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    Para dar Zoom o Fijar la imagen sigue el mismo procedimiento.
    -----------------------------------------------------------
    Slide 1     Slide 2     Slide 3










    Header

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    B8
    B9
    B10
    H
    Controles Desactivar Slide


    T E M A S








































































































    FUNCIONAMIENTO DEL BLOG


    Esta ayuda te permitirá aprovechar las características del Blog.

    Veamos lo que hace cada ícono del MENU:

    Este ícono aparece en todo el blog y permite visualizar las siguientes opciones:

    Guardar Lectura: permite guardar la publicación en la que estás, para ser cargada posteriormente. Opción sólo en las publicaciónes, en Navega Directo no.
    Al aplicar esta opción aparece en el MENU el ícono , el cual indica que hay una publicación guardada. Es visible en todo el blog y al dar click en el mismo una ventana se abre mostrando el o los temas guardados. Das click en un tema y te vas a esa publicación.
    Cuando guardas la publicación, también se guarda la pantalla donde se encuentra el párrafo o la línea que suspendes la lectura. Cuando aplicas esta opción, al entrar a la publicación te desplazarás al punto que suspendiste la lectura, Esta opción es la única forma en que el punto que se guardó cuando se guardó la publicación se hace efectivo. Para que ese párrafo o línea aparezca en el tope de la pantalla, antes de guardar, debes colocarlo en el tope de la misma. Una vez guardado, puedes desplazarte por la publicación sin que el punto o pantalla guardada se altere.
    El punto que se guarda, al guardar la lectura, no se borra cuando regresas a la misma por esta opción. Cuando vuelves a guardar la publicación el punto se actualiza a la pantalla actual.

    Eliminar Lecturas: permite eliminar el registro de las publicaciones guardadas.
    Al aplicar esta opción y al aceptar, se eliminarán todas las publicaciones guardadas.

    Eliminar por Lectura: esta opción aparece cuanto tienes como mínimo dos publicaciones guardadas, y permite eliminarlas por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de publicaciones guardadas.
    Para eliminar una publicación guardada, simplemente selecciona la que desees eliminar.
    Cuando eliminas una publicación guardada y queda solo una, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Guardar Punto: permite guardar un punto específico o la pantalla de la actual lectura. Puedes guardar cuántos puntos desees. Con esta opción puedes crear un índice de la lectura, o marcar la posición de uno o varios párrafos importantes. Cada publicación es independiente. Opción sólo para las publicaciones, no para Navega Directo.
    Al dar click en esta opción se abre una ventana, en la misma hay un recuadro en blanco, el cual sirve para colocar una referencia del párrafo o línea que dejas marcada su posición. Si no colocas una referencia, automáticamente ese punto toma el nombre de "Punto guardado 1", donde 1 es el número del punto que se ha guardado. Si has guardado 5 puntos y el sexto no le pones referencia, tomaría el nombre de "Punto guardado 6".
    Para que el punto o pantalla se guarde con o sin referencia, debes dar click en "Referencia" que se encuentra debajo del recuadro en blanco.
    Cuando aplicas esta opción aparece en el MENU el ícono . Al dar click en el mismo se abre una ventana con el o los puntos guardados. Das click en cualquiera y te desplazas a ese punto o pantalla de la publicación. Aparece sólo en las pubicaciones que tienen al menos un punto o pantalla guardado.

    Borrar Punto(s): permite eliminar el o los puntos guardados. Esta opción aparece cuando has guardado al menos un punto o pantalla. Opción sólo en las publicaciones, no para Navega Directo.
    Cuando aplicas esta opción y aceptas, se borrarán todos los puntos o pantallas que has guardado en esa publicación.

    Borrar por Punto: esta opción aparece cuando tienes como mínimo dos puntos o pantallas guardados, y permite eliminarlos por selección. Cuando presionas esta opción aparece la ventana con la lista de puntos o pantallas guardados.
    Para eliminar un punto o pantalla guardado, simplemente selecciona el que desees eliminar.
    Cuando eliminas un punto o pantalla guardado y queda solo uno, la ventana de esta opción se cierra y esta opción desaparece.

    Ultima Lectura: permite acceder a la última publicación leída. Si entras a otra publicación se guardará en la que estás. Sirve para cuando estás en cualquier parte del blog menos en una publicación.
    Para que la publicación se guarde automáticamente debes haberte desplazado hacia abajo al menos una línea.
    Si al seleccionar esta opción nada ocurre, es porque no has revisado o leído publicación alguna.

    Historial de Nvgc: esta opción aparece en todo el blog y permite ver el Historial de las páginas navegadas.
    Cuando seleccionas esta opción, una ventana se abre mostrando las publicaciones que has navegado. La primera es de fecha más antigua y la última de más reciente.
    Guarda hasta 51 temas o publicaciones. Cuando has llegado a ese límite, se va eliminando desde la más antigua, o sea desde la primera; y se agrega la reciente como última.

    Borrar Historial Nvgc: aparece en todo el blog y permite borrar o limpiar el Historial de Navegación.

    Ocultar TEMAS: permite ocultar el recuadro rectangular, donde dice TEMAS, que se encuentra a mano izquierda de la publicación. Esta opción no está disponible en la página de Inicio ni en las Categorías que seleccionas desde el Menú y tampoco en Navega Directo.
    Cuando das click en esa opción, una ventana se abre con "Otros temas" que te ofrece el blog. Si te desplazas hasta el final de esa ventana, verás dos rectángulos reducidos en su longitud. El primero permite avanzar o retroceder ese grupo de publicaciones. El segundo permite ver los temas desde el último publicado, también verlos de forma aleatoria y ver más temas correspondientes a la categoría de la publicación actual. Cuando entras a una de las listas o por medio de la CATEGORIA que se encuentra en la parte última de la publicación, la opción de "Actual Categoría" no está disponible.

    Mostrar TEMAS: aparece sólo cuando has aplicado "Ocultar TEMAS", y permite mostrar el recuadro rectangular que dice TEMAS, y que se encuentra a mano izquierda de la publicación.

    Mostrar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite mostrar una barra inferior con la paginación. Al hacer esto, en la parte última de la publicación desaparece la paginación.

    Ocultar Barra Inferior: esta opción aparece sólo en las publicaciones y si has aplicado "Mostrar Barra Inferior". Permite ocultar la barra de paginación y la muestra al final de la publicación.

    Ocultar Menú y BI: esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo, y permite ocultar el Menú y la Barra Inferior (si la tienes activa). Cuando aplicas esta opción aparece en la parte superior izquierda un punto negro, el mismo permite restaurar el Menú y la Barra Inferior.

    Mostrar Tema: puedes ocultar las opciones del MENU y ver el tema de la publicación. Esta opción aparece sólo en las publicaciones, no en Navega Directo.

    Abrir ventana de Imágenes: permite ver la o las imágenes de la publicación. Esta opción también la encuentras en la parte derecha superior de la publicación y en Navega Directo.
    Cuando la publicación tiene una sola imagen, aparece a mano izquierda los siguientes íconos:

    Cierra la ventana de las imágenes.
    Para cambiar el tamaño de la imagen según su longitud. Cuando aplicas esta opción desparece ese ícono y aparece éste el cual revierte la función. Esta opción no se graba.
    Quita todos los íconos y deja la imagen sola.
    Para guardar la o las imágenes en uno de los Bancos de Imágenes. Puedes guardar por imagen o todas las de la publicación a la vez.
    Para ver las imágenes guardadas, presiona o da click en el "+" que se encuentra a mano izquierda del MENU, para que se abra la ventana de "Otras Opciones", y buscas la opción "Bancos de Imágenes".

    Cuando hay más de una imagen en la publicación, adicionalmente aparecen los siguientes íconos:
    Ver la imagen anterior.
    Ver la imagen siguiente.
    Activa el slide de las imágenes de la publicación actual.
    Cuando activas el slide aparece en la parte superior izquierda el icono y permite desactivar el slide.
    Cuando activas esta opción, aparece en la parte superior izquierda un punto, el cual restaura los íconos.

    Las imágenes se acoplan al ancho de la pantalla y se aprecian bien según la dimensión de las mismas. Cuando son imágenes largas, el dispositivo debe estar vertical, si son cuadradas o rectangulares, debe estar horizontal.

    Navega Directo: permite revisar las publicaciones del Blog por categoría y sin el refresco de pantalla.
    Con este método puedes leer una revista o categoría específica, desde el último tema publicado hasta el primero.
    Si empleas las opciones que están al final de la publicación: POSTERIOR - INICIO - ANTERIOR, cambias a la publicación posterior o anterior de la categoría que estás actualmente. Inicio te lleva a la última publicación realizada de esa categoría.
    Cuando estás revisando una categoría en la ventana de TEMAS, en el grupo que suspendes la revisión se guarda, para cuando regreses a esta sección y vuelvas a revisar esa categoría lo harás desde ese grupo. Puedes revisar las categorías que quieras y cada una guardará el último grupo que suspendes la revisión.
    Lo del párrafo anterior no se cumple cuando se agregan publicaciones nuevas en la categoría.
    Cuando ves una publicación, por este método, se guarda el punto que suspendes la lectura, la publicación y la categoría. Cuando regreses a esta opción, aparecerá la última categoría con la publicación que leiste, en el punto o pantalla que suspendiste la lectura.
    Por cada publicación que veas se guarda el punto, categoría y tema. Eso quiere decir que, estando en esta opción cambias a una categoría y tema que leiste anteriormente, la pantalla se colocará en el punto que suspendiste la lectura.
    Dando click en el tema de la publicación, se abre en otra ventana la publicación en la sección de publicaciones.
    Dando click en la categoría, se abre en otra ventana la sección de CATEGORIAS con la correspondiente.
    A diferencia de ver la publicación de forma normal, no puedes guardar puntos ni la publicación.

    Bancos de Imágenes: Permite revisar y/o eliminar las imágenes guardadas en los Bancos.
    Estos Bancos de Imágenes también puedes usarlos como slide. Dispones de 10 Bancos.
    Puedes guardar hasta 100 imágenes en cada uno, haciendo un total de 1000.
    Cuando no has guardado imagen alguna, no aparecerá ningún Banco. Sólo verás los Bancos que tengan como mínimo una imagen.
    Cada Banco se presentará por medio de la primera imagen guardada en el mismo. Das click en la imagen y te da las opciones mencionadas en "Abrir ventana de imágenes", más los íconos el cual permite eliminar la imagen en pantalla, y que permite copiar la imagen en pantalla a otro Banco..
    En la parte última aparecerá la opción de "Vaciar el Banco" por cada Banco de Imágenes que tenga al menos una guardada y permite eliminar todas las imágenes guardadas en el mismo.

    Ayuda: permite ver esta Ayuda para conocer el funcionamiento del Blog.


    Este ícono aparece en todo el Blog y permite ver los temas de cualquier categoría con una introducción de las mismas. Su presentación es en orden de publicación de la categoría.
    Si has entrado a alguna CATEGORIA y seleccionas otra, la carga es directa, por lo que no hay refresco de pantalla.
    Si estás revisando alguna categoría en particular, cuando regreses al Blog y revises la misma categoría, comenzarás desde la última revisión hecha; y no desde el comienzo. Lo mismo es para cualquier cantidad de categorías que revises, cada una es independiente.
    Si das click en el tema o en "...más" la publicación se abre en la misma ventana, si lo haces en la imagen se abre en otra ventana.
    Aquí puedes cambiar el estilo de las miniaturas.
    Cuando cambias el estilo de las miniaturas y aplicas "Solo Imagen (para los Libros)", y anteriormente has traveseado en los "Bordes", las imágenes no van a estar centradas. Para que se restaure su posición presiona en "Bordes" la opción "Normal".
    La opción "Solo Imagen (para los Libros)" se hizo especialmente para la categoría de los Libros.


    Permite ver las siguientes listas de todas las publicaciones realizadas:

    Por Categoría: lista alfabética por Categoría
    En estas listas no está incluido Libros y Relatos. Cuando accedes con esta opción, en pantalla aparecen todas las categorías en orden alfabético por categoría y aparece el ícono , en el MENU, el cual te da la opción de seleccionar la categoría a ver con los temas que dispone. No hay refresco de pantalla, es directo.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Libros: lista alfabética de todos los libros.
    Dando click en el tema te vas a la publicación, y dando click en '+' te da una introducción del mismo. Si estás en la introducción puedes ir directamente a la publicación completa dando click en el tema o en '...más'. Dando click en la imagen la publicación se abre en otra ventana.

    Relatos: lista alfabética de todos los Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.

    Por Autor: lista alfabética por autor de los Libros y Relatos.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Alfabético de Todo: lista alfabética de todo lo publicado en el Blog.
    Funciona igual que en la lista de Libros.
    Según la fuerza del wifi será la velocidad de carga de las mismas, debes tener paciencia.

    Lista Gráfica de las Revistas muestras todas las revistas Diners y Selecciones en imagen grande. Das click en la imagen y una ventana se abre mostrando los temas de esa edición. Cuando entras a cualquier publicación, la misma se abre en otra ventana, de esa forma podrás llevar la continuación de los temas de esa revista.
    Cuando navegas por esta sección se guarda el punto o posición en que te has quedado. Si has revisado los temas de una revista, cuando regreses a esta sección, te situarás en la imagen de esa revista.


    Permite cambiar el tamaño de la letra en la páigna de INICIO a las miniaturas de ÚLTIMAS PUBLICACIONES y a las miniaturas al dar click en TEMAS. En las otras secciones que disponen de este ícono sólo a las miniaturas que aparecen al dar click en TEMAS, que se encuentra a mano izquierda en un recuadro azul. Al cambiar el tamaño de la letra, éste afecta a todas las secciones del Blog.


    Permite ver las lista de las publicaciones guardadas. Tocas el tema y se va a la publicación.
    Este ícono solo aparece cuando tienes, al menos, una publicación guardada.


    Este ícono aparece sólo en las publicaciones y permite ver la lista de los puntos o pantallas guardados en esa publicación. Si no has guardado al menos un punto o pantalla el ícono no aparece.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite ver las siguientes opciones que son para desplazamiento automático de la misma:

    Permite activar el desplazamiento automático y aparecen las siguientes opciones:

    Detiene el desplazamiento automático.

    Opción uno para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción dos para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Opción tres para aumentar la velocidad del desplazamiento.

    Para regresar a la velocidad estándar, presiona la opción para detener el desplazamiento y luego la de activar el desplazamiento.

    Cuando activas esta opción, el rectángulo de TEMAS, que se encuentra a mano izquierda, y la BARRA DE PAGINACION desaparecen, permitiendo leer con tranquilidad. Cuando presionas el botón de detener el desplazamiento el rectángulo y la barra aparecen nuevamente. Esto no ocurre en Navega Directo.


    Este ícono aparece solo en las publicaciones y en Navega Directo. Permite visualizar las siguientes opciones:

    Permite las siguientes opciones para el texto:
    ● Alinear el texto: izquierda, centrarlo o justificarlo.
    ● Cambiar el tipo de letra.
    ● Aumentar o reducir el espacio entre las líneas.
    ● Cambiar el tamaño del texto. Afecta a todas las secciones del Blog.
    ● Ampliar el margen derecho e izquierdo.

    Permite las siguientes opciones para el color del texto:
    ● Cambiar el color de todo el texto, incluido la fecha de publicación, la categoría, los links y flechas de paginación. Si has hecho cambios de color en el TEMA, SUBTEMA y/o NEGRILLAS, al cambiar el color del todo el texto éstos no se veran cambiados. Para que tomen el color del texto general cambiado debes presionar la opción ORIGINAL en cada uno.
    ● Cambiar el color sólo del tema.
    ● Cambiar el color sólo de los subtemas.
    ● Cambiar el color del texto en negrillas.

    Cambiar el color del fondo del texto.

    Reducir el tamaño de las imágenes.


    Regresa al MENU principal.

    Aparece sólo en la página de INICIO y si has entrado a ver una categoría por medio del ícono . Permite cambiar la presentación de las miniaturas.

    Te lleva a la página de INICIO.


    OTRAS CARACTERISTICAS

    ● Cuando entras a una publicación, automáticamente se guarda el punto o la pantalla que suspendiste la lectura. Esta opción es diferente a la que se describe en el siguiente ítem. Si navegas por la publicación se guardará el punto o pantalla que te quedas de la misma.

    ● Cuando guardas una publicación se guarda también el punto o pantalla que suspendiste la lectura. Es independiente a la opción del ítem de arriba. Con este método sí puedes navegar por la publicación. Para que el punto o pantalla de retorno funcione debes cargar la publicación desde la opción que aparece en el MENU en PUBLICACIONES GUARDADAS.

    ● Tienes dos formas de ver las CATEGORIAS del Blog:
    La primera es la indicada anteriormente, que se encuentra en el MENU con el ícono
    La segunda es dando click en la categoría que se encuentra en la parte última de la publicación o también al comienzo de la publicación en Navega Directo. Este método te permite ver sólo la categoría de esa publicación. Cuando das click en la imagen y en "Publicación Completa" te vas a la publicación en la misma ventana; y si das click en el título, es en otra ventana.


    OBSERVACIONES

    ● Si guardas Puntos en una publicación no debes hacer cambios en el texto, ya sea aumentando su tamaño como dando más espacio entre líneas; ya que si lo haces después de guardarlos, el retorno no va a ser el correcto. Debes hacer primero los cambios y luego guardar los puntos o pantallas.
    ● Las LISTAS en texto se actualizan cada dos o tres meses, o a su defecto, cada 100 publicaciones.

    MI NOMBRE ES INGRID LARSEN (Jorge Edwards)

    Publicado el domingo, septiembre 29, 2013
    De Cuentos completos, 1988


    Celestino, el mozo, me deja los nombres anotados en una libreta grasienta, al lado del teléfono de la cocina. Yo, cuando hago un aro en mi trabajo, me paseo por el departamento. No puedo estar sentado mucho rato. Escribo en papelitos sueltos, en el salón, en la cocina, en el mueble de escribiente de mi sala, que me hace pensar en Bouvard y Pécuchet, los escribientes eternos. A veces salgo a la terraza y miro los árboles del Parque Forestal, o las cúpulas abovedadas del Palacio de Bellas Artes, nuestro Petit Palais mapochino. Después entro a la cocina para ver quién ha llamado.

    Ha llamado, según la anotación de Celestino, una tal Ingri Larsen, periodista sueca. No hay teléfono ni indicación de hotel. Tengo que comprarme un contestador automático, me digo. ¡Cuántas veces me lo he dicho!

    Después del almuerzo, mientras descanso y medito en la penumbra de mi dormitorio, con las persianas bajas y la luz del velador encendida, suena el teléfono. Descuelgo el fono. “Soy una periodista sueca”, dice una voz delgada, de registro alto, vacilante: “Mi nombre es Ingrid Larsen, y una amiga común de Buenos Aires, Natacha Méndez, me dijo que tenía que llamarte y conversar contigo.” “¡Natacha Méndez! ¿Qué ha sido de Natacha Méndez?”

    Me embarqué para comer esa noche con la sueca, en una peligrosa “blind date”. Lo hice por Natacha Méndez, y por la voz delgada, que vacilaba, y quizás porque no tenía nada mejor que hacer. Ingrid Larsen era la escandinava típica: pelo de color de choclo, rubio pálido, ojos azul celeste, piel muy blanca, labios gruesos y pintados al rojo vivo.

    Observé su cuerpo de reojo, al hacerla entrar a mi departamento, y recordé la expresión de un amigo de bares y de andanzas: buena carrocería, carrocería sólida. Llevaba botas de gamuza lúcuma, de tacones filudos, del mismo tono de sus pantalones, y daba la impresión de caminar con dificultad. Parecía que pisaba huevos.

    —”¡Hola, Ingrid! “, le dije.
    —”¡Hola, Jorge! “, dijo ella, y pronunció “Jorge” con la incomodidad de los extranjeros, enredándose en la jota, en la erre, en la ge, mientras miraba los objetos de mi salón.

    Tengo una combinación de pintura de los años sesenta con muebles viejos y con alfombras persas más o menos deshilachadas. Una figura desvaída de Roser Bru junto a una mesa frailera agusanada a golpes de taladro en los talleres de Cruz Montt. Es decir, para que nos entendamos bien: no son antigüedades sino antiguallas, vejestorios heredados de la familia. Sospeché que ella había querido decir algún cumplido y que las palabras, al final, no le salieron. Daba la impresión de ser una persona avenible, pero a la vez tenía un ceño, una arruga obcecada entre ceja y ceja.

    Pensé, conociendo a Natacha Méndez, que me había recomendado como a un notorio intelectual del no en el Plebiscito que venía, y que ella, ahora, sentía que había caído en la guarida de un burgués de mierda. De todos modos, quería que conversáramos. Le habían dicho que yo era una persona bien informada, bien conectada, bastante objetiva. ¿Qué creía que iba a pasar aquí?

    Sólo atiné a encogerme de hombros. Le dije que no tenía la menor idea. “En este momento estoy confundido”, dije.

    Tomamos un whisky bien cargado, no sé si para disminuir la confusión o para aumentarla, y salimos a comer al barrio de Bellavista, a “La Divina Comedia”. Nos dieron una de las mesas mejores del Infierno, en un rincón, al lado de una ventana, y al poco rato entraron dos personajes conocidos, acompañados de sus mujeres: un catedrático de historia, profesor en Canadá, que evolucionó con los años desde una posición de izquierda crítica hacia una derecha más o menos complaciente, y un abogado de grandes firmas y de gran familia, cuyo nombre había sonado, en los días anteriores a la designación de Pinochet, como posible candidato de consenso. El historiador, amigo de viejos tiempos, se acercó a nuestra mesa, sonriente, irónico, suponiendo que me sorprendía en una de mis aventuras galantes. Ya no las tengo, quise advertirle, o las tengo mucho más espaciadas de lo que te imaginas. Nos saludamos entre bromas y palmoteos y entabló un rápido diálogo con la sueca. Sucedió que la sueca conocía mucho, y más que mucho, a juzgar por sus exclamaciones y suspiros, a un compañero de colegio del historiador que había ido a parar a Estocolmo, un tal Perico Mulligan, cuyo segundo apellido era castellano vasco, algo así como Mulligan Echazarreta.

    —”Y ese gallo, ¿qué hace en Estocolmo?”, pregunté.
    —”Mira”, respondió mi amigo: “Para que te formes una idea Perico Mulligan era el campeón de rugby de mi curso en el Grange School. Tenía auto de sport y casa con piscina a los quince años de edad. Después se metió a estudiar filosofía en el Pedagógico, nadie sabe por qué. Y a fines de la época de Frei, allá por el año 69, lo metieron preso por organizar un asalto mirista a un banco”

    “¡Ah! “, exclamé, reclinándome en mi silla del Infierno: “¡Ni una palabra más!”

    El historiador había contado esto en forma rápida, entre dientes, y creo que mi acompañante se quedó medio colgada. Cuando él regresó a su mesa, le pregunté a ella:

    —”Y tú, ¿dónde estudiaste?”
    — “En Estocolmo”, contestó, “y también en París. Estaba en París en mayo del 68 “
    —”¡ Eres una veterana de las batallas del 68! “
    —”Si”, admitió, “soy una veterana del 68”, y su voz, que modulaba las palabras castellanas con cierta lentitud, con una lentitud difícil, como la de su precario equilibrio en esos tacones filudos, se desgranó en una risa cantarina. En seguida se puso seria y repitió la pregunta que ya me había hecho en la casa:
    —”¿Y qué crees que va a pasar aquí?”
    —Volví a decirle que no tenía la menor idea.
    —”Pero, ¿crees que el no puede ganar, como se imaginan los políticos de la oposición?”

    “El no”, respondí, “puede ganar”.

    Ella me miró en silencio, ceñuda. En seguida exclamó:

    —”¡Pero eso es imposible, Jorge! “

    Lo afirmó de una manera tajante, inapelable. No se trataba de una simple imposibilidad coyuntural sino de un hecho metafísico. Por ahí pasaban Platón y Aristóteles, y también pasaban Martín Lutero y Juan Calvino, con algún condimento, supongo, de Carlos Marx, pero bastante escaso. Yo me limité a sonreír. Sentí algo así como un aleteo difuso detrás de las orejas: el soplo de la incomunicación.

    —”¿Así que crees, Jorge, que una dictadura puede organizar un plebiscito para perderlo?”

    Abrí las manos, como para pedir tregua. Tomé el tenedor y ataqué mis pastas rellenas con espinacas. Acompañadas de un Santa Digna tinto, delgado, pero aterciopelado, estaban excelentes.

    Ingrid Larsen movía la cabeza, convencida de que los chilenos éramos unos ilusos, o unos locos de remate, y confieso que llegó a contagiarme con esa convicción, al menos durante unas horas. En cualquier caso, celebró la comida con entusiasmo, agradecida, ya que su condición de veterana de asonadas callejeras no le impedía tener una educación de lo más tradicional, y al salir se acercó al historiador para despedirse. El encuentro de una persona que había conocido al mismísimo Perico Mulligan constituía, por lo visto, un episodio crucial de su visita a Chile. De eso no podía caber la más mínima duda. Tuve que tomarla del brazo para que conservara la posición vertical sobre sus tacones, que se incrustaban en las malditas roturas del pavimento, y divisé las caras insidiosas de las dos parejas, que me seguían a través de los vidrios.

    El encuentro que acabo de relatar ocurrió cuatro o cinco semanas antes del plebiscito. Ella partía al día siguiente a Concepción, después viajaba a Buenos Aires, después regresaría a Santiago y me llamaría. “Si es que me permiten regresar”, dijo, cosa que no entendí muy bien. Como no confiaba para nada en la visión de las cúpulas santiaguinas, ni en la de los intelectuales de café, en cuya categoría supuse que me incluía, tenía que ir a terreno: visitar las poblaciones más desamparadas, llegar hasta el meollo de las provincias, participar en encuentros clandestinos con representantes de la ultraizquierda.

    El lunes 3 de octubre por la tarde, a dos días del plebiscito, frente a las copas de los árboles del Forestal, a las luces lejanas de la Virgen del San Cristóbal, en un crepúsculo que había disipado, por fin, la pesadez polvorienta de un largo día, sentada en mi terraza, repitió la pregunta suya que llamaremos clásica, “¿ qué crees, entonces, Jorge, que va a pasar?”, y puso una pequeña grabadora encima del cristal de la mesa, entre una tabla de queso mantecoso de Quillayes y un par de vasos de vino blanco.

    Le dije que la vez anterior todavía no terminaba de creerlo. Pensaba que el gobierno había conseguido su objetivo de asustar a la gente con la idea de la vuelta de Allende, “y como tú sabes, Ingrid, la percepción del allendismo en el interior de Chile es muy diferente de la que tú puedes tener desde la rive gauche de París, o desde Madrid, o desde una isla del archipiélago de Estocolmo “

    Ella levantó sus ojos de color celeste pálido con algo que podía insinuar un temblor, una leve arruga sobre aguas quietas, y después se concentró en examinar el funcionamiento de la grabadora.

    —”¿Graba?”
    —”Sí”, dijo: “Está grabando.”
    —”Ahora, sin embargo, he llegado a convencerme de que va a ganar el no.”
    —”¿Estás seguro?”
    —”Si tuviera que apostar, apostaría que el no gana, y por bastante. . .”

    En ese momento preciso las luces de todo el sector parpadearon y terminaron por apagarse. Hasta la Virgen del San Cristóbal quedó sumida en la sombra, debajo de un cielo estrellado.

    —”¡Ves! “, murmuró ella, con un acento que me pareció confirmatorio, casi triunfal.
    —”¿Qué?”
    —”Se dice que van a provocar un apagón, como ahora, y que se van a robar las urnas con los votos.”
    —”No es tan fácil robarse las urnas.”
    —”¡Pero esto es una dictadura, Jorge! ¡Cómo no te das cuenta! “
    —”Lo sé, Ingrid”, le dije, palmoteándole una mejilla en la penumbra: “Lo sé hace quince años.”

    Movió la cabeza con un gesto de impotencia, como si mi testarudez la agobiara, y yo, riéndome, hice exactamente lo mismo. Llené su vaso y el mío en la oscuridad. En ese instante empezaron a volver las luces. Al llamarme por teléfono, Ingrid había dicho que esta vez quería invitarme ella. Al restaurant que yo eligiera. Pero yo inventé un compromiso para excusarme. Aunque el trato con periodistas extranjeros podía ser simpático a veces, siempre terminaba por resultar abrumador. Sobre todo cuando llegaban del mundo desarrollado. Nunca dejaban de trabajar, desde luego: nunca dejaban de sacarnos el jugo. Y para colmo, nos miraban desde su distancia, con una sonrisa sobradora, como si ellos fueran los civilizados, los que sabían, y nosotros unos buenos salvajes. Escuchaban nuestras divertidas respuestas, nuestras ingenuas teorías, condescendientes, y no nos creían ni una sola palabra.

    Esperé que bajara el ascensor, y me puse una chaqueta vieja, me peiné un poco, me eché un par de billetes al bolsillo. Caminé despacio a “El Biógrafo”, el café de la esquina de Lastarria y Villavicencio. Había soldados con ametralladoras en las calles, una atmósfera pesada. En “El Biógrafo” bebí otros vinos y comí en el mesón, entre gritos y codazos, en la incomodidad suma, algo que llaman “tortilla a la española”, una bomba hecha de huevos, cebollas, chorizos. Alguien dijo que el complot estaba en marcha, y que parecía que el gobierno de Washington lo había parado. Con la complicidad, dijo, de uno de los Comandantes en Jefe. ¿Lo habrá parado?, insinuó otro. Me palmotearon un hombro y me invitaron un trago. “Ya es tarde para tragos”, dije: “Gracias.”

    Pensé que Ingrid Larsen llamaría el jueves por la mañana. Para felicitarme, tuve la ingenuidad de suponer, como lo hacían muchos amigos chilenos, o para comentar los resultados. Pues bien, no llamó durante todo ese jueves, un día en que los alrededores de mi casa se transformaron en un carnaval, y tampoco llamó el viernes. Me llegué a preguntar si no estaría disgustada, en el fondo, porque la realidad había desmentido sus teorías, pero era una buena chica, y sus sentimientos democráticos no admitían dudas. Después supe que las fuerzas especiales de la policía, al final de la celebración del día viernes en el Parque O'Higgins, las habían emprendido ferozmente contra los corresponsales extranjeros, con un saldo de heridos, contusos y máquinas fotográficas destrozadas. Llamé en la mañana del sábado al hotel, preocupado, y su habitación no contestaba. Volví a llamar a las siete de la tarde y su voz me contestó en el teléfono adelgazada, increiblemente frágil, tensa.

    —”Tengo mucho miedo”, dijo.
    —”¿Por qué?”
    —”¿No supiste lo que pasó con mis colegas de la prensa extranjera?”

    Había sido un castigo perfectamente premeditado, “una venganza contra nosotros”. Ella había ido esa mañana a la población La Victoria y había notado que un automóvil de color blanco la seguía. En el vestíbulo del hotel, al regresar, había divisado gente rara, de expresiones torvas. Al ir a pedir su llave, le habían entregado dos mensajes de un señor Mulligan.

    —¿Mulligan?
    —”Sí Pensé que sería algún pariente de Perico, pero me pareció raro que no hubiera dejado un teléfono”

    Y después, al entrar a su habitación, el teléfono había vuelto a llamar y ella había sentido miedo. Al descolgar el fono temblaba de miedo. Primero se había escuchado una respiración fuerte, unos pasos remotos sobre un suelo de tablas, música distante, y habían colgado. A los cinco minutos, de nuevo.

    —”¡Aló! “
    —”¿Viste lo que les pasó a tus colegas, sueca concha de tu madre? ¡La próxima vez no te vas a escapar! “

    Ella tocó todos los timbres de su cabecera, histérica, y pidió auxilio a la recepción. El descontrol le había hecho perder el castellano, y le costó mucho darse a entender. La fue a visitar, por fin, un Administrador de terno oscuro y corbata gris perla, que se inclinó y dijo que el establecimiento, señora Larsen, ofrece condiciones de seguridad absoluta. No podían impedir, naturalmente, que una persona llamara por teléfono desde fuera y dijera cosas desagradables, pero en el interior del hotel ella podía sentirse perfectamente tranquila. Le avisarían a la policía, ¡por supuesto! Pero el establecimiento se hacía plenamente responsable de su seguridad. ¡No faltaría más!

    Cuando me terminó de contar esto, le dije que la esperaría en el bar del hotel a las ocho en punto. Que no se pusiera nerviosa. Las amenazas telefónicas, en este desgraciado país, habían sido cosa de todos los días.

    Llegué al bar, un recinto semisubterráneo, donde dominaba la penumbra, sembrado de sillones en forma de corolas o placentas de cuero mullido, cuando faltaban dos minutos para las ocho. Ocupé una de las mesas bajas, con cubiertas de vidrio negro, y empecé a mirar los titulares de “La Segunda”, hundido en una de esas placentas adormecedoras. Ella, con su puntualidad nórdica, se instaló en el sillón del frente a las ocho en punto. Bebimos pisco sauer, picoteamos bocadillos untados en mayonesa y conversamos. Había una cosa, dijo, que ella no me había contado, y que explicaba su nerviosismo de ahora. Miró para los lados. Comprobé que estaba inusitadamente nerviosa, ojerosa, estragada. Su mirada se detuvo durante una fracción de segundo en unos sujetos que ocupaban una mesa de un rincón más o menos oscuro. Guardó silencio y me pareció que tragaba con dificultad. Tragaba un bolo de aire, de nada.

    Había venido por primera vez a Chile hacía cinco o seis años, en los inicios de los cacerolazos y de las protestas callejeras, y las autoridades la habían expulsado con cajas destempladas. Tres tipos parecidos a esos del rincón, explicó, tragando y tocándose el pecho con un dedo, habían golpeado a la puerta de su habitación de hotel, habían entrado a empujones, le habían dicho que tenía diez minutos para hacer sus maletas, mientras ellos esperaban en el pasillo, y la habían llevado en uno de esos automóviles blancos al aeropuerto. ¿Y por qué? Porque había escrito en los diarios de Suecia sobre las cosas que vio aquí: sobre las poblaciones hambrientas, las cárceles, los torturados, los desaparecidos. No era la única periodista extranjera que lo había hecho, pero no hay nada más impredecible que una policía secreta: escoge a una persona determinada, no se sabe por qué, quizá para que sirva de ejemplo, de escarmiento, y deja tranquilas a otras.

    —”Además, yo, en Estocolmo, había hecho mucho por los chilenos, y parece que la Embajada informaba con lujo de detalles.”
    —”No tienen otra cosa que hacer”, le dije, “y si eres, además, tan amiga del Perico Mulligan ese”

    Me miró por debajo de las cejas, como si se preguntara qué contenían mis palabras: burla, reproche, celos, qué. Me miró, y resolvió que podía continuar. Yo la conocía como Ingrid Larsen, pero su nombre completo era Louise Ingrid Gustafsson Larsen, y en la prensa de Estocolmo y en la radio de Gotemburgo firmaba sus despachos como Louise Gustafsson.

    —”Bonito”, dije: “Un nombre muy literario.
    —”Existe Lars Gustafsson”, dijo ella. “Y existe Louise Gustafsson.”

    Asomó en su cara, por primera vez, la sonrisa de los encuentros anteriores. Pues bien, había conseguido que un cónsul de su país le diera otro pasaporte. Nombre registrado: Ingrid G. Larsen. Premunida de ese documento semifalso, hipócritamente verdadero, digamos (“como comprenderás, algo muy irregular para los hábitos de un funcionario sueco, pero por tratarse de Chile”), y con un peinado diferente, con su pelo de color natural, porque antes se lo teñía de un castaño tirado a rojizo, había regresado a Santiago.

    —”Tenía un miedo espantoso, pero estaba loca por ver lo que iba a pasar.”

    El empleado de la policía de inmigración pulsó unas teclas de su computadora, miró en la pantalla y timbró su pasaporte sin mayores trámites. Ella se sintió, entonces, perfectamente tranquila. Sacó la conclusión de que el país había cambiado: el incidente de su expulsión pertenecía a la prehistoria. Llegado el momento, consiguió las credenciales del Comando del No. Pensó, después, que también necesitaría las credenciales oficiales, para tener acceso al edificio Diego Portales, donde funcionaría la central gubernamental de cómputos, para entrevistar a gente de gobierno, para todo lo que se presentara. Fue, pues, muy oronda, a las oficinas de DINACOS, la Dirección Nacional de Comunicación Social. Ahí la atendió, detrás de un mesón, debajo de una fotografía del Presidente y Capitán General y Primer Infante de la Patria y Candidato Unico, una señorita anteojuda, que le pidió su pasaporte y dos fotografías. Diez minutos más tarde, o menos, “porque ellos atienden muy rápido, sin ninguna burocracia, ¿sabes?”, volvió con el pasaporte y con una cartulina grande, llena de timbres, hecha para ser adherida a la solapa o colgada del cuello, en forma bien visible.

    —”Para que las fuerzas especiales sepan a quién apalear”

    Mi chiste sonó un poco lúgubre, y ella se limitó a recibirlo con un alzamiento de las cejas.

    —”Me levanté de mi asiento”, dijo, “recibí mi pasaporte, junto con la credencial, y leí.”

    Leyó, en una caligrafía y una ortografía perfectas: Louise Ingrid Gustafsson Larsen. Se puso pálida, sintió que le faltaba la respiración, en esa antesala donde la gente circulaba y donde el retrato del Capitán General parecía presidirlo todo, y observó que los ojos de la señorita, detrás de los gruesos anteojos, permanecían perfectamente inmutables.

    Bebí el concho de mi pisco sauer, llamé al mozo y le pregunté a Louise Ingrid si deseaba repetirse la dosis.

    —”Sí”, dijo ella: “Por favor.”
    —”¿Y qué quieres?”, le dije: “Ellos no son tan tontos.”

    Tomaba el avión temprano al día siguiente, y ahora, después de su segundo pisco, pensaba preparar sus maletas y ponerse a dormir. Encerrada en su habitación bajo siete llaves. Sólo cruzaba los dedos para que las voces telefónicas no volvieran a la carga.

    La acompañé en el ascensor hasta el piso 15 y me despedí de ella, de beso en la boca, frente a su puerta. Me cercioré de que tuviera cierre de seguridad y le dije que lo pusiera, aun cuando en el hotel podía estar perfectamente tranquila. No la noté demasiado tranquila, de todos modos, mientras juntaba la puerta lentamente, sin desclavarme los ojos. Sentí el ruido del cierre y me alejé con pasos enérgicos.

    Confieso que al salir a la calle me sentí aliviado. ¡Estas suecas!, pensaba. Tenía el proyecto de irme a dormir, yo también, pero resultaba que soy un goloso sin remedio, un hambriento, y en lugar de caminar hacia la calle Ismael Valdés Vergara, a la orilla del Parque Forestal, caminé rumbo al Oriente, cruzando a tranco largo la Plaza Italia.

    Caminar es mi único ejercicio, y me hace muy bien a la salud, de día o de noche, con alcohol en las venas o sin alcohol. Me acordé del viejo Parque Japonés y de las niñas del viejo Parque Japonés, las niñas Balmaceda del Río (por la estatua del Presidente, por el río Mapocho). Ahora no había niñas, y había en cambio, quizás, asaltantes agazapados entre los arbustos, de modo que prefería desplazarme por la vereda sur de Providencia. Las luces de “El Parrón” estaban encendidas, acogedoras, como siempre, y atravesé la calle para entrar.

    Me instalé en la sala de la entrada, donde sólo comía un par de parejas silenciosas. Hice mi pedido, una porción de lomo liso, ensalada mixta, fondos de alcachofa, media botella de vino tinto, y fui al baño. En el baño, junto a los urinarios, había dos tipos grandotes, mal agestados. Uno de ellos estaba vestido de pana beige. Era alto, calvo, de cabeza roja, y tenía un suéter sucio y anteojos redondos. Noté de inmediato que me había reconocido y que me miraba con ostensible hostilidad.

    —”¿Llegó Volodia?”, preguntó, y como su compañero lo miró con extrañeza, sin entender, insistió: “Volodia Teitelboim”, y quería indicar con eso, claro estaba, “el rojo, el rogelio, el terrorista”.

    Supuse que a mis espaldas hacía un gesto para señalarme. Yo me concentré en mi prosaica tarea frente al urinario. Me lavé las manos y recibí la toalla de papel que me pasaba el encargado. El tipo, ahora, interpelaba al encargado por encima de mis hombros:

    —”¿Sabes a qué hora llega Volodia Teitelboim? Porque tienen reunión aquí.”

    Me sequé con el máximo de tranquilidad que pude reunir y busqué unas monedas, evitando cuidadosamente cualquier gesto que me traicionara.

    “Su propina es mi sueldo”, rezaba un letrero escrito con rotulador negro sobre cartulina. Adiviné, al salir, las miradas que me seguían.

    Justo en el momento en que llegaba mi pedido, los dos tipejos entraron a la sala y se instalaron a cuatro mesas de distancia. Yo mastiqué con dificultad. Traté de pasar la carne con un sorbo de vino. Un proyectil de miga de pan me golpeó en la oreja, y el golpe fue seguido de una carcajada estrepitosa. Me puse de pie, crucé el corredor del centro y entré al bar a buscar al Administrador, pero me dijeron que ya no estaba.

    También yo, pensé, tengo que recurrir a los administradores, y los administradores recurridos se escurren Como anguilas. Le hablé al mesonero, que sí estaba en su sitio, manipulando botellas de todos colores, y me dijo que me podían servir en el mismo mesón, si yo quería, o en las mesas del bar. Ahí me dejarían tranquilo.

    —”¡Páseme la cuenta! “, le ordené, furioso, y volví a la sala de la entrada a buscar mi chaqueta. El lomo se achicharraba en su parrilla, y la ensalada mixta se ponía fiambre. Los dos tipejos masticaban a dos carrillos y no se dignaron a mirarme. Uno de los mozos se me acercó, y el mesonero, desde su refugio detrás del mesón, al otro lado del corredor, lo llamó y le dijo que no me cobrara.
    —”Deberían seleccionar un poco mejor a su clientela”, le dije.

    El mesonero hizo un gesto de impotencia.

    —”¿No se le ofrece un bajativo, por cuenta de la casa?”

    Ni siquiera me di el trabajo de contestarle. Tomé un taxi, porque ahora veía que la noche de Santiago no era tan segura. Nunca, en todos estos años, había sido segura, para qué estábamos con cuentos. “¡Pobre sueca! “, murmuré, y murmuré después: “¡Pobre de nosotros!”.


    Fin