traspiés intentando orientarme en la luz.

    En mi primer día de vuelta a casa me desperté al amanecer. Me senté al teléfono y empecé a rebuscar. Mi antiguo espacio de trabajo en la red estaba archivado; con los precios actuales sólo costaba unos diez centavos al año en concepto de almacenamiento, y todavía tenía 36,20 dólares en mi cuenta. El extraño fósil de información había pasado de una empresa a otra por cuatro adquisiciones y fusiones. Utilizando una variada colección de herramientas para descodificar los obsoletos formatos, saqué fragmentos de mi antigua vida al presente y los examiné, hasta que me resultó demasiado doloroso para seguir.

    Al día siguiente me pasé doce horas limpiando el piso, fregando hasta el último rincón, escuchando mis viejos archivos de música de njari, parando sólo para comer vorazmente. Y aunque podía haber refinado mi gusto en comida hasta el de un niño de doce años adicto a la sal, tomé la decisión (para nada masoquista, y más práctica que virtuosa) de que lo más perjudicial que iba a ansiar sería la fruta.

    En las semanas siguientes cogí peso con gratificante rapidez, aunque cuando me miraba en el espejo, o ejecutaba un programa cosmético en el teléfono, me daba cuenta de que podía estar contento con cualquier tipo de cuerpo. La base de datos debía de haber incluido gente con una amplia gama de autoimágenes ideales, o que estaba perfectamente satisfecha con el aspecto que tenía en el momento de su muerte.

    Y una vez más elegí el pragmatismo. Tenía mucho que recuperar, y no quería morirme a los 55 de un ataque al corazón si podía evitarlo. Sin embargo, no tenía ningún sentido obsesionarse con algo imposible o absurdo, por lo que después de proyectarme como alguien obeso, y puntuarlo con un cero, hice lo mismo con el aspecto Schwarzenegger. Elegí un cuerpo delgado pero fuerte, claramente dentro de los márgenes de lo posible de acuerdo con el software, y le di un dieciséis sobre veinte. Y empecé a correr.

    Al principio me lo tomé con calma, y aunque me aferré a mi auto— imagen infantil, cuando corría de una calle a otra sin esfuerzo, tuve cuidado de que el placer del propio movimiento no llegase a enmascarar una lesión. Cuando entré cojeando en una farmacia en busca de linimento, me encontré con que vendían algo llamado moduladores de prostaglandina, compuestos antiinflamatorios que supuestamente minimizaban el daño sin anular ningún proceso vital de reparación. Me mostré escéptico, pero la cosa parecía funcionar; el primer mes siguió siendo duro, pero ni la hinchazón me dejó cojo, ni me volví tan inconsciente como para ignorar las señales de peligro y acabar desgarrándome un músculo.

    Y una vez que mi corazón, mis pulmones y mis pantorrillas salieron a rastras y gritando de su estado atrofiado, fue genial. Corría una hora todas las mañanas, zigzagueando por las calles tranquilas de la zona, y los domingos por la tarde bordeaba la propia ciudad. No me forzaba para conseguir mejores tiempos; no tenía ambiciones deportivas de ninguna clase. Sólo quería ejercitar mi libertad.

    Pronto el acto de correr acabó convirtiéndose en una experiencia total. Podía disfrutar de los latidos de mi corazón y de la sensación de mis piernas en movimiento, o podía atenuar esos detalles y convertirlos en un rumor de satisfacción, y simplemente mirar el paisaje como si fuera en un tren. Y habiendo recuperado mi cuerpo, empecé a recuperar los barrios uno a uno. Desde las zonas de bosque junto al río Lañe Cove hasta la eterna fealdad de Parramatta Road, recorría Sídney como un topógrafo loco, envolviendo el paisaje con geodésicas invisibles para luego dibujarlas dentro mi cabeza. Pasaba haciendo retumbar los puentes de Gladesville y Iron Cove, Pyrmont, Meadowbank y hasta el de la misma bahía, retando a las tablas a que cedieran bajo mis pies.

    Hubo momentos en que tuve mis dudas. No estaba borracho de endorfinas, no me estaba esforzando tanto, pero aun así seguía pareciéndome demasiado bueno para ser cierto. ¿Era esto esnifar pegamento? Tal vez diez mil generaciones de mis ancestros habían sido compensadas con el mismo tipo de placer por buscar la diversión, escapar de los peligros y reconocer el territorio para su seguridad, pero para mí era sólo un pasatiempo glorioso.

    De todas formas, no me estaba engañando, y no le hacía daño a nadie. Saqué esas dos reglas del corazón del niño que llevaba dentro y seguí corriendo.

    Los treinta eran una edad interesante para pasar la pubertad. El virus no me había castrado literalmente, pero al haber eliminado el placer de la imaginería sexual, la estimulación genital y el orgasmo, y al haber destrozado parcialmente los canales hormonales reguladores que descienden desde el hipotálamo, me había dejado con algo que difícilmente se podría describir como función sexual. Mi cuerpo se deshacía del semen en esporádicos espasmos carentes de placer, y sin los lubricantes normalmente segregados por la próstata durante la excitación, cada eyaculación no deseada me desgarraba las paredes de la uretra.

    Cuando todo esto cambió, me sacudió fuerte, incluso en el estado de relativa decrepitud sexual en el que me encontraba. Comparada con los sueños eróticos lacerantes, la masturbación era inconcebiblemente genial, y no me veía muy dispuesto a intervenir en los controles para bajarla un poco. Pero no tenía que haberme preocupado de que me quitara el interés por lo auténtico; de continuo me sorprendía mirando abiertamente a la gente en la calle, en las tiendas y en los trenes, hasta que gracias a una mezcla de voluntad, puro miedo y ajuste protésico, conseguí quitarme la costumbre.

    La red me había convertido en bisexual, y aunque no tardé en reducir mi nivel de deseo considerablemente con respecto a los contribuyentes más lascivos de la base de datos, cuando se trató de decidir si iba a ser gay o hetero, todo eran dudas. La red no era una especie de media de la población; si lo hubiera sido, la esperanza original de Durrani de que los restos de mi propia arquitectura neural pudieran imponerse se habría venido abajo siempre que el voto fuera en su contra. De modo que no era un diez o un quince por ciento gay; las dos posibilidades estaban presentes con la misma fuerza, y la idea de eliminar una de ellas me parecía tan alarmante, tan reprochable, como si hubiera vivido con ambas durante décadas.

    Pero, ¿era la prótesis defendiéndose a sí misma, o era parcialmente mi respuesta? No tenía ni idea. Incluso antes del virus había sido un niño de doce años completamente asexual; siempre había asumido que era heterosexual, y realmente algunas chicas me resultaban atractivas, pero no había habido miradas bajo la luz de la luna ni toqueteos furtivos que confirmaran esa opinión puramente estética. Me informé sobre las últimas investigaciones, pero todas las teorías genéticas que recordaba de varios titulares habían sido desacreditadas desde entonces, por lo que aunque mi sexualidad hubiese estado determinada desde el nacimiento, no existía ningún análisis de sangre que pudiera decirme en lo que se habría convertido. Incluso llegué a buscar los escáneres de resonancia magnética que me había hecho antes del tratamiento, pero carecían de la resolución suficiente para proporcionarme una respuesta neuroanatómica directa.

    No quería ser bisexual. Era demasiado mayor para andar por ahí experimentando como un adolescente; quería certeza, quería unas bases sólidas. Quería ser monógamo, y aunque la monogamia casi nunca fuera fácil para nadie, eso no era motivo para ponerme obstáculos innecesarios. ¿A quién debía sacrificar entonces? Sabía cuál era la opción que simplificaría las cosas... pero si todo se reducía a cuáles de los cuatro mil donantes podían llevarme por el camino más fácil, ¿de quién sería la vida que estaría viviendo?

    Puede que todo fuera igual. Tenía treinta años, era virgen y tenía un historial de enfermedad mental, sin dinero, sin perspectivas, sin dotes sociales, y siempre podía aumentar el nivel de satisfacción de mi única opción actual, y dejar que todo lo demás se esfumase como una fantasía. No me estaba engañando, no le hacía daño a nadie. Estaba en mi mano no desear otra cosa.

    Me había fijado en la librería muchas veces antes, escondida en una calle tranquila de Leichhardt. Pero un domingo de junio, cuando pasaba por delante corriendo y vi un ejemplar de El hombre sin atributos de Robert Musil en el escaparate, tuve que parar y reírme.

    Estaba empapado en sudor por la humedad invernal, por lo que no entré para comprar el libro. Pero eché un vistazo dentro a través del cristal y cerca del mostrador vi un cartel de OFERTA DE TRABAJO.

    Buscar un empleo no cualificado me había parecido inútil, la tasa de paro general era del quince por ciento, tres veces mayor en el caso de los jóvenes, por lo que asumí que siempre habría mil candidatos para cada puesto: más jóvenes, más baratos, más fuertes y con certificado de cordura. Había retomado mis estudios por la red, y no es que no estuviera avanzando, pero iba al mismo paso que a todas partes, lento. Todos los campos del conocimiento que me habían cautivado de niño se habían multiplicado por cien, y aunque la prótesis me otorgaba energía y entusiasmo ilimitados, seguía habiendo demasiado campo como para abarcarlo en una vida. Sabía que tendría que sacrificar el noventa por ciento de mis intereses si finalmente decidía elegir una carrera, pero todavía no había sido capaz de blandir el cuchillo.

    El lunes volví a la librería caminando desde la estación de Petersham. Había ajustado mi confianza para la ocasión, pero aumentó de forma espontánea cuando oí que no había habido ningún candidato. El propietario tenía sesenta y tantos años y empezaba a tener problemas de espalda. Quería a alguien para que moviera las cajas de un lado para otro y se encargara del mostrador cuando él estuviera ocupado en otra cosa. Le conté la verdad: que había sufrido una lesión neurológica por una enfermedad infantil y que me había recuperado hacía muy poco.

    Me contrató al momento para un mes de prueba. El salario inicial era exactamente lo mismo que me pagaba Global Assurance, pero si me contrataba de forma permanente cobraría un poco más.

    El trabajo no era duro y al dueño no le importaba que leyera en la habitación de dentro cuando no tenía nada que hacer. En cierta forma estaba en el cielo —diez mil libros y sin cuota de acceso—, pero a veces sentía que volvía el pavor de la disolución. Leía ávidamente y, en cierta medida, podía emitir juicios claros: podía distinguir a los autores torpes de los expertos, a los honestos de los farsantes, a los vulgares de los inspirados. Pero la prótesis seguía queriendo que disfrutara de todo, que lo aceptara todo, que me dispersara por las polvorientas estanterías hasta no ser nadie en absoluto, un fantasma en la Biblioteca de Babel.

    Entró en la librería dos minutos después de la hora de apertura, el primer día de la primavera. Observándola mientras hojeaba los libros, intenté ver más allá de las consecuencias de lo que estaba a punto de hacer. Durante semanas me había pasado cinco horas al día en el mostrador, y con tanto contacto humano había estado esperando... algo. No amor salvaje a primera vista, sólo el más leve atisbo de interés mutuo, la prueba más ínfima de que realmente podía desear a un ser humano por encima de los demás.

    No había ocurrido nada. Algunos clientes flirtearon un poco, pero pude ver que no era nada especial, únicamente su propia forma de cortesía, y yo no sentí nada que no hubiese sentido si hubieran sido excepcional pero formalmente amables. Y aunque podía estar de acuerdo con cualquiera sobre quién era convencionalmente atractivo, quién era animado y quién misterioso, ingenioso o encantador, quién rebosaba juventud y quién irradiaba sofisticación... sencillamente no me importaba. Los cuatro mil habían querido a personas muy distintas y la envoltura que se extendía entre sus remotas características abarcaba a la especie entera. Eso no iba a cambiar nunca, mientras yo mismo no hiciera algo por romper la simetría.

    En la última semana había bajado todos los sistemas pertinentes de la prótesis hasta el tres o el cuatro. La gente había pasado a ser casi tan atractiva como trozos de madera. En ese momento, a solas en la tienda con esa extraña elegida al azar, subí los controles lentamente. Tuve que luchar contra la retroalimentación positiva; cuanto más altos estaban los controles, más quería subirlos yo, pero había fijado límites previamente, y me ajusté a ellos.

    Para cuando ella eligió un par de libros y se acercó al mostrador, yo me sentía por una parte insolentemente triunfante, y por la otra mareado de vergüenza. Por fin le había cogido la medida a la red; lo que sentía al ver a esta mujer sonaba sincero. Y si todo lo que había hecho para conseguirlo era calculado, artificial, extraño y detestable... no me quedaba más remedio.

    Le sonreí cuando compró los libros y ella me devolvió la sonrisa afectuosamente. No llevaba anillo de matrimonio o de compromiso, pero me había prometido a mí mismo que no iba a intentar nada, pasara lo que pasara. Éste era sólo el primer paso: fijarse en alguien, hacer que destacara entre la multitud. Podía invitar a salir a la décima, a la centésima mujer que tuviera un aire parecido al suyo.

    — ¿Te gustaría tomar un café alguna vez? —le dije.

    Pareció sorprendida, pero no ofendida. Indecisa, pero al menos algo complacida por la pregunta. Y yo, que creía que estaba preparado para que ese desliz no llevara a ninguna parte, en ese momento, mientras la veía tomando una decisión, sentí cómo desde las ruinas de mí mismo surgía un dardo de dolor atravesándome el pecho. Si algo de eso se hubiese reflejado en mi cara, probablemente me habría llevado corriendo al veterinario más cercano para que me sacrificaran.

    —Estaría bien —me dijo—. Me llamo Julia, por cierto.
    —Mark. —Nos dimos la mano.
    — ¿A qué horas sales del trabajo?
    — ¿Esta noche? A las nueve en punto.
    —Ah.
    — ¿Qué tal si quedamos para comer? —le dije—. ¿A qué hora comes?
    —A la una. —Se lo pensó un poco—. ¿Conoces ese sitio justo bajando la calle... al lado de la ferretería?
    —Eso sería genial.

    Julia sonrió.

    —Entonces nos vemos allí. A eso de la una y diez. ¿Vale?

    Asentí. Ella dio media vuelta y salió. Yo me quedé mirándola, aturdido, aterrorizado, eufórico. Pensé: «Esto es fácil. Cualquiera puede hacerlo. Es como respirar».

    Empecé a transpirar. Era un quinceañero emocionalmente retrasado, y ella lo descubriría en sólo cinco minutos. O peor aún, descubriría a los cuatro mil hombres maduros que me ofrecían consejo dentro de mi cabeza.

    Me metí en el servicio a vomitar.

    Julia me contó que llevaba una tienda de ropa a sólo unas manzanas.

    —Eres nuevo en la librería, ¿no?
    —Sí.
    — ¿Y qué hacías antes?
    —Estuve sin empleo. Durante mucho tiempo.
    — ¿Cuánto?
    —Desde que era un estudiante.

    Hizo una mueca.

    —Es un crimen, ¿verdad? Bueno, yo aporto mi granito. Comparto mi trabajo, media jornada sólo.
    — ¿En serio? ¿Y qué te parece?
    —Es fantástico. Quiero decir, tengo suerte, el puesto está tan bien pagado que puedo apañármelas con la mitad del sueldo. —Sonrió—. La mayoría de la gente supone que tengo una familia. Como si ésa fuera la única razón posible.
    — ¿Sólo quieres tener tiempo?
    —Sí. El tiempo es importante. Odio que me metan prisa.

    Volvimos a comer juntos dos días después, y luego dos veces más a la semana siguiente. Me hablaba de la tienda, de un viaje que había hecho a Sudamérica, de una hermana que se estaba recuperando de un cáncer de pecho. Estuve a punto de mencionar mi propio tumor vencido hace tiempo, pero aparte del miedo de adonde me podía llevar, hubiera sonado demasiado como una petición de compasión. En casa, me sentaba pegado al teléfono, no esperando una llamada, sino viendo las noticias para asegurarme de que tendría algo de qué hablar aparte de mí mismo. « ¿Quién es tu cantante/escritor/artista/actor favorito? No tengo ni idea».

    Mi cabeza se llenaba con visiones de Julia. Quería saber lo que estaba haciendo cada segundo del día; quería que fuera feliz, quería que estuviera segura. ¿Por qué? Porque la había elegido. Pero... ¿por qué había sentido la necesidad de elegir a alguien? Porque al final, lo que la mayoría de los donantes debía de tener en común era el hecho de que habían deseado y se habían preocupado de una persona por encima de las demás. ¿Por qué? Eso era culpa de la evolución. Uno no podía ayudar y proteger a todas las personas que se encontraba a su paso, como tampoco podía follárselas, y obviamente una combinación juiciosa de ambas cosas había demostrado ser efectiva a la hora de transmitir los genes. De modo que mis emociones tenían la misma ascendencia que las de todo el mundo. ¿Qué más podía pedir?

    Pero, ¿cómo podía fingir que sentía algo verdadero por Julia, cuando podía mover unos cuantos botones en mi cabeza, en cualquier momento, y hacer desaparecer esos sentimientos? Incluso si lo que sentía era lo bastante fuerte como para evitar querer tocar el dial...

    Algunos días pensaba: «Tiene que ser así para todo el mundo. La gente toma una decisión, medio determinada por la suerte, para llegar a conocer a alguien; todo empieza desde ahí». Algunas noches me quedaba sentado durante horas, preguntándome si no me estaba convirtiendo en un esclavo patético, o en un obseso peligroso. ¿Podría algo de lo que descubriera sobre Julia apartarme de ella, ahora que la había elegido? ¿O incluso despertar la más ínfima desaprobación? Y si y cuando decidiera romper, ¿cómo me lo tomaría?

    Salimos a cenar y luego compartimos un taxi de vuelta a casa. Le di un beso de buenas noches en su portal. De vuelta en mi piso, hojeé manuales de sexo en la red, preguntándome como podía esperar ocultar mi absoluta falta de experiencia. Todo me parecía anatómicamente imposible; necesitaría seis años de entrenamiento gimnástico sólo para lograr la postura del misionero. Me había negado a masturbarme desde que la conocí; fantasear con ella, imaginármela sin su consentimiento, me parecía terrible, imperdonable. Después de claudicar, me quedé despierto hasta el amanecer intentando comprender la trampa que yo mismo me había cavado, e intentando entender por qué no quería ser libre.

    Julia se agachó y me besó, dulcemente.

    —Eso ha sido una buena idea. —Se quitó de encima de mí y se dejó caer en la cama.

    Me había pasado los últimos diez minutos manipulando el control azul, intentando evitar correrme sin perder la erección. Había oído hablar de juegos de ordenador que consistían en lo mismo. En ese momento aumenté el añil para conseguir una mayor intimidad, y cuando levanté la vista y la miré a los ojos, supe que podía ver el efecto en mí. Me acarició la mejilla con la mano.

    —Eres un hombre dulce. ¿Lo sabías?
    —Tengo que contarte algo.

    « ¿Dulce? Soy un muñeco, soy un robot, soy un monstruo.»

    — ¿Qué?

    No podía hablar. Ella parecía divertida, y me besó.

    —Sé que eres gay. Está bien. No me importa.
    —No soy gay. —« ¿Ya no?»—. Aunque podría haberlo sido.

    Julia se encogió de hombros.

    —Gay, bisexual... No me importa. De veras.

    Ya no tendría que seguir manipulando mis respuestas; la prótesis estaba siendo moldeada por todo esto, y en unas semanas sería capaz de dejarla a su aire. Entonces sentiría tan naturalmente como cualquiera todas las cosas que ahora tenía que elegir.

    —Cuando tenía doce años tuve cáncer —dije.

    Le conté todo. Miraba su cara y veía miedo, luego duda en aumento.

    — ¿No me crees?
    —Lo dices tan tranquilo. ¿Dieciocho años? ¿Cómo puedes decir: «Perdí dieciocho años»?
    — ¿Cómo quieres que lo diga? No estoy intentando que sientas lástima. Sólo quiero que lo entiendas.

    Cuando llegué al día en que la conocí se me encogió el estómago de miedo, pero seguí hablando. Después de unos segundos vi lágrimas en sus ojos y me sentí como si me hubieran apuñalado.

    —Lo siento. No pretendía hacerte daño. —No sabía si intentar abrazarla o marcharme justo en ese momento. Mantuve la mirada fija en ella, pero la habitación daba vueltas.

    Esbozó una sonrisa.

    — ¿Qué es lo que lamentas tanto? Tú me elegiste. Yo te elegí. Podría haber sido distinto para nosotros. Pero no lo fue. —Metió la mano debajo de la sábana y me cogió la mano—. No lo fue.

    Julia tenía los sábados libres, pero yo empezaba a trabajar a las ocho. Medio dormida me dio un beso de despedida cuando me fui a las seis; hice todo el camino a casa andando, ligero.

    Seguro que sonreí como un tonto a todos los que entraron en la tienda, pero apenas los veía. Me imaginaba el futuro. No había hablado con ninguno de mis padres en nueve años, ni siquiera sabían lo del tratamiento de Durrani. Pero ahora parecía posible arreglarlo todo. Ahora podía ir y decirles: «Éste es vuestro hijo, de vuelta de entre los muertos. Me salvasteis la vida, hace muchos años».

    Tenía un mensaje de Julia en el teléfono cuando llegué a casa. Me resistí a mirarlo hasta que me puse a cocinar algo en el horno; había algo perversamente placentero en el hecho de obligarme a esperar, anticipando con la imaginación su cara y su voz.

    Le di a PLAY. Su cara no era en absoluto como me la había imaginado.

    Las cosas se me seguían escapando y no dejaba de parar y rebobinar. Frases aisladas se me quedaban en la mente. «Demasiado raro. Demasiado enfermizo. No es culpa de nadie». En realidad no había asimilado mi explicación la noche anterior. Pero luego había tenido tiempo para pensárselo, y no estaba preparada para llevar una relación con cuatro mil hombres muertos.

    Me senté en el suelo, intentando decidir qué sentir: la ola de dolor que rompía sobre mí, o algo mejor, por elección. Sabía que podía subir los controles de la prótesis y sentirme feliz: feliz porque volvía a estar «libre», feliz porque estaba mejor sin ella... feliz porque Julia estaba mejor sin mí. O simplemente feliz porque la felicidad no significaba nada y todo lo que tenía que hacer para conseguirla era inundarme el cerebro con leu-encefalina.

    Me quedé ahí sentado, limpiándome las lágrimas y los mocos de la cara mientras las verduras se quemaban. El olor me hizo pensar en la cauterización, sellando una herida.

    Dejé que las cosas siguieran su curso, no toqué los controles, pero el mero hecho de saber que podía hacerlo lo cambiaba todo. Y entonces me di cuenta de que incluso si fuera a Luke de Vries y le dijera: «Estoy curado, quítame el software, ya no quiero el poder de elegir»... nunca podría olvidar de dónde venía todo lo que sentía.

    Mi padre se pasó por el piso el otro día. No hablamos mucho, pero todavía no se había vuelto a casar y bromeó con que saliéramos de copas juntos.

    Al menos espero que fuera una broma.

    Mirándolo, pensé: «Está dentro de mi cabeza, y mi madre también, y diez millones de ancestros, humanos, protohumanos, distantes más allá de lo imaginable». ¿Qué más daban cuatro mil más? Todo el mundo tenía que labrarse una vida partiendo del mismo legado: medio universal, medio particular; medio aguzado por una selección natural infatigable, medio mitigado por la libertad del azar. Yo sólo tenía que estar un poco más pendiente de los detalles.

    Y podía seguir haciéndolo, avanzando por la enrevesada frontera entre la felicidad más absurda y la desesperanza más estúpida. Tal vez tuviera suerte; tal vez la mejor forma de aferrarse a esa estrecha franja era ver con claridad lo que había a cada lado.

    Cuando mi padre se iba, miró desde el balcón el barrio atestado de gente, recorriéndolo con la mirada hasta el rio Parramatta, donde un sumidero para tormentas vertía en el agua un hilo visible de aceite, basura y residuos de jardinería.

    — ¿Estas contento con la zona? —me preguntó con recelo.
    —Me gusta esto —le dije.


    Fin