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T E M A S













MI PREPARACION PARA GANIMEDES (Yosip Ibrahim)

Publicado el miércoles, enero 20, 2010

PROLOGO

Desde que se diera al público la Primera Edición de mi libro "YO VISITE GANIMEDES...", han llegado hasta mí centenares de cartas, remitidas por lectores que deseaban comunicarse conmigo para consultar diversos problemas personales, o para inquirir sobre la forma en que pudieran prepararse a fin de lograr una comunicación directa con nuestros Hermanos Mayores de aquel distante satélite de Júpiter.



A medida que el libro fue difundiéndose por todos los países, la correspondencia en tal sentido ha ido aumentando, sin que yo pudiera atender todas esas solicitudes, pues, como lo expuse desde un principio, mucho antes de salir a la luz pública la obra, yo había decidido prepararme junto con los míos para abandonar la Tierra y poder alcanzar el nivel que se requiere en un mundo tan adelantado como ése. Esta es la razón por la que me he visto impedido de atender, personalmente, a la multitud de solicitudes similares que todos los días llegan a poder de mis Amados Hermanos José A. Rosciano y Evaristo Alprecht del Alcázar, que, junto con otros de Nuestra Antigua y Soberana Orden, han tomado sobre sus hombros la difícil tarea de hacer llegar a nuestra dolorida humanidad los mensajes luminosos de esa otra humanidad tan distante y, al mismo tiempo, tan cercana a nuestra Tierra. Porque, en verdad, desde que conociera la maravillosa existencia de un mundo tan diferente al nuestro, me propuse aceptar el ofrecimiento de mi querido Hermano "Pepe" y preparar a los míos para merecer, lo más pronto posible, la dicha de ingresar a un mundo y a una civilización que, comparados con lo que en este planeta conocemos, son un verdadero paraíso.

Y ello implicaba el alejamiento paulatino de todo lo que nos rodea en las turbulentas ciudades y en el alocado fárrago de la diaria vida a que estamos acostumbrados, para poder alcanzar la calma y la tranquilidad de cuerpo y de espíritu que se necesitan si deseamos lograr, a corto plazo, la transformación integral de nuestro "Yo Supremo" que nos piden los Hermanos Mayores de Ganímedes como requisito esencial de quienes aspiren a ingresar en su maravilloso mundo. Todos los que hayan leído "YO VISITE GANIMEDES..." sabrán, perfectamente, a lo que me estoy refiriendo.

Y ahora me decidí poner al alcance de todos ellos, los métodos y lecciones que mi esposa, mis hijos y yo estamos viviendo y practicando, con el propósito de alcanzar la meta de una perfecta armonía y de un elevado equilibrio integral de nuestro "ser", podrán comprender quienes no recibieron respuesta directa y personal mía, los motivos de fuerza mayor que me impidieron hacerlo. A todos ellos, a todos cuantos han tenido y tengan el noble anhelo de superarse y merecer una vida mejor en un mundo superior, les abro las puertas, con este nuevo mensaje, a la superación personal y colectiva que nos enseñan, como ejemplo, nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes.

Para todos los que lean este nuevo llamado a la PAZ y la ILUMINACIÓN, vayan nuestras palabras de aliento y de confraternidad, en la elevada esperanza de que sean muchos quienes logren escuchar y seguir el SENDERO que a nosotros se nos está ya mostrando... Quiera la Divina Providencia que esta humanidad doliente recapacite en sus errores y que la amarga experiencia de sus muchas fallas le permita vislumbrar en forma clara los resplandecientes horizontes de otras humanidades superiores...

Janlitpur, Julio de 1974.
YOSIP IBRAHIM



PRIMERA PARTE
CAPITULO I
Nuestro Viaje a Janlitpur


En mi libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES...", explicaba cómo fui aleccionado por nuestro Muy Amado Hermano "Pepe" sobre la forma en que él podría continuar instruyéndonos desde ese lejano satélite del planeta Júpiter, a través del receptor―transmisor que trajera de allá y que dejó en mi poder, con instrucciones específicas y concluyentes. Ante todo, quiero explicar el porqué del apelativo de "Muy Amado Hermano" empleado por mí en varios pasajes de esta obra: es el título que acostumbramos darnos los miembros de la Antigua y Soberana Orden a la que pertenecemos todo el grupo que trabaja, abnegada y firmemente, en la misión de hacer conocer a la humanidad los trascendentales mensajes de estas horas cruciales para nuestro mundo. Y quienes leyeron "YO VISITE GANIMEDES..." estarán enterados de que esa pequeña y maravillosa máquina, del tamaño de una simple y muy chica máquina fotográfica moderna o de una radio a transistores, me ha servido para seguir comunicándome, a través de más de setecientos sesenta millones de kilómetros, con nuestro Hermano, desde los días en que dejó la Tierra para siempre.



De tal manera, cumpliendo estrictamente sus instrucciones, fui arreglando mis asuntos profanos para estar en condiciones de alejarme, lo más pronto posible, de mis ocupaciones y compromisos diarios de todo orden, a fin de conseguir que mi familia pudiese cambiar de vida y de domicilio en el momento oportuno. Al escribir estas líneas han transcurrido algo más de dos años de la fecha en que "Pepe" abandonara definitivamente la Tierra, como se narra con lujo de detalles en mi anterior libro. En ese lapso, me preparé con todo esmero a fin de estar listo a viajar con mi esposa y mis hijos, a un lejano lugar de Asia a donde seríamos conducidos en cuanto estuviéramos en condiciones de olvidamos, para siempre, de la vida que, hasta entonces, habíamos llevado. Esto fue lo que motivó nuestro paulatino alejamiento del ambiente que nos rodeara, y la consigna dada a nuestros Amados Hermanos mencionados en el prólogo, a fin de no ser molestados ni interrumpidos en el adiestramiento previo a nuestro viaje.

Así llegó el momento ansiado, y también, por qué no decirlo, confusamente temido ―temido por nuestra aún débil contextura psíquica, y la poderosa influencia de este mundo al que tantos años de experiencia terrena todavía nos unía― de salir de nuestra América Latina, de nuestra patria peruana, para alojarnos en un desconocido y misterioso monasterio perdido entre las nevadas cumbres de los Himalayas. Ya lo expliqué, muchas veces, al escribir "YO VISITE GANIMEDES...", cómo me sentía, a cada paso, enormemente confuso, profundamente aturdido por culpa de mi atraso mental y psíquico en comparación con nuestro Hermano "Pepe"... y todo lo que Él nos enseñara, a manera de base elemental de nuestra futura preparación, sólo era un leve prólogo de lo mucho que teníamos que aprender si queríamos estar en condiciones de aspirar a conocer Ganímedes. Pero nuestra ignorancia y temor fueron dominándose, poco a poco gracias a la amorosa ayuda de Pepe, que todas las semanas, sin faltar una sola y en dos días cada una, se comunicaba con nosotros a través del mencionado aparatito. De tal suerte, seis meses después de su partida, estábamos listos para dejar nuestro hogar, nuestras ocupaciones acostumbradas y nuestras amistades, para emprender la marcha hacia el enigmático lugar en donde sería realizada la profunda transformación de todo el grupo.

Se me dijo que nos llevarían a un apartado valle enclavado entre las imponentes cumbres de los Himalayas, y que ese lugar era conocido solamente por muy pocos, vale decir por aquellos que han tenido el privilegio de recibir una adecuada educación iniciática espiritual, mental y psíquica, dentro de una cerrada Escuela u Orden que no figura ni en la Historia ni en los mapas... Pepe me aleccionó en el sentido de no preocuparnos, mayormente, por el equipaje que sería menester, pues nuestra vida en ese sitio habría de cambiar, íntegramente, de todo lo conocido hasta entonces. Y nos previno que el viaje se efectuaría en una de las astronaves que el vulgo llama "platillos voladores"...

Quienes han leído mi libro anterior, repito, estarán familiarizados con la casa de Monterrico, en la zona residencial de la capital peruana, Lima, conocida con ese nombre. Esta casa, que fuera de Pepe y desde la cual fue transportado en un OVNI cuando viajó a Ganímedes, casa que me legara y en donde viví hasta el día de nuestra partida para el Asia, ha servido, otra vez, como aeropuerto de salida en nuestro viaje al Oriente. Debo pedir perdón a mis lectores por las continuas alusiones a ese libro, pues ha de tenerse en cuenta hechos importantes que fueron referidos en tal obra y que resultarían incomprensibles a quienes leyeran estas líneas sin haber conocido los hechos narrados en el anterior trabajo. Y uno de esos hechos es el referente al jardín de nuestra casa de Monterrico, en el cual, por su amplitud, pudo descender, varias veces, una de aquellas astronaves conocidas vulgarmente como OVNI.

Los que en el Perú, más concretamente en Lima, conocen aquella hermosa zona residencial, todavía no poblada totalmente, y en la que existen amplias áreas cubiertas de frondosos prados y magníficos jardines, sabrán, también, que ese lugar de la periferia urbana de la Gran Lima es visitado frecuentemente por las máquinas extraterrestres mencionadas, y tal conocimiento es común, en particular, a los miembros de nuestra Orden que, en varias oportunidades también, han llegado a realizar contactos directos con OVNIS en esa zona. Por tanto, no debe extrañar a nadie que la máquina encargada de conducirnos al Oriente descendiera por nosotros en nuestro propio jardín.

Nuestro amigo y Hermano Pepe nos había comunicado, con antelación, la fecha en que vendría a llevarnos. Y lo mismo que en el caso anterior, cuando él se fue, tuvimos el tiempo suficiente para preparar nuestra partida, sin dejar en esa parte del mundo nada que pudiera ser motivo de preocupación posterior. Todos mis asuntos personales, económicos y sociales, fueron liquidados, a fin de no dejar atrás nada que pudiese ocasionar ulteriores preocupaciones o molestias a nadie. Y la educación y experiencias recibidas por los míos y por mí durante esos seis meses que mediaron entre la partida de Pepe y nuestro viaje de adiestramiento al Oriente, fueron suficientes para que, llegado el momento, ya no sintiéramos la tremenda impresión que nos causó, en otro tiempo, la presencia de un OVNI y su descenso en nuestro propio jardín.

Se nos había prevenido, como dije, la fecha exacta en que bajarían por nosotros. Como de costumbre, la hora sería en la madrugada, cuando todo el vecindario duerme y no hay posibilidad en esa extensa zona para intromisión de curiosos. Listos nosotros y dos Hermanos nuestros que quedarían a cargo de la casa y de algunas últimas diligencias de Nuestra Orden, nos reunimos esa noche en una cena fraternal de despedida. Para ninguno del grupo iba a ser una novedad aquello. Tanto nuestros en territorio del Nepal; pero me dijo que nadie, en el exterior, conoce aquel sitio, pues está enclavado entre altas montañas nevadas en una zona verdaderamente inaccesible, a la que únicamente se puede llegar por el aire, con helicópteros, porque no tiene absolutamente pistas de aterrizaje, o por un pasaje secreto, a través de la montaña, que es sólo conocido por los monjes que allí viven.

Rosciano guardó silencio. Se paseó un rato por el salón, como si se concentrara en algún pensamiento muy íntimo, y de pronto, mirándome con fijeza, me dijo:

―Eso está vinculado a lo "Nuestro", ¿verdad?
―Sí; es una rama de Nuestra Orden...
―Ya... comprendo que no se puede hablar en público...

Miramos a los demás. Mi esposa daba algunas instrucciones a la criada. Mis hijos estaban en el jardín, oteando el cielo en su afán por ver llegar al OVNI, y nuestro Hermano Pedro hojeaba una revista, cómodamente arrellanado en un sillón.

El reloj de pared marcaba tres minutos para las dos de la madrugada. Mi inquietud se iba acentuando. Rosciano, dando vueltas en tomo mío, volvió a sonreírse y me guiñó un ojo.

―Ya falta poco ―me dijo.

En aquel momento mis hijos nos llamaron a gritos.

―¡Hay luz en el cielo! ¡Parece un OVNI!

Todos corrimos al jardín. Efectivamente, una luz como un gran lucero se movía en el firmamento, como si viniera en dirección a nosotros. Yo sentí como un ligero escalofrío que me recorría la espalda. Me volví hacia Rosciano, que me tomó el brazo presionándolo como para darme aliento. El corazón me palpitaba con fuerza. Mi esposa se acercó a mí y me tomó de la mano. Todos habíamos formado un grupo junto a la puerta del comedor. La luz se acercaba a gran velocidad. Ya podía percibirse una circunferencia luminosa que parecía girar sobre sí misma y que en pocos segundos llegó a colocarse exactamente sobre nosotros. Estaría más o menos a unos quinientos metros de altura, y podíamos apreciar con claridad que se trataba de una gran máquina redonda rodeada por un círculo de luces parpadeantes... Comenzó a descender, suavemente, y de su centro brotó un poderoso haz de luz blanca―amarillenta que iluminó el jardín.

Nos miramos todos en silencio. Mi esposa me apretó la mano. Rosciano y Pedro me sonreían, como deseando confortarme. Yo sentía un ligero estremecimiento... La astronave estaba ya a punto de tocar tierra, y los chicos gritaron:

―¡Qué grande es el "platillo...!

Les hice una seña de que guardaran silencio y esperamos.

El OVNI acababa de posarse, lentamente, sobre el grass. Vimos que se abría como un mamparo en la cúpula central y una escalerilla mecánica se compañeros como mi esposa, mis hijos y yo, habíamos estado prevenidos y no era la primera vez que pudiéramos ver de cerca un OVNI.

Pero nunca habíamos viajado en una de esas máquinas, y esto no dejaba de causarnos cierto desasosiego. Mi esposa y los chicos, a quienes yo había dado intervención en todas las sesiones en que recibíamos instrucción comunicándonos con Pepe por intermedio del receptor―transmisor, estaban ya acostumbrados a cuanto se relacionaba con los OVNIS, y, aparentemente, lo que demostraban era una marcada curiosidad por conocer la astronave y a sus tripulantes. Yo ―debo confesarlo―, sintiendo esa misma curiosidad, no dejaba de experimentar un ligero temor, algo imperioso, pero que se manifestaba en una nerviosidad que, a duras penas logré disimular.

Mi Hermano Rosciano me observaba en silencio. Varias veces lo vi sonreír; al fin, en un aparte, me dijo:

―Te noto excitado... ¿qué te pasa, Yosip?
―No sé... quizá sea que anoche no pude dormir bien... Tú comprendes... Tantas cosas...
―Es natural; para Uds. representa un cambio de vida total.
―Y, no quiero que ellos se den cuenta, ¿entiendes?... Pero ¿cómo será la vida en ese sitio?... ¿dónde quedará Janlitpur?
―¿Pepe no te ha dicho dónde queda?
―Claramente, no. Sólo me ha explicado que es un lugar muy apartado proyectó hasta el suelo. Una figura humana, vestida con un ajustado "buzo" de aspecto metálico resplandeciente bajó por ella y se dirigió hacia nosotros.
― ¡Pepe! ―gritamos al unísono.

En efecto, era nuestro Hermano "Pepe". Corrimos a su encuentro y lágrimas de alegría nos abrazamos todos. Estaba igual a como lo viéramos la noche de nuestra despedida, en ese mismo lugar, dos años y meses atrás. Entramos con él al comedor y allí pudimos apreciar mejor la vestimenta que llevaba. Era, como ya dije, una especie de mameluco ajustado, algo así como el traje que usan nuestros hombres―rana para sumergirse. El material parecía metálico; pero demostraba una flexibilidad comparable a la más fina tela, y sumamente brillante. Le cubría todo su cuerpo, dejando solamente el rostro descubierto, pues las manos llevaban algo así como guantes del mismo tipo.

―Veo que todo está igual ―comentó, paseando su vista por los contornos de la que fuera su casa―. Y ahora, se empieza a cumplir mi promesa―de llevarlos a Ganímedes... Mejor dicho, a "nuestro" "REINO DE MUNT"...
―¿Has dicho "NUESTRO" Reino? ―le preguntó Rosciano.
―Sí, Hermano; ya soy de aquel mundo... Y espero que ustedes, algún día, también lo serán... Pero no perdamos tiempo. Nuestros Hermanos esperan en la nave y después de llevarlos a ustedes a Janlitpur tienen que cumplir otras misiones importantes en lugares diferentes de nuestro sistema solar. Yo he venido con ellos para acompañarlos en el viaje y darles mayor fuerza, porque todavía no están lo suficientemente preparados para desechar el infantil temor que veo en todos... Pero una vez que los hayamos instalado allá, deberé regresar a Ganímedes a continuar mi labor diaria.
―¿Ya estás trabajando allá?
―Naturalmente; en ese mundo, como ya te había explicado, no se conoce la ociosidad. Todos desempeñan algún tipo de labor...
―Y ¿cuál es la tuya?
―Junto con varios de nuestros hermanos de la Tierra, trasladados en otros tiempos trabajamos en un instituto que se dedica a readaptar a los que van llegando de este planeta y que necesitan un régimen de vida especial para su completa adaptación a ese mundo.
―¿Son muchos los que están llevando de acá?
―Un número regular... pero serán más a medida que transcurra el tiempo y se acerquen las fechas de los grandes cambios terrestres.

Todos nos miramos en silencio. Pepe nos pidió ser breves. Salimos al jardín y nos aproximamos a la máquina. Era una gigantesca lenteja metálica, refulgente. Tendría irnos veinte metros de diámetro, y a través de las ventanillas de la cúpula central vimos a varias personas que nos observaban, sonrientes.

Con un emocionado abrazo y el Beso Sagrado de Nuestra Orden, me despedí de mis dos Hermanos, que quedaban a cargo de la casa y de mis últimos asuntos en el Perú, y subiendo la escalerilla tras de Pepe ingresamos en la astronave. El interior era una estancia circular, amplia, Ilota de tableros de control, botones y llaves, y una serie de pantallas parecidas a nuestros televisores. Allí nos esperaban tres personas, vestidas en forma igual a nuestro amigo. No parecía existir gran diferencia entre aquellos seres y nosotros. Solamente los ojos, un poco rasgados y de un brillo extraordinario. Lo que más me sorprendió fue que nos hablaron en perfecto castellano. No necesité expresar mi sorpresa: me leyeron, seguramente, el pensamiento, y el que parecía el jefe me respondió:

―Podemos hablar cualquier idioma... .

En seguida, se colocaron cada uno frente a un tablero de controles. No vi que movieran ninguna llave con las manos. Pero los mamparos de entrada se cerraron y se escuchó un leve silbido en la máquina, y noté un ligero movimiento vibratorio. Pepe me indicó que nos acercáramos a una ventanilla y me quedé pasmado al ver que ya nos estábamos remontando con creciente rapidez. El jardín de nuestra casa y nuestros dos Hermanos aparecían como un pequeño tablero de ajedrez y dos piezas del mismo juego, y a los pocos segundos se habían confundido entre las lejanas luces de la Gran Lima, que se iban perdiendo en la distancia...

A poco, sólo vimos la obscuridad de la noche tachonada de estrellas. La astronave volaba sin el menor ruido y daba la impresión de que estuviera estática en el espacio. Nos apartamos de la ventana y me puse a observar el ambiente que nos rodeaba. Era una cabina redonda, con techo enteramente abovedado y circular, como una semiesfera de una altura máxima de 2,80 a 3.00 metros, en la que estábamos cómodamente instaladas las ocho personas. Repartidos en la estancia había cuatro sillones de aspecto metálico y rígido; pero al sentarse uno en ellos resultaban tan suaves y mullidos cual él más confortable de nuestros mejores muebles de la Tierra. Los tableros y pantallas de control estaban ubicados equilibrada y armónicamente entre los espacios ocupados por las ventanillas, desde las que podía apreciarse la forma y extensión exterior de la máquina, que a nuestra vista aparecía como una plataforma circular ligeramente convexa, en todo el contorno de la cúpula central en la que nosotros íbamos. Todo el aparato despedía una extraña luminiscencia que nos destacaba de la oscuridad reinante en torno nuestro. Los tres tripulantes seguían atentos a los mecanismos de control; pero, de rato en rato volteaban a mirarnos, sonrientes y amables,' con una expresión que me pareció algo paternal, como cuando los adultos, en la Tierra, observamos a los niños que juegan...

―No te extrañe ―me dijo Pepe, sin que yo le hubiera preguntado―― para ellos somos como niños... Nos separa un millón de años de adelanto...

Lo miré en silencio. Me había adivinado el pensamiento y así se lo dije. '' Sonrió, y en sus ojos observé un brillo inusitado.

―Tú también, y los tuyos, alcanzarán a conocer el pensamiento ajeno una vez que hayan ingresado a esa sociedad maravillosa, porque allá no hay egoísmos ni hipocresías... Desde que lleguen a Ganímedes se les irá preparando para que, un día, logren ser como ellos..―. Sólo así podrá cumplirse el prodigioso destino de quienes, más tarde, serán los padres de la nueva raza que pueble una nueva Tierra, ya regenerada y lista a cumplir las promesas Crísticas...

Nos miramos en silencio y de aquel fugaz aparte nos distrajo un lejano resplandor que aparecía a través de las ventanas.

―Es el Sol del nuevo día.
―¿Qué... si apenas son las dos y media de la madrugada? ―Eso crees tú, Yosip... Pero la hora que marca tu reloj es la del Perú, en estos momentos, y te has olvidado que volamos rumbo al Oriente y a una velocidad que nos permite hacer en minutos lo que los más veloces aviones de la Tierra tendrían que emplear muchas horas. Y estamos acercándonos a las costas de África y en Asia es ahora de día.

Nos asomamos todos a los ventanales. Los tripulantes sonreían y mi mujer, mis hijos y yo contemplamos, absortos, cómo se iba iluminando el horizonte. Pero no veíamos tierra, sino un lejano mar de nubes. ―Viajamos a más de veinte mil metros de altura ―nos explicó Pepe―. Así no nos exponemos a interferir ninguna línea de vuelo terrestre y no nos pueden ver desde abajo.

En esos pocos segundos ya era de día. Pero aún nos resultaba imposible ver sobre qué región volábamos. Quise reajustar mi reloj, y mi amigo volvió a sonreír.

―Espera; ya lo harás cuando lleguen a Janlitpur. Todavía falta un poco, pero la diferencia en horas sería no obstante de importancia...

Nos sentamos un rato. No era que estuviésemos cansados. Era, más bien, la impresión penosa de nuestra inferioridad. Pepe nos reanimó de nuevo. Nos habló cariñosamente, diciéndonos que debíamos tratar de acostumbrarnos con rapidez a los muchos cambios que habríamos de experimentar en estos tiempos de arduo adiestramiento. Miró las pantallas de control y nos llamó a las ventanillas.

―Ya estamos llegando ―nos dijo―. ¿Ven esos picos nevados hacia los que nos dirigimos?... Son los Himalayas. Dentro de unos minutos estaremos descendiendo en Janlitpur.―

Yo miré mi reloj. Marcaba las dos y treinta y cinco: 35 minutos, solamente, desde nuestra salida del Perú...

Está de más explicar la emoción que nos embargaba. Rosita me miraba, confusa, nerviosa. Mis hijos no se apartaban de la ventana. Los tripulantes tornaban a sonreír y mirarnos paternalmente. Y nuestro Hermano, leyendo, probablemente, nuestros pensamientos, nos acercó de nuevo al ventanal. El paisaje, ahora, se veía con toda claridad. Volábamos suavemente sobre una región montañosa de impresionante belleza: grandes picos nevados contrastaban con negras laderas y profundos valles en los que, entre aterradores precipicios, aparecían algunos verdes prados. Las gigantescas moles de la más allá cordillera de la Tierra, se nos mostraban en toda su majestuosa potencia. Era un paisaje agresivo, imponente, formidable. Los milenarios glaciares y los heleros que se adentraban en el corazón de esa maraña orogénica, alternaban su formidable reciedumbre con los apacibles vallecitos en algunos de los cuales distinguimos, ya, ganados pastando y poblados pequeñitos. Los rayos del Sol matizaban con un concierto de luces doradas, rosas y celestes medias tintas, ese extenso panorama de rocas y de nieve. Y frente a nosotros, que ya viajábamos a marcha lenta, se divisaban las grandes moles de un conglomerado de picos al cual parecía que nos estábamos dirigiendo. ―Allá está Janlitpur―nos explicó Pepe.

―La máquina seguía descendiendo lentamente. Llegamos hasta aquel macizo montañoso y, al trasponer las altas cumbres nevadas, nos encontramos sobre un hermoso y profundo valle, rodeado por gigantescos farallones de roca viva, en medio del cual serpenteaba un pequeño río de aguas cristalinas. Una recia construcción, al parecer de piedra, se levantaba no lejos del curso de agua, y un poco más hacia la derecha se veía una moderna mansión, de estilo inglés antiguo. Entre ambas, en un amplio espacio abierto rodeado de jardines, había un grupo de personas vistiendo blancas túnicas, que parecían esperarnos.
―Hemos llegado ―fue la lacónica explicación del jefe de tripulantes.

La astronave se posó lentamente sobre el grass de aquella explanada, y el mamparo de salida se abrió. Pepe nos invitó a salir. Nos despedimos respetuosamente de los tres tripulantes, que nos desearon una feliz estadía, y bajamos por la escalerilla metálica. Yo conducía la única valija con el escaso equipaje que lleváramos, pues ya Pepe nos había prevenido que no íbamos a necesitar de nada en ese sitio, porque allí nos proporcionarían todo lo necesario para nuestra nueva vida. Más tarde comprendimos la razón de aquella advertencia.

Cerca al OVNI nos aguardaba el grupo que habíamos visto desde el aire. Pepe nos presentó al que parecía el jefe. Era un hombre de estatura mediana, enjuto, de piel tostada y cabeza rapada íntegramente, como los monjes budistas. Sus facciones, regulares, denotaban su origen indostano y sus ojos, de mirar profundo y suave, despedían un extraño brillo. Nos saludó con una reverencia y, a su vez, nos presentó al resto del grupo con las siguientes palabras, en perfecto español:

―Muy amados Hermanos: Llegan hoy hasta nosotros estos nuevos Hermanos en busca de La Luz y La Verdad... Vienen de un lejano país de Sud América, y han sido previamente recomendados por este Muy Alto y Muy Amado Hermano nuestro ―señalando a Pepe― y esperamos que sepan corresponder a la confianza que en ellos hemos puesto, al permitirles llegar hasta nosotros. Que sean bien venidos y que puedan encontrar aquí la Paz, El Amor y La Luz que tanto anhelan y«que tanto faltan en el resto de la Tierra...


CAPITULO II
El Monasterio de Janlitpur


Pepe nos había presentado al personaje central de aquel grupo como el Muy Alto y Muy Amado Hermano Rahmojan Dumpbahar, Director Supremo del Monasterio de Janlitpur. Y en verdad qué el personaje impresionaba. Se advertía en él una mezcla de gran autoridad y de suave y paternal dulzura. Su expresión era noble y digna, su mirar penetrante pero amable, sus modales delicados y majestuosos, su voz extrañamente melodiosa y a veces con inflexiones indescriptibles qué atraían al interlocutor. Todo en él desprendía grandeza, inspirando respeto y simpatía.



Parecía un lama, y sin embargo, no vestía como los monjes budistas. H y los demás, del grupo, usaban unas rúnicas de lana blanca, sin ningún adorno apreciable. Entre ellos advertimos la presencia de una dama, al parecer europea, de cabellera rubia, ojos azules, rostro agraciado y edad indefinible. Junto a ella estaba un hombre alto, fornido, de tipo claramente sajón y modales finos, pero algo bruscos, aun cuando se desprendía de él una extraña simpatía. Su rostro, con cierto aire militar, despedía franqueza y jovialidad. Los otros eran tres jóvenes netamente orientales: de ojos rasgados, tez aceitunada y cabezas rapadas; daban la impresión de los monjes principiantes de cualquier lamasterio de la India.

Después de los saludos de presentación, fuimos invitados a ingresar en la casa estilo inglés que habíamos visto desde el aire. Pepe no aceptó.

―Les ruego que me perdonen. He cumplido mi misión de acompañar hasta acá a estos mis Amados Hermanos, porque sabía que haría falta mi presencia para infundirles más ánimo y confianza en este primer viaje en una nave extraterrestre. Pero no puedo abusar de la bondad de mis Hermanos Superiores que me esperan para cumplir con otra importante misión que les ha sido encomendada.

Y al decir así indicó la astronave, en cuyas ventanillas vimos a los tripulantes hacernos señales de despedida. . ―

―Te comprendemos, Hermano ―le dijo Dumpbahar, al tiempo en que se abrazaban y se daban Nuestro Beso Sagrado―. Quiera Nuestro Divino Maestro y Señor que volvamos a vernos, alguna vez...

Y puso su mano como si le impusiera un signo de Paz en la frente. Nosotros sentimos que nos embargaba una profunda emoción. Mi esposa, con lágrimas en los ojos, lo abrazó y lo besó en la mejilla. Mis hijos lo besaron y yo, conteniéndome pan dominar mi emoción lo abracé y lo besé en la frente. Me pareció que su piel era tan caliente cual á estuviese con mucha fiebre. El me sonrió, enigmáticamente, y al besarme, susurró:

―Ya lo comprenderás... ¡ojalá sea pronto!

Los demás hicieron lo mismo que el Director y Pepe se encaminó a la máquina, subió y penetró en su interior sin voltear. El mamparo se cerró y chorros de fuego partieron de los contornos de aquel enorme "plato" que empezó a elevarse, primero con suavidad y luego, desde cierta altura, a gran velocidad, hasta que lo perdimos de vista en el luminoso cielo...


***


Comenzaba, para nosotros, una nueva vida, en aquel lejano rincón del ―mundo, perdido entre las solitarias cumbres nevadas de los Himalayas. Era un lugar bellísimo. Nos encontrábamos en el centro de una amplia explanada cubierta de bien cuidado césped. Al fondo, a unos doscientos metros de donde estábamos, se levantaba el recio edificio que viéramos desde el aire, mezcla― de convento y fortaleza, a juzgar por su aspecto exterior, rodeado por frondoso parque. Ya poca distancia de nosotros estaba la casa estilo inglés ya mencionada. Más allá de la sólida construcción de piedra del monasterio, había una hermosa laguna formada por el riachuelo que divisamos desde el OVNI, y floridos jardines rodeaban las dos mansiones.

Al acercamos a la puerta de la casa a la que nos invitara Dumpbahar, salió corriendo a recibirnos una joven de cabellos negros y ojos muy vivaces, que con marcado acento español nos saludó disculpándose de no haber podido hacerlo antes.

―Acá todos andamos ocupados, y yo quería terminar de aderezar un postre que he preparado para recibirlos adecuadamente, ya que ustedes son peruanos, y los peruanos se parecen mucho a nosotros―los españoles. ―¿Sabían acá de nuestra llegada?
―Naturalmente; nuestro Maestro nos lo había comunicado.

Y al decir esto indicó respetuosamente al Director. En seguida nos pidió acompañarla para mostrarnos el alojamiento que nos tenían dispuesto. Subimos una amplia escalera que conducía a un gran hall de distribución, enteramente amoblado al estilo Tudor, y en un pasillo aledaño ingresamos a un confortable departamento. Eran dos piezas con su baño anexo. Las camas, una grande de matrimonio en una de ellas, y dos comunes en la otra, y el mobiliario no dejaban nada que desear. Como si pertenecieran a un hotel elegante de cualquier ciudad occidental. Yo le manifesté mi asombro y la española nos explicó que el local había sido reformado, hacía algunos años bajo la dirección de un ingeniero inglés, el caballero a quien conociéramos al descender del OVNI.

―Pero esta parece una mansión europea antigua―comenté.
―Bueno, no es mucho. Dicen que fue construida el siglo pasado, dedicándola a Hogar, o Pensión, de los alumnos extranjeros. La modernización de los cuartos y los baños es reciente: fue realizada en los años entre 1930 y 1935.
―Y ¿dice usted que el señor a quien acabamos de conocer dirigió estas obras?
―Así es...

Pero si de ese entonces ahora han pasado casi cuarenta años, y aquel caballero no representa más de cuarenta, o a lo sumo, cincuenta...

La joven sonrió. Nos miró un rato en silencio y, al fin, como si tomara una decisión algo difícil, respondió:

―Es un poco extraño para quienes llegan por primera vez acá; pero ya comprenderán, después, que todos los que aquí estamos aparentamos una edad muy distinta de la que, en realidad, tenemos. Yo estaba ya acá en esa época, y puedo asegurarlo...
―¡Usted bromea! ¡Si es una muchacha...!
―Sí... una muchacha de ochenta y tres años ―exclamó riendo, nuestra interlocutora.

Ni Rosita ni yo tomamos en serio esas declaraciones. Al repetirle que considerábamos una broma sus palabras, cambió de expresión.

―Comprendo que para ustedes resulte difícil aceptarlo; pero más adelante habrá oportunidad de probarles que nací en 1890... Ahora, tengan la bondad de arreglarse para el almuerzo. Ya deben estar esperándonos abajo. En otro momento conversaremos, porque van a tener muchas sorpresas de esta índole...

Y haciendo un gracioso mohín, salió corriendo.

Mi mujer y yo nos miramos. Yo le guiñé un ojo. Estábamos convencidos de que la española bromeaba. Y dejando la valija en un rincón, nos aseamos un poco y bajamos.

En el comedor, una amplia estancia estilo Tudor, contigua al gran hall de entrada, nos esperaban Rahmojan Dumpbahar, la dama rubia y el caballero inglés, junto con dos nuevos personajes: uno era un botánico israelita, y el otro, un médico egipcio, según las explicaciones que nos dieran en las respectivas presentaciones. Invitados por Dumpbahar nos sentamos todos a la mesa. La españolita permaneció de pie y nos dijo que iba a servimos, que todos allí se servían por turno, unos a otros y que ese día le tocaba a ella atender a sus "hermanos".

La comida fue frugal. Una sopa y un guisado, muy agradables, pero enteramente vegetarianos. Notamos la absoluta ausencia de licor. Sólo agua, muy fresca y cristalina. Luego, un postre en forma de torta, bañada en crema de leche y de consistencia gelatinosa exteriormente. Era sabroso, pero no pudimos identificar los ingredientes. Así se lo hicimos saber a la muchacha, que ya había tomado asiento junto a nosotros.

―¡Ah! ¡Ese es un secreto! ―exclamó riendo―. Pero ya se los enseñaré... lo mismo que lo de mi verdadera edad. Porque nuestros nuevos "hermanos" ―añadió dirigiéndose a los demás― han creído que bromeaba al decirles cuántos años tenía.

Todos se miraron y sonrieron levemente. El Director, que presidía la mesa, nos miró profundamente y con calma, subrayando las palabras, expresó:

―No es broma que Maruja haya confesado tener ochenta y tres años. Aquí todos alcanzamos edades bastante apreciables. Ese ha de ser uno de los muchos conocimientos que tendrán ustedes que aprender. Desde mañana comenzaremos a educarlos en nuestras ciencias, y adentrarlos, poco a poco, en los Secretos de la Naturaleza que les han de ser necesarios para su especial adiestramiento. Por ahora, que les baste saber que conocemos el secreto de la longevidad....


***


Más tarde, en nuestro departamento, aprovechando que disponíamos de una hora para el reposo, comentaba con mi mujer las declaraciones del Maestro. Le hice ver que él había leído, posiblemente, el pensamiento de la joven al mencionar lo que ella nos manifestara, o se habían puesto de acuerdo para decir lo mismo, ambos. Aún no estaba conforme con aquello. Nos parecía una broma que después nos explicarían. La española representaba, a lo más, treinta años. Su vivacidad y su frescura eran las de una muchacha. Corría y saltaba, jugueteando coma si fuera, todavía, menor. Y sus ojos no denotaban, en absoluto, la menor huella de tiempo. Todos sabemos que el conjunto del rostro puede conservarse, más o menos, hasta los cincuenta años con determinada lozanía, si la vida y las costumbres de la mujer, ayudadas por un selecto maquillaje, logran mantener el aspecto juvenil de la piel. Pero el contorno de los ojos es imposible, de no mediar una intervención quirúrgica de tratamiento estético, que no muestre los estragos del tiempo y las arrugas que van formando la risa y los gestos diarios. En la española no había la menor huella de todo eso. Era una verdadera muchacha en toda la lozanía de su rostro y en la agilidad de sus movimientos.

Pepe nos había explicado, en los seis meses que recibimos instrucción preparatoria, que en Ganímedes viven varios siglos. Esto ya fue explicado por mí en mi libro anterior. Pero a mí se me hacía duro pensar que acá en la Tierra se conociera el secreto de la longevidad. Sin embargo, Dumpbahar lo había afirmado en el almuerzo. Y nos había prometido que llegaríamos a conocer ese secreto y otros más. Por lo tanto, Rosita y yo estábamos bastante confusos en nuestras apreciaciones, cuando, vencida la hora, bajamos a reunimos con el inglés que nos invitara a dar un paseo por nuestra nueva morada. El nos esperaba en el hall de entrada. Salimos con mis hijos y nos dirigimos hacia la laguna frente al monasterio.

Era una tarde encantadora. El sol bañaba con sus vivificantes rayos todo un paisaje idílico. Estábamos en el centró de un valle de regular extensión, encerrado totalmente por las laderas casi cortadas a plomo, de las gigantescas murallas de roca formadas por los picos nevados que traspusimos en el OVNI al llegar. Parecía como si la Naturaleza hubiese querido construir un asilo inexpugnable en medio de las soledades de la formidable cadena de los Himalayas. Por donde volviésemos la vista, en todos los contornos del valle, sólo veíamos altísimos precipicios de rocas azules y negras en cuyas cumbres distantes brillaban las nieves perpetuas. No se distinguía ningún camino ni sitio por donde se pudiese bajar. Los farallones pelados, con alturas imponentes, circundaban, totalmente aquel lugar. Y, al fondo, a nuestra derecha, como un lejano hilo de plata que brillaba al sol, descendía desde las cumbres nevadas un estrecho torrente que alimentaba el cristalino riachuelo que viéramos desde la astronave, y que atravesaba todo el valle en dirección a un hermoso bosquecillo que había en el extremo izquierdo a donde nos hallábamos. Todo el terreno, de varios kilómetros cuadrados de área, estaba cubierto de vegetación.

―De todos estos campos sacamos nuestro alimento ―nos explicó el inglés―. Habrán notado ustedes que no había nada de carne en el menú.
―Pero el guisado tenía apariencia de carne ―arguyó mi esposa.
―Es un preparado a base de gluten y soya, al que se le puede dar la consistencia, forma y sabor que uno desee. Producto de esos prados que ustedes están viendo.

Y al decir así nos mostraba extensos campos cuidadosamente cultivados.

―Y ¿quiénes se encargan de cultivarlos? ―pregunté.
―En realidad, casi todos participamos en su cuidado; pero son los monjes menores los que hacen la labor principal.
―¿Los monjes menores?
―Sí; en el monasterio viven unos treinta "hermanos estudiantes", como los que vieran junto con el Maestro, esta mañana.
―Y ¿cómo hacen para entrar o salir de este valle; porque, a juzgar .por lo que veo, no hay posibilidad de subir o bajar por esos farallones?
―Efectivamente; no hay un solo sitio por donde se pueda escalar la montaña. Pero existe una salida secreta que les ruego me perdonen el no poder revelarla, mientras el Maestro no lo autorice.
―Comprendo. Y ahora, pasando a otra cosa: ¿hace mucho que vive usted aquí?
―Más o menos unos cincuenta años.
― ¿Vendría usted muy niño?
―No; ya era ingeniero y tenía cuarenta y ocho años...

Yo me reí, y palmeándole amistosamente el brazo, le dije que los encontraba, a todos, muy bromistas.

―No bromeamos. Es verdad, aunque usted no lo crea. Más tarde te mostraré mis documentos personales. Tengo ciento dos años cumplidos... Guardé silencio y miré a mi mujer. La expresión del hombre era impasible. No inspiraba risa ni duda. Pero sólo aparentaba unos cincuenta años, a lo más. No quise insistir, y continuamos paseando. Los niños se nos habían adelantado y jugaban en un remanso de la corriente. Comenté sobre la limpidez del agua.
―Es el agua más pura que yo he conocido en el mundo ――nos explicó nuestro Interlocutor―. Agua de deshielo que, en su correr milenario por este curso, no se contamina con nada, como pasa en nuestras ciudades, cada día más cargadas de impurezas y de todos los venenos que produce nuestra mal llamada "civilización"...


capitulo III
El Extraño Relato del Inglés


Aquella noche, después de una cena en la que predominaran las frutas en varias formas, y en la que el Director del Monasterio nos participó que al día siguiente comenzarla nuestra preparación, volvimos a reunimos con nuestro compañero de la tarde, quien nos había dicho llamarse Charles O'Connor, y que familiarmente lo trataban por Charly. A mi señora y a mí nos condujo a su departamento, parecido al nuestro, con la única diferencia que la segunda pieza la usaba él como salita―escritorio. Los chicos habían quedado en la planta baja, con la española, escuchando radio, y de tal modo podíamos disponer del tiempo a nuestro antojo.



De una gaveta del escritorio extrajo un viejo portafolio de cuero en el que se guardaba gran cantidad de documentos. Rebuscó entre ellos y nos alcanzó una libreta empastada, muy vieja y con algunas picaduras de polilla. Era su pasaporte. Estaba extendido en Londres, en el año 1919, y en él constaba que Charles Richard O'Connor había nacido en Edimburgo, Scotland, el 5 de Mayo de 1872. La fotografía, resellada, mostraba a Charly algo más joven, pero exactamente como era en esos momentos. No cabía duda...

Nos mostró, también, una serie de documentos que probaban su condición de ingeniero, su participación en la primera guerra mundial de 1914―1918, en la que alcanzara el grado de capitán de ingeniería; varias fotografías de la época vistiendo el uniformé militar; cartas y diplomas de diferentes instituciones, y en un viejo y apolillado estuche, una condecoración que resultó ser la Cruz de Guerra de Francia. Las pruebas eran contundentes; aquel hombre no había bromeado ni mentido. Tenía, en efecto, ciento dos años...

Sonriente, al ver nuestra expresión de asombro, nos explicó la forma en que el Destino lo pusiera en contacto con Rahmojan Dumpbahar, diciendo―nos que le debía la vida y todo lo relacionado a su maravillosa conservación; ― ―Corrían los años de la década del 20 ―empezó su narración cómodamente arrellanado en una antigua chaiselongue.― Yo trabajaba, entonces, en la zona cercana a Bettiah, en la India, no lejos de la frontera con Nepal. Estábamos construyendo una carretera y había hecho amistad con los lamas de un lamasterio vecino. En esos días, el Maestro era Lama y se encontraba pasando una temporada en dicho lamasterio. Instruía a toda la comunidad, que le demostraba gran respeto y veneración. Los otros lamas me hablaban de su gran sabiduría y de virtudes prodigiosas que poseía. Como aquella región agreste el lamasterio era el único lugar habitado, yo dejaba muchas veces el campamento para pasar horas de descanso con ellos. Así nuestra amistad se fue haciendo más íntima, y el constante contacto con Dumpbahar me fue inspirando, también, una respetuosa admiración por sus muchos conocimientos, la afabilidad de su trato y la poderosa influencia de su personalidad. Así las cosas, un día tuvimos un malhadado accidente: al explotar una de las cargas de dinamita que debía abrir parte de un hacinamiento de rocas para el camino, un derrumbe me alcanzó, cayendo bajo varías pesadas peñas que me aplastaron las dos piernas. Cuando los obreros y los otros ingenieros lograron liberarme, me había desmayado... Al volver en mí estaba en la sala del hospital de campaña del campamento. Los médicos atendían mis heridas y me habían reanimado con calmantes. Tenía rotas ambas piernas y el diagnóstico era sombrío. A poco, me entablillaron provisionalmente, porque las heridas no permitían enyesarme. De tal manera, con los recursos de esa época, en que no se conocían aún los antibióticos, mi situación se fue agravando. Se me infectaron ambas piernas y los médicos hablaban de operarme. No me lo decían; pero yo me di cuenta por ciertos preparativos y por la expresión del doctor jefe, al que le exigí decirme la verdad. La infección aumentaba y temían una gangrena. Según ellos, no cabía otro recurso que la amputación de ambos miembros para salvarme la vida.

―Comprenderán ustedes ―continuó, después de servirse un vaso de agua con jugo de naranja― cuál sería mi estado de ánimo. Me sentía aniquilado. Mi desesperación tomaba, por momentos, caracteres de furiosa demencia, llegando hasta el extremo de pedir, a gritos, que me mataran antes de dejarme inválido. Cuál no sería mi desastroso estado de ánimo, que me habían amarrado al catre en el temor de que atentara contra mi vida.

En tales circunstancias, los lamas, que no dejaron de visitarme todos los días, me aconsejaron que no me dejara cortar las piernas.

―El Gran Lama Rahmojan puede curarte ―me dijeron todos ellos―. Y me explicaron cómo aquél hombre había realizado curaciones maravillosas. Los médicos insistían en la amputación inmediata. Ya se presentaban los primeros síntomas de gangrena, y la situación no admitía demora. Pero yo no autorizaba la operación, aferrado a un explicable deseo de salvar mis piernas. En esos momentos, Dumpbahar me habló. El había estado visitándome, con» los otros, pero nunca me dijo que pudiera salvarme. Recuerdo, perfectamente ese instante supremo. Estaba cayendo la tarde y los médicos habían decidido operar al día siguiente. El Lama acababa de entrar. Yo le conté lo que roe comunicara el doctor y, con toda la fuerza de mi carácter, que no me habla amedrentado ni en las trincheras de Francia, no pude impedir que en un acceso de desesperación se me salieran las lágrimas y llorara como una mujer...
―Cálmate, Hermano mío ―fueron sus palabras― Si tú me autorizas yo te curaré... ¡No perderás tus piernas...!― Pero debes decirle a los médicos que no permites que te toquen y que quieres, con tu propia voluntad, ser trasladado, inmediatamente, al lamasterio.

En tales circunstancias no tenía alternativa. El Lama me ofrecía curarme. Su expresión y el tono de su voz denotaban absoluta seguridad de sí mismo. Las historias que de él me refirieran los otros lamas llevaban a mi afana una luz de esperanza. En cambio los médicos del campamento habían decidido operarme, porque en esos tiempos, en que aún no existía el transporte aéreo, el viaje hasta Calcuta, la capital del ese entonces Imperio de la India, resultaba absolutamente imposible en tal situación.

Una lucha tremenda se operó en mi alma. Pero estaba seguro que nuestros galenos carecían de recursos y conocimientos para evitar la amputación. Eso significaba o la muerte o la invalidez...

Contra la oposición unánime de mis médicos, exigí ser trasladado al Lamasterio. Se me trató de loco y se me amenazó con operarme a la fuerza. Ellos creían que no había otro camino. Pero una energía insospechada renació en mí y el resultado de la rápida lucha entre la ciencia occidental, vencida por el Destino, y la luz de la esperanza, fue que, esa misma tardé, con las últimas luces del crepúsculo, hiciera mi ingreso en el viejo lamasterio, sobre una camilla y en hombros de varios de mis amigos los lamas...

―No quiero cansarlos ―nos dijo Charly― con los detalles de mi tratamiento, ni los métodos, para mí extraños, a que se me sometió allí. Baste decir que, en cuanto ingresé, me condujeron a una pobre celda, pero muy limpia y con los enseres precisos para poder reposar en una amplia cama moderna. Rahmojan me quitó, inmediatamente, todos los vendajes. Me inspeccionó detenidamente las heridas. Hizo llevarse todo cuanto hasta entonces entablillara y cubriera mis piernas rotas y, después de lavar cuidadosamente las partes afectadas con un agua caliente que le trajera otro lama en una reluciente vasija de cobre, me pidió relajar todos los músculos y prepararme a dormir. Con asombro vi que no me aplicaba ningún medicamento. Me miraba profundamente y sus ojos parecían despedir un brillo extraño. Una especie de sopor se apoderó de mí y me quedé dormido... No sé cuánto duró mi sueño... Me sentía transportado por los aires a través de las montañas y alguien, a quien no podía ver, me conducía de la mano. Así llegamos, volando, a un hermoso valle en donde ingresamos en un viejo edificio de piedra. Allí nos esperaban otros hombres vestidos con túnicas blancas, iguales a las que usamos en este lugar... Y entonces, pude reconocer en el que me guiaba a Rahmojan Dumpbahar. Sin embargo, lo veía ahora rodeado por un extenso nimbo luminoso. Todo su cuerpo brillaba como un Sol, y su rostro, resplandeciente, se acercó a mí y me sopló con suavidad en la frente...

Me desperté. Estaba de nuevo en la celda del lamasterio a donde me condujeron. A mi lado se encontraba Rahmojan y a los pies de la cama estaba el lama que había servido de ayudante. Sentí que los dolores de las piernas habían desaparecido y que las tenía cubiertas con una tela muy blanca y algo como una masa tibia y pegajosa me las envolvía totalmente. Era de noche, pues a' través del tragaluz del cuarto se apreciaba el cielo estrellado.

―Te sientes mejor― me preguntó.
―Sí... parece que me dormí.
―Efectivamente: rías dormido dos horas que te hacían mucha falta. Ahora deberás tomar un poco de alimentó y volverás a dormirte, para que mañana estés mejor.
―¿Qué es lo que tengo en las piernas...?
―Un emplasto de tierra y yerbas especiales. Pero no te preocupes. Mañana estarás mejor y pronto podrás levantarte y caminar.
―¡Caminar...!
―Sí; antes de un mes podrás hacerlo. Hubiera sido posible en menos tiempo; pero tienes varias fracturas que deben soldar sólidamente. Si no hubieras perdido tanto tiempo con los tratamientos de tus médicos, habríamos podido economizar casi quince días. Pero no importa. Lo principal es que curarás, y volverás a caminar como si no hubiera pasado nada...

Está de más decir que me sentí confuso y asombrado. Sin embargo, tal como el Lama lo anunciara, un mes después estaba dando mis primeros pasos por los jardines del Lamasterio...

― Una vez restablecido, acepté la invitación que me hizo Dumpbahar para visitar este monasterio. El debía regresar acá, y yo lo acompañé. Los médicos del campamento no daban crédito a lo que veían. No tuvieron más que rendirse a la evidencia de los hechos. Y yo, con el Maestro y dos jóvenes estudiantes del lamasterio, iniciamos el largo viaje, en muías, hasta este lugar.
―Y ¿cómo pudieron llegar, si parece que estamos rodeados de precipicios? ―inquirí yo, tímidamente.
―Por el camino secreto que ya conocerán ustedes, oportunamente. En esos tiempos aún no se conocían los helicópteros. Tenía que usarse, forzosamente, esa vía. Ahora poseemos una de esas máquinas, que está guardada en el edificio central. Yo me ocupo de su cuidado y manejo cuando es necesario:.. Y, a propósito, no está de más que les diga que, cuando llegamos en ese viajé, por primera vez, mi sorpresa fue muy grande al reconocer todos estos sitios como los que viera en el sueño famoso, la noche que me internaron en aquel lejano lamasterio...
―Cuando Usted llegó ¿existía ya esta casa?
―Sí; pero era algo distinta. Después hemos modificado algunas secciones. Las habitaciones que ahora ocupamos eran muy viejas y no tenían baños, como las antiguas casonas inglesas.
―La señorita española nos dijo que Usted había modernizado todo esto.
―Así es; todos estos departamentos fueron cambiados. Las alcobas conservaban un estilo propio del siglo XVIII, y algunas ya empezaban a sufrir los estragos del tiempo.
― ¿Tiene muchos años esta mansión? ^
―Yo le calculo casi dos siglos. Nuestra Hermana Nancy, la dama que ustedes conocieron al llegar, me aseguró, ―una vez, que había sido construida a principios del siglo pasado, por un arquitecto inglés que vivió acá muchos años.
―Entonces todo esto es muy antiguo.
―Sí; el edificio del Monasterio data de la Edad Media...
―Pero ¿quiénes y por qué levantaron esta casa en un lugar tan lejano?

O'Connor guardó silencio. Nos miró un rato, pensativo, y al fin repuso.

―Hay cosas que sólo nuestro Maestro puede contestar. Lo que les he narrado es algo que me pertenece. Lo demás, si ustedes me perdonan, preferiría que se lo pregunten a él...

Callarnos un rato. Pero mi curiosidad no estaba satisfecha.

―Disculpe otra pregunta: La señorita española nos dijo que ella lo habla visto trabajar a Usted en esta obra...
―Es cierto. Ella y My Lady estaban aquí cuando yo vine.
―¿My Lady...?
―Sí: la señora inglesa a quien llamamos Nancy... Es de origen noble, aunque nunca habla de ello. Parece que no le agrada hablar de su pasado. Pero el Maestro me dijo, una vez hace tiempo, que había pertenecido a la Corte de la Reina Victoria.
―¡De la Reina Victoria!... ¡Mucho más de un siglo!
―Así parece... aunque también esos asuntos no me incumben...

Comprendimos que el ingeniero no quería o no podía, hablar. Ya nos dijo, anteriormente, que él sólo explicaba lo que a sí mismo le pasara. Y por no ser imprudentes optamos por levantarnos.

―La noche avanza y mañana estamos citados por Dumpbahar fue nuestra excusa―. Mucho le agradecemos tan interesantes informes, y confiamos en que, más adelante, podremos conversar mucho...
―Así lo espero... y les ruego perdonar que no pueda darles mayores datos. Con el tiempo conocerán y podrán comprender mejor muchas cosas... Aquí se aprende a cultivar la discreción v el silencio.


CAPITULO IV
Nuestra Primera Clase con el Lama


Aquella noche dormí poco. La conversación con el inglés y nuestra cita del día siguiente con el Lama, nos tenía nerviosos a Rosita ya mí. Tantas novedades en tan corto lapso eran bastantes para que nuestro cerebro diera vueltas y vueltas a todos los sucesos, verdaderamente extraños para nosotros. Así, con las primeras luces del alba, nos levantamos. Una gran curiosidad nos embargaba por saber qué hablaríamos con el Maestro, y esperamos, nerviosos, que llegara la hora en que nos citara al Monasterio.



El desayuno consistió de yogurt, leche de cabra y unas frutas. Rodeamos la mesa Chafly, Manija la española, la dama inglesa, que ahora, vestía un sacón oriental y pantalones además de un gran sombrero de paja estilo chino, el judío, el egipcio y nosotros. Los dos últimos hablaban poco. Sus conocimientos del castellano eran casi nulos. En cambio Nancy lo hablaba con fluidez y nos estuvo explicando que ella cuidaba de los jardines, ayudada por un joven monje. Y en efecto, terminado el refrigerio, salió para ocuparse de su labor. Cada uno del grupo desempeñaba una misión determinada: O'Connor tenía a su cargo una pequeña fábrica en que se elaboraban ciertos artículos para el consumo general de todos los que allí vivían. El israelita y el egipcio trabajaban en el campo, y la española cuidaba de la casa y de la alimentación, Nosotros, mientras nos dirigíamos al viejo edificio, comentamos qué labor nos iría a tocar en el reparto de actividades de la colonia.

Cuando llegamos a la puerta principal del Monasterio, salió a recibirnos un monje de edad avanzada. Con ademanes respetuosos, nos condujo hasta un amplio salón escuetamente amoblado al estilo hindú. Nos pidió, en inglés, que tuviéramos la bondad de esperar unos instantes, y penetró por una puerta del fondo. Pasaron unos minutos. La puerta se abrió y Rahmojan Dumpbahar vino a nuestro encuentro.

―Me agrada ver que son puntuales. Vengan conmigo para mostrarles nuestra morada ―y haciendo una venia nos invitó a los cuatro a pasar a la otra estancia.

Era una sala bastante amplia. Una gran chimenea de piedra guardaba los rescoldos humeantes de brasas mortecinas. Grandes anaqueles rodeaban el contorno de las paredes, y en ellos había una enorme cantidad de libros y documentos de distintas clases: Viejos rollos de manuscritos, seguramente muy antiguos; volúmenes de diferentes tamaños empastados en amarillentos pergaminos; y también otros cuyos relucientes lomos denotaban contener obras recientes. Una gran mesa―escritorio, cubierta de documentos, y un confortable sillón de cuero y ebanistería tallada en negro, eran el sitial del Maestro, en una de las esquinas de la habitación. Y un juego de cómodos y mullidos confortables de cuero, de puro estilo Reina Victoria, completaban el mobiliario de aquel despacho.

―Veo que es usted aficionado a los estilos ingleses ―comenté.
―Me agradaban, en efecto... He vivido muchos años en Inglaterra y Escocia; además, no olvides que Nuestra Augusta Orden es de allá...

Nos invitó a sentarnos y, paseándose por el cuarto, comenzó a hablar en tono mesurado como si fuera midiendo sus palabras:

―Comienza para ustedes una etapa importantísima en sus vidas. No tomen a mal si les digo que les falta mucho para alcanzar el nivel requerido por nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes. Deben tener en cuenta que una de las muchas virtudes que habrán de practicar es la de la sinceridad. Entre nosotros estamos acostumbrados a ser francos. Y si he de conseguir que progresen con rapidez, tengo que hablarles, siempre, sin ambages. Nuestro Muy Amado Hermano "Pepe" me ha pedido que los prepare cuidadosamente para que podáis estar en condiciones de viajar a ese mundo antes que otros. Y eso es lo que voy a hacer.
―Perdone, Maestro ―me atreví a interrumpirlo―; ¿Ha sido usted muy amigo de Pepe?
―Nos conocemos hace mucho: él estudió acá largos años, mucho antes de que nosotros llegáramos a comunicamos con los habitantes de ese otro mundo sideral al que ahora pertenece. Esta fue la escuela de que te hablara cuando te explicó que había estado un largo tiempo en el Oriente. De ese entonces han pasado ya casi cuarenta años...
―Perdone, Maestro, ¿fue la época en que Usted curó al ingeniero O'Connor?
―Poco después. Cuando traje al Hermano O'Connor acababa yo de venir de un largo viaje por Europa... Mas, dejemos por ahora, esos detalles1, y volvamos a ustedes. Acá se aprende muchas cosas; pero lo principal, en esta escuela, como todo lo relacionado con la Orden, igual que lo exigido por Ganímedes, es cuanto se relaciona con la evolución moral del ser. De nada vale acumular conocimientos, avanzar en el camino de la Sabiduría, develar secretos de la Naturaleza y del Cosmos, si nuestra Alma no se purifica, si nuestro YO SUPREMO no se ennoblece y se eleva en la "escala" de los eternos e inmutables valores de la VIDA... ¿Qué lograríamos con acumular conocimientos, con aplicarlos a la obtención de poderes, despertando las facultades dormidas en nuestra maravillosa "máquina corpórea" integral si nuestra psiquis, nuestro "cuerpo astral" o Alma, no se ha despojado de todas sus impurezas, de todo el lastre ancestral que lo arrastra hacia los más bajos niveles de existencia expresados en las múltiples formas de deseo, de pasiones y ambiciones equivocadas que llevan al hombre común hacia los tristes terrenos de la animalidad inconsciente?... ¿Sería cuerdo y aceptable adiestrar a un ser en el conocimiento y aplicación dé secretos del Cosmos, si aquel ser no es preparado, previamente, para hacer un buen uso de esos nuevos instrumentos que la sabiduría progresiva le va dando...? En caso contrario, ¿no equivaldría a proporcionar a un niño armas mortíferas para que jugase con la inconsciencia de un irracional...?

El Lama calló. Nos miraba profundamente. Nosotros guardábamos respetuoso silencio. Yo sentía como si esa mirada me llegara hasta lo más hondo de mí mismo. Cual si fueran rayos que penetrasen en la intimidad de mi conciencia.

―Por todo eso ―continuó― es que dedicaremos la mayor parte del tiempo a cultivar la pureza del Alma. Y ello sólo se consigue trabajando sobre el pensamiento y la voluntad, las dos grandes palancas de todo el desarrollo y la evolución del hombre. Y, al decir hombre, no piensen que me refiero, únicamente, al sexo masculino... Estoy hablando en forma genérica: al hombre en su sentido de especie humana, hombre y mujer, porque en estos estudios, de la transformación del Alma, las diferencias sexuales no cuentan. Lo que educamos es al ser interno, al YO INMORTAL, y ése no tiene sexo... Ustedes recibirán las lecciones en el curso de su diario vivir junto a nosotros. No serán clases separadas como en las aulas comunes de un colegio mundano. Al entrar en esta "escuela" han ingresado a una escuela superior: a la Gran Escuela de la VIDA, en donde aprenderán, día tras día, con la palabra y el ejemplo, cómo se transforma un Alma y cómo se reforma un cuerpo... En vuestras mentes leo, ahora, que os preocupa la idea, curiosa, de conocer la verdad sobre los Hermanos que acabáis de encontrar en esta casa. Esa curiosidad infantil que os embarga, también tendrá que ser controlada por cauces adecuados a un perfecto y equilibrado dominio de todo vuestro "yo" interior... ―Perdón, Maestro ―me atreví a decir, aprovechando de la pausa que él hiciera―; ¿pero sería exagerado preguntarle sobre la asombrosa longevidad de que aquí se habla, y que hemos podido comprobar conversando con O'Connor?
―No, en absoluto. Es uno de los aspectos comunes a nuestra preparación integral. Y aún cuando, para los profanos, pueda resultar extraño o maravilloso, los que aquí viven se acostumbran a considerar dicho tema como la cosa más natural. Incluso al correr los días y los meses, verán ustedes que una parte de la enseñanza general se dedica a la conservación de toda nuestra Fisiología para conseguir que esta maravillosa máquina de nuestro cuerpo se mantenga en las más óptimas condiciones... Los hombres comunes en ese mundo que llaman, equivocadamente, "civilizado", se matan antes de tiempo, envejeciendo por culpa de su ignorancia...
―Y ¿todos los que viven acá siguen el mismo régimen de vida?
―Todos.
―Entonces ésta es una colonia de inmortales
―Inmortales, no. Pero sí, longevos...
―Y ¿todos van a ser llevados a Ganímedes?
―No. Aquí estamos preparando para ese mundo, hasta ahora, solamente a tres monjes estudiantes, los que ustedes vieron conmigo al llegar. Ustedes cuatro y los dos Hermanos últimos, el israelita y el egipcio, que fueron traídos no hace mucho. O'Connor, Maruja y Nancy hace muchos años que viven conmigo. Están encariñados con todo esto y no quieren abandonarme. Ya les ha explicado "Pepe" que a Ganímedes no llevan a nadie contra su voluntad, y yo tengo mucho por hacer, todavía, en la Tierra...

El tono de sus últimas palabras nos pareció enigmático. Guardamos unos segundos de silencio. Yo volví a preguntar:

―El ingeniero nos ha dicho que la señora inglesa era noble...que había estado en la Corte de la Reina Victoria...
―Es verdad. Yo la conocí allá...

Volvimos a mirarlo con expresión asombrada. El sonrió. Se acercó a Su escritorio y de una gaveta extrajo un cartapacio lleno de papeles. Entre muchos documentos amarillos por el tiempo, sacó una vieja foto. Pero no era una fotografía sino un antiguo daguerrotipo firmado y fechado en 1875. Representaba a la reina Victoria de Inglaterra y llevaba la firma y sello real de la soberana, con la siguiente dedicatoria: "Al distinguido Maestro, Lama Rahmojan Dumpbahar".

Está de más decir que nos quedamos mudos. Pensamos que, en 1875, una soberana europea había dedicado especialmente un retrato suyo a aquel hombre; esto, lógicamente, denotaba que el Lama, en esa época ya era un hombre digno de recibir un favor real de tal naturaleza... entonces ¿cuántos años tenía el Maestro...?

El, leyendo seguramente nuestro pensamiento, sin que pronunciáramos una sola palabra, respondió:

―Sí, tengo muchos años... a medida que pase el tiempo conocerán nuevos detalles de mi vida. Ya les he dicho que en esta escuela se aprende muchas' cosas, y también se tienen muchas sorpresas.
―Y la señora inglesa ¿está con ustedes desde entonces?
―La conocí desde esos años, pero se unió a nosotros mucho después, a la muerte de su esposo. Es una historia larga y triste. Sufrió mucho y estaba al borde de la muerte, mas la Providencia quiso que yo pudiera ayudarla, como a otros, y, con el correr del tiempo, su Destino la trajo hasta aquí. De esos días han pasado sesenta años...

Volvimos a callar, todos. El Lama guardaba en su escritorio los papeles, y nosotros nos mirábamos absortos. Esa dama representaba, a lo más, unos cincuenta años, llenos de vigor y alegría, y, en verdad, sobrepasaba, largamente, un siglo.

Dumpbahar tornó a clavar la vista en nosotros. Sonrió enigmático, tomó asiento en uno de los amplios sillones y con voz lenta y mateando las palabras continuó:

―No me extraña vuestra turbación. Es natural en quienes por vez primera se enfrentan a tales hechos. Pero recordad que no es sobrenatural, que ya, en otros tiempos, como lo narra la Biblia hubieron hombres en la Tierra que alcanzaron muchos siglos de existencia. Ese es uno de los conocimientos comunes a la civilización que hay en Ganímedes. Nuestra Augusta Orden ha estado en contacto con ellos, a través de Nuestro Supremo Triángulo. Comprendo que algunas de estas cosas no hayan sido de vuestro conocimiento, por lo mismo que sabéis, o sea que los secretos de todo nivel van siendo revelados a los diferentes miembros de Ella según van adelantando en su graduación. Nuestro Hermano "Pepe" ya lo conocía antes de ponerse en contactó con la tripulación del OVNI, Por eso le fue más fácil todo lo demás. A vosotros también os llegará a ser familiar, todo ello en su oportunidad. Y a muchos, en distintos lugares de la Tierra, Nuestra Orden les está enseñando lo mismo, con idénticos propósitos. Nada es nuevo, bajo el SOL. Sólo que se necesita estar "maduro"...

Y para alcanzar la "madurez" debemos aprender, estudiar, esforzarnos. La vida es una gran escuela, ya lo he dicho, y en ella hay que trabajar, luchar por conquistar las cumbres gloriosas de la LUZ, de la VERDAD y del AMOR... El triunfo no es de los ociosos ni de los pusilánimes. La victoria, como en los campos de batalla, se gana con esfuerzo, con valor y sacrificio. Quienes quieran ganar los laureles de la Gloria, han de merecerla... Y en la larga senda de la Vida, las cumbres luminosas de la MONTAÑA sólo se alcanzan con el largo peregrinaje de su Sendero, que no es de rosas sino de espinos, y con el esfuerzo heroico que hacen, dentro de sí mismos, quienes desean dejar de arrastrarse como gusanos por la tierra, para volar como águilas en demanda dé las cumbres...

Ustedes, como otros, han prometido trabajar en esa forma. Ahora tendrán que demostrarlo. Tendrán que empeñarse en cultivar, a cada paso, y cada día las virtudes que iluminan el "Yo interno"; esas cualidades que en todos hay» latentes; pero que muchos dejan de mirar, porque han sido deslumbrados por los fulgores engañosos de un mundo de falsedad, de avaricia, de lujuria y de crueldad... Para dejar de ser gusano, rastrero y debilísimo, fácil de aplastar a cada instante, debe estudiarse, debe ejercitarse la voluntad y el pensamiento. Es preciso enfocar las metas luminosas de la VERDAD y EL AMOR, porque sin AMOR no puede entenderse la VERDAD, y si no comprendemos la VERDAD y no abrimos nuestros ojos espirituales a LA LUZ, jamás podremos alcanzar la SABIDURÍA que nos abre las puertas de la PERFECCIÓN...

Pensad bien, hermanos míos, en estas palabras que ahora os digo: Sin AMOR no hay LUZ, ni VERDAD ni PERFECCIÓN. Deberéis aprender a Amar, no como entiende la mayoría de los humanos el amor. No con ese amor sofisticado que a muchos conduce ala animalidad. No con eso que, en estos tiempos está llenando las arcas de caudales para quienes comercian con la sensualidad y los vicios. No con esas bacanales a las que concurren, por millones, seres con formas humanas pero con almas bestiales... Recordad que, los mismos animales, en su irracionalidad, sólo hacen uso del sexo para fines de preservación de la especie, y en condiciones de instinto natural que cumple una misión divina de la Naturaleza... No como tantos seres humanos., la mayor parte de nuestra humanidad, que usan del sexo como medio de diversión, hasta llegar a los más abominables excesos y a las más repugnantes aberraciones... No, Hermanos míos, eso no es amor, como no es amor, tampoco, halagar, favorecer, darle la mano al prójimo, cuando tales acciones han de producirnos beneficio, aun cuando éste sea, solamente, en vanidad...

Por eso os dije al comienzo, que la preparación para Ganímedes, como la que se hiciera hacia un paraíso, debe comenzar, de todos modos, por la transformación moral de cada uno. Es un adiestramiento para el camino de la pureza y del Amor, sin los que toda otra disciplina espiritual seria estéril...

El Lama calló. Nos miró largo rato en silencio y, levantándose, extrajo de un anaquel un pequeño libro. ―

―Tomad. En este librito hay pensamientos que os ayudarán a meditar., De ahora en adelante, cuando no estemos juntos en las distintas clases que os iré dando, esta obrita puede seros de suma utilidad. Muy particularmente cuando, no teniendo nada que hacer, podáis caer en la peligrosa ociosidad, que muchas veces atenta contra la tranquilidad y la pureza de nuestros pensamientos... Cuando no tengáis nada en qué ocuparos, o que pueda distraer, constructivamente vuestro pensamiento, recurrid a la lectura de estas máximas. Ellas os darán motivo y tema para entretener esos ocios... y, ahora, os voy a mostrar―algunas partes de este viejo edificio.

Abrió una pequeña puerta al costado de la chimenea, y penetramos a un largo y umbroso corredor. Al fondo, una puerta entreabierta dejaba escapar intensa luz: Entramos. Era otra enorme sala iluminada profusamente con pantallas fluorescentes. Todo en su interior, contrastaba enteramente con el vetusto edificio al que pertenecía esa estancia. Las paredes y techo estaban retocados y pintados todo de blanco. Grandes mesas cubiertas de retortas, alambiques, tubos de ensayo y frascos, amén de otros aparatos no familiares para mí, nos indicaron que se trataba de un amplio laboratorio. Dos jóvenes monjes, de cabeza rapada, trabajaban en un extremo, vigilando el funcionamiento de un aparato de vidrio de regular tamaño. Y en otra mesa, nuestro amigo O'Connor anotaba en una libreta los resultados que indicaba una pantalla de control. Los tres vestían blancos delantales y todo ese ambiente nos dio la impresión de encontrarnos en un moderno hospital o algo por el estilo. Al vernos entrar, Charly detuvo su trabajo. Rahmojan le dijo que quería que fuéramos conociendo nuestra nueva morada.

―Pues aquí me tienen ―comentó risueño el inglés―. Esta es mi "fabriquita", como les había dicho. De aquí salen varias de las cosas que usamos en nuestra alimentación, y también lo que nos ayuda a conservamos jóvenes... ―y maliciosamente, nos guiñó un ojo.

El Maestro sonrió paternalmente.

―Ya conocerán todo, poco a poco... Recién llegan y no los vamos a abrumar con novedades que han de comprender a su debido tiempo.

Y dando un paseo por el laboratorio, se detuvo ante un aparato parecido a un alambique, pero con una serie de tubos y piezas que yo no conocía, en las que circulaba, lentamente, un líquido rojo.

―Esto tiene estrecha relación con la longevidad que1 tanto os impresiona ―dijo el Lama, señalando ese líquido― Más tarde os explicaré en qué consiste...

Saludó con la mano al ingeniero y a sus ayudantes, y salimos por una puerta lateral. Daba a un patio interior, rodeado por arquerías de piedra y una serie de puertas en los portales.

―Son las celdas de nuestros Hermanos ―explicó.

Atravesamos el patio e ingresamos en otro corredor. Al fondo había una gran puerta de bronce. La abrió con una vieja llave que colgaba de un gancho en la pared, y nos invitó a entrar. Era un local muy amplio, con techo abovedado y aspecto de templo. La penumbra que reinaba en el sólo nos permitió ver, al fondo, algo así como un ara sobre la que ardía la mortecina llama de una lámpara de bronce. Cuando nuestros ojos se hubieron acostumbrado, percibimos a ambos lados, junto a las desnudas paredes de piedra, dos hileras de bancas. Sobre un pedestal, en uno de los rincones al fondo, ardía suavemente un trozo de incienso en un pebetero de bronce finamente cincelado. Ninguna imagen, pintura o decoración especial se veía en ese lugar. Sobre un estrado, exactamente detrás del ara en que ardía la lámpara de aceite, había un gran sillón a manera de trono, y a un costado, sobre una mesilla alta y enteramente de bronce labrado, un aguamanil de cobre con su correspondiente jofaina. Todas esas piezas denotaban una―respetable antigüedad, y a la tenue y movediza luz de la llama que alumbraba desde el ara, ofrecían un aspecto de místico recogimiento. Las sombras y el silencio, el perfume del incienso y la luz mortecina de la lámpara votiva nos impresionaron. Sentimos que una respetuosa unción se apoderaba de nosotros, e instintivamente, nos persignamos. El Lama nos contempló sin decir nada. Luego, en tono bajó y suave, nos explicó que aquel era el santuario en donde hacían sus oraciones y meditación. Salimos lentamente. Volvió a cerrar con llave y, regresando al patio central, nos dijo:

―Hoy han visto ustedes los principales compartimientos de esta mora―' da. Por ellos han discurrido las vidas de varios centenares de hombres que buscaron la paz y la superación a través de varios siglos. Su influencia ha quedado como impregnada en las viejas piedras de estos muros, y cuando hayan transcurrido algunos meses, podrán ustedes darse cuenta de que esa huella nos alcanza a todos con el tiempo...


CAPITULO V
Las Claves de la Longevidad


Corrieron los días íbamos acostumbrándonos, lentamente, a la nueva vida en ese lejano rincón del mundo, perdido entre las solitarias cumbres de los Himalayas. Era todo tan distinto a lo que hasta entonces conociéramos, a lo que nos había rodeado, tantos años, en medio de una humanidad a la que, ahora, sólo nos comunicaba, parcialmente, las noticias de la radio instalada en el hall central del "Hogar", como llamaban nuestros compañeros a la casa en que vivía nuestro reducido grupo.



En verdad, Janlitpur era algo inconcebible para quienes estuvieron acostumbrados a la turbulenta vida de la civilización occidental. Mientras en ese mundo que dejáramos reinaba la premura, la agitación y la intranquilidad; la angustiosa lucha del diario bregar por los diferentes intereses; el tormentoso torrente de las pasiones en pugna y las turbulentas corrientes encontradas que llevan a los hombres a perseguirse y matarse como fieras... aquí, en el suave silencio de este paisaje idílico, entre las frondas con perfumes de flores y de hierba fresca, o ante la mansedumbre de las cristalinas aguas de la fronteriza laguna, o en la penumbra de los claustros conventuales y las salas de estudio del viejo monasterio, reinaban una paz y una tranquilidad hasta entonces no encontradas en ninguna parte.

Era una comunidad en la que la confianza, la amistad sencilla y desinteresada, la camaradería franca y espontánea, se hacían presente en los menores detalles de la diaria convivencia. ¡Qué distintas las noticias que a veces, escuchábamos por radio, de todo lo que, ahora, estábamos viviendo!... Al otro lado de las imponentes murallas de roca y de nieves que nos circundaban, se debatía una humanidad enloquecida, torturada por sus mismas pasiones, perseguida por su propia avaricia y crueldad, por su insano egoísmo y su falaz hipocresía... Guerras y traiciones, persecución y muerte...

En cambio, entre nosotros, comprobaba a cada paso el deseo de una mutua y recíproca cooperación; de un afectuoso alternar de los unos y tos otros; de un olvido, al parecer ya sincero y efectivo, de las comunes preocupaciones y de los comunes prejuicios que tanto hacen sufrir en todas partes. No podría referirme, aún, a los miembros orientales de esa comunidad monástica, por no estar yo en condiciones, todavía, de penetrar en la vida íntima del monasterio. Pero me basta observar al pequeño grupo de los que habitábamos en el "Hogar". Y siendo tan diferentes unos de otros, encontraba en todos un verdadero deseo de agradar, de cooperar y de comunicarse mutuamente la alegría que cada uno parecía experimentar. El inglés, que me pareciera brusco al conocerlo, era un hombre franco, sencillo, campechano; servicial y pronto a prestar ayuda en lo que fuese menester. La española, jovial, alegre y bulliciosa como una castañuela de su patria, se había convertido en la inseparable compañera de mi mujer a la que estaba iniciando en lo secretos culinarios de la dieta vegetariana que a todos nos servían. Y Nancy, la antigua dama de la Reina Victoria, de quien nos contara Dumpbahar que en esos tiempos había sido sumamente orgullosa y que había estado a punto de suicidarse, en su juventud, por dramáticos sucesos y traición de su marido, era, también, simpatiquísima. Muy medida y cuidadosa en su trato; pero el tiempo y las lecciones del Maestro la habían transformado. Ella misma lo decía sin entrar en pormenores de su vida pasada, que también nosotros respetamos, narraba a menudo interesantes anécdotas y buscaba, siempre, temas alegres y conversaciones amables, como si estuviese deseando, en todo instante, alejar posibles recuerdos pesarosos.

―Quiero gozar del perfume de mis flores, y que ellas nos halaguen, por igual a todo el grupo, sin que nunca, puedan hincarnos sus espinas... ―decía, con frecuencia, al discurrir por los jardines.

En cuanto al egipcio y el judío, siendo relativamente nuevos aquí, se les notaba como niños recién ingresados a una casa extraña. Ambos hablaban inglés correctamente y en esa forma nos comunicábamos; sólo Maruja, que hablaba poco inglés, tenía dificultad de entenderse con ellos. Pero su bondad y cariño se los demostraba en toda forma. Rahmojan les estaba dando clases de castellano, y me había pedido ayudarlo en tal sentido. Por ello, procurando enseñarles nuestro idioma, me estaba familiarizando día a día con los dos. Se trataba de magníficos muchachos. Uno de 30 y el otro de 38 años, resultaban acá la prueba viva de la falsedad de nuestras convicciones políticas y religiosas que, al otro lado del mundo, arrastraban a la masa de sus pueblos a perseguirse y matarse a cada instante... En cambio, en Janlitpur, esos dos hombres trabajaban como hermanos y se sentían hermanos... Así me lo dijeron muchas veces. Y la prueba era que habían sido traídos, como nosotros, por un OVNI para ser adiestrados, también, para Ganímedes...

Así estaban las cosas, cuando una mañana, el Maestro me invitó a dar un paseo .por el campo. Rosita y los muchachos se entretenían, con la española, en arreglar y asear la casa, y los demás estaban en sus respectivas ocupaciones. Fuimos bordeando la laguna, y continuamos junto al riachuelo en dirección hacia el extremo del valle por donde descendían de las cumbres los hilos de plata de los arroyuelos que alimentaban ese curso de agua. Llegados al lugar, Rahmojan se detuvo ante los matorrales de un pequeño bosquecillo a cuyo fondo se divisaba una gran oquedad en la pared rocosa del elevado farallón.

―Todo este tiempo ―me dijo― te he instruido sobre la necesidad de gobernar nuestras pasiones, de transformar nuestros instintos y deseos, de controlar todos los impulsos de nuestra psiquis para convertirnos en los dueños y señores de nosotros mismos; para no ser títeres de las circunstancias ni del prójimo; para vencer todas las tendencias hacia el mal, y practicar el bien... Hemos ido analizando cómo destruye el mal y cómo construye el bien, porque el BIEN y el MAL son fuerzas ciegas que coexisten en el Universo y que pueden influir sobre nosotros según nosotros estemos preparados para recibirlas. .. Les he enseñado, también a ustedes, que todas las fuerzas del Cosmos nos afectan, en una u otra forma, según como nosotros nos encontremos en esa "escala" simbólica del sueño de Jacob, que va ustedes conocen, que significa el Camino de la Evolución... Por tanto, las fuerzas del BIEN o del MAL influirán sobre cada uno en la medida en que cada ser se encuentre más o menos cerca o más o menos lejos de los peldaños inferiores de la mencionada "escala". Esto significa ―ya ustedes también lo conocen,― que cada ―escalón o nivel representa un grado menor o mayor de adelanto o atraso en la milenaria marcha hacia el Progreso... La fórmula sapientísima de Hermes Trismegisto: "Como es Arriba es Abajo" se cumple en todo el Universo, o sea que lo más ínfimo es como lo más grande, y que todo en el Universo y en el Cosmos marcha desde lo más pequeño y primitivo, hasta lo más grandioso y supremo...

Y siendo las fuerzas del MAL el resultado de la imperfección primita va en sus más amplios alcances, y siendo las fuerzas del BIEN, la resultante de la sublimación de valores en el otro extremo del Cosmos y de la Vida, o sea el simbolismo de la "Escala de Jacob", el problema se reduce a ir subiendo los peldaños de la escalera, esforzándonos por alcanzar los niveles superiores que cada uno, paso a paso, nos aleja de las fuerzas inferiores, o del MAL, y nos acerca a las fuerzas superiores, o del BIEN... Pero en este trabajo, que alegóricamente parece tan sencillo, entra el juego de todas las fuerzas del Cosmos, o sea las infinitas influencias de todo orden que nos rodean, constantemente, en el curso de la Vida, tanto material, como psíquica y espiritual. Por eso es necesario cuidar, prolijamente, cuanto se relacione con nuestra evolución. No podemos llegar con rapidez a la Perfección, si no estamos debidamente preparados, si no contamos con las armas e instrumentos adecuados a la eterna lucha hacia el progreso; si no sabemos cuates son esas armas y cómo usarlas. Tú, al ser miembro de Nuestra Antigua Orden, sabes ya cuanto se relaciona con la marcha de la Evolución, los niveles o Planos de la Vida y la Ley de Pluralidad de Existencias o de la reencarnación... Pero te falta mucho, todavía, para conocer los secretos de la Naturaleza y los medios de que Esta se vale para ayudamos a subir en la simbólica escalera... Y muchos de esos secretos se refieren a la mejor conservación y cuidado de nuestro cuerpo físico, porque no hay que olvidar que somos un todo integral, un conjunto homogéneo y maravilloso de cuyo mejor o peor funcionamiento somos íntegramente responsables.

La mayoría de la gente, el hombre común de las ciudades y los campos, en mundos atrasados, aún como es el nuestro, ignora en su totalidad, cómo somos, cómo estamos formados, de dónde venimos y a dónde vamos... Cómo debemos portarnos y tratarnos si queremos vivir bien y ser felices... Si queremos avanzar en la escala del progreso, y si deseamos alcanzar las cumbres luminosas de la FELICIDAD y de la SUPERACIÓN... Y por esa ignorancia, desde los más remotos tiempos nuestra humanidad ha sufrido y sufre, muchas veces inútilmente... porque muchos sufrimientos son útiles cuando se conoce la verdad oculta de ellos... pero el que está ciego y sordo todavía, ni puede ver el abismo que lo acecha ni puede oír las voces de alarma que lo prevengan contra el mismo...

Y entre los muchos elementos que nos sirven de prevención, de ayuda y protección en nuestra marcha, está la forma como alimentamos y cuidamos nuestro cuerpo. Pues esta máquina maravillosa, como toda máquina material, requiere de cuidados y necesita combustibles adecuados. Si a cualquier máquina de acero la tratamos mal, no le damos el combustible adecuado, ni nos preocupamos por el lubricante que requiere, esa máquina marchará mal, se descompondrá y terminará por destruirse o malograrse... ¿Nos extraña que nuestro cuerpo, una máquina finísima, responda mal si la tratamos mal y no la alimentamos con los elementos adecuados para su normal funcionamiento...?

Mientras él hablaba habíamos ido avanzando, paso entre paso, por el bosquecillo. Ahora estábamos frente al gran boquerón que se adentraba en la pared rocosa del farallón. El Lama hizo una pausa, y mostrándome aquella oquedad me dijo que lo siguiera. Penetramos en una especie de túnel que se anchaba hasta formar una espaciosa caverna. Rahmojan prendió una linterna que trajera consigo y el recinto apareció enteramente cubierto de estalactitas y estalagmitas que brillaban con diferentes coloraciones al ser iluminadas. El espectáculo era bello en verdad. Las formas cristalinas se adentraban en el corazón de la montaña perdiéndose en la obscuridad del fondo. El ambiente estaba saturado de humedad y un frío intenso me obligó a arroparme nuevamente con la gruesa túnica que me quitara en el trayecto por los templados rayos del sol.

―Sólo estaremos un rato ―me dijo el Maestro―. He querido mostrarte este lugar para que veas algo que te va a interesar. Mira...

Y dirigió la luz de la linterna hacia un rincón. Allí se veía un pequeño charco de agua en medio de unas peñas cubiertas por un musgo negro, y en todo el terreno aledaño a esos pedruscos crecían unas plantas raquíticas, de hojas carnosas de color azul obscuro, parecidas a los cactus.

―No las toques ―me advirtió―; son venenosas. Aun al tacto pueden irritar la piel en forma grave... De esta planta sale el elixir que viste hace un tiempo en nuestro laboratorio. Aunque parezca absurdo: su jugó venenoso es transformado en un extracto que ayuda a conservar y prolongar la lozanía y juventud de los tejidos de todo nuestro cuerpo... Para cosecharlas hay que trabajar con pinzas, hasta el momento de su neutralización... Pero si esto tiene especial importancia como coadyuvante en todo el proceso, lo principal consiste en el género de vida, costumbres y alimentos que se empleen. Las claves de la longevidad podrían ser aplicadas por todos los seres. Pero en este mundo son muy pocos los que saben lograrlas, pues implican sacrificios, disciplinas y fortaleza de espíritu y de voluntad que no todos llegan a aceptar. Salgamos, y por el camino seguiré hablándote de este secreto milenario...

Los rayos del sol volvieron a confortarme. La cueva, con toda la belleza de sus estalactitas, me había causado una impresión penosa. Y la explicación acerca de esas plantas me había intrigado.

Mi estado de ánimo no pasó inadvertido para el Lama, Con una sonrisa burlona y su acostumbrado tono paternal, me recomendó activar mis esfuerzos por sobreponerme a las emociones.

―Quien no pueda dominar sus emociones, jamás podrá avanzar en los terrenos de la superación personal y de la transmutación del YO SUPREMO. Y quien no logre ser el dueño absoluto de su ser interno, de su psiquis, no puede pretender el triunfo en la conquista dé la perpetua juventud... Mucho pueden hacer ciertos alimentos, ciertas dietas y esa esencia de la planta que le acabo de mostrar... Pero la clave principal de este proceso está en nuestra alma...Aunque pueda parecerte exagerado, según el alma de cada uno, según e1 estado y funcionamiento de nuestro "Cuerpo Astral" o Alma, así será la marcha y los resultados posteriores en la evolución del cuerpo físico. Todos los metafísicos, los conocedores de los planos superiores de la vida, saben cómo y por qué las partes espirituales y fluídicas de todo el conjunto de nuestro YO, Influyen, actúan y modifican en las partes materiales, por la misma razón que en los mundos invisibles a partir de la Cuarta Dimensión, se planifican, dirigen y vivifican todos los hecho y las cosas del mundo material... Si tenemos en cuenta esta verdad esotérica, no nos será difícil comprender que nuestros pensamientos y acciones puedan influir decisivamente en la fisiología y desarrollo de toda nuestra vida orgánica. Las emociones, ideas y pasiones actúan directamente sobre todos y cada uno de los órganos de nuestro cuerpo físico. Este es un hecho ampliamente conocido. Todos sabemos que, por ejemplo: un violento acceso de ira o de terror puede producir un colapso cardíaco. Y es común el caso en que un gran temor o un gran susto devengan en trastornos del aparato digestivo y urinario. Muchas personas delicadas del hígado, acusan síntomas comunes de excitabilidad nerviosa y hasta caracteres irascibles coincidentes con crisis hepáticas y reversiblemente, determinadas emociones fuertes pueden motivar trastornos en dicho órgano... La gama de relaciones entre lo visible y lo invisible es infinita. Por eso, la base de un adiestramiento hacia la longevidad radica en nuestra parte psíquica... Si dejamos que nuestros pensamientos, nuestras formas de idear y de actuar, sean violentos, depravados, venenosos, estamos cargando de venenos mentales y fluídicos nuestro organismo. Es como si echáramos limaduras de hierro en el lubricante de un motor, o si mezcláramos el combustible con substancias neutralizantes y ajenas a la combustión. Malograríamos por completo ese motor... Así también, malogramos, a cada instante, el normal funcionamiento de todos los órganos de nuestro cuerpo, según introduzcamos en él elementos físicos o psíquicos inapropiados. Y esto es lo que hace, cada día, la generalidad de los humanos...

Caminábamos, otra vez, junto al riachuelo. El Lama se detuvo, contempló un rato las vertientes iluminadas por el Sol y dijo, como si hablara consigo mismo: ―Qué lindo espectáculo... tenemos el agua más pura que se podría desear... Miles de años han sido lavadas esas rocas por las aguas de deshielo de las cumbres, y acá no hay nada ni nadie que enturbie o contamine esta corriente.

―Permítame, Maestro; ¿cómo es posible que vivan esas plantas en la obscuridad de la caverna?
―Es una especie que no pertenece a este mundo. Fue traída por Hermanos Superiores de aquel otro astro que tuvieron comunicación con Nuestra Orden desde hace más de tres siglos. Ya tú sabes, y lo has dicho en tu libro, que los habitantes de Ganímedes vinieron muchas veces, en distintas épocas, a visitar y ayudar a determinadas personas o pueblos. Sabes también, que Nuestra Orden es muy antigua... Mi Maestro me explicó lo mismo, y me enseñó lo que yo les enseño a Uds... Esas plantas fueron traídas en envase hermético, pues la luz del sol las malogra por completo. Así también, tenemos que sacarlas de la cueva cuando se necesita cosechar una parte. Bastan pequeñas cantidades de los carnosos tallos para la producción del elíxir, porque éste, a su vez, es empleado sólo por gotas. Más adelante irás conociendo todo cuanto sea necesario; pero debes tener presente que el uso de tal fármaco requiere conocimientos y preparación especiales: no todos lo pueden emplear, pues si lo usaran quienes no observen simultáneamente el régimen de vida y alimentación que nosotros seguimos, podría tener resultados fatales...


CAPITULO VI
Venenos y Antídotos Psíquicos


En páginas anteriores de esta obra, he dicho, varias veces, que mi propósito es complementar las enseñanzas recibidas y que se encuentran en mi libro "YO VISITE GANÍMEDES...", con las nuevas lecciones que estamos aprendiendo. Eso implica, por tanto, el previo conocimiento de todo cuanto se explicó en el libro anterior, muy particularmente lo que se refiere a conocimientos esotéricos y a lo que se revelara acerca de la Cuarta 'Dimensión.



De otra manera, resultaría incomprensible mucho de lo que ahora explico en este trabajo. Y no puede ser de otro modo, porque siendo este libro la continuación del anterior, estaríamos duplicando inútilmente la información [trascendental sobre temas que no están enfocados hacia el lector frívolo, o el simple curioso. Estas páginas, como las de mi mensaje de entonces, están dedicadas a quienes, con sinceridad y propósito firme de conocer La Verdad y recibir más LUZ, desean aprender y trabajar, seriamente, en el Sendero de su propia PERFECCIÓN...

Por tanto, prescindo hoy de explicar las nociones básicas sobre los Planos de la Vida, sobre las Leyes cósmicas de la Evolución, de la Pluralidad de Existencias y la Mecánica de la Reencarnación, fundamentos que, con la estructuración básica del Cosmos, fueron ya explicados en "YO VISITE GANÍMEDES..." a manera de los cimientos del edificio de nuestra preparación física, psíquica, mental y espiritual.

Veamos, entonces, cómo procede nuestra humanidad, a ciegas, y cómo deben proceder aquellos que ya anhelan una luminosa y elevada superación.

Ya se ha dicho que nuestra humanidad se mata antes de tiempo, exclusivamente por motivos de ignorancia. No voy a ocuparme, ahora, de la muerte ocasionada por unos contra otros en las tantas formas conocidas por la Historia y las crónicas mundiales No... voy a tratar acá, de la forma personal en que cada ser, cada individuo, acelera, inconscientemente, el proceso de su propia destrucción. Los humanos en la Tierra, se envenenan día a día sin saberlo, pues quienes saben la verdad oculta del fenómeno conforman una reducida minoría, repartida, escasamente, por el Orbe.

En todas partes, cuando se habla de venenos, se piensa, únicamente en tóxicos físicos, en substancias materiales de efecto letal, en agentes externos que al introducirse en et organismo producen la muerte. En determinados círculos técnicos, se conoce, también, que muchas de las cosas que la gente consume a diario, pueden tener efectos más o menos tóxicos en circunstancias especiales. Y un sector de los médicos repartidos por el mundo, puede conocer hasta qué punto llegaría a ser nociva la acción de tal o cual substancia empleada para la alimentación común y general, al tratarse de personas afectadas por algún trastorno orgánico o funcional. Sobre esto vamos a ocuparnos más adelante.

Pero aparte, de todo eso, existe un amplio campo de acción, en donde los venenos psíquicos y mentales se ponen de manifiesto para quienes conocen de estos temas. Esta ha sido una de las partes más importantes de la enseñanza integral de todas las escuelas esotéricas, y uno de los pilares principales de todo adiestramiento iniciático desde la más remota antigüedad. La mente y el pensamiento, en primer término, y la voluntad al actuar sobre toda nuestra vida interna, moldean, sin que nosotros nos demos cuenta, el conjunto de efectos reflejos de nuestras acciones diarias, y esos efectos, en relación directa con las causas que los generan, pueden provocar una serie de situaciones o acciones específicas en la marcha total de nuestra fisiología. No olvidemos que todo nuestro cuerpo funciona bajo el estricto control del sistema nervioso, o mejor dicho, de los varios sistemas nerviosos. Y estos dependen del cerebro y de la médula espinal que a su vez, reciben las órdenes y actualizan en el mundo físico lodos los impulsos y sugerencias de la parte astral y mental de los planos suprafísicos. Así nuestra PSIQUIS gobierna y controla el proceso total de desarrollo y evolución del ser.

Si comprendemos esto y calculamos sus alcances, entenderemos cómo es verdad que nuestra vida física depende, en íntima y estrecha relación, de nuestra vida psíquica y mental. Entonces ya no resulta absurdo hablar de venenos psíquicos y de sus antídotos. Y esta gran verdad, evidenciada por todos los Grandes Iniciados de la Historia, por todos los Maestros, Adeptos y Discípulos ocultistas, tiene su aplicación directa en las normas de vida, regímenes, disciplinas, y dietas especiales conocidas desde la más remota antigüedad y practicadas por quienes llegaron al convencimiento profundo de estas ciencias.

Ya lo dijo el Sublime Maestro y Señor de nuestro sistema solar, Jesús, El Cristo, cuando expresara que según fuéramos en nuestro corazón, así sería nuestra vida... Quería decir que nuestra vida física se normaría conformé a nuestro modo de pensar. Y por lo tanto, veamos con ejemplos simples, de qué manera actúa nuestra vida psíquica en el comportamiento general de nuestro cuerpo. Ya todos saben cómo ciertas emociones producen efectos inmediatos sobre la marcha normal de nuestros órganos internos. Cuántas veces hemos visto que después de un violento ataque de ira, la persona ha sufrido un síncope cardíaco, o que la cólera mal reprimida en horas de ingerir los alimentos ha causado trastornos digestivos, descomposición y diarreas. De igual manera conocemos que un susto, una súbita impresión de miedo, puede ocasionar iguales consecuencias, o la repentina e incontenible emisión de orina. Y para todos no es extraño que cualquier gran preocupación nos impida dormir y nos llegue a producir dolores de cabeza... La medicina moderna sabe hasta qué punto las preocupaciones, las angustias prolongadas, la ansiedad constante de la gran mayoría de las personas en la intensa lucha por la vida, son causas inequívocas de las úlceras gástricas, porque trastornan el normal funcionamiento y las secreciones internas del aparato digestivo.

Y en estos tiempos en que tanto se habla del sexo, ¿no se sabe, también, que pensamientos de temor o de adversión pueden producir una momentánea impotencia, impidiendo la consumación del acto sexual entre dos personas mal avenidas?... La gama de las manifestaciones anormales de nuestra fisiología o nuestro metabolismo por influencia de nuestros estados de ánimo, de nuestras emociones o modos de pensar, puede decirse que son tan vastos como sea el dominio que nuestra vida psíquica ejerza en cada uno. Así como estemos esclavizados por nuestras pasiones y resultemos títeres de nuestra subconciencia, así será la mayor o menor relación que en nosotros exista entre los síntomas morbosos y las malas formas de pensamiento que en nosotros se encuentran.

Es por eso que todo ser humano debería conocer esa estrecha relación entre lo físico y lo suprafísico. Entre lo visible y lo invisible; entre la máquina material de nuestro organismo y las fuerzas invisibles que sobre ella actúan. Estamos formados por varios conjuntos, elementos o estructuras, vehículos o cuerpos, como prefiramos llamarlos, que se compenetran los unos a los otros en la construcción integral de todo nuestro YO. Como en la estructuración de la más complicada máquina moderna y aún más, porque en los más avanzados productos de nuestra moderna electrónica podemos separar en dos campos lo que es material de lo que es energético o potencial. Pero en el ser humano esta división llega hasta la clasificación de siete y diez estados o niveles de sustancia, esencia y fuerza... Estados o niveles que corresponden a otras tantas divisiones en que la MATERIA y la ENERGÍA se presentan y manifiestan en el COSMOS, o en la Naturaleza. Ya de esto nos habíamos ocupado al tratar de la Cuarta Dimensión en nuestro libro anterior. Recordemos, solamente, que a cada una de esas divisiones o planos de vida en la construcción integral del Universo, corresponden determinadas características propias e independientes de las leyes que en cada plano o mundo actúan o tienen su esfera de influencia, ajenas, en cierto modo a las de los demás planos o niveles de vida y manifestación. Esto que puede ser conocido ampliamente a través de las muchas obras que describen la constitución del Cosmos en las abundantes bibliotecas esotéricas repartidas por todo el planeta, especialmente las numerosas obras rosacruces o teosóficas, de las que recomendaríamos leer "'CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS", por Max Heindel, que se encuentra en cualquiera buena librería esotérica, es la verdadera clave para comprender, primero, y poner en práctica, después, el método que puede enderezar nuestra sinuosa y desequilibrada vida.

Porque la mayoría de las gentes ignoran cómo están formadas y cómo deberían actuar si desean evitarse molestias y sufrimientos inútiles, muchos de los cuales sólo provienen de la ignorancia de todos ellos acerca de estos temas y al desequilibrio permanente que, por esa misma ignorancia, están produciendo, día, a día en lo que debería ser la marcha armoniosa y perfecta de todo su YO...

Para que podamos vivir, actuar, desarrollarnos en un mundo como nuestro planeta Tierra, es preciso que se conjuguen y se compenetren, uno con otro, todos aquellos cuerpos o diferentes porciones del completo mecanismo del YO INTEGRAL de nuestra persona. Porque entre la parte más material, o sea el cuerpo físico visible, audible y tangible, y el espíritu inmortal que lo anima, o sea el YO SUPREMO, sólo puede establecerse una comunicación permanente y adecuada si se entrelazan los elementos intermedios correspondientes a los diferentes planos o estados de materia y energía que existen entre el Reino del Espíritu y el Mundo Físico, o de las formas de materia y energía que estamos acostumbrados a conocer en el mundo profano... Y entre esos elementos, niveles o vehículos de acción y de propulsión, están la MENTE, o manifestación del mundo del PENSAMIENTO; el ALMA, o Cuerpo Astral como la llaman en Oriente, vehículo específico de todas las formas de Deseo, de Emoción y de Pasión, o sea la parte de nuestro YO que norma y dirige toda nuestra vida emocional; y el DOBLE ETERICO o Cuerpo Vital, que impregna todos los átomos, moléculas y células de nuestro Cuerpo Físico, para permitirle recibir y asimilar las diferentes formas de energía, externas e internas, necesarias para su vida y desarrollo. Este último, sin cuya presencia y trabajo no puede tener vida ni relación alguna el edificio o máquina constituida por el Ser, es como el puente entre los mundos o planos superiores de existencia, con el ESPÍRITU en la cumbre, y su vehículo de manifestación terrestre, el cuerpo material visible.

Y si entre ambos se interpone el ALMA, o vehículo de la vida emocional, gobernante de toda nuestra vida psíquica, y su influencia es ejercida más o menos poderosamente sobre ese puente o lazo de unión pon la parte orgánica, o sea el fluídico e invisible Cuerpo Vital o DOBLE ETERICO vivificante del Cuerpo Físico, podemos comprender cómo podrá ejercer su tremenda influencia en todo nuestro organismo, en su fisiología y en su metabolismo, la más o menos tiránica acción del Alma en todos los fenómenos de nuestra vida de relación y en el desarrollo de nuestra personalidad y en nuestra total existencia.

Por eso es que el Pensamiento, fuerza y manifestación de nuestro mundo MENTAL, al evidenciarse a través del Alma y de su mundo psíquico, puede actuar en una u otra forma según sea su mayor o menor energía. Si nuestra energía mental es débil, si nuestro pensamiento no posee el vigor necesario para imponerse al MUNDO ASTRAL, al Reino del Alma, y se deja dominar por todas las tremendas fuerzas negativas que operan en este vasto plano de la Naturaleza, al manifestarse en el mundo físico llevará en sí el cúmulo de influencias nocivas de que se impregnó al pasar por ese mundo psíquico; así como puede llevar, también, los influjos y tendencias nobles y armoniosas de los niveles superiores del mundo del Alma, cuando éste sea guiado, ya, por la Sabiduría y el Amor de los Planos Superiores, en seres que han logrado superarse y dominar todas las bajas y nefastas influencias de los subplanos inferiores del MUNDO ASTRAL.

Con este elemental bosquejó podremos, ya, comprender mejor el proceso que sigue nuestra vida interna psíquica y su ultima relación con el funcionamiento de todo el organismo. Los conocedores de estas ciencias, a través de largo estudio, saben de la existencia de centros vitales de energía cósmica y magnética dentro de aquel DOBLE ETERICO, correspondientes con la ubicación en nuestro cuerpo de las glándulas endocrinas o de secreción interna. En el Oriente se les llama "chacras". No vamos a ocuparnos ahora de esto, porque su estudio y conocimiento requieren una más avanzada preparación, ajena al mundo profano. Bástenos saber que a través de tales errores, la vida interna del ser humano se desarrolla y modifica, según el comportamiento de su mundo psíquico, y la mayor o menor capacidad del sujeto para dominar y guiar todas las sugestiones que surjan de ese poderoso MUNDO ASTRAL.

Si nuestro MUNDO MENTAL es todavía imperfecto, débil o enfermizo y no alcanza en vigor y en elevación la suficiente energía para imponerse y avasallar a nuestro MUNDO PSÍQUICO o del Alma, las consecuencias se harán ostensibles en la imperfección de nuestra vida, tanto externa cuanto interna. Por eso hemos dicho, al comenzar, que existen venenos y antídotos psíquicos. Todas las bajas pasiones, los apetitos groseros, los instintos bestiales que nos acercan a la animalidad, producen en todo ese conjunto invisible que acabamos de bocetar, una serie, más o menos grave, de efectos incidentes, en la marcha del Doble Etérico y de su armonioso funcionamiento sobre nuestro organismo. Cada tipo de emoción, cada impresión recibida por nosotros, actúa directamente sobre ambos. Para los poseedores de la facultad de la clarividencia desarrollada y consciente, es fácil ver cómo se desenvuelve el proceso en el interior de un sujeto: según sea la clase dé emoción o la impresión recibida, un torrente de fuerzas, negativas o positivas, emanan de aquellos centros de potencia vital o mortífera, antes mencionados. Todo, en el Universo, es VIBRACIÓN, y las vibraciones tienen imágenes, visibles en los dominios de la Cuarta Dimensión. (Ver lo explicado en mi libro "YO VISITE GANIMEDES..."). Así puede apreciarse de qué manera afecta un órgano determinada pasión, emoción o impulso del Alma, actuando a través de ese torrente de partículas luminosas, de todos los colores del espectro, en gamas de alcances infinitos, íntimamente ligadas a las vibraciones más altas o más bajas, en ese concierto cósmico dé valores en que los más bajos niveles de toda expresión vital corresponden a los más nocivos agentes de morbosidad para el equilibrado funcionamiento del conjunto, así corno los más puros y elevados anhelos sublimizan y vitalizan los fluidos y los etéricos controles de nuestro CUERPO VITAL...

De tal suerte, resultan venenos psíquicos las diferentes pasiones comunes a nuestra humanidad: la ira, en sus distintos aspectos, desde una mal reprimida sensación de cólera, que nos mortifica sordamente, hasta la explosión incontenible de furor que nos lleva a realizar un acto de violencia incalculable y feroz. El odio, desde sus formas hipócritas o disimuladas en un reservado sentimiento de aprensión, hasta los más virulentos accesos de venganza y destrucción. El egoísmo, ese insidioso enemigo del alma, que tanto se confunde con un mal entendido amor propio. El orgullo, que también pretende disimularse con falsos conceptos del honor y con antojadizas pretensiones de un exagerado amor propio. La vanidad, su hermana, que lleva a los hombres a las más variadas y sutiles formas de ostentación. La avaricia, con toda su corte de especulaciones y sus más disimuladas variantes en que la ambición llega a trastornar las relaciones humanas en todos los campos de la diaria actividad... Y ¿qué diremos de la lujuria, cuando, al cegar a los humanos llega a convertirlos en despreciables guiñapos, repugnantes, malévolos y criminales...?

Y así, aquella larga lista de todas las deformaciones de que es susceptible el alma humana. Y no se piense que cometo un error al decir "el alma humana", pues los animales también poseen un alma... Pero en nuestros hermanos menores en la Creación, los seres del reino animal, su alma está exenta de la malicia que a nosotros nos asedia a cada instante. Son inocentes y, por lo tanto, puros. De allí que a un animal le sea mucho más fácil curarse, sin medicinas, ni médicos, que al hombre. Y todavía, en el reino vegetal, esa pureza es aún mucho más grande y vemos, también, cómo las plan―las se curan y se rehacen de los más torpes ataques, de las más tremendas mutilaciones, subsistiendo hasta de los mis pequeños brotes, con la frescura y alegría propias de quien vive en perfecta armonía con el Universo...

Una fórmula muy simple de conocer, de inmediato, si estamos pensando o actuando mal, es la Crística recomendación de hacer con el prójimo como quisiéramos que se hiciese con nosotros... ¿Puede haber un procedimiento más sencillo? Con este termómetro en la mano auscultemos nuestra propia consciencia, y conforme sean los resultados del examen, apliquemos los antídotos correspondientes. Para ello no hacen falta médicos, ni enfermeras, ni farmacéuticos. Nosotros mismos podemos recetarnos la medicina psíquica requerida por el veneno que trastorna nuestra vida interior. Pero para eso es necesario ya, una preparación previa, en que muchas veces hará falta la ayuda de un buen amigo y consejero. Porque muchos, la mayoría, pueden estar ciegos, todavía, para reconocer sus propias faltas, sus debilidades enfermizas, esos "talones de Aquiles" que todos tenemos, puntos vulnerables de nuestra consciencia y de nuestra alma... Y en tales casos, la presencia de un maestro, de un consultor, sí puede ser precisa, como es necesaria para el enfermo común la asistencia de un galeno...

Y si se aplica el antídoto, o sea la virtud opuesta al vicio que nos trastorna, veremos cómo, poco a poco, desaparecen los mates que nos estaban torturando, las misteriosas dolencias que nos aquejaban y que en muchos casos eran sólo las derivaciones o reflejos de la desarmonía interna establecida por las causas invisibles, en todo el complicado sistema de nuestra persona física, al ser dominado por ése Cosmos infinito como la gota de agua en la inmensidad de los mares...


CAPITULO VII
Las Influencias de la Luna Negra


Pasaba el tiempo y nos íbamos acostumbrando a la nueva vida en Janlitpur. No había lugar para aburrirse, pues todos teníamos algo que hacer diariamente. Yo alternaba mis horas libres de lección entre labores del campo, junto con algunos monjes y los dos Hermanos últimos, el árabe y el israelita, y otras veces ayudando a la inglesa en el cuidado de los jardines. Mi esposa, trabajaba en el cuidado del Hogar, acompañando a la española y en esas labores domésticas también tomaban parte los dos niños.



Así fuimos intimando con todos. Y de esa amistad aumentada día a día, salieron nuevas relaciones en cuanto a la personalidad y la historia individual dé cada uno de esos nuevos compañeros. Maruja, con su alegría y locuacidad hispánicas, fue la que más pronto se confió en nosotros. Su constante permanencia al lado de mi mujer se tradujo en una íntima confianza que nos hizo participar del panorama de su vida: Huérfana desde muy niña, había crecido al amparo de una madrina rica, en la casona de una orgullosa familia de la España de fines del siglo XIX. Y en tales circunstancias quedó trazado su destino como criada de confianza de aquellos señorones. Su madrina, la señora de la casa, tenía dos hijos, siendo el menor el más engreído. Mimado hasta la exageración por la madre, era un muchacho egoísta, caprichoso y enfermizo, acostumbrado a que le dieran gusto en todo, recurriendo a las rabietas y el llanto cuando lo contradecían en sus antojos. El otro, diez años mayor, estudiaba medicina y ya estaba de novio con una joven hija de amigos íntimos de la familia.

Al pasar los años, Manija se convirtió en una hermosa adolescente, dedicada a las labores domésticas de la casona, junto con un viejo mayordomo de toda la confianza de los patrones. Y el niño mimado era ya un mozo en la plenitud de sus pujantes veinte años, acabado de regresar, por vacaciones, de la Universidad Agronómica donde el padre lo obligara a internarse, en el deseo de hacer de él un ingeniero y de curarlo de los engreimientos maternos. Así las cosas, la mucama fue asediada, desde un principio, por el estudiante, que no era mal parecido y alardeaba―de una audacia muy propia de su edad y de las circunstancia favorables que se le presentaban en aquella casa en donde, por entonces, era ya el único huésped filial, pues el otro hijo, ya recibido de médico, se había casado y vivía fuera con su esposa.

No es de extrañar que la criada, adolescente, bella y bien dotada por la Naturaleza, constantemente perseguida por el mozo, cayera al fin en la trampa y fuera a parar a los brazos desnudos del pujante seductor... El se había valido de la vieja estratagema de prometerle cielo y tierra. Y ella, sin más mundo que las cuatro paredes y los rostros severos de sus patrones, porque su madrina era orgullosa, cedió al ardid y obedeció al deseo sexual, ante él apasionado ataque del nuevo tenorio...

Después, fue lo de siempre... A las noches furtivas de pasión y de promesas, a las caricias de fuego y los orgasmos del sexual deleite, sucedieron los días de alejamiento y abandono, las horas de incertidumbre y ansiedad, mientras la naturaleza iba avanzando en su normal proceso y se acercaba el momento en que ya no se podría ocultar el embarazo...

Y al descubrirse el hecho y rechazar el padre la paternidad del hijo por / nacer, vinieron las horas de calvario para la futura madre. Su vida de encierro y por tanto de pureza, fueron pruebas que evidenciaban cómo había sido seducida, únicamente, por el engreído y egoísta hijo de la familia. Pero el honor de ésta debía ser guardado, había que salvar las apariencias y solucionar el problema... Y la solución estuvo a mano: el hijo mayor, médico y cirujanos se prestó, por consideraciones a ese "honor de la familia", a cometer el crimen de eliminar una vida inocente en el claustro materno...

Corrió el tiempo. El secreto fue mantenido por todos, y a duras penas pudo continuar Maruja viviendo en esa casa, como retribución y precio de su silencio, y el debilitado concepto del madrinazgo con su patraña. Pero el aborto minó su salud. Las preocupaciones y el mal trato hicieron mella en su cuerpo, y los venenos psíquicos acumulándose en ese organismo al que el hecho antinatural convirtiera en frágil, degeneraron en una grave dolencia pulmonar. La tuberculosis atacó a Maruja. Y en esos lejanos días en que la ciencia no contaba, aún, con los medios de que hoy dispone para dominar el mal, iban acentuando la crisis. El temor de la familia determinó el aislamiento completo de la enferma, y ese mismo temor, en parte, fue el camino de que se valió la Providencia para abrirle las puertas al nuevo Destino...

Por eso días, el dueño de casa había hecho conocimiento con Rahmojan Dumpbahar, quien realizaba determinados estudios de historia española en la universidad del lugar. El Lama frecuentaba la casona y tenía en ella gran predicamento. Enterado de la enfermedad que aquejaba a la joven, se interesó por ella. Maruja, al recordar aquellos días, nos dice, con gran emoción:

―La presencia del Maestro fue para mí como el despertar de un nuevo día; de una etapa nueva de luz y de esperanza... Desde su primera visita a mi lecho de enferma, sentí por él una atracción muy extraña: como si en sus ojos hubiera un imán que me iba a juntar con él para toda la vida... Y no era un tipo de atracción humana ni sexual... Era algo así como el respetuoso sentimiento de adoración que pueda inspirar un ser divino... Al verlo y hablar con el Maestro, experimenté una serie de emociones encontradas. Vergüenza y deseo de expansionar mi alma, de comunicarte mi secreto, de pedirte su consejo y su ayuda, porque, sin saber por qué, me encontraba ansiosa de ser auxilia―da por ese hombre, sereno y majestuoso en todos sus ademanes, en todas sus palabras. Y el prodigio tuvo lugar. Me visitó varias veces y, al fin, puede hablar un día a solas con él. No pude contenerme y le conté todo lo que había sufrido... terminé llorando, con lagrimas que me salían del alma. . El Maestro me escuchó, silencioso; me miraba, como escrutando el fondo de mi conciencia... al fin habló:
―Tranquilízate, hija mía; yo te voy a sanar...
―No sé ―continuó narrando la española― lo que hablaría con mis amos. Pero el resultado fue que pocos días más tarde me condujeron al campo, a una pequeña y hermosa casita en donde vivía el Lama. Allí, desde el primer momento, me hizo dejar la cama y salir a diferentes horas para tomar el sol y aspirar profundamente las frescas brisas de la mañana y los cálidos vientos del medio día... Me hacía beber unos jugos de hierbas y tres veces, por día, me administraba cucharadas de una sustancia amarga y lechosa que dijo ser la savia de una planta... Al cabo de tres o cuatro meses, estaba como nueva. Me sentía alegre y feliz. Llena de paz y alegría. Trabajaba en la casa limpiando y cuidando de las frugales comidas del Maestro. Había recuperado mis buenos colores y aumentado de peso, y la tos, y otros síntomas de la enfermedad desaparecieron por completo. Así llegó el momento en que Dumpbahar me dijo que estaba curada totalmente... Nuestra amiga hizo una pausa. Nosotros le preguntamos:
―Y ¿cómo fue que viniste hasta acá?
―Poco después del día en que terminó mi tratamiento, el Maestro me comunicó que se preparaba para regresar a la India. Yo me sentí consternada y le rogué que no me abandonara... El contestó que lo pensaría. Pasaron varios días y, como me viera llorar con frecuencia, una mañana, al tomar el desayuno de frutas de costumbre, me miró paternalmente y sonriendo, como si hablara a una chica, me anunció: ―Te voy a llevar conmigo a Janlitpur...


***


Nuestras lecciones con el Maestro continuaban normalmente. Algunas veces las recibíamos juntos, Rosita y yo. Otras, era yo solo el que concurría a las diarias citas con el Lama. En tales casos, transmitía a mi mujer las indicaciones de Dumpbahar, y ambos nos encargábamos de enseñar a nuestros hijos. Los meses iban corriendo y me sentía ya como renovado. Una sensación de paz y de confianza había reemplazado en nosotros la antigua ansiedad con que, muchas veces, despertáramos, al tener que enfrentarnos a los problemas de cada día. Y nuestra íntima manera de pensar se fue modificando poco a poco. Ahora veíamos las cosas como a través de lentes nuevas, y comprobábamos, a cada paso, la poderosa influencia de esa nueva vida en la profunda intimidad de nuestro ser.

Los pensamientos deformados y malévolos que antiguamente nos asaltaran a menudo, se habían alejado de nosotros, que nos sentíamos cual si un bálsamo reconfortante y una serenidad cada vez más grande recorriera, diariamente, nuestras venas y alegrara en todo instante las horas que pasábamos en Janlitpur...

Al comentar estos síntomas, esta transformación tan notable, con Rahmojan, éste, paternalmente, nos decía:

―Es el resultado dé la eliminación paulatina de los venenos psíquicos de vuestras almas... La constante observación que se lleva a cabo sobre cada una de las diferentes manifestaciones de la vida interna, y la paz externa que nos rodea, obran como si fueran medicinas que tomarais para transformar lo negativo en positivo, lo superfluo en útil, lo maligno en provechoso... Por una parte, el régimen vegetariano, exento de toxinas materiales, que tenéis en vuestra alimentación, aleja los trastornos naturales del metabolismo, o sea el desequilibrio orgánico producto de una dieta cargada de toxinas, como la qué generalmente consume la mayoría de nuestra humanidad, que altera el normal curso metabólico, o de asimilación general y ese régimen vegetariano, equilibrado, al asegurar un óptimo aprovisionamiento de materiales para una perfecta asimilación, está proporcionando a vuestro cuerpo los materiales adecuados a su mejor asimilación... Porque el normal funcionamiento de nuestro cuerpo se basa en la perfecta armonía entre los tres sistemas que lo constituyen: el sistema digestivo, el sistema circulatorio y el sistema nervioso. El primero, o digestivo, con todos sus órganos, desde la boca hasta el ano, cumple la misión de transformar los alimentos en linfa y plasma sanguíneo. El sistema circulatorio desde su puerta de entrada, o sea la nariz, hasta su salida por la uretra, transforma el plasma sanguíneo en fluido nervioso, o energía néurica. Y el tercero, o sistema nervioso, asimilando la luz, convierte dicho fluido en energía magnética y da forma al pensamiento... Así pues, lo que comemos y el aire que aspiramos deben ser de singular pureza para asegurar la perfecta salud del cuerpo y de la mente. Las enfermedades de ambos acusan un inadecuado empleo de materiales equivocados, de elementos que trastornan las normales funciones de algunos de esos tres sistemas, y por ende, al producir desequilibrios, rompen la perfecta armonía del conjunto y sus malsanos efectos se traducen en enfermedades del cuerpo y del alma... Pero también debo tenerse en cuenta los factores exógenos, o de influencia externa inmaterial, y entre éstos, que ya iréis conociendo todos, poco a poco, voy a ocuparme, ahora, de la notable influencia que en la mayoría de la persona pueda ejercer nuestro satélite: La Luna.

Es conocida la influencia de ese astro sobre una serie de fenómenos de la Naturaleza. Interviene en la producción de las mareas, en la circulación de la savia de la plantas y en su crecimiento, fenómenos conocidos en todo el mundo por los agricultores para normar las siembras, podas y cosechas. Tiene importante intervención en ciertos efectos telúricos; y sobre el hombre es muy profunda su influencia, especialmente en los temperamentos fuertemente nerviosos.

Las fases del ciclo lunar acusan notables efectos sobre la conducta y actividad de muchísimas personas, y es particularmente notable, en algunas, la fuerte influencia de la fase llamada "luna nueva" o "Luna Negra", y su opuesta o "Luna Llena".

Durante mucho tiempo, el escepticismo ha tratado de conceptuar como supersticiones tales conocimientos. Pero la verdad de los hechos, comprobada a través de los siglos por la experiencia, ha puesto en su correspondiente lugar la realidad de tales influencias. La ciencia ha comprobado cómo influye la Luna en los ciclos menstruales de la mujer, en las funciones de apareamiento y de procreación de los animales, en la maduración de los frutos, en la evolución de ciertos procesos morbosos, en las crisis febricientes y hasta en la cicatrización de las heridas, alargando o disminuyendo la duración de los procesos...

Es muy larga la serie de observaciones acumuladas en el Tiempo. Y si concretamos la variedad de fenómenos, refiriéndonos a nuestra vida psíquica en particular, tenemos un vasto campo de estudio y de experimentación que realizar. Hay muchos que han comprobado, con metódica observación de años, cómo se altera el diario desenvolvimiento de sus actividades, no sólo en el campo psíquico sino también en el de todas las tareas, negocios o trabajo corriente, según pasen por los períodos conocidos de las fases lunares: Luna llena, cuarto menguante, Luna nueva o "Negra" y cuarto creciente. En los más sensitivos, esa influencia se manifiesta de manera muy notable, no solamente en su modo de pensar, en su carácter habitual, en sus reacciones y trato con los demás, sino también en la marcha normal de sus operaciones, ocupaciones o negocios. Tales sujetos, cuando son estudiosos y observadores, pueden advertir que durante la luna que no se ve, o vulgarmente llamada negra, todas las manifestaciones de su diaria vida y actividad se dificultan, entran en un ritmo lento o negativo, sufren trastornos de diversa Índole y llegan hasta fracasar algunos de sus planes o negocios. En cambio, a medida que el satélite inicia las nuevas fases luminosas, con los catorce días que transcurren en la primera aparición del cuarto creciente a la luna llena, va aumentando la euforia y la actividad del sujeto y, por ende, las operaciones y tareas de su normal ocupación que alcanzan un máximo exponente con el plenilunio. Luego, con el menguante, vuelve a disminuir el flujo favorable hasta entrar, de nuevo, en la fase negativa y hasta algunas veces perjudicial de la "luna negra".

Son millones, a través del Tiempo y del Espacio, quienes sintieron y comprobaron este fenómeno cíclico. Y ello se debe a uno de aquellos secretos de la Naturaleza que sólo conocieron y conocen los iniciados de las escuelas esotéricas, iniciáticas, de todas las épocas, y sus alumnos o discípulos: Que la Luna no está desierta, que la Luna es la mansión de una clase de seres vivos y en cierta forma inteligentes, capaces de influir sobre nuestro mundo y sus habitantes...

Puede parecer absurda una afirmación como ésta, muy particularmente ahora, que el hombre ha posado su planta en aquel astro. Pero la población de ese mundo no es de tipo material como estamos acostumbrados en la Tierra a imaginar la vida, a través de nuestros cinco sentidos y en un mundo de tres dimensiones: la población lunar corresponde a esos diferentes tipos de entidades que pueblan la Cuarta Dimensión, Plano Astral o Mundo del Alma.. Seres fluídicos, etéricos, invisibles para el ojo humano común, pero visibles y audibles por el sexto sentido, ese "tercer ojo" que llaman los orientales a la facultad de clarividencia y clariaudiencia, de la cual existen, también, muchos poseedores entre nuestra humanidad. El que nuestros astronautas no hayan podido verlos ni imaginar su existencia, es únicamente debido a que no son clarividentes. La clarividencia es una facultad conocida por todos los estudiosos ~ de las escuelas esotéricas, y si ha sido negada y hasta ridiculizada por los ignorantes de todos los tiempos, no por ello es menos real y extendida a la multitud astronómica de los seres que habitan en los millones de mundos, superiores a nuestro planeta Tierra. Los Hermanos Mayores de Ganímedes la poseen desde niños, como sexto sentido natural y poderoso. Y en la tierra han sido y son muchos los que han logrado desarrollarla y dominarla a voluntad. Se llamaron y se llaman Iniciados, Maestros, Adeptos o Discípulos Adelantados...

Y si nuestros astronautas, al llegar a la Luna, hubieran sido poseedores de esa facultad, de ese sexto sentido, habrían visto y oído a la multitud de los seres que pueblan ese mundo y que, en la Cuarta Dimensión se comunican con nosotros y dejan sentir su influencia en todos los reinos vivos de nuestro planeta. Pero, en su mayoría, pertenecen a los niveles inferiores de la vida en ese plano de la Naturaleza denominado Mundo Astral o Cuarta Dimensión. Y por eso mismo prefieren habitar en la penumbra y en las sombras, porque la luz los intimida y los perturba. No solamente la luz que nosotros conocemos del Sol. Más que todo esa otra LUZ que irradian los mundos superiores más allá de la esfera de influencia del plano etérico o mundo vitalizador que viene a ser el doble de todos los cuerpos o formas físicas concretas. Porque la luz solar que nos conforta y vivifica mediante su asimilación por ese doble etérico, a plantas, animales y seres humanos, oculta otra Luz, mucho más intensa, poderosa y bella, que sólo puede captarse en los dominios de la Cuarta Dimensión, por ser LUZ ESPIRITUAL y por lo tanto inextinguible, invencible y eterna... Y ante esa LUZ, todos los seres inferiores de la Creación, débiles, cobardes y malignos, huyen despavoridos para guarecerse en los tenebrosos planos de la Naturaleza que la imaginación de los hombres entendidos ha bautizado como "Reino de las Tinieblas"... Como la luz solar en el mundo físico está integrada también por esa otra luz suprafísica, los seres inferiores, o elementales, y sus congéneres, espíritus de la naturaleza en los subplanos inferiores, que pueblan nuestro satélite, prefieren agruparse en la parte obscura del mismo, y cuando toda la superficie selenita está en la sombra, como sucede con la Luna cuando se encuentra dentro del cono de obscuridad proyectado por la Tierra, todos esos seres quedan libres de actuar directamente sobre nosotros pues el Tiempo y el Espacio no existen para ellos en la Cuarta Dimensión. Así juegan y se solazan a sus anchas interviniendo en la vida y en el pensamiento de los humanos, que, si son débiles y no conocen de estas cosas, caen fácilmente bajo su control momentáneo, mientras duren las condiciones favorables para aquellos invasores invisibles y más o menos traviesos o malignos.

Cuando el hombre conoce ya todo esto y, a fuerza de estudio y del ejercicio, logra depurar su YO interno, su AURA, o envoltura fluídica de la Cuarta Dimensión, se hace cada vez más luminosa y bella, porque las vibraciones de todo su ser van generando rayos de mayor pureza, esplendor y elevación, como los nimbos de gloría que envuelven a los santos. En tales condiciones los seres inferiores del Astral son rechazados automáticamente por el esplendor del aura, y no pueden tener acceso a la conciencia del sujeto, quedando fuera de su influencia todo el sistema neuro―cerebral de la persona y, por ende, sus pensamientos y acciones. De ahí la gran diferencia entre la conducta de unos y otros seres humanos, y la necesidad imperiosa de que los secretos de la Naturaleza y del Cosmos sean conocidos y difundidos a la mayor parte de nuestra humanidad. Pero, como en la Biblia se dice: ..."que tengan ojos para ver y oídos para oír..." mientras el nivel de evolución de cada individuo no alcance el promedio de altura, o madurez, que le permita comprender estas grandes verdades, su primitivismo lo llevará a caer en la esfera de influencia de los seres inferiores del mundo astral, que pululan en todos los planos más bajos de la Vida en el Universo por la misma afinidad vibratoria que atrae y junta a los semejantes, como en la vida material del mundo físico se juntan las persona afines en modo de pensar o de actuar. Esto corresponde a una de la grandes leyes de la Naturaleza, la Ley de Afinidad o de los Semejantes, que más adelante comentaremos al tratar sobre el grupo de Leyes que deben ser conocidas por todos cuantos deseen, sinceramente/avanzar con rapidez por el sendero de su autosuperación.


CAPITULO VIII
El Pasaporte para Ganímedes


En anteriores capítulos manifesté que del grupo reunido en el Hogar, solamente nosotros, el israelita y el egipcio, nos preparamos para ser conducidos a Ganímedes. Los demás preferían continuar su vida en Janlitpur. Y esto hacía honor a la sabia y hermosa organización de aquel monasterio perdido en las soledades y el secreto de aquella minúscula colonia de nuestra Augusta, Antigua y Soberana Orden... Porque no es un lugar abierto a todos, ni un sitio específicamente dedicado a preparar voluntarios para el satélite de Júpiter. Ya dije al comienzo de este libro, que al sobrevolar las altas cumbres nevadas que rodean este valle, no se podían descubrir ni el monasterio ni el Hogar, cubiertos y disimulados por el follaje de los bosquecillos circundantes. Sólo bajando al nivel del suelo es que se ven los edificios, y esto ha protegido aquel lugar, durante siglos, de la curiosidad o de la ambición de muchos... ¿Quién podría suponer de los que pasaran por esas grandes alturas solitarias, que allá abajo, perdida en la enormidad de los Himalayas, palpita la vida y el sosiego de una reducida colonia de seres que prefieren alejarse de las locuras del mundo para lograr la paz y la felicidad de los altos niveles morales, mentales y físicos de la Vida...? Un sitio distante de todas las rutas aéreas comerciales, al que solo puede llegarse como lo hicimos nosotros o en helicóptero, amén del paso secreto utilizado en otros tiempos, es el refugio seguro, como todos, los de nuestra Orden, para el adiestramiento especial de quienes merecieron tal privilegio en diferentes épocas. Y al estar nuestra Orden en contacto directo con nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes, no hubo inconveniente para que miembros de ella, como nuestros Hermanos ya mencionados, fuesen conducidos por Ovnis hasta ese lugar. Los otros tres, la española, O'Connor y la inglesa, eran discípulos escogidos por el Lama con toda su sabiduría, justicia y autoridad...



Ya hemos conocido la historia de Maruja; la andaluza. Ahora, puede ser interesante la de Nancy, pese a su notable discreción, muchas veces rayaba en hermetismo. Con el correr de los meses y aprovechando la confianza que me brindaba mi continua cooperación en su trabajo de jardinería, pude ir conociendo muchos de los detalles de esa vida que, en su juventud, estuviera llena de amargas experiencias.

De noble alcurnia, emparentada con familias de la rancia nobleza de Inglaterra, cuyo linaje se remontaba hasta los tiempos de Tudor, prefería siempre evitar mencionar su verdadero título y sus apellidos de cuna. Sobre este tema, guardaba silencio. Pero el Lama, con su acostumbrada discreción, me había asegurado que pertenecía a una de las más orgullosas casas de la vieja Escocia. Conducida a la Corte de Londres desde muy niña, había conocido en su adolescencia, a un muchacho hijo de nobles segundones y empobrecidos, de quien se enamoró con la fogosidad del primer amor. El le correspondía con igual devoción, pero sus padres se opusieron a la unión de los jóvenes por razones de dinero. Habían pensado para su hija un mejor partido y persiguieron a los enamorados, hostilizándolos y tratando de separarlos en toda forma. A tal punto llegó la severa oposición, que la muchacha fue retirada de la Corte y conducida nuevamente a Escocia, para alejarla en definitiva del doncel. Pasaron meses, en que Nancy sufrió a solas en el castillo de sus mayores, vigilada como un preso por su terco padre. Pero una mañana, que la vigilancia de éste le permitió pasear a caballo por el frondoso parque del feudo, su sorpresa fue tremenda al sentirse llamada por su nombre y ver aparecer, detrás de unos arbustos, a su amado pretendiente... La sorpresa dio paso a la emoción del encuentro y ambos se estrecharon en un beso de apasionada unión. Rápidamente le explicó él que había venido a buscarla dispuesto a todo, y que si ella lo aceptaba se fugarían juntos tratando de llegar, en secreto, hasta la costa en donde un amigo del muchacho le prometía conducirlos en un balandro hasta las costas de Francia.

Eran los días en que se jugaba, en el Continente, la suerte del Segundo Imperio, bajo los tambaleantes dedos de Napoleón III, amenazado por la invasión prusiana. Los jóvenes decidieron hacerlo, confiando pasar inadvertidos en aquel país, ante la confusión ocasionada por el arrollador avance de los germanos.

Así, aprovechando los pocos momentos en que ella conseguía dar un furtivo paseo a caballo, los enamorados tuvieron varios encuentros y acordaron el plan de fuga para una obscura noche sin luna. El, aprovechando de las sombras y el reposo nocturno, llegaría hasta el castillo y trataría de escalar el muro para poder alcanzarle a ella, una escala de cuerdas con que pudiese bajar, y luego huirían en el caballo de él escondido entre el bosque vecino.

Tal como lo pensaron prepararon los detalles y aguardaron la noche propicia. Días después se presentó la oportunidad. Era una noche lóbrega y de fuerte viento que aullaba entre los árboles del parque. Nancy, pretextando cansancio y frío, se había retirado temprano a su alcoba. Al mediar las horas, cuando ya todos dormían, pudo escuchar el ulular de un búho, señal convenida con su novio. Abrió lentamente la ventana y entre las sombras logró distinguir el bulto cauteloso que se escondía, tres pisos bajo el ventanal. Arrojó a su galán una cuerda formada por varias sábanas anudadas, y éste ató a ella una larga soga de nudos. La muchacha izó la improvisada escala y amarró el extremo a un viejo clavo de sujetar cortinas en el marco de la ventana. Pero vino lo peor: que ella no tenía práctica en tales menesteres y sentía un miedo cerval a deslizarse hacia el vacío desde tanta altura y en una noche tan sombría y con el viento que agitaba la cuerda sin cesar. No podían hablarse por temor a ser descubiertos y Nancy, sentada en el alféizar del ventanal no se atrevía a descender. El mozo al darse cuenta de la situación, optó por subir para animarla. Estaba ya por llegar hasta ella cuando sonó un crujido en la madera del marco y el grueso clavo que sujetaba la cuerda saltó al vacío, con escala y todo, y ella lanzó un grito de espanto...

Pocos, minutos más tardé el castillo entero estaba en movimiento. Sus padres habían acudido a los gritos desesperados de la joven y la servidumbre corría para averiguar qué pasaba fuera. Alumbrándose con linternas, algunos criados llegaron hasta el sitio en que cayera el muchacho. Estaba inconsciente y le manaba abundante sangre de una herida en el cráneo. Al ser entrado en hombros se retorció como en una convulsión y dejó de respirar: tenía la cabeza destrozada y parte de la masa encefálica se escurría con la sangre...

La tragedia afectó de tal manera a la joven,* que tuvo que ser conducida a Londres y guardar cama y tratamiento médico por varios meses... Después, el tiempo fue haciendo su labor de bálsamo. Pasaron algunos años y, al fin conoció en la Corte al que sería su esposo. Esta vez era un hijo de familia rica y sus padres muy bien vinculados: él, miembro de la Cámara de los Lores; ella, dama de honor de la reina Victoria. El novio era simpático, amable y muy entretenido. Un tipo de aquellos que triunfan en los salones de la alta sociedad, y por lo mismo, solicitado por las mujeres. La buena acogida de los padres de Nancy favoreció el romance y meses después se casaban con toda la pompa tradicional de la vieja nobleza de la Gran Bretaña. Los primeros tiempos fueron alegres y dichosos, pero con los años comenzaron los problemas. Ella no podía tener hijos, y el marido, hombre buenmozo y de gran mundo, ansiaba tener un heredero. Poco a poco, las sombras del desencanto iban interponiéndose entre ellos. Cada vez eran más largos los días de alejamiento que, con un pretexto u otro, buscaba su cónyuge, y las labores oficiales de ella, como dama de la Reina, no bastaban a mitigar su preocupación constante. Su carácter se tornaba cada vez más melancólico, a tal punto, que no pasó inadvertido para la Soberana. Ante las repetidas preguntas al respecto que le hiciera Victoria, no tuvo otro remedio que confesarle el motivo de su desasosiego. Se habla enterado que su esposo mantenía una amante, con la que viajaba al campo frecuentemente. La Reina le demostraba afectuosa predilección, y al enterarse, quiso intervenir. Ella le había rogado no hacerlo. Pero las cosas fueron de mal en peor. El marido llegó a despreocuparse por completo de su legítimo matrimonio; con todo descaro hacía público alarde de su donjuanesca conducta, y ello colmó la paciencia de la Soberana, quien lo hizo llamar para amonestarlo.

Ante la real actitud, el hombre estalló. Olvidando toda consideración a su clase y a su honor, se portó con Nancy cual el más vulgar y matonesco hijo de vecino: la misma noche, de regreso de la cita real, la insultó y vejó, declarándola que estaba ya harto de ella, y en un acceso de furor llegó has―la a golpearla con excesiva crueldad. Y eso no fue todo. Al día siguiente, hizo preparar sus valijas y se marchó a vivir fuera de Londres en una casa de campo en donde instaló a la querida. Como el escándalo trascendiera,―la Reina Victoria, a modo de castigo, lo destinó a una lejana guarnición en la India, en la esperanza de separarlo de su amante, a la que también había amonestado aparte.

Pero de nada sirvió todo ese cambió. En su dorado destierro de militar, aumentó su afición por el licor y, un día, Nancy, tuvo la triste sorpresa de encontrar á su marido en la cama de su propia casa con la otra mujer. Esto determinó una nueva explosión de furor, del cónyuge, que la abofeteó en presencia de la rival... Aquella noche, desesperada, intentó suicidarse. El veneno habría surtido sus efectos de no mediar una circunstancia providencial. Tenía una criada hindú que le había tomado gran afecto, viéndola llorar de continuo. La muchacha la acompañaba a todas partes y esa noche, como si presagiase algo, se había ocultado tras las cortinas de la alcoba. Al ver que apuraba el contenido del frasco de veneno, salió corriendo para impedirlo. Ya el tóxico estaba en el estómago y la joven corrió despavorida en busca de ayuda. En el despacho de su marido se encontraba, entonces, Rahmojan Dumpbahar consultando unos asuntos privados de su lamasterio. A los gritos de la hindú, acudieron todos y, consternados por la noticia, el Lama pidió le permitieran asistir a la presunta suicida... '

Está de más decir que con su ayuda se conminó el peligro.

―Ese fue el comienzo de nuestra larga amistad ―nos comentó la inglesa, la tarde en que, bebiendo una taza de té, terminaba de narrarnos su turbulenta crisis de esos tiempos―. Después, regresé a Inglaterra y, traté de separarme de mi marido. Pero los convencionalismos de la Corte pesaban sobre mí y sobre mis ancianos padres. Tuve que resignarme y continuar aparentando una vida frívola que detestaba. La hipocresía y el egoísmo me rodeaban y sólo pude soportar dos años más aquel infierno. Mi esposo continuaba en la India y quienes lo habían visitado me dijeron que se había convertido en un borracho empedernido. El Maestro Dumpbahar pasaba una temporada de estudios en Londres y nos visitaba con frecuencia a mis padres y a mí. Un día llegó la noticia de su muerte en un accidente del servicio. Quedaba sola con mis ancianos. Al año siguiente falleció mi padre y año y medio después mi madre.

Me sentí desolada. La vida me hastiaba. Una terrible neurastenia se había apoderado de mí. La confianza que me inspirara el Lama fue lo único que evitó un nuevo intento de suicidio. No tuve ambages para confesarle que deseaba acabar con mi existencia. Y, en tales circunstancias, sintiéndome enferma del alma y del cuerpo, ya que, por entonces experimentaba síntomas extraños y dolores en todo el cuerpo, el Maestro me propuso venir con él a Janlitpur.

Me dijo que estaba padeciendo de un cáncer incipiente, fruto de mis largos trastornos psíquicos y nerviosos; pero que en este lugar cambiarla mi vida por completo, y adquiriría una nueva salud desconocida en ese mundo torturado por la falsedad y el egoísmo de los hombres...

Y levantándose del asiento hizo un ademán como si alejara de su mente una larga pesadilla.

―De eso han pasado, ya, cien años ―dijo, cual si hablara consigo misma―... y el milagro se ha cumplido...


***


Quienes lean este libro en busca de lecciones prácticas de autosuperación, pueden preguntar quizás, qué relación habría entre un positivo adiestramiento en tal sentido, y las breves historias personales de mis compañeros en el Hogar de Janlitpur. En apariencia, muy poco o nada. Pero si son observadores, y analizan pacientemente cada una de esas sintéticas reseñas, encontrarán la enseñanza oculta en ellas, la moraleja o mensaje que esas vidas relatadas con tanta concisión, nos dan para comparar lo que estamos acostumbrados a ver, a cada paso, en este mundo, y lo que se obtiene con la metódica y sabia práctica de las normas de vida en un ambiente o mundo organizado en conformidad con el equilibrio y la armonía de la Leyes cósmicas de la Naturaleza. Y para ello no es menester abandonar la Tierra emigrando a lejanos mundos, porque en éste, igualmente, es posible encontrar la Paz y la Felicidad, cuando se cumple con esas leyes y se vive en un medio en donde reinen la Armonía, la Pureza y el Amor...

Esto es lo que buscan implantar en nuestro planeta aquellos habitantes de Ganímedes que periódicamente nos visitan. Ya lo expuse en mi libro anterior y debo recordarlo ahora. Ellos, como ejecutores del PLAN CÓSMICO, desean conseguir que en la Tierra se prepare las nuevas condiciones de vida y de cultura capaces de permitir que la promesa Crística tenga su realización, una vez desarraigados de este mundo todos los males que lo aquejan, todas las causas de desequilibrio y de sufrimiento que, por la ignorancia general, torturan y destruyen a sus habitantes. Pero, en aquellos pocos seres que, en distintas épocas y lugares, pudieron aislarse del contaminado ambiente, viviendo una comunidad fraternal bajo el signo del AMOR, en esos, muy escasos sitios, pudo y puede vivirse en condiciones paradisíacas... Lamentablemente esto no sucede por lo común en la Tierra, y de ahí que tales seres o instituciones tuvieran que protegerse, adecuada y sabiamente, de la contaminación externa. Por tal razón, como defensa legítima contra cualquier forma de mal exterior, es que las escuelas ocultas de todos los tiempos debieron encerrarse en el secreto dé sus reglas y en el hermetismo de sus lugares de reunión y convivencia... Y nuestra Orden, la más antigua de todas, no podía ser una excepción.

Es por eso también, que desde hace muchos siglos nuestros Hermanos de la Quien, en sus niveles más altos de la Jerarquía, estuvieron en contacto directo con sus Hermanos Instructores de los mundos o planos superiores, y con los Hermanos de Ganímedes. Siempre en misiones de PAZ y de AMOR...

Porque la Paz interior y el Amor supremo, son, en verdad, el "pasaporte" que exigen, los habitantes del gran satélite de Júpiter a quienes ambicionen llegar hasta su mundo. No importa mayormente, que la cultura general del aspirante sea muy elevada y completa, que pueda ser un exponente de la sabiduría terrenal en los diferentes campos de la ciencia o de la técnica. Si no es un ser puro, de alma limpia, como dice el vulgo, por mucho que sepa en cualquier materia de la cultura terrenal, no puede entrar en ese mundo superior. En cambio, los "limpios de corazón" mencionados en la Biblia; aquéllos de "las blancas vestiduras del Reino" a que se refiere en el Apocalipsis y en el Evangelio de San Mateo, Cap. 25, al hablar del Juicio Final, ésos sí pueden ingresar a su mundo, porque llevan consigo el "pasaporte" exigido: la pureza de corazón y de pensamiento... Lo demás, pueden aprenderlo allá... Y es fácil comprender tos sabios motivos de tal discriminación: Tas luces de la ciencia y de la técnica, del estudio― especializado en todos y cada uno de los múltiples terrenos del saber humano, pueden hacer de un sujeto un sabio de la Tierra. Pero eso no implica el que tal sujeto sea, también, un inmoral, un vicioso, un tirano, un egoísta, un lúbrico, un avaro... en fin, un individuo dominado por una o varias de las comunes pasiones que enferman el alma humana. ¡Cuántos casos, como éste nos da la Historia! Y ¿puede pensarse que un hombre así, al ingresar en un mundo de paz y de armonía no llevaría los gérmenes del desequilibrio, no contaminaría el ambiente con sus malignas vibraciones, no sería rechazado automáticamente por esas mismas vibraciones contrarias, como se rechaza, acá en la Tierra a los portadores del virus de una epidemia leal, aislándolos y sometiéndolos a la cuarentena y el tratamiento específico, en defensa de un país o de una ciudad?...

Con cuánta mayor razón, dentro de un mundo, de una humanidad y una civilización tan superiores a lo nuestro en las actuales condiciones... Además, para los conocedores de estas ciencias, para quienes poseen el profundo conocimiento de la ley de vibraciones del Cosmos y las leyes dé afinidad o rechazo cósmicas, no escapa la reacción inmediata que en determinados planos puede experimentar un ser cuyas vibraciones sean muy distantes, en la escala de frecuencias, de las vibraciones dominantes en un ambiente muy distinto al suyo... Esto ya lo saben nuestros físicos modernos.

Por todo ello es preciso lograr, antes que nada la necesaria pureza de espíritu, o sea la limpidez de nuestra alma, que genera, automáticamente, la limpidez, esplendor y belleza de nuestra AURA, que no otra cosa es el simbólico "pasaporte" que buscan los Hermanos de Ganímedes en sus constantes observaciones sobre todos los lugares habitados de este mundo...


CAPITULO IX
Leyes de la Naturaleza que Debemos Conocer


Entre todas las leyes que rigen el Cosmos, o sea el Universo Integral ―visible e invisible― la primera debe ser, y de hecho lo es, LA LEY ME AMOR. Ley de la atracción y de la unión de todos los seres y de todos los cuerpos. Es la ley de la CREACIÓN por la que todo existe y sin la cual sólo sería el caos. Es la ley de la UNION y la ARMONÍA. Por ella existen tos mundos, los sistemas estelares, las nebulosas y galaxias. Ella norma las relaciones de los seres que permiten la continuidad de las especies en que se manifiesta la Vida. Ella rige la atracción de los elementos en la conformación de las substancias y los cuerpos para los prodigios de la Química. Es la que dirige las fuerzas que llevan a la Unidad del Todo. La que interviene en la fuerza centrípeta que atrae a los astros en la unión de sus sistemas... La que lleva, igualmente, en los átomos a la formación de las moléculas, base fundamental de todos los cuerpos, de todas las combinaciones que permiten la existencia de los reinos de la afinidad, fuerza creadora que construye y modifica. Entre los animales gobierna los instintos y preserva de la separación y la extinción de la especie, Y en la humanidad es la simpatía, que atrae a los irnos y a los otros, que los lleva a juntarse, a fomentar el cariño, la confraternidad, la abnegación, el altruismo hasta llegar al heroísmo en el sacrificio por amor al prójimo...



El que también exista la repulsión (el odio, los rencores, la destrucción y la muerte) no implica la invalidez ni la inexistencia de la Ley de Amor. Ello se debe a la coexistencia de otra de las leyes principales del Cosmos: La de los contrarios, o de las fuerzas antagónicas del Universo, que más adelante trataremos.

En segundo lugar hemos de tener en cuenta LA LEY CÓSMICA DEL MOVIMIENTO o Ley de Vibración Universal.― El Universo es Vibración, porque la vida es movimiento. Lo contrario, o el reposo absoluto, equivalen a la muerte, o sea la inercia. Pero al no existir el movimiento continuó absoluto, la vida se manifiesta en un constante movimiento alternado con reposo relativo para mantener y recuperar el desgaste de las fuerzas en tensión. Por eso vemos la vigilia y el sueño, el día y la noche, el descanso y el trabajo, los ciclos de existencia visible e invisible, la vida y la muerte, la luz y las tinieblas en la rotación de los astros, como en los mundos microscópicos o pequeños, en la inmensidad del Cosmos, vibran (o se mueven) las ondas de luz, de sonido y las frecuencias de la electricidad o el magnetismo en su variadísima amplitud... Sin esta Ley sería incomprensible, también, la existencia de los mundos y de sus variados habitantes en todos los confines del Universo.

Luego hemos de conocer la LEY DE EVOLUCIÓN o de Pluralidad de Existencias, que implica la marcha inexorable de todo ser vivo en demanda, o aspiración, de niveles y formas cada vez más adelantadas, superiores, más perfectas. Es la ley, que junto con la Ley del Amor, y con la de Movimiento o Vibración, conduce a todos los seres vivientes desde las más primitivas formas, desde los niveles más ínfimos, hasta los más avanzados. Es la que impulsa al Hombre a salir del primitivismo, marchando adelante en la escala del Progreso, en busca de la superación, por su propia conveniencia, y por latente deseo de mejorar su vida, ascendiendo los niveles que han de llevarlo hacia las cumbres del mejoramiento gradual, en su larga peregrinación por alcanzar la suprema gloria y la felicidad...

La evolución, o marcha continua a través de la Vida también nos ofrece el ejemplo de su íntima relación con las dos leyes mencionadas anteriormente, pues la de Amor se une a ella para estimular el deseo de mejorar, de perfeccionar todo cuanto rodea y forma parte de la vida personal de cada ser. Y la ley de Movimiento regula esa marcha y llega a normarla en ciclos que requieren de la actividad y del reposo en todos los niveles y en todas las frecuencias vibratorias. Pero como los cuerpos o formas en que se manifiesta la vida, no pueden ser eternos, por el natural desgaste del uso y del trabajo, cuando un cuerpo o forma ha llegado al límite de su rendimiento, debe ser desechado. Esto es la Muerte, y el mecanismo que sigue la evolución para asegurar el desarrollo ininterrumpido del ser, en intelecto, en psiquismo y en constitución física y corpórea, para esa meta de máxima perfección sólo puede conseguirse con la utilización de nuevos cuerpos, formas y organismos de los distintos planos que conforman al ser integral. Y para ello se requiere de ciclos en dónde se alternan la Vida y la Muerte, para permitir al espíritu inmortal, nuevas experiencias y nuevas lecciones de la Vida hasta la suprema perfección... Todo este proceso ha sido explicado en detalle en el libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES...", lo que me releva de mayores explicaciones en esta obra, pues se supone que el lector conozca ya el primero, sin el cual no podría comprender mucho de lo que en el presente se refiere.

Otra es la LEY DE LA ARMONÍA, o de La Adecuada Relación entre las Partes y el Todo. Esta Ley nos enseña cómo todo en el Universo requiere de la equilibrada y armónica función entre las partes y el conjunto, entre tos miembros, órganos o diferentes elementos que constituyen un mecanismo, una institución, un sistema, un TODO, en general. Sin esa armonía, sin ese regular y justo comportamiento de las partes a la finalidad y justeza de funciones del conjunto, nada puede tener un fin eficaz y perfecto. La Naturaleza nos lo prueba a cada paso: en los campos de la sociología, o de la política, si los distintos elementos de una sociedad o de un partido, marchan cada uno egoístamente por su lado, según sus propios intereses o inclinaciones, sin armonizar su trabajo y sus ideas, esa sociedad, ese partido, o institución; cualquiera, no puede subsistir, se destruye, muere.

Lo mismo vemos en el terreno de la biología: Si las partes constitutivas de un organismo, de un ser, de un sistema, no funcionan equilibrada y armónicamente, cooperando a la función y plan total, ese organismo, ese conjunto, ese ser se trastorna hasta destruirse. El cuerpo humano es un perfecto exponente de la necesidad imperiosa de esta ley, por la que cada parte, cada porción, cada órgano, debe trabajar, cooperar a la armonía del todo, sin lo cual sobreviene la enfermedad y la muerte...

En la música, por ejemplo, la ley de la armonía se manifiesta de manera clarísima. Quienes sepan de música comprenderán qué la armonía estriba en el orden, proporción, combinación y medida según el tiempo y espacio de las partes, o notas, con el conjunto total de la partitura... Y para que una orquesta pueda ejecutar acertadamente la composición de un músico, requiere de la ordenada intervención de cada instrumento, según los tiempos y el compás, bajo la dirección del director que controla la justa participación de cada uno en el conjunto total, o concierto.'

La marcha general de las nebulosas y galaxias en la inmensidad del Cosmos, nos da la más formidable prueba de la presencia de esta ley universal. ¿Podríamos imaginar el magno concierto de los mundos que giran por millones en los insondables terrenos que la astronomía nos muestra, sin un perfecto ordenamiento en que cada astro mantenga su equilibrada posición en el todo? Sin la ley de la Armonía Universal, no existiría el Universo...

Ahora, veamos otra Ley: LA DE LOS CONTRARIOS, o Ley de los OPUESTOS COMPLEMENTARIOS. ―Nada puede existir en d Universo sin su contrario, o sea su opuesto que lo complementa. ¿Cómo podríamos apreciar o conocer el BIEN si no existiera el MAL? ¿Podría comprenderse, la sombra si no existiera la luz?... Todo movimiento presupone la existencia de dos fuerzas contrarias: la centrífuga y la centrípeta, sin las cuales no existiría la vibración y ya sabemos que el Universo es Vibración... Si meditamos en esta gran verdad, encontraremos la comprobación de que la Ley de Los Contrarios está presente en todo lo que existe: La vida y la muerte; la verdad y la mentira; la virtud y el vicio, ¿podrían existir sin que existiera lo contrario que pone de manifiesto su existencia? ¿Cómo podríamos apreciar la verdad de no existir la mentira? ¿Qué concepto tendríamos del DIA si no existiera LA NOCHE? ¿Y qué opinión habría de la salud de no existir la enfermedad?... Los ejemplos pueden llegar a lo infinito si vamos meditando cómo es cierto que no puede existir nada si no existe su opuesto que lo complementa en la manifestación de su existencia...

Otra de las más importantes leyes de la Naturaleza es la LEY DE CAUSAS Y EFECTOS o de Acción y Reacción.

Todos los actos o fenómenos de la vida tienen una causa, y generan, a su vez un efecto o reacción automática de la Naturaleza. Esta ley natural nos demuestra que nada es casual sino causal en el Universo. La casualidad supondría que algo pueda existir sin haber tenido una causa de su existencia, y ello equivaldría a aceptar que algo ha salido de la Nada; pero el Universo o la Naturaleza nos están demostrando que la nada no existe, porque hasta el mismo vacío espacial interastral no es vacío absoluto porque en él existen y circulan todas las ondas o vibraciones que se trasmiten de un astro a otro en ese océano de la vida que es el Cosmos.

Esta ley nos lleva, por tanto, a la conclusión de la existencia de DIOS como CAUSA primordial del COSMOS y del Universo pues si no existiera esa causa primigenia, todo habría salido de la nada; pero si la NADA no existe ¿cómo podría generar a TODO?...

Y esta ley nos demuestra, también, la justicia inmanente del Creador en toda la Creación; porque si todo efecto, proviene de una causa, todo lo que hacemos o pensamos ha de generar sus correspondientes acciones o pensamientos de reacción, matemáticamente realizados, como todo dentro del automatismo de acción y reacción en la Naturaleza. En otras palabras, que todo lo que cosechamos será el fruto natural de lo que sembremos... Y ahí está la explicación que nos lleva a comprender esa maravillosa y sapientísima Justicia Divina que a todos les da según sus obras, sus pensamientos, sus emociones y ambiciones... Y justifica, igualmente; los resultados benéficos o maléficos de toda una existencia, que no podemos achacar a Dios, pues EL nos ha dejado, con nuestro libre albedrío, elegir entre tal o cual acción, entre este o aquel modo de pensar o de actuar, y la conducta de cada uno es el fruto natural de su mayor o menor grado de evolución en la maravillosa "escala" de los valores o niveles de la Vida.

De tal manera, nadie debe quejarse de su suerte ni protestar contra la Divina Providencia por los sufrimientos o desgracias que lo aflijan, pues son los directos resultados de lo que uno va sembrando en su camino. Si sembramos odio, crueldad y egoísmo, no vamos a pensar en cosechar amor, dulzura y abnegación para con nosotros... Si actuamos con ignorancia, no esperemos que la naturaleza nos responda con frutos de sabiduría. Y si nuestra ceguera sobre todas estas leyes naturales nos lleva a cometer errores y delitos, no vamos a pretender que la vida nos premie y nos ensalce. Es justo y lógico esperar que los resultados de cada paso nuestro sean las consecuencias directas de lo que hemos hecho. Y esto, más tarde o más temprano, según la fuerza o la importancia de los hechos, redundará en beneficio o desgracia para su autor.

Pero aún hay más en esta Ley de Causas y Efectos: su influencia y acción en todo el Cosmos persiste, naturalmente, en los diferentes planos de la Vida, en esos otros mundos invisibles en donde se desarrolla nuestra vida psíquica, mental y espiritual, después del sepulcro. En nuestro mensaje anterior "YO VISITE GANIMEDES...", se ha explicado con amplitud la mecánica de ese proceso al tratar de la Cuarta Dimensión―y de la Reencarnación. Es lógico y justo que el espíritu, el YO SUPREMO, para avanzar en la senda del progreso, de la superación integral hacia la suprema perfección y felicidad eternas, requiere de muchas encarnaciones, de muchas manifestaciones de la vida en la materia, sin las cuales no podría abarcar la sabiduría total de todas las formas de existencia en la insondable magnitud del Universo. Y eso no puede lograrse en una sola etapa de manifestación, o involución en los planos de la materia o vida física. Al tener que hacerlo, muchas veces, como se ha explicado en mi primer libro, la ley de Causas y Efectos sigue actuando, naturalmente, sobre cada uno, y muchas de las causas que, por su naturaleza, no han podido obtener el completo ajuste de sus reacciones en la existencia anterior, lo hacen por la fuerza de esta Ley en posteriores encarnaciones. Eso explica todas las desigualdades humanas, todos los diferentes estados o posiciones del ser con respecto a su relación con los demás. Los distintos grados o niveles de vida. Las diferentes cualidades o facultades innatas. La astronómica variedad de caracteres y de potencialidades entre unos y otros seres humanos. Todo ello no esotra cosa que el fruta correspondiente a lo que cada uno ha sembrado y cosechado en existencias pasadas. Y si ha dejado al partir al "más allá" ―como el vulgo llama a los mundos invisibles para el ojo humano―deudas o compromisos pendientes, también en su regreso a la materia, deberá pagarlas; y las formas de saldar las cuentas de la Vida en la Naturaleza, o Cosmos, son tan variadas y extensas como lo son también todas las formas o modos de errar o delinquir en la insondable magnitud de la Creación...


***


Por último veremos, entre las muchas otras leyes de la Naturaleza, la LEY DE SELECCIÓN Y JERARQUÍA.

En la sinuosa y dura marcha que la Vida impone a todo ser viviente, muy especialmente al Hombre, sé opera una constante selección entre los más hábiles y fuertes, entre los mejor dotados y los menos, entre los más inteligentes o más torpes. De allí resultan las diversas posiciones y la obligatoria selección de los mejores para todos los puestos o situaciones de esa misma vida, ley que norma la promoción y ascenso de todos los seres en los diferentes planos y mundos que pueblan el Universo. Esto es, también, el proceso regulado por la Ley de Evolución, en consuno con esta, de Selección y Jerarquía. Es lo que nos muestra el estudio y la experiencia de todos los seres vivos, desde las más ínfimas especies, hasta los más inteligentes y elevados especimenes que pueblan la inmensidad de mundos en los dilatados confines del Cosmos...

La selección es constante, rígida, ineludible. Y conlleva, en sí misma, la necesidad de dirección y mando. Lo superior subordina a lo inferior, en todos los niveles de la VIDA, en todos los campos del saber, en todas las manifestaciones de existencia. Y ello es la base fundamental de la Jerarquía, en todos los aspectos de esa misma Vida. La autoridad que confiere un nivel más elevado debe ser respetada por quienes se encuentran en posición inferior. Esto norma las relaciones entre los reinos de la Naturaleza, y las relaciones y. actitudes entre los diversos seres que pueblan la Creación. Se observa, por el estudioso, en la correlación de planos y mundos; y cuando el hombre llega a desarrollar el sexto sentido la clarividencia y clariaudiencia comprueba que esta Ley rige, también, en todos los niveles de los mundos invisibles, al apreciar cómo se manifiesta en las diversas jerarquías de entidades que los pueblan...

Su fuerza y fatalismo no puede ser ignorada ni menos evitada por nadie. Por ello, en los terrenos de la sociología y de la política, siempre los conatos de rebeldía han terminado por demostrar la ineludible influencia de esta ley de la Naturaleza, porque del desorden o caos momentáneo, siempre surge, al cabo, el nuevo líder o los nuevos jefes. La humanidad no puede sustraerse a las fuerzas de la Naturaleza, porque esas fuerzas la dirigen y gobiernan... Y ello nos prueba, una vez más, la Suprema Causa o Ser, al que, en todas partes y en todos los idiomas, se ¡LE HA DENOMINADO DIOS...!


CAPITULO X
La Orden Más Antigua y Hermética del Mundo


En los centenares de cartas que mis Hermanos y yo hemos recibido de todas partes, la mayoría se interesa por comunicarse, en alguna forma, con nuestra Orden. Tengo que pedir a todos ellos que me comprendan y disculpen de no poder satisfacer este noble anhelo, por las razones que se desprenden del contenido de este capítulo que, en cierta manera, ha de ser la respuesta a todos ellos.



En primer lugar, como lo hago en el Prólogo, quiero satisfacer ese deseo de mejoramiento, de superación de muchos, poniendo en sus manos este nuevo mensaje que lleva los conocimientos y la práctica de las lecciones que estoy recibiendo, para que ellos, también, puedan conocerlas, practicarlas y aprovecharlas. Pero no he podido, ni puedo, dirigirme personalmente a todos y cada uno, por la misma razón que motiva este nuevo libro: Me he apartado del mundo, de la vida de relación con todo lo que basta ahora era nuestro mundo en común, para cumplir, con los míos, el plan trazado en conformidad con mis maestros superiores para estar en condiciones favorables, según sus exigencias, de viajar a ese otro mundo maravilloso de nuestro sistema solar. Y ello implica necesidad de aislamiento y de disciplina de observación de normas y reglas que no podemos romper. Por eso es que escribo este libro como respuesta fraterna a todos vosotros.

Y en segundo lugar, a los que específicamente manifestaran deseos de vincularse con nuestra Orden, dedico este capítulo para que puedan sacar sus propias conclusiones, dentro de lo que me está permitido revelar sobre Ella...

Al decir que es la más antigua y hermética de todas las Ordenes Esotéricas del Mundo, debo explicarlo. Y para ello, he de remontarme a las épocas lejanas del inicio de las más antiguas civilizaciones pertenecientes al Gran Ciclo evolutivo, o Revolución Cósmica a que corresponde nuestra era actual. Me refiero a ese período de 28.791 años que termina el año 2.001 de nuestra etapa última conocida por la Era Cristiana en los calendarios modernos. Y en este lapso no tenemos datos concretos de una civilización más antigua que la del Egipto de los Faraones, porque la etapa atlante, muy anterior en el tiempo, aunque dejó muchas huellas, no podemos investigarla al detalle por haberse perdido en la noche milenaria del pasado al sumergirse en las profundidades del Océano Atlántico.

―Es por tanto, en el Egipto, que se inicia la historia oficial de nuestra actual civilización, y por ende la evolución conocida por todos los pueblos de la Tierra en un lapso de más o menos 10.000 años. Y en tal período, todas las escuelas iniciáticas o de misterios, como antiguamente se llamaban, nacen como las ramas de un árbol, del poderoso tronco arraigado en el Egipto. Es en las riberas del Nilo donde florecen los primeros conocimientos esotéricos, las primeras nociones de la ciencia hasta hace poco denominada "oculta" por la necesidad de guardar sus secretos y defender a sus poseedores de la terrible ignorancia, del fanatismo feroz y de la incomprensión general, que, hasta hoy mismo, ha ridiculizado y perseguido a los sabios... Ejemplos hay por miles en la larga historia humana. Y a cada paso, todavía en esta época de los magnos descubrimientos y de la salida del Hombre a la conquista de los espacios siderales, vemos' con» se ridiculiza y veja a quienes se atreven a revelar noticias o conocimientos de campos aún inexplorados, sólo por el ancestral defecto de nuestra humanidad en no aceptar lo que no se le demuestre con sus propios medios de análisis y por sus propios métodos... Y en los terrenos de las dimensiones superiores a la tercera que en este mundo conocemos, es imposible la demostración directa que requiere de sentidos e instrumentos correspondientes a la vida en la Cuarta Dimensión, o a planos superiores al Mundo Astral.

Cuando el antiguo Egipcio ingresa en la Historia o sea la sucesión de hechos aceptados oficialmente por esta humanidad― ya en el valle del Nilo existían una organización y un pueblo con una civilización muy avanzada. Grandes ciudades, magníficos templos y majestuosos monumentos se levantaban en las orillas del Nilo, mucho antes que Menes, el fundador de la primera dinastía de Faraones, reuniera bajo su cetro a todos los jefes militares de distrito ―algo así como los caballeros feudales de la Edad Media― estableciendo la unificación del Egipto y el trono de sus reyes, que se extendería a un largo período de sesenta siglos aproximadamente.

Pero cuando esto sucedió, la historia del Egipto ya contaba más de dos mil años; siglos en que su civilización había ido floreciendo bajo un sistema de gobierno teocrático encabezado por una casta sacerdotal heredera del poder celestial "de los Dioses" que bajaron del "Reino Divino" para enseñar y gobernar a los hombres, según rezan los viejos papiros y las pétreas inscripciones de esas épocas. Fue la etapa del gobierno de los Shesu―Hor, o mensajeros de Horas, que se decían receptores de la sabiduría divina y de las órdenes del Cielo...

En las viejas crónicas de esos tiempos se menciona el descenso de "dioses" que iniciaron la cultura y civilización en las orillas del gran río, para dar al mundo su sabiduría y ayudar a los hombres en un sendero de vida elevada que les permitiera avanzar hacia la superación y los convirtiera en hijos 'de Dios... De esto se ha hablado en detalle en mi libro anterior varias veces mencionado. Es lógico pensar ―como en las revelaciones de "YO VISITE GANIMEDES..." se informa― que fueron extraterrestres tos seres considerados por los egipcios de la prehistoria con» "dioses". Y los habitantes de Ganímedes lo han manifestado así: que fueron ellos quienes, primero desviaron el Nilo, para permitir que floreciera allí esa gran civilización, y luego formaron una clase de sabios sacerdotes para delegar en éstos sus labores de instrucción y mando.

Todo eso, que figura en las antiquísimas crónicas, muy anteriores a las épocas de los primeros Faraones, confirma la verdad histórica de una etapa considerada legendaria y fabulosa. Pero hoy que los superhombres de Ganímedes han declarado, categóricamente haber sido ellos los autores de todo ese asombroso florecimiento cultural, demostrado por, los grandes monumentos que hasta ahora causan el asombro de los ingenieros, en algunos casos, no cabe llamar "leyenda" a lo manifestado por los viejos escribas de esos tiempos. El traslado obligatorio de monolíticos monumentos como los colosos de Memnón, que pese a todo el adelanto moderno, no pudieron ser cambiados de sitio sino cortándolos en trozos, cuando hubo que retirarlos del Valle de los Reyes, al construirse la Represa de Asuán, nos prueba que los egipcios contaron con ayuda de tal magnitud, para ciertas construcciones, que ni las más poderosas y gigantes grúas modernas, empleadas hoy para la construcción de la mencionada represa, fueron capaces de realizar un trabajo ejecutado miles de años antes por los egipcios. Y hay que tener en cuenta que dichos colosos de piedra corresponden a una época muy posterior al período llamado "legendario" por los escépticos...

Y, entrando en materia, debemos tener presente que al iniciarse la era faraónica por el primer Rey Menes, ya existía en el Valle de Gizeh la misteriosa y formidable Esfinge. Este enorme monumento de granito rojo, que ha intrigado a la humanidad a través de ocho mil años, fue construido en ese lugar, por entonces completamente desierto, para coronar un templo y un santuario secreto, con todas sus amplísimas dependencias, dedicados a la escuela de misterios, sede oculta de los estudios iniciaticos en donde se preparaba a los sacerdotes elegidos para gobernar aquel país en los primeros tiempos, bajo la dirección de los maestros extraterrestres, sucesores de Hermes Trismegisto.

Es la revelación que hicieran sobre el misterio de la Esfinge, los superhombres de Ganímedes. Y ese fue en el nuevo período de florecimiento de la civilización correspondiente a este ciclo, la primera Orden o Fraternidad esotérica, cuna y madre de muchas otras que al correr de los siglos, se extendieron por el mundo. El gran misterio de que se rodeaban sus miembros, que podía llegar hasta la muerte impidió que se conociera su nombre y el secreto de sus reuniones. Pero con el transcurso del tiempo en las riberas, del Nilo comenzó a difundirse temerosamente el nombré que las gentes daban a los miembros de esa hermandad secreta, a quienes no podían conocer personalmente, pero a los cuales se referían, dentro de la más sigilosa discreción, con» si se hablase de figuras fantasmas, y ese nombre popular y misteriosamente comentado, fue el de "HERMANOS DE LA ESFINGE"...

Esta poderosa organización, de la que salían, al principio, los gobernantes teocráticos del período de los Shesu―Hor, extendió su influencia a todos los confines del imperio, y más allá hasta las tierras de la Nubia y el Sudán. Del templo oculto de la Esfinge partían los grandes iniciados que se destinaba al gobierno del país del Nilo en aquellos lejanos tiempos. Y cuando, tras una larga etapa de guerras y conflictos suscitados por los "monarcas" o jefes, militares de distrito, en su afán por dominar a los grandes sacerdotes―reyes, culminó esa época al fundar Menes la unión de todo Egipto bajo su cetro, los Hermanos de la Esfinge, en su acostumbrado hermetismo, continuaron en secreto ejerciendo su misterioso poder sobre la mayoría de los Faraones, hasta los tiempos de la decadencia de las últimas dinastías.

Pero la sabiduría y poder de esa hermandad oculta no se redujo solamente a la clase sacerdotal. Con el correr de los siglos, milenios más tarde, fueron miembros de aquella escuela de misterios, hombres laicos y grandes maestros de las ciencias profanas, como Imhotep, el enigmático y sorprendente constructor de la Gran Pirámide, y Moisés, el Gran Profeta y libertador de los judíos. A medida que pasaba el tiempo, esa hermandad de la Esfinge se fue extendiendo más allá de las fronteras del Egipto, y llevando, secretamente, su influencia y su sabiduría a tierras cada vez más lejanas. Así nacieron los famosos libros sagrados que constituyen el Zend―Avesta, fundamentos del "mazdeísmo" o religión de Zarathustra, o Zoroastro, como se le ha denominado en Occidente, religión de la antigua Persia, hoy Irán.

Y siglos más tarde, nace la fraternidad esenia entre los Israelitas. La orden o Hermandad de los Esenios, una de las más nobles y puras del pueblo hebreo, conserva mucho del hermetismo egipcio, y su sigilo y discreción, así como su sabiduría, le aseguran un papel destacado en la historia de ese pueblo. Nunca perdió el contacto con sus primitivos maestros, los Hermanos de la Esfinge, y en mi libro anterior se narra la importancia de esa vinculación al explicar el enigma de la Estrella de Belén.,

Y los Hermanos de la Esfinge, en esa milenaria marcha por el mundo, cumpliendo la misión secreta de llevar la antorcha de la LUZ interna a todos los confines de la tierra, fundan también con su acostumbrado hermetismo, las bases que en Grecia, con nuevos Ropajes, se conocería después como los Misterios Eleusinos o de Eleusis, establecidos en la ciudad del mismo nombre, cercana a Atenas. La sabiduría eterna iba sembrando la verdad oculta en su Sendero de Amor y de Verdad. Y grandes nombres son conocidos por la antigüedad como los pioneros de una filosofía que habría que sentar las bases de la naciente civilización occidental: Sócrates, Platón, su discípulo; Aristóteles, discípulo predilecto del anterior; Pitágoras; Hipócrates, padre de la medicina; y otros van construyendo el camino luminoso por donde avanzaría el mundo greco―romano, padre moderno de la actual cultura...

La estrella del Egipto declinaba. La decadencia de las últimas dinastías, ya de sangre extranjera, hacían presagiar el ocaso definitivo, y los Hermanos de la Esfinge se dispersan en secreto, en los tiempos finales del Imperio, antes de llegar las horas trágicas de los últimos Faraones de sangre griega, y de la final conquista del país del Nilo por los romanos...

Roma dominaba al mundo antiguo, y sus confines alcanzaban ya hasta las costas lejanísimas de la Britania, hoy Inglaterra. El misterio de la Esfinge descansaba, al parecer, mientras en las tierras―dominadas por las águilas romanas, se levantaba, entonces, una nueva antorcha de Luz y de Amor: el mensaje sublime del Crucificado, la ley del Amor y del Perdón del Cristo, Rey del Sol...

Y mientras las legiones de los Césares imponían su política y vigilaban su religión, heredada de los griegos, la doctrina crística se iba abriendo paso en todos los confines del Imperio. Así llegaron los días en que la fe del nuevo culto, abonada por la sangre de los mártires, barrió con las creencias y los ritos del antiguo paganismo, y el signo de la Cruz se fue extendiendo por la Europa bárbara...

Pero los días de amor y sacrificio, de la pureza y de la austeridad primitiva, que sembrara el Maestro, fueron alejándose, mientras la influencia del lujo y las tentaciones del poder, a imagen de los Césares, se iban infiltrando, con los siglos, en el alma de los nuevos jerarcas del cristianismo. El alma humana es débil ―ya lo sabemos― y la tentación de los reinos de la Tierra con su oropel y sus riquezas, con el poder y los honores,― fueron dominando a los obispos del Medioevo, hicieron presa en los jefes de la Cristiandad, y un nuevo imperio religioso y mundano, más parecido a los tronos de la Tierra que al Reino Celestial predicado por el Divino Maestro, se enseñoreó del mundo conocido en esos tiempos, levantando estandartes y tropas, vendiendo el privilegio de los délos y bendiciendo las espadas que iban a derramar la sangre hermana...

Ante ese panorama, tan triste y tenebroso, en el silencio y el sigilo de herméticos lugares, el símbolo cristiano de la Cruz ―el hombre con los brazos abiertos al Amor― recibió de nuevo el impulso de los viejos INICIADOS... Había que salvar la Luz Eterna, la Eterna Verdad y el Camino del Amor para que no muriese, en el caos de las humanas ambiciones, la Senda luminosa hacia los cielos... Y un símbolo sagrado y esotérico fue extendiéndose, en silencio, por la Europa Medioeval: el signo de la ROSA Y DE LA CRUZ...

Y en las nuevas escuelas Rosa―Cruces, volvieron a encontrarse los milenarios emblemas alegóricos, los simbolismos eternos que hablan de las cósmicas verdades, las enseñanzas del Amor, de la Paz y de la Luz, de la intima preparación para el camino de los Cielos, que miles de anos antes enseñaran los Hermanos de la Esfinge, en las fértiles riberas del gran río...

Corrieron los años. Pasaron los siglos y, a medida que se alejaban las centurias de superstición y de ignorancia del Medioevo, en el mundo occidental iban entrando las antorchas de luz de diferentes escuelas esotéricas. Ya se hablaba, con sigilo y con temor, de varios nombres: Rosacruces, Lamaístas del Tibet o de la India, Caballeros de San Juan, Caballeros del Tempo o Los Templarios, Caballeros de la Mesa Redonda, y otros nombres eran pronunciados, todavía en círculos cerrados y secretos, porque aún persistía en muchas partes la terrible, fanática y cruel persecución de la mal llamada Santa Inquisición, y eran tratados como herejes y brujos los sabios que buscaban y enseñaban las grandes verdades de la Naturaleza y los grandes conocimientos sobre el Cosmos...

Así corría el Tiempo, y a esa lista de nombres y de Ordenes secretas vinieron a juntarse otros nuevos, tales como los de Martinistas, Francmasones, Teósofos y ahora los Acuarianos de la Oran Fraternidad Universal.

Pero el conocedor de este terreno, el versado en temas esotéricos, el estudioso y observador comparativo de las enseñanzas de las diferentes Ordenes, encuentra en todas ellas, tras del ropaje externo de los símbolos y de las alegorías, de los ritos o ceremonias más o menos esotéricas, la misma esencia, igual metodología sustancial, iguales metas y ejercicios para alcanzar las cimas luminosas de la Perfección y de la Gloria... En otras palabras, como dije al comenzar: el mismo árbol frondoso que alimentó muchas ramas en el correr de los siglos, pero que mantuvo fresco y puro el añoso tronco...

¿A cuál de esas ramas pertenecemos el grupo que recibiera esta misión? ---preguntarán ustedes---. Y esto sí que no puedo contestar porque los Hermanos menores de nuestra Orden debemos guardar un voto de silencio acerca de muchos aspectos de la institución. Básteles saber que ese nombre se encuentra en la lista de las más antiguas, y que si todas son ramas de un mismo tronco, ¿qué más da uno u otro nombre...?



Hipócrates y el Caduceo

Antes de terminar este capítulo debo mencionar algo que ha de tener repetida influencia en el método de educación y en el desarrollo del proceso de transformación personal de los educandos: el profundo significado hipocrático de las lecciones y de las dietas alimenticias, cuando entremos a explicarlas.



Al decir "hipocrático" todos van a pensar, inmediatamente, que se trata de aspectos relacionados con la medicina, pues es por todos conocida la figura del sabio griego, padre de la Medicina. En cierto modo sí tendrá alguna relación, en cuanto se refiera a determinados regímenes y a varios de los ejercicios y normas de conducta que el discípulo ha de practicar. Pero lo más importante, lo verdaderamente trascendental, es lo concerniente a la parte o faceta esotérica del famoso médico y maestro de Grecia en el siglo V antes de Cristo.

Hipócrates fue médico y su fama como tal lo ha llevado a ser patrono y paradigma de esa ciencia en nuestra humanidad. Mas, al mismo tiempo, era un iniciado, secreto como todos, en los Misterios de Eleusis, y su famoso CADUCEO, adoptado por la Medicina como símbolo mundial, es en verdad, una lección oculta del proceso que sigue el Hombre para alcanzar la suprema perfección.

Esto no ha sido conocido por la generalidad de las gentes, ni aun por los mismos médicos en su mayor parte. El Caduceo, esa figura que representa una varilla con una esferita como cabeza, con dos alas de águila un poco más abajo y dos serpientes o víboras que se enfrentan una a otra entrelazándose en torno a la varilla, aparece en toda la Tierra, como el emblema o signo de la Medicina y sus diversas ramas. Pero debemos conocer su verdadera historia y el porqué de su uso por Hipócrates, que lo hizo pasar a la posteridad.

Los profanos, y entre ellos la mayoría de los médicos en todo el mundo, piensan del Caduceo como una figura caprichosa escogida al azar entre el fárrago de alegorías fabulosas de la mitología griega. Los mismos diccionarios de todos los tiempos, muy particularmente los modernos, atribuyen un significado que no es el real, o sea el verdadero significado oculto que Hipócrates le diera, al tratar con sus discípulos en la hermética situación de los pocos escogidos para el camino iniciático.

La explicación profana se basa en una leyenda o fábula que se refiere al dios Mercurio, representado en las estatuas con un Caduceo en una mano: Dicen que Mercurio, dios del Comercio en la mitología helénica, pasaba un día por un camino y vio a dos víboras empeñadas en feroz combate. Apiadado de los reptiles, los separó con su báculo evitando que se mataran. Como se ve, no puede ser una explicación más infantil ni inútil.

En cambio, el significado hipocrático es profundo y abre las puertas del alma a todo un estudio que abarca la evolución completa del Ser. La varilla representa al Hombre, al ser humano sin distinción de sexo. La esfera o bola superior de la vara alude a la cabeza. Las dos serpientes que se entrelazan en torno, manteniendo sus cabezas frente a frente a un mismo nivel, son las fuerzas del BIEN y el MAL, constantemente en lucha en el alma humana; fuerzas cósmicas a las cuales hay que dominar para que un perfecto equilibrio mantenga la armonía. Y las alas dé águila bajo la bola superior de la vara, son el emblema de la PERFECCIÓN, o dominio absoluto y superación del Ser, que, a manera de las águilas, puede "volar a las cumbres de la Gloria" cuando ha dominado todas las pasiones y, señor absoluto de sí mismo, es capaz de elevarse a las cumbres esplendorosas de la SABIDURIA, del PODER y del AMOR...


SEGUNDA PARTE
Los Pilares del Entrenamiento

CAPITULO XI
La Visita al Pasaje Secreto


Habían pasado varios meses desde nuestro arribo a Janlitpur. El Maestro se mostraba satisfecho con nuestra conducta y trabajo. Según él, íbamos progresando, y nos avisó que nos preparásemos para un viaje corto, de tres días, en que nos llevaría a conocer el pasaje secreto que sirvió, durante siglos, a los antiguos Hermanos para ingresar o salir de aquel lugar, cuando no se conocía, aún, los helicópteros. Marcharíamos con él, dejando a los niños al cuidado de la española.



Mi mujer y yo estábamos intrigados por los preparativos: cada uno de nosotros deberíamos cargar con un pesado equipaje en el que figuraban ropas muy gruesas, tipo masculino iguales a las que usan los escaladores de los nevados picos de los Himalayas. También, en cada carga personal, conducíamos un par de gruesas y compactas botas que fácilmente se podían usar encima de nuestros zapatos corrientes. Además llevaríamos alimentos conservados, de los que se elaboran en el laboratorio―taller mencionado en capítulos anteriores, amén de linternas de aceite y utensilios para cocinar y comer.

No supimos el porqué de tanto equipo para una salida tan corta. Pero Rahmojan nos dijo que esos tres días serían muy útiles a nuestra preparación, que en ese viaje aprenderíamos lecciones muy importantes. Y nuestra curiosidad no pudo ser satisfecha, tampoco, por nuestros compañeros del Hogar, pues al preguntárseles sobre ese tópico, sonreían y guardaban discreto silencio. Ante nuestra insistencia con la española, a la que más confianza le teníamos, se había limitado a contestar:

―Ya verán ustedes; el Maestro nunca hace nada por capricho. Siempre tiene una razón y un motivo importante... Esperen y verán, por sí mismos, lo que tiene que enseñarles...

Así llegó la mañana en que nos pusimos en marcha. Después del desayuno de frutas, pan integral y leche de cabra con yogurt, salimos con Dumpbahar, cargados con gruesas mochilas en que nos repartimos la carga, cuidando que Rosita condujera el menor peso. Un detalle que me había intrigado sobremanera fue que los tres bultos iban dentro de fundas herméticas a prueba de agua. Como le preguntara al Maestro el porqué de tal precaución, me miró con su característica sonrisa, y en el toso serio y paternal de siempre, repuso: ―

―Debes acostumbrarte a dominar la curiosidad, cuando se te ha dicho que te van a enseñar algo nuevo. Ya sabes que no se puede avanzar en el Sendero si no dominamos todos nuestros impulsos y deseos... En el momento oportuno sabrás para lo que sirve todo esto...

Caminábamos siguiendo el cursó del riachuelo, en dirección opuesta a la cueva de las estalactitas, y pasábamos por los campos de cultivo en que se daba todos los elementos vegetales de nuestra diaria alimentación. Allí, en diferentes sectores, se cosechaba las hortalizas, las verduras y las frutas, los granos y legumbres empleados para el sostenimiento general de la colonia. Y a un extremo, a la derecha del río, llegamos a pasar delante de los corrales en donde pastaban las cabras que nos proporcionaban su leche, requesón y yogurt. Ya los habíamos visitado otras veces y yo, con el israelita y el árabe, trabajamos, periódicamente, en ese sitio.

Seguimos de frente, hacia el fondo del valle. Era una mañana muy hermosa. El sol alumbraba de lleno y sus cálidos rayos temperaban la fresca brisa que bajaba de las cumbres. Nos sentíamos alegres y animados, marchando como colegiales traviesos en un paseo de rutina con el profesor. Cerca de una hora que saliéramos del Hogar, y ya veíamos un pequeño bosquecillo, al fondo, en cuya dirección se perdía el curso de agua.

―Descansen un rato ―indicó el Lama―. Tu señora merece un premio por su fuerza y voluntad. Pero debemos guardar energías para el trayecto; aún estamos comenzando y nos falta lo más duro...

Nos descargamos las mochilas y nos sentamos sobre unas piedras.

―Sé que arden en deseos por conocer el motivo de este viaje. En él van a practicar nuevos ejercicios y aprender algo que sólo con la experiencia personal se puede grabar en cada uno... Pero las explicaciones han de venir después, cuando llegue su momento... Sin embargo, ya ustedes saben que lo principal, en este adiestramiento es fortalecer la voluntad, para con ella trabajar en el dominio absoluto del pensamiento. Han venido aprendiendo las lecciones básicas de la teoría fundamental. Pero la teoría, sin la práctica no vale gran cosa. Conoces, ya, que toda la vida interior del Ser gira en torno a su manera de pensar, porque según el hombre piense así serán sus acciones, así será so vida. Nuestros actos son el fruto de nuestras ideas, y si nuestra mente es débil, enfermiza por falta de energía y dé pureza, así, igualmente, será el resultado de nuestras acciones. Nuestras pasiones, actuando libremente sobre nuestra vida interna, generarán toda la serie de errores que vemos en la humanidad. Y las pasiones, las influencias nocivas de nuestra Alma enferma no se pueden arrancar si no tenemos el carácter suficientemente fuerte para reconocer, primero, su artero ataque y oponer, después, toda la fuerza de nuestra voluntad al tratar de liberamos de su nefasta influencia. Para ello, por tanto, hemos de educar la voluntad, fortalecerla en toda forma, de manera que seamos vencedores y no vencidos. El cultivo de la voluntad requiere de ejercicio, de adecuado entrenamiento, como la gimnasia que práctica el deportista para desarrollar y fortalecer sus músculos.

Igual pasa con la voluntad cuando queremos desarrollarla. No basta conocer los métodos. Hay que practicar los ejercicios y enfocar las metas que nos proponemos alcanzar. Y uno de los principales blancos a los que debemos apuntar, como quien practica el deporte del tiro, es la conquista del valor y la destrucción del miedo. Porque el fantasma del miedo, el temor común que a todos acomete, en diferentes grados y con infinidad de motivos, en la diaria lucha por la vida, es lo quemas contribuye a trastornar la vida interna, afectando, incluso, hasta la fisiología y d metabolismo. Los cobardes no pueden aspirar al triunfo y dominio de los planos superiores de existencia. Menos podrán pretender ingresar a mundos superiores al nuestro, en donde sólo tienen cabida los que han vencido las bajas pasiones, los pueriles temores y la debilidad propia de los seres primitivos o subdesarrollados. En esta travesía vais a poder practicar algo de esto, para ayudar a fortalecer vuestro carácter, sin lo cual no podríamos continuar adelante hacia lecciones que requieren, cada vez más, de una fuerte voluntad y de un cada vez más educado pensamiento...

Había transcurrido un cuarto de hora. El Maestro decidió continuar el viaje, y recuperando las mochilas nos pusimos en marcha nuevamente. Nos acercábamos a un gran muro de rocas enormes, como una pared gigantesca en que la montaña se elevaba a cientos de metros del lugar, en que ahora llegáramos. Un pequeño grupo de árboles y abundantes matorrales cubrían la base de aquel precipicio, y en ese diminuto boscaje penetraba el riachuelo, perdiéndose entre el monte. .

Ingresamos en la espesura, guiados por el Lama, y nos encontramos ante la obscura abertura de algo así como un túnel que se adentraba en la montaña. Por el centro de ese boquerón corría el curso de agua en dirección a las entrañas del cerro. Nos detuvimos.

―Saquen las botas y cálcenlas, sin quitarse los zapatos.

Abrimos las mochilas, imitando a Rahmojan, y después de ponernos las gruesas y pesadas botas, que nos cubrían hasta las rodillas, miramos al Maestro.

―Ahora, cierren bien la envoltura hermética impermeable, asegurándose deque las bandas de plástico adhesivo tapen todos los intersticios del cierre y síganme..;

Nuevamente con las mochilas puestas, penetramos tras él en la obscura senda. Dumpbahar marchaba adelante llevando en una mano el farolillo de aceite, encendido, y tanteando el piso con su vara. Nosotros hicimos lo mismo y nos fuimos adentrando en las entrañas de la montaña. Caminábamos con lentitud alumbrándonos con los faroles. Las botas eran muy pesadas y de un material duro y muy grueso, con un barniz impermeable y acolchadas por dentro, lo que molestaba, algo, al caminar. Además, la completa obscuridad reinante en ese a manera de túnel, posiblemente horadado por la acción de las aguas durante milenios, y la irregularidad del suelo, no permitían hacerlo en otra forma íbamos en columna india, el Lama adelante, mi esposa al centro y yo atrás. Seguíamos al borde del riachuelo, en los sitios en que sé podía pisar en firme y seco; pero, a cada instante, había que penetrar en el curso de agua, de muy poco volumen, hasta encontrar nuevos tramos con orillas secas.

Así estuvimos andando por aquel pasaje en un largo trayecto, rodean―do enormes rocas y pequeños remansos, del sinuoso riachuelo que se adentraba en el seno de la cordillera, sin saber cuánto duraría tan extraño viaje. Calculé que habrían pasado, por lo menos, dos largas horas. Nos sentíamos cansados. La humedad y el aire viciado nos molestaban y fatigaban. De rato en rato el Maestro se volvía a mirarnos. Sonreía en silencio, y continuaba su marcha. Mi mujer se apoyaba en mi brazo y me miraba, sin atreverse a decir nada. Pasó otra media hora, en mi reloj, y creí que no podríamos continuar, Pero saqué fuerzas de flaqueza. Recordaba las palabras de Rahmojan, y no quería parecer un niño engreído.

De pronto el camino se agrandó. Llegamos a una amplia caverna en cuyo centro se veía una extensa laguna alimentada por el riachuelo. En una pequeña playa, cubierta de peñascos, nos detuvimos por indicación del Lama y nos sentamos en el suelo.

―Muy bien; veo que se portan muy satisfactoriamente ―comentó―. Descansaremos un rato para recuperar energías pues todavía falta un buen trecho...

Nos sentíamos agotados, sin fuerzas ni para hablar. No dijimos nada. El inspeccionó previamente el lugar hurgando todos los rincones con el farol y la vara. Después se tendió en d suelo junto a nosotros y cerró los ojos. Pensamos que iba a dormir, pero no nos animamos a imitarlo. Aquel recinto, a la parpadeante luz de las linternas, ofrecía una serie de aspectos fantasmagóricos. Las sombras de las rocas se movían por la vacilante luz de las tres llamas de aceite, y el efecto daba la impresión de que tuvieran vida y movimiento. Mi mujer se había recostado en mi hombro, y yo velaba nervioso y cansado pero sin atreverme a cerrar los párpados.

No sé cuánto duró ese descanso. Me desperté al sentir que alguien me movía el hombro. Me había quedado dormido, sin darme cuenta, y el Lama estaba junto a mí, de pie, sonriendo. Nos dijo que teníamos que despojarnos de las ropas, conservando sólo las prendas interiores, porque íbamos a vadear la laguna, la única manera de poder continuar. Yo miré a mi mujer en silencio. Ella, confundida, no sabía qué partido tomar.

―No duden ―dijo él, con voz autoritaria―; deben recordar lo que hemos hablado del carácter... y estamos en la intimidad de Hermanos unidos en un mismo propósito...

Dando el ejemplo, se quitó las botas, conservando las sandalias; guardó sus ropas dentro de la mochila y se quedó sólo con una misa. Yo lo imité y Rosita no tuvo más remedio que hacer lo mismo, permaneciendo únicamente con el sostén y el calzón. La temperatura en la caverna era templada, pero el agua estaba muy fría. El nos guiaba. A la luz de los faroles no se alcanzaba a ver el otro extremo de la laguna. La profundidad no era mucha: nos llegaba hasta la cintura. Así avanzamos un buen trecho; pero nos dimos cuenta que la profundidad iba aumentando, hasta que el agua nos llegaba ya hasta el cuello. Rahmojan seguía imperturbable y nosotros no podíamos hacer otra cosa que seguirlo. Al fin distinguimos que la cueva se angostaba hasta llegar a un nuevo túnel. El piso subía casi con brusquedad, y en pocos minutos estábamos otra vez fuera de la laguna, avanzando por el lecho del río. Así caminamos unos minutos más, y llegamos a otra minúscula playa.

―No salgan del agua ―previno el Lama―; voy a inspeccionar si no hay víboras...

Y con precaución alumbró todos los contornos de ese espacio abierto y las piedras que en él habían.

―Podemos vestirnos con tranquilidad ―comentó sentándose en una roca y abriendo la mochila.

Mi mujer y yo seguimos su ejemplo. Nos despojamos de las prendas mojadas y nos vestimos de nuevo. Por indicación de él, esta vez nos pusimos toda la ropa que traíamos y dos pares de medias gruesas bajo las botas.

―Ahora tenemos que caminar con mucho cuidado ―nos dijo― porque vamos a entrar al último tramo, y antes de salir hemos de pasar por una zona llena de víboras.

Mi mujer hizo un gesto. Yo le apreté suavemente la mano. Rahmojan se rió.

―Hay que dominar el miedo. Recuérdenlo bien. Por eso hemos traído estas botas especiales...

Volvimos a cargar con las mochilas y nos metimos otra vez en el cauce del riachuelo. Caminábamos despacio y alumbrando el suelo con los faroles. El ―Lama inspeccionaba detenidamente los contornos y hurgaba con la vara antes de avanzar. Así continuamos un rato hasta que una lejana luz nos anunció la cercanía de la salida. Pero a medida que nos aproximábamos al término del túnel, vimos qué a ambos lados del curso de agua brillaban en la oscuridad puntitos luminosos que aparecían y desaparecían. Comprendí que eran los ojillos de un regular número de ofidios que, entre las peñas, huían asustados por la luz de las linternas. Estábamos cerca ya, a un boquerón por donde penetraban los rayos del sol y a la luz del atardecer pudimos ver que por las orillas del riachuelo y entre las peñas de la ribera, se deslizaban numerosas serpientes.

Mi mujer no pudo contener un grito ahogado. Yo la abracé. Dumpbahar nos miró en silencio y prosiguió su marcha impertérrito. ―¡No se detengan!

Haciendo un esfuerzo, obligué a Rosita a seguir, abrazándola. En efecto, había que salir de ese lugar lo antes posible. Y mirando dónde poníamos los pies, dentro siempre del agua, que ahora corría tumultuosamente, llegamos hasta la salida del boquerón. Allí, en ambos lados, crecían matas que bien podían ocultar alguna víbora. En el momento de trasponer los últimos peñascos de la entrada, vi que un objeto, con la rapidez del rayo, saltó sobre la pierna del Lama. Una serpiente como de medio metro de largo había clavado sus dientes en la gruesa bota, quedando unos segundos, como prendida del duro material. Sin embargo fue tiempo suficiente para que el Maestro, con un rápido golpe de vara la arrojase contra una piedra, aplastándole la cabeza con otros dos golpes más...

Corrimos fuera. Estábamos en una quebrada descendente, en las estribaciones de una majestuosa cumbre nevada, y por ella se despeñaban las aguas del riachuelo hasta perderse en la distancia. Más o menos a unos trescientos metros abajo del sitio donde nos habíamos detenido, se divisaba una cabaña en la soledad de aquel paraje. Fuera de ese detalle, no se advertía la menor señal de vida humana o animal en todos los contornos.

―Vamos para allá ―nos explicó nuestro guía―. Ya está cayendo la tarde y en ese sitio podemos pasar la noche para regresar mañana temprano.

Por el trayecto nos contó que se trataba de un albergue construido por los monjes, muchos años atrás, cuando aún no disponían del helicóptero; y que allí reposaban, a la ida y al regreso, cada vez que tenían que viajar por algún motivo de importancia.

―Después, ya nadie le ha dedicado mayor atención. Este lugar está alejado de todas las rutas conocidas, y si alguien hubiera venido hasta aquí habría supuesto que se tratara de un albergue de "sherpas" o guías de los montañistas.

Al llegar a la cabaña la encontramos con huellas inconfundibles de no haber sido utilizada en mucho tiempo. Pero se hallaba en buen estado de conservación. Las paredes de piedra resistieron bien el paso de los años, y las maderas que sostenían el techo de paja aún cumplían su cometido. Por lo demás, en un páramo desierto como ése, no dejaríamos de contar con cierta relativa comodidad. Adosados a las paredes vimos hasta cinco toscos lechos de piedras cubiertos con pieles de cabra, y en el centro de la estancia se apreciaba, aún, los restos de un hogar en el que se había encendido fuego muchas veces, a juzgar por las cenizas. Lo único que faltaba era la puerta. Al parecer, nunca la tuvo.

―No importa ―comentó el Lama― Aquí sólo han pasado, siempre, una noche... y con nuestros modernos sacones de dormir no nos irá del todo mal.

Eran las cinco de la tarde y sentíamos hambre. Teníamos una cocinilla portátil de kerosene y dos ollas, amén de los alimentos que portáramos en las tres mochilas. Rosita se dispuso a preparar la cena y, mientras tanto, yo me puse a conversar con Dumpbahar. El estaba satisfecho de cómo nos habíamos comportado. Esta experiencia iba a sernos muy útil para retemplar el carácter y acentuar nuestro sentido de la obediencia y afirmar la disciplina encaminada al mejor logro de nuevas pruebas, en el proceso de afianzamiento del YO superior interno. Nos explicó muchas de las pruebas que, en todos los tiempos, han tenido que cumplir los aspirantes a la Iniciación, y nos adelantó que, dentro de poco, pensaba prepararme para un primer ensayo de ingreso voluntario y consciente en la Cuarta Dimensión.

―Pero eso no es posible intentarlo mientras no se haya vencido totalmente el fantasma del miedo. Tenemos que ser absolutamente serenos. Evitar toda forma de temor, como ya les he dicho. Si no logramos alcanzar una calma absoluta, una serenidad a toda prueba, no podemos pensar en enfrentarnos a los peligros morales, mentales, intelectuales, psíquicos y físicos de la Cuarta Dimensión. Una cosa es que en ella actuemos, todos los días y todas las noches, de manera inconsciente, y otra, que pretendamos hacerlo a plena consciencia. Todas las noches, al dormir, penetramos en la Cuarta Dimensión. Pero lo hacemos sin conciencia de lo que está sucediendo. O sea que no nos damos cuenta cabal del fenómeno que estamos viviendo. Y así, pasamos por ella, o actuamos en ella sin que nuestro cerebro capte directamente nada, porque, en cierta forma, está desconectado de nuestro YO interno. Se encuentra reposando, como lodo el organismo físico, para el trabajo de recuperación que hace, entonces, nuestro Doble Etérico o Cuerpo Vital. Pero al mantener el contacto con el cerebro, en el pase consciente, las manifestaciones de este plano de la Naturaleza pueden atacar, directamente, a nuestro organismo psíquico y físico. Debe recordarse que la Cuarta Dimensión es el asiento de todos los diferentes aspectos de la vida emocional, y que en ese mundo o plano de la Naturaleza, habitan multitud de seres, desde los más elementales, como este mismo nombre da a entender, hasta los más puros y bellos exponentes de la superación humana y suprahumana. Pero no están juntos, por lo regular. Los superiores se encuentran en los subplanos más elevados y, aun cuando pueden pasar o ingresar en los niveles inferiores, no lo hacen de continuo sino en casos especiales, o en cumplimiento de misiones específicas. En cambio, los seres más atrasados, los múltiples exponentes de la degradación humana y de las fuerzas inferiores de la Naturaleza, no pueden subir a los subplanos superiores y se encuentran pululando en los bajos niveles que, precisamente, son a los que de manera forzosa han de entrar quienes estudian todo esto...

Cuando se ingresa voluntaria y conscientemente, y eso tiene que ser de forzosidad por los planos inferiores, quienes no han alcanzado los niveles superiores de la evolución ―y así está la mayoría de nuestra humanidad― se ven rodeados por una multitud de seres de las más grotescas, repugnantes y horribles formas que sea dable imaginar. Engendros verdaderamente diabólicos acosan al visitante, se burlan de él y lo amenazan. Porque las entidades que. pueblan esos subplanos constituyen las más bajas y atrasadas formas de vida entre los espíritus de la Naturaleza, y junto a ellas se encuentran en esos niveles las almas de los más atrasados especimenes de nuestra humanidad.


Todos los criminales, viciosos y pecaminosos seres que han fallecido en tal estado en nuestro mundo físico, habitan en esos subplanos hasta que su gradual adelanto moral y espiritual les permita subir a niveles superiores.

De tal suerte es lógico suponer el sufrimiento, las mortificaciones y terribles impresiones que esperan en tales lugares del Cosmos a quienes penetren en ellos sin la debida preparación. Cuando este ingreso es involuntario e inconsciente, como puede suceder, durante el sueño,― esas reacciones no afectan directamente al ser integral, porque su parte física, incluyendo el cerebro y el sistema nervioso están separados del alma, que es la que penetra en aquellos sitios. Esta es la razón de algunos sueños terribles que suelen tener determinadas personas. Pero la impresión es pasajera al no llegar, de lleno al organismo físico. Sin embargo, muchos tendrán recuerdo de las impresionantes experiencias y hasta del malestar físico experimentado en tales ocasiones. Además, en esos casos, nuestros protectores invisibles, aquellos seres que las religiones denominan "el ángel guardián" protegen al durmiente que involuntariamente se ha puesto en contacto con aquellos subplanos... Pero, cuan―do en uso del libre albedrío, se ingresa voluntariamente en ellos, tal protección queda anulada y es de toda responsabilidad para el sujeto sus acciones y, por tanto, las correspondientes reacciones o efectos que ha de tener, como ya lo viéramos al tratar de la Ley de Causas y Efectos. Y el que no está preparado adecuadamente, ha de sufrir, con toda justicia y lógica, las con―secuencias de su irresponsable conducta. De ahí los nocivos y variados resultados que tal incursión pueda ocasionar al ignorante y al imprudente. Las consecuencias, dentro de la gran variedad de casos que se puede presentar, llegan a una infinidad de fenómenos psíquicos, mentales y físicos que van desde pequeños trastornos en el sistema nervioso y cerebral, hasta tremendas conmociones de todo el organismo, graves enfermedades mentales, desequilibrios orgánicos y hasta la misma muerte violenta por súbitas reacciones sobre el sistema cardio―vascular. Muchos ejemplos de todo esto los tenemos en las diversas manifestaciones que presentan algunos viciosos, como los alcohólicos en los casos de delirium tremens, y el de los drogadictos que, mediante una u otra pócima alucinógena de las que hoy se emplean, desgraciadamente, en muchos sitios, pueden, momentáneamente, romper la barrera del mundo astral, con toda la secuela de terribles consecuencias que ello ocasiona y que tos médicos psiquiatras conocen perfectamente en sus tristes resultados.

Pero a los que su preparación adecuada les ha permitido un previo desenvolvimiento de todas sus facultades, una transformación gradual y positiva de todo su ser, alcanzando la pureza moral y la fortaleza integral de sus respectivos vehículos fluídicos superiores, aquella experiencia no entraña el menor peligro ni molestia, pues al haber logrado tal adelanto de su YO interno, poseen ya un aura resplandeciente y el poder luminoso de esa aura ahuyenta, pone en fuga a todos esos engendros, porque es muy cierto el aforismo antiguo y popular de que "la luz vence a las tinieblas"... Los rayos de diversa coloración y de diferente energía luminosa de las auras, según las condiciones en que se encuentren sus poseedores, atraen o repelen a las entidades del astral o Cuarta Dimensión, por lo mismo que hemos explicado al tratar sobre las leyes de atracción y repulsión, de afinidad y semejanza... Y un aura sucia, débil y poco luminosa, con rayos emitidos por las bajas pasiones y la imperfección del ser, atraen a los elementos semejantes; como el esplendor y hermosa luminosidad de las auras fuertes y puras repelen, dominan y hacen huir á sus contrarios... Por todo esto, quien penetra en esos planos de la vida en tales condiciones es como si estuviera protegido por una invulnerable armadura, y puede discurrir por esos subplanos sin verse afectado por ellos y pasar a los subplanos superiores sin la menor molestia, en la misma forma en que lo hacen todas las almas y espíritus elevados y puros.

Mi mujer terminaba de preparar la comida. Las últimas luces del Crepúsculo alumbraban tenuemente la cabaña, y nos sentamos en los toscos lechos de piedra para repartirnos, fraterna y alegremente, la frugal cena, consistente en una sopa de legumbres y un guisado a base de carne vegetal, mezcla de pasta de soya y gluten, con arroz, y una porción de pan integral preparado con harina de camote y soya, amén de las correspondientes porciones de requesón con miel de abejas. ,

Terminada la cena, sin desvestimos, nos metimos en nuestras bolsas de dormir, cada uno en su camastro, y nos dispusimos al reposo que buena falta nos hacía...


***


Con los primeros resplandores de la aurora estábamos ya listos para emprender el regreso. Después de un desayuno de fruta, pan y requesón con miel, cargamos nuestros bultos y nos dirigimos cuesta arriba hacia el boquerón de las víboras. Al llegar, el Lama recogió tres ramas fuertes y secas y con ellas preparamos unas teas amarrando en los extremos paja embebida en grasa disuelta con kerosene de la hornilla.

―Ahora vas a marchar tú por delante― me dijo.

Comprendí que quería probarme. Y encendiendo las antorchas, penetramos en el boquerón caminando, otra vez, por el centro del curso de agua. Avanzamos con toda prudencia, alumbrándonos con las teas, que proyectaban una fuerte luz, y moviéndolas hasta cerca del suelo para ahuyentar a las serpientes. Esta vez me sentía más seguro de mí mismo y pude ver claramente cómo los ofidios huían al avanzar nosotros, por temor al fuego. Así pudimos caminar más rápido, hasta llegar a la pequeña playa en donde nos habíamos vestido al salir de la laguna. Ahora, el asunto era a la inversa. Con la experiencia anterior, todo fue más fácil. Cruzamos la laguna y nos cambiamos al salir de ella. Pero estábamos frescos, y no hubo necesidad de descansar como la otra vez.

De tal suerte, el viaje de regreso nos pareció mucho más corto, y al promediar el día llegábamos a nuestro Hogar, en donde nos esperaban con un suculento refrigerio vegetariano. Los chicos nos abrumaban a preguntes, y nuestros compañeros de vivienda, guiñando un ojo, nos preguntaban, con sorna, cómo nos había ido. En particular, Maruja, la española, que al servir las viandas, se dio tiempo a comentar:

―No podíamos decirles nada, para que pudieran aprender esas lecciones por cuenta propia...


capitulo XII
Cultura del Pensamiento y de la Voluntad


Conforme se ha manifestado en capítulos anteriores, la base de toda enseñanza esotérica, encaminada hacia el logro de la superación personal, radica, enteramente, en él fortalecimiento de la voluntad y su aplicación al control o dominio del pensamiento, para que no seamos juguetes de una mente indisciplinada y loca, sino los dueños absolutos de ella. Y esto no puede lograrse tan fácilmente como pudieran suponer los neófitos. El profano se imagina que es muy sencillo gobernar su pensamiento. Pero, en la práctica, tan fútil, como ligera creencia, resulta equivocada, ante los escollos que hay que sortear y las dificultades que surgen desde los primeros ensayos.



No hay nada más difícil que dominar el pensamiento, para quienes no están entrenados. La mayoría de las personas piensa ligera y frívolamente. Sus ideas se suceden unas a otras, muchas veces sin la menor hilación de unas con otras. Juegan como niños en recreo, saltando de uno a otro asunto, y no se fijan en algo sino cuando una preocupación mayor acomete al sujeto.

Así, la mayoría de la gente pierde un tiempo de valor inestimable; pero, también, desconoce cuánto podría ganar, en todo sentido, si pudiera fijar su atención en motivos de cierta importancia, en temas de indiscutible utilidad, en fines benéficos y positivos, en vez de malgastar horas, días y años en futilezas, cuando no en negativas metas y perniciosos propósitos. Ya se ha dicho que seremos según pensemos. Que el pensamiento moldea la acción, y que ninguna acción mala puede provenir de un pensamiento bueno, como ningún acto bueno puede ser fruto de una mala idea.

En los más diversos campos de la actividad humana, es primero el pensamiento el que planea los hechos, y las acciones de todos son el reflejo directo de su modo de pensar. Y si se piensa mal, se actúa mal. No podemos imaginar una idea deforme, incompleta o malévola, generando una acción armónica, eficaz y buena. El .pensamiento alocado no puede lograr consecuencias equilibradas y firmes. El planteamiento ideológico de algo, ha de producir hechos o fenómenos directamente relacionados con el motivo de ese mismo plan y estrictamente vinculados al mismo. Todo lo contrario sería absurdo.

Pero cuando tratamos de mantener nuestro pensamiento enfocando hacia determinado punto o tema, si no estamos acostumbrados a concentrarnos y retener la atención en un sólo sentido, en una sola dirección, vemos que el pensamiento vuela como una mariposa de flor en flor... Hagamos la prueba. Tratemos de fijar la mente, durante cierto ―tiempo, en un motivo cualquiera. Comprobaremos que, a los pocos segundos o minutos, el pensamiento se nos escapa, salta de un asunto a otro, corre en una serie dé antojadizas imágenes, de una a otra cosa, como un niño travieso a quien quisiéramos mantener junto a nosotros, y que nos burla a cada instante... Por lo tanto, si queremos prosperar en el camino de nuestra propia superación, debemos aprender a dominar nuestro modo de pensar, a fijar todo el tiempo que se nos antoje nuestro pensamiento y obligarlo a ser nuestro fiel servidor, en vez de ser él quien nos maneje como títeres.

Y esto no se consigue sino a costa de un largo entrenamiento, para lo que hace falta una firme voluntad; pues si no tenemos voluntad no podemos realizar gran cosa, y una voluntad fuerte y capaz de vencer cualquier tropiezo, requiere de ejercicios continuados como la gimnasia de los deportistas necesita de continuos ejercicios para el desarrollo de sus músculos.

Cuando la voluntad se ha fortalecido, encauzándola hacia el trabajo mental, los resultados se benefician recíprocamente: la energía volitiva crece y ayuda a fijar y gobernar al pensamiento, y la energía mental fortalecida y multiplicada en su acción, contribuye a desarrollar, cada vez más, la voluntad y carácter. Así puede llegarse a niveles tan grandes, tan elevados, que los resultados, en el tiempo y en el espacio, alcancen a realizar prodigios...

Todos conocemos el ejemplo de los fakires de la India. En la mayoría de los casos, por no decir en la totalidad, los fenómenos prodigiosos que realizan vienen a ser fruto de una voluntad y de una mente ejercitado y dominado en forma absoluta por su poseedor. Y en los casos en que intervengan el hipnotismo, también ese poder se ha logrado gracias al dominio de la voluntad y de la mente.

Más arriba hemos dicho que el trabajo conjunto de esas dos facultades modifica y desarrolla voluntad y carácter. Debemos aclarar qué se entiende por carácter, o que significa "el carácter", pues muchas personas, la mayoría quizás, confunden carácter con mal genio, con humor desagradable y violento, con temperamento irritable y explosivo. Esto es un craso error. Las personas de mal genio, de temperamento impulsivo y duro, propensas a dejarse arrastrar por la ira, fáciles de explotar, a cada instante, con dureza y groseros o autoritarios modales, no son personas de carácter, sino todo lo contrario: pobres débiles mentales, sin ningún dominio sobre su pensamiento ni sobre su voluntad, que se dejan arrastrar por los impulsos sin control, y pueden llegar a cometer actos de los cuales tengan, más tarde, que arrepentirse. A esta clase de seres pertenece gran parte de nuestra humanidad, y entre ellos se cuentan los representantes de los más bajos fondos de la sociedad, que no son, por cierto, ni dechados de virtud ni exponentes de una esmerada cultura. Y si se trata de personas que hayan recibido una buena o esmerada educación, y que, sin embargo, hacen alarde de su irascibilidad y su violencia en el trato con los demás, sólo demuestran que no saben lo que es el carácter ni tienen el menor dominio de sí mismos, porque el verdadero carácter es esto último: el dominio absoluto de sí mismo...

Y cuando un hombre ha logrado ese dominio, jamás puede ser impulsivo ni violento, pues se supone que al alcanzar el triunfo sobre su YO INTERNO, ha logrado superar la influencia de todos los agentes del desequilibrio y la desarmonía... y un hombre así ha de ser un exponente de la serenidad y cordura en todos sus actos...

Veamos, entonces, cómo trabajar por obtener tan bellos resultados: Y sepamos, de antemano, que al llegar al dominio de uno mismo, estaremos abriendo las puertas al dominio de facultades superiores del alma, que nos pondrán, a su vez, ante las puertas doradas de los planos superiores de la VIDA.


***


Lo primero que tenemos que hacer, para iniciar este entrenamiento, es disponer de un sitio en el que podamos estar solos, con toda tranquilidad. Un lugar en donde nadie nos moleste ni nos interrumpa cuando nos dediquemos a los ejercicios que habrá que realizar. Esto no significa el que tengamos que alquilar o buscar un local alejado de nuestra vida diaria, no. Puede ser nuestra misma alcoba, si en ella podemos pasar momentos de soledad sin exponernos a que nos molesten cuándo estemos estudiando o practicando algún ejercita―miento, pues lo único indispensable es contar con un aposento en que podamos retirarnos a trabajar cuando nos venga en gana, sin interrupciones.

Y cuando contemos con ese requisito, emprenderemos los primeros pasos hacia nuestra educación y disciplina internas. Ya hemos dicho que lo fundamental es cultivar y desarrollar la voluntad, que es la palanca sin la cual no podemos hacer nada. Los ejercicios para ello son de una variedad infinida. Pero vamos a ir recomendando muchos, que en forma gradual han de proporcionarnos lo que buscamos.

Para comenzar a ejercitar la voluntad hemos de formarnos un concepto claro de lo que esa fuerza significa, para que no cometamos el error de elegir motivos gratos y acciones o pensamientos que dé antemano nos agraden. Es obvio que si vamos a echar mano de lo que nos gusta, para ejercitar esa fuerza, no ganamos nada, porque estamos haciendo lo que nos satisface, o sea que seguimos practicando lo que toda la vida hicimos... no adelantamos nada pues en nada obligamos a nuestra voluntad a actuar.

Pero si nos proponemos realizar cosas o actos contrarios a nuestras costumbres y hábitos, si queremos que nuestra voluntad se fortalezca, hemos de elegir motivos que nos cuesten determinado esfuerzo; que puedan causarnos alguna dificultad al principio, e incluso que sean en apariencia molestos para nuestra manera de ser. Si por ejemplo, estamos acostumbrados a levantarnos tarde en las mañanas, a reposar algún tiempo antes de abandonar la cania, nos propondremos hacer lo contrario: nos levantáremos temprano y saltaremos del lecho en cuanto nos hayamos despertado. Si nuestro sueño es pesado, consíganlos un despertador y nos ayudaremos con él hasta que su uso deje de ser necesario por habernos habituado a despertar temprano. Sepamos que los seres adiestrados en esto no necesitan despertadores mecánicos, porque en su cerebro han adecuado el mecanismo propio que les permita despertar a la hora que, voluntariamente, elijan. Y este nuevo hábito nos será de mucho provecho, pues dispondremos de más tiempo en nuestra diaria labor. Si no se requiere de esas horas para el tipo de ocupaciones que tenemos, no importa. Podremos emplearlas en adquirir nuevos conocimientos o en este mismo entrenamiento.

Y al levantarnos más temprano, dediquemos por lo menos un cuarto de hora, todos los días, a meditar, con entera tranquilidad, sobre la imperiosa necesidad de fortalecer nuestra voluntad y de dominar nuestro pensamiento. Al principio nos ayudaremos escribiendo en ese cuarto de hora, una frase corta alusiva a dicho propósito, por ejemplo: "Quiero fortalecer mi voluntad" o "Debo dominar mi pensamiento". Repitamos la escritura de la frase elegida, que debe ser concisa, breve, para impresionar con mayor fuerza nuestra mente. Y su repetición constante, en el papel y en nuestra mente, ayudará a grabarla, aunque, al principio se nos antoje este ejercicio como una niñería. Es la necesidad de impactar nuestro subconsciente que, poco a poco irá haciendo suya esta idea hasta que ya no necesitemos escribirla.

Si somos fumadores, nos propondremos dejar el vicio. Y lo haremos de inmediato, no cigarrillo por cigarrillo; así jamás podríamos lograrlo. Hay qué pensar: "No debo fumar más", y no volver a fumar uno solo desde ese momento. El vicio nos causará una constante inquietud por encender un pitillo; pero si nos mantenemos firmes, al poco tiempo ya no nos será necesario y habremos ganado en fuerza de voluntad y en salud. Así debemos proceder con infinidad de cosas de las que nos rodeen y que no sean indispensables a nuestra existencia.

Otra disciplina a la que debemos someternos será la de dedicar las noches, antes de dormirnos, un cuarto de hora, también, para meditar en el mismo ejercicio de la mañana, pero esta vez no escribiremos nada. Nos contentaremos con encender una lamparita de aceite como las que se usaban antiguamente para alumbrar las imágenes de santos. Si no la tenemos a la mano, por ser de poco uso en estos tiempos, es posible improvisarla muy fácilmente con un vaso o copa no muy grandes, en que se ponga el aceite de comer, y en el que colocaremos el flotador y la mecha, improvisados, así mismo, con un pedazo de corcho al que le abriremos un agujero central para que pase una mecha de pabilo hasta el aceite. Para evitar que la llama queme el corcho, la mecha debe llevar un pedacito muy pequeño de lata agujereado con un clavo para pasarla y así colocado sobre el corchó. Todo este trabajo no debe parecer ridículo ni infantil, pues si no empezamos con estas pequeñeces, menos podremos tener voluntad dispuesta a vencer en otras pruebas mayores, como veremos más adelante. Y ahora comprenderemos, paso a paso, por qué debemos estar solos y tener un sitio, por muy reducido que sea, en donde trabajar y guardar nuestros actos fuera de la curiosidad y burla de quienes no estén preparados para comprender lo que nos estamos proponiendo. De lo contrario, la incomprensión y el ridículo se cebarían en el principiante y lo desanimarían...

Los profanos se preguntarán ¿qué tonterías son éstas?... Precisamente, el que nos parezca tonto comenzar con ejercicios así nos va preparando a nuevas y mayores pruebas, pues si no nos decidimos a comenzar por lo más simple, nunca llegaremos a vencer en disciplinas que exijan mayor fuerza de voluntad. Recordemos que para aprender a caminar tuvimos que gatear, como animalitos, primero... Y en estos primeros pasos, la fuerza volitiva será más fácilmente ejercitada, ayudando a la realización de posteriores pruebas. En cuanto al ejercicio nocturno, el no escribir como en la mañana, nos obliga a un mayor esfuerzo por mantenernos despiertos durante ese cuarto de hora, venciendo a la fatiga por un lado, y acostumbrando a fijar nuestra atención en un sólo pensamiento: la frase que hayamos elegido. Para ello, también, es de gran importancia el mantener fija nuestra mirada en la luz de la lamparita, que nos impide dormirnos mientras ejecutamos dicha gimnasia y que nos ayudará, subconscientemente, después, a grabar la idea que ha de imprimirse en nuestra mente hasta hacerla indeleble...


***


Cuando hayamos logrado realizar estos primeros ejercicios con toda facilidad, y estemos acostumbrados a cumplirlos sin faltar ni una mañana ni una noche, es llegada la oportunidad para adelantar algo más. Teniendo grabada en nuestra mente la certeza de lo que nos ha sugerido la frase elegida, y siéndonos ya fácil repetir día a día esa gimnasia mental, elijamos un nuevo motivo para fijar el pensamiento sobre él: éste puede ser alguno de nuestros defectos más notables. Nadie está exento de debilidades y errores naturales, peculiares a su personalidad, y debe buscar entre ellos los más saltantes. Supongamos que somos irascibles o violentos. O que nos dejamos dominar por algún vicio o por determinado hábito. No busquemos comenzar por lo más arraigado, Nos expondríamos a fallar y a desanimarnos prontamente. Aquí podemos aplicar lo que antes dijimos del vicio de fumar. O si somos tímidos y nos cuesta trabajo hacer algo en nuestra diaria actividad, concentremos nuestra atención del ejercicio matinal y nocturno en eso. Pensemos en la noche que hemos de ser fuertes, desechar esa timidez, o esa violencia que nos acompaña en todas las actividades de costumbre, y por4a mañana escribamos, tantas veces como sea posible, dentro del cuarto de hora, una frase corta sobre el fenómeno que queremos cambiar; por ejemplo: "Debo dominar mi timidez y ser audaz"... No construyamos frases largas, pues complican su retención y su efectividad. Y así, con cualquier defecto menor o hábito no saludable. Cuando se haya uno acostumbrado a aceptar como necesaria la modificación de ese hábito, viene la obligación de ejecutar, en la práctica, lo que nos hemos fijado mentalmente conseguir... Al principio nos parecerá difícil o imposible, pero si nos esforzamos, lo conseguiremos.


***


Los que hayan leído el libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES..." estarán enterados de que nunca estamos solos. Que siempre está juntó a nosotros aquel hermano Invisible a quien la religión menciona como "el ángel guardián" y que en Cosmología se conoce como el "protector". Por muy escépticos que seamos sobre estas cosas, no debemos desecharlas. Precisamente, si queremos adelantar en este camino, debemos llegar a comprobarlas. El que no quiera creer en esto, que se olvide de pretender ahora estos entrenamientos... Pero al aceptar este axioma, debe poner desde el principio, su fe en la ayuda del Hermano Invisible, del "protector". Diariamente debe dedicar, unos minutos, ya sea en la mañana o en la noche, a establecer como una visita o diálogo con "El"... Basta con pensar en un ser que nos acompaña amorosamente a todas partes y pedirle que nos ayude a conseguir el triunfo de nuestros propósitos. Pronto nos daremos cuenta de que, en verdad, hemos sido escuchados y que vamos avanzando en lo que antes pudo parecemos ridículo o imposible. Esta es una de las formas como el ser humano puede llegar hasta DIOS....


***


En cuanto nos hayamos convencido acerca de la positiva realidad de todo ello, habrá llegado el momento de adelantar un paso más. El de procurar iniciar el propio examen... Recordemos que todas las escuelas antiguas, muy particularmente las de Sócrates y Platón, pedían a sus discípulos: "Conócete a ti mismo"... Esto puede parecer muy fácil; pero es lo más difícil, porque, quien más quien menos, todos tenemos un concepto incompleto de nosotros mismos. El amor propio, ese ególatra retrato que nos formamos sobre nuestra personalidad, sobre nuestro verdadero "YO", es, casi siempre, una disimulada falsedad. Todos creen ser superiores a cómo son, cuando no se consideran "perfectos", en los tristes casos de los orgullosos y soberbios. La soberbia, al cegar al hombre sobre sus propios defectos, lo lleva, muchas veces, a juzgarse, estúpidamente, perfecto... Para un ser de tal naturaleza, será muy poco o nada lo que pueda hacerse en este terreno...

Y si somos sinceros con nosotros mismos, si anhelamos conocer nuestros verdaderos errores y defectos, el Hermano Invisible nos lo facilitará, descubriendo a nuestro YO interno las fallas que debemos eliminar, y ayudándonos, con amor, a reemplazarlas por las cualidades contrarias. Porque a los bien intencionados se les facilita la tarea desde la Cuarta Dimensión o Mundo Astral. Y al comprobar cómo es cierto que existe esa cooperación invisible pero positiva, nuestra fe se fortalecerá y podremos avanzar, cada día, con mayor rapidez y seguridad.

Cuando sepamos cuáles son los defectos más notables de nuestra personalidad, aplicaremos a su eliminación el mismo método que venimos describiendo. No pretendamos atacar de un golpe todas las debilidades y vicios de nuestro YO. Sería demasiado. Vayamos por partes, comenzando por transformar, poco a poco, lo menos grave que, al lograrlo, habremos fortalecido cada vez más nuestra voluntad y habremos demostrado con hechos nuestra sinceridad a las entidades superiores a través de la diaria vigilancia de nuestro "Protector"... Así no trabajaremos solos, y nuestra labor se hará más fácil y llevadera; pues el descubrir nuestros defectos, en aquellos que están muy atrasados, es una obra de gran envergadura, para la que hará falta ayuda externa, y si no contamos con un consejero eficiente y sabio que nos pueda guiar en esa parte de nuestro adiestramiento, no nos quedará más remedio que confiamos a la protección interna de los guías espirituales invisibles que, por intermedio del Protector, acuden inmediatamente en auxilio de los seres que demuestran una firme y honrada disposición de enmendar sus yerros y procurar su elevación moral y espiritual...

Más adelante volveremos a ocuparnos del método progresivo que estamos describiendo, pues ahora conviene tratar, en un próximo capítulo, de otras .facetas muy interesantes, del mismo proceso.


CAPITULO XIII
La Cripta de los Antepasados


Poco tiempo después de la visita al pasaje secreto de las víboras, el Maestro me llevó a conocer otro de los lugares confidenciales del monasterio: La Cripta en donde reposaban las cenizas de los Maestros Gobernantes de Janlitpur.



Bajamos por una escalera de piedra cuya entrada está en el piso del Santuario, detrás del Ara, al fondo del templo, cerrado con una antigua reja de bronce. Es una sala de tamaño casi igual a las dimensiones del local superior, con las paredes adornadas con viejas inscripciones en sánscrito. En el centró arde una lámpara de aceite, de bronce primorosamente cincelado, sobre un gran pedestal de ébano finamente tallado. Y en torno a las paredes del recinto hay una veintena de pedestales, también de ébano artísticamente adornado con incrustaciones de bronce, soportando cada uno una pequeña urna de bronce cincelado en finos arabescos, bajo la cual vi pequeñas placas del mismo metal con inscripciones sánscritas. Me llamó la atención que una de las urnas, en un extremo, no tenía placa.

―Es la mía ―explicó el Lama, lacónicamente.

Al fondo de la cripta advertí dos muebles parecidos a mesas bajas o lechos, con el tablero de mármol negro y jaspes amarillentos. Al preguntar sobre su significado, Rahmojan respondió, con cierto aire misterioso: Mañana lo sabrás... Quiero que te prepares a pasar la noche de mañana en este lugar, por donde han pasado todos los que fueron iniciados en Janlitpur... Debes prevenir a tu esposa que no se preocupe... Que vas a recibir una nueva lección...

A la noche siguiente, después de cenar, fuimos con Dumbahar al Santuario. Abrimos la reja de bronce y bajamos a la Cripta. Allí, él extrajo del bolsillo una llavecita y abrió una puerta disimulada tras uno de los paneles con las inscripciones en sánscrito. Me invitó a entrar y me encontré en una: pequeña estancia con un gran horno en la pared del fondo. Era todo lo que había, y a la luz de la linterna que encendiera el Lama vi que en esa habitación no existían ni muebles ni la menor decoración en las paredes de tosca piedra. '

―Acá incineramos a nuestros muertos ―me explicó―. Y las cenizas de Los Maestros Directores son conservadas en las urrías que has visto fuera. Las de los Hermanos comunes, después de un servicio religioso arriba, son llevadas en una urna corriente basta la entrada del boquerón del pasaje secreto y vaciadas en las aguas del río para que, sin contaminar nuestras aguas, vuelvan a la Madre Tierra de donde salieron... Volvamos a la Cripta.

Salimos y me llamó la atención que no cerrara la puerta. Creí que era una distracción, pero él me respondió:

―Déjala abierta; así será mejor por esta noche... Y ahora oremos un rato antes de retirarme, porque tú vas a permanecer, solo, toda la noche. Debes repasar, en tu mente, cuanto has aprendido hasta este momento, y recordar que, pase lo que pase, no has de sentir el menor temor. Ya has avanzado bastante en el Sendero, y se acerca la hora en que podrás intentar la primera salida hacia el Astral. Por eso, aprovecha de esta noche para concentrar todas tus energías y estar pronto a enfrentarte con el Más Allá... Sabes muy bien que la Muerte no existe, que las cenizas de los Antepasados sólo son los restos materiales de sus cuerpos físicos, y que Ellos siguen vivos, como todos los difuntos, en los confines de los Planos Superiores del Cosmos. Piensa en Ellos y pídeles que te acompañen y te ayuden, porque Ellos han alcanzado a ser Uno con el Amor Cósmico, y pueden responder a quien se ha preparado como tú te has preparado. Ya lo sabes; pues usar uno de estos camastros de mármol para recostarte y confío en que sepas aprovechar de esta noche y no dejarte llevar por el temor... Mañana vendré a buscarte.

Me puso una mano en el hombro y se retiró. Sentí que cerraba y echaba llave a la reja de bronce, y me quedé suspenso y aturdido. Miraba a todos los rincones de la Cripta, alumbrados tenuemente por la llama ondulante de la lámpara de aceite, y paseaba mi vista de las urnas funerarias a la puerta abierta del cuarto del horno, cuya obscuridad era impresionante. Me senté en uno de esos extraños lechos y procuré mantener mi tranquilidad. Junto a la lámpara vi, recién un pequeño pebetero, también de bronce. Me acerqué y encontré que contenía algunos trozos de carbón. Al lado había una cajita conteniendo incienso, con unas pinzas y una cucharilla que no viera el día anterior. Comprendí lo que esto significaba, y cogiendo con las pinzas uno de los trocitos de carbón lo encendí en la llama de la lámpara. Luego, colocándolo de nuevo en el pebetero, soplé hasta que el fuego se propagó a los demás trozos. Les rocié con el incienso y retorné a mi asiento de mármol.

El humo perfumado me tranquilizó. Experimenté los efectos balsámicos de la resina litúrgica, y procuré serenamente, pues no dejaba de experimentar cierto desasosiego ante mi insólita posición. Era la primera vez que me encontraba solo, en un lugar tan extraño como impresionante. Estaba en una catacumba, rodeado por las cenizas de seres que vivieran desde remotos siglos, y frente a la obscura puerta del sitió en que fueran incinerados sus cuerpos... y debía pasar, así toda la noche... Mi vista paseaba desde la puerta del cuarto del horno y las urnas de los antepasados. Me sentí tentado para cerrar el portón que no dejaba de molestarme un poco por su negra boca. Pero recordé las palabras del Maestro y me contuve.

Eché más incienso en el pebetero y, reanimado por su perfume, pensé en la recomendación del Lama. "Oremos" ―me había dicho―. Y mirando otra vez las urnas de bronce, me tendí sobre el frío mármol. Dominé la emoción que me embargaba y traté de imaginar a los viejos monjes que habían dirigido aquel oculto monasterio perdido entre las soledades de las desiertas cumbres de los Himalayas. Respirando con calma y profundamente, pedí PAZ, AMOR y LUZ, que me ayudaran a triunfar en mi propósito de superarme enteramente. Me fui serenando y cerré los ojos, procurando concentrar mi pensamiento en ese momento completamente nuevo para mí. Mi mente volaba en torno a los míos, tan cercano a mí y tan alejado, en esos instantes, de la prueba que estaba pasando. Rogué por ellos... pedí que tuvieran también PAZ, AMOR y LUZ para avanzar junto conmigo en este Sendero hacia la superación de todos... La tranquilidad iba alejándose de los temores pueriles que sintiera, en verdad, los primeros minutos, y ahora me sentía como si me estuviera elevando, subiendo a una región llena de luz... Una gran calma se había apoderado de mí, y una luz dorada me fue rodeando, poco a poco, hasta encontrarme en el centro de esa gran luminaria, incomprensible todavía para mi mente...

En medio de esa luz, que se había agrandado hasta iluminar todo el recinto, se fue materializando una figura humana resplandeciente como un sol... Yo estaba absorto. Me había incorporado en el lecho de piedra y miraba asombrado la brillante figura que ahora se encontraba de pie frente a mí. En su rostro, que parecía como reluciente, creí reconocer los rasgos del Maestro; pero estaban modificados por una inusitada belleza, y la luz que despedía aquel rostro se confundía con los maravillosos rayos que salían de todo su cuerpo, envuelto en una rutilante vestidura como túnica blanca y vaporosa... Aquel ser maravilloso extendió hacia mí una mano que también relucía, y me dijo con voz suave y melodiosa:

―Ven, Hermano mío... Te voy a mostrar lugares a donde podrás penetrar muy pronto...
―¿Eres tú, Maestro? ―balbuceé, incrédulo y asombrado.
―Sí, yo soy... y estoy satisfecho de tu comportamiento. Ahora ven conmigo...

Me tomó de la mano y sentí que nos elevábamos, pasando a través del techo y de las paredes del monasterio. Todo en el valle parecía dormir un sueño plácido y yo, envuelto en aquel enorme halo de luz que despedía el Maestro, me sentí como transportado a una región desconocida. Era dé día, pero un día de luz dorada muy diferente a la luz corriente del sol. Estábamos en una especie de llanura, cubierta de hermosas plantas desconocidas y de flores de perra―mes paradisíacos. Dulces y melodiosas armonías invadían el ambiente, y una .placidez arrobadora se había apoderado de mí, que parecía flotar y no caminar por aquel llano. Frente a nosotros se veía una construcción monumental, con murallas como de pórfido y diamantes, por la brillantez de luces que despedían. Grandes puertas de ero bruñido engastado con piedras preciosas de rutilantes destellos, se abrían en el centro de las murallas, y por ellas entraban y salían numerosas personas cubiertas con túnicas blancas y resplandecientes igual que las vestiduras del Maestro.

―Estás a las Puertas del Reino de la Luz Dorada... ―me explicó el Lama―. Y esas personas son las almas puras de los Bienaventurados que alcanzaron la suprema felicidad en su Evolución... Cuando hayas logrado llegar a su nivel, podrás ingresar por esas puertas y conocer las maravillas del Reino, cuyas "fronteras" ―como se diría en nuestro mundo físico de la materia pesada― comienzan en los niveles superiores del Mundo del Alma, o Cuarta Dimensión, y se extienden más allá del Mundo de la Mente, o Quinta Dimensión, hasta los confines del Reino de los Espíritus Virginales, en esa escala de Valores que simboliza de manera magistral el sueño, o visión dé Jacob... Más allá, todavía, se encuentran los límites de los planos, o Reinos correspondientes al MUNDO DE DIOS...
―Y este Reino de la Luz Dorada ¿es el Reino de Cristo...?
―En cierta forma, relativamente, sí. Son sus confines... ~

Paseamos un rato por aquel maravilloso lugar. Desde lejos, los seres que salían y entraban por aquellas esplendorosas puertas, nos saludaban con bondadoso ademán y sus luminosos rostros denotaban una placidez y dicha que ningún rostro humano en la Tierra podía demostrar. Me encontraba embelesado y cuando el Maestro me dijo que debíamos volver, sentí como una gran pena... Nuevamente experimenté como una sensación de descenso... Los esplendores se extinguieron y abrí los ojos... Junto a mí se hallaba Dumpbahar, sonriente.

―Levántate, que ya ha pasado la noche.

Lo miré sorprendido. Tenía el cuerpo pesado y me costó algún esfuerzo incorporarme sobre la losa de mármol.

―¿Ha sido, entonces, un sueño...?
―Sí, y no... Viajaste, mientras tu cuerpo descansaba, por las altas regiones del Astral. Yo té protegía; pero pronto podrás renovar esta visto de manera más independiente, cuando tus vanos temores infantiles, que aún no has abandonado, te permitan salir de tu vehículo físico sin el menor riesgo... ― Lo miré, avergonzado. Estaba claro que sabía lo que me había sucedido por la noche, en mi lucha conmigo mismo al quedarme solo en la Cripta.
―No te mortifiques ―repuso, con su paternal sonrisa― A todos les pasa igual... Ahora vamos a desayunar con los demás.

Cerró la puerta del cuarto del Horno, subimos al Templo y cerramos la reja. Cuando salimos, el sol iluminaba alegremente los jardines. Eran las 7:00 de la mañana y yo tenía el cuerpo un poco adolorido por la dureza del camastro en que pasara la noche; pero una profunda alegría inundaba mi alma y una gran paz reinaba en todo mi ser...


***


Durante la semana entera mis lecciones versaron sobre el dominio del' miedo. Este defecto es uno de los más comunes y difundidos en la humanidad. Quien más, quien menos, todos son afectados por el fantasma del miedo, en las variadas e infinitas formas como puede atacar a los humanos. El que pretenda negarlo, miente. Porque no es, solamente, el temor pueril que se puede sentir por causas nimias comunes a muchas personas mayores. También hay maneras de verse molestado por este vago sentimiento en todas las actividades de la vida diaria... ¿No se teme, infinidad de veces, por cualquier circunstancia que se desarrolle en la lucha por la vida? ¿No es verdad que, diariamente, se nos presentan acontecimientos o situaciones en nuestra profesión, en nuestro trabajo habitual, en el empleo con el que nos ganamos el sustento, que nos causan determinado temor, que nos angustian por el resultado más o menos adverso que pueda tener una determinada situación o fenómeno de esa perpetua lucha? Cuando esto sucede ¿no perdernos el sueño, muchas veces, pensando con pavor en los resultados que se pueden derivar de los hechos que estamos viendo?... Nadie está libre del fantasma del miedo en sus variadas e infinitas formas de atacarnos. Algunos, los más fuertes o de mayor fe, logran soportar sus ataques y sacudirse de sus perjudiciales consecuencias. Pero la enorme y mundial mayoría, sufre sus efectos en infinidad de casos y ocasiones. Y en el Sendero de la superación personal, en el adiestramiento hacia el triunfo del dominio interno y de la elevación suprema del YO, debe extirparse esta enfermedad del alma, porque, no otra cosa es el MIEDO...

Si en el mundo físico, en el diario trabajo por vivir y sustentarnos, el miedo nos causa, a veces, trastornos y perjuicios que pudieron evitarse aprendiendo a pensar con serenidad, a tomar decisiones con calma y tener fe en la ayuda que toda persona de bien puede encontrar en los Hermanos Invisibles, en los Protectores particulares que todos tenemos, cuánto mayor es la importancia de eliminar este fantasma, cuando nos preparamos a dar los pasos trascendentales de una comunicación directa, voluntaria y consciente con los dominios del Astral o Cuarta Dimensión... Ya lo he mencionado anteriormente. Y debo repetirlo, porque, al ser uno de los más ocultos defectos de nuestra alma, es, también, uno de los más difíciles de arrancar de ella en todas sus formas, pues adquiere manifestaciones tan sutiles que, en algunos casos, cuando aparentemente hemos vencido sus formas de común conocimiento, puede asaltarnos, de improviso, ante una situación imprevista e impresionante. Y esto sucede, siempre, al pretender conocer los mundos inferiores de la Naturaleza que forman parte del Plano Astral.

Al que se desdobla y busca el ingreso a esas regiones de la VIDA, lo asaltan, casi siempre, cuando su viaje astral pretende ser conducido a los mundos internos, los habitantes atrasados o primitivos de las bajas subregiones o niveles inferiores. Y asumen las más variadas y mortificantes formas. Pueden envolverlo, sentir y ver cómo un enjambre de monstruos de diferentes tamaños y de los más absurdos tipos, pululan en torno de él, lo amenazan y se burlan dé su terror. Y ese terror puede llegar, como ya se expresó en otro capítulo, hasta la pérdida del sentido y de la mente, extraviada en un mundo de tinieblas del que sea difícil escapar con los propios medios... Y todo, por culpa del miedo; a causa de no tener la fuerza de voluntad y dominio de sí mismo para rechazar esos engendros, muchos de los cuales, también, pueden ser fruto de la propia imaginación ofuscada en tales planos.

Pero al que ha purificado su mente y su corazón, o alma, ya no le ocurre tal cosa. Está protegido por su aura luminosa y bella, y sabe que todos esos seres atroces y repugnantes no le pueden hacer nada. La Fe y la fuerza de su voluntad que lo acompañan en todo momento, lo mantienen sereno, ecuánime, y firme; y ante esa firmeza y esa Fe inquebrantable en su superioridad, que producen rayos cada vez más brillantes y hermosos en el aura, los seres inferiores del Astral se ahuyentan y se alejan despavoridos por lo mismo que ya se dijo antes: que los hijos de la LUZ siempre vencen a los hijos de las TINIEBLAS...


***


Tres veces, en menos de quince días, volví a dormir en la cripta por orden del Lama. Ya me habla acostumbrado al lugar y a la incómoda cama de piedra. Y no me extrañó cuando me dijo, por quinta vez, que iba a pasar la tarde en ese lugar. Pero sí me llamó la atención que en esta oportunidad me recomendara llevar una almohada y una manta.

Acostumbrado a no preguntar cosas necias, llegué al monasterio con mi consabido equipaje. Rahmojan me esperaba y juntos penetramos en el Templo. Esta vez no cerró con llave la reja de bronce; y al ingresar en la Cripta pude ver que en uno de los lechos de mármol había una manta y una almohada como las que yo traía.

―Vamos a estar juntos ―explicó lacónicamente―.

Yo me alegré, porque entendí que iba a someterme a la tan ansiada prueba. No dije nada ni era necesario, pues me leyó el pensamiento y repuso:

―Es verdad; hoy vamos a salir juntos y realizar tu primer viaje astral a plena conciencia...

Nos tendimos en nuestros respectivos lechos, arropándonos cada uno con nuestras mantas. El me recordó rezar, mentalmente, la oración corta que me había enseñado en las dos últimas semanas y luego me ordenó poner en práctica el ejercicio especial que, durante quince días había estado practicando. (Ruego a mis lectores que me perdonen de no poder explicar en detalle tales ejercí―dos por tratarse ya de un primer grado iniciático, sólo confiable a quienes se encuentren debidamente preparados. Las razones se desprenden de lo explicado anteriormente).

Tendidos así en los camastros de mármol, relajando todos los músculos del cuerpo y buscando la mayor comodidad posible, para que nada me molestara y que mi cabeza descansase plácidamente sobre la almohada, inicié el ejercicio mental correspondiente... Poco a poco en todo mi cuerpo se produjo como un hormigueo. Sentí algo parecido a una suave corriente eléctrica y una laxitud general en todos mis miembros. Cerré los ojos para que nada turbase el reposo de mi cuerpo y, a medida que se acentuaba el hormigueo de todo mi organismo experimenté como una pequeña sacudida y la sensación de que me estaba elevando. La impresión hízose más real y me sentí en el aire. Miré hacia abajo y me vi tendido en la cama de piedra, envuelto en la manta y, al parecer dormido. Junto a mí estaba el Lama, cuyo cuerpo, igualmente, descansaba en el otro lecho. Me sentí sorprendido y era la reproducción exacta del cuerpo que reposaba en mi camastro.

―Ya lo lograste―me dijo el Maestro―.

Pero me di cuenta que ahora sus palabras no las escuchaba, sino que las sentía dentro de mí mismo.

―Deja reposar tu cuerpo físico y ven conmigo a realizar un primer y bello viaje. Si estuvieras solo perderías mucho tiempo en acostumbrarte a los primeros movimientos y en la elección del lugar por visitar, porque en el primer desdoblamiento voluntario y consciente es natural que uno se sienta confuso, indeciso... Pero nunca debes experimentar temor, pues nada te puede suceder de malo, estando ya tan bien preparado y con la pureza que ya has logrado adquirir... Ven conmigo. Iremos a visitar tu antigua casa y tu lejano país.

Me tomó de la mano y mi pensamiento siguió su indicación. Atravesamos los muros de piedra y los techos del Monasterio y sentí que volábamos raudamente por el espacio, pasando sobre las cumbres iluminadas por el hermoso sol de la tarde y viendo cómo se perdían en la distancia los verdes valles y los oscuros bosques de la India... No experimentaba ni frío ni calor. Una sensación de libertad desconocida me embargaba y no me afectaba en nada el vertiginoso viaje que hacía entonces por el espacio. Ahora atravesábamos por encima de un extenso mar, que Rahmojan me dijo ser el Océano Indico, y a poco íbamos ya sobre el continente africano... Luego me di cuenta que cruzábamos sobre el Atlántico y en un abrir y cerrar de ojos trasponíamos las costas orientales de la América del Sur... y luego la Cordillera de los Andes, ahora de noche.

Estábamos bajando y me sentí emocionado al reconocer la amplia bahía de nuestra Gran Lima y las luces familiares de mi ciudad natal. Estábamos ya en el jardín de mi casa de Monterrico. Tres cordones plateados salían de la casa y otros dos del departamento de servició. Supongo que mis lectores sabrán a lo que me estoy refiriendo, o sea al "Cordón Plateado" que une al Espíritu y sus vehículos intermedios con el cuerpo físico, al separarse de éste durante el sueño. Dumpbahar me preguntó si quería penetrar en la casa. Hice un esfuerzo y me opuse a lo que hubiera sido mi natural deseo, que, con sólo pensarlo se habría realizado. Pero no consideré honesto penetrar en el secreto íntimo de los inquilinos durmientes, que habían puesto como condición muy especial al contratar la casa, el no ser molestado, en ninguna forma, con visitas relacionadas a mi persona y a mi vinculación con los OVNIS... Claro está que se trataba de una visita en cuerpo astral, invisible. Pero también los inquilinos eran dueños de su legítimo reposo, y aunque estuviesen lejos del lugar en ese instante, nuestra visita a la casa podría atraerlos por mi mismo pensamiento... y no quise romper una promesa aun cuando se tratase de mi forma astral...

El Maestro sonrió.

―Te felicito. Quise probarte y veo que mereces mi confianza. En efecto, no era justo ni conveniente; pero deseaba saber tu reacción... Ahora, regresemos. Es suficiente para una primera salida y para que te vayas acostumbrando a los viajes astrales, pues espero, llevarte pronto, de esta manera, en una visita hasta Ganímedes...

Volvimos a elevarnos y después de dar un paseo por sobre la ciudad dormida, recorriendo en lento vuelo por encima de sus principales avenidas: Salaverry, Leguía o mal llamada Arequipa, Javier Prado, Brasil, Plaza Bolognesi, Paseo Colón, Paseo de la República, Plaza San Martín y Plaza de Armas, emprendimos el regreso...

A los pocos minutos ―casi con la velocidad del pensamiento, porque no estábamos apurados le pedí al Maestro permitirme gozar unos instantes al atravesar los Continentes― llegamos, de nuevo, a Janlitpur. Descendimos, como antes, a través de los techos y los muros y, ya en la Cripta, me recordó el Lama la precaución de ingresar en mi cuerpo con cuidado y lentitud, para no causarle trastornos posteriores al cerebro. Lenta y suavemente me tendí sobre mi otro Yo físico. Rahmojan hacía lo propio con el suyo, y experimenté algo así como uña sensación de frío y de opresión de la ligereza y deliciosa libertad de movimientos de que había gozado en mi salida. Pensé que debía reposar hasta el siguiente día, y me propuse dormir serenamente algunas horas...


CAPITULO XIV
El Problema del Miedo


Muchos pensarán que insisto demasiado sobre el fantasma del miedo. Pero los que conocemos un poco más de estas cosas, vemos la verdad de este problema. La mayoría de las gentes no tiene una idea exacta acerca de la importancia capital de dominar, por completo, a tan poderoso enemigo de nuestro triunfo en todos los aspectos de la VIDA; así, con mayúsculas. Porque, si analizamos detenidamente nuestra diaria vida, veremos que, a cada paso, el temor en sus distintas formas, afecta nuestras decisiones, paraliza muchas de nuestras acciones y es factor de muchos fracasos.



¿Cuántas veces nos habremos propuesto realizar algo y nos hemos detenido por culpa de un necio temor al "qué dirán"? ¿No es verdad que ese temor nos acecha y nos cohíbe a menudo? Cuántos hay que hubieran podido realizar grandes empresas, si no hubiesen temido a verse criticados hasta por sus mismos parientes y amigos, a ser víctima de la censura o del ridículo. Han existido y existen muchos a quienes se les han ocurrido grandes ideas; pero la burla de sus contemporáneos o la oposición de sus allegados les impidió realizarlas. Si Cristóbal Colón hubiera sentido temor de lanzarse a su aventura no habría descubierto la América y nadie sabría hoy nada de él. Pero su fe, su confianza en sí mismo y en la ayuda de Dios, lo llevaron al triunfo. Y si Francisco Pizarra no hubiese tenido una gran confianza en su propósito y el valor suficiente para llevar adelante su idea, contra la oposición de los demás, no habría salido de España y quizás, habría muerto como un mísero pastor de puercos...

La Historia está llena de ejemplos de seres que triunfaron en la vida, por haber tenido fe y haber confiado en sí mismos, a despecho del temor al "qué dirán" y de la burla de otros. Así ha pasado siempre con aquellos que, por tener mayor visión que los demás, pudieron vencer al miedo y realizaron obras que, más tarde causaron la admiración y alabanza. Si San Martín o Bolívar se hubiesen dejado atemorizar, vencer por el fantasma del miedo, nunca hubieran libertado América del Sur ni hubieran llegado a la gloria de las posteriores generaciones, porque en esos tiempos tuvieron que vencer, también, a las críticas, a los prejuicios y al baldón de muchos de sus contemporáneos... El común temor al "qué dirán" entorpece y ata a los débiles, pero es pisoteado por los fuertes y los grandes triunfadores. Claro está que no nos referimos a la crítica de acciones o ideas malignas. Pero, ¿cuántos magníficos propósitos son entorpecidos o anulados por la ignorancia ó la mala comprensión de los demás? Y en lo que respecta a nuestra vida interior, a nuestra superación personal, ¿tiene alguien el derecho de entrometerse y darnos pautas, cuando no se trate de un verdadero Maestro? Muchas veces, hasta los mismos padres, por intolerancia, falta de comprensión o capricho, han sido la causa del fracaso de sus hijos, al oponerse a una vocación, a una idea genial y mal interpretada, o a un verdadero amor. ¡Cuántos matrimonios desgraciados fueron el fruto de una tiránica autoridad paterna o de una mezquina idea de lucro de padres que sólo veían su egoísmo y avaricia, o su soberbia y vanidad al obligar a su hija o a su hijo, a unirse contra su voluntad! En tales casos, el temor a la omnímoda voluntad paterna generó funestas consecuencias para la existencia futura de los hijos consecuencias que, a veces, llegaron a malograr hasta la vida de los seres inocentes de tan mahadadas uniones...

El mundo está lleno de ejemplos de la tiranía de unos y del temor de los otros. Así vemos a cuántos les impide avanzar por la senda del progreso, el temor a perder una posición mediocre y no lanzarse audazmente en procura de otra mejor. La falta de fe en Dios y en sí mismo es la causa del envilecimiento y postergación de muchos... Y sólo es problema de no saber que todos podemos alcanzar lo que querremos, con la única condición de proponérnoslo con firme voluntad y fe en el triunfo.

Querer es poder reza un viejo aforismo romano. Y es cierto. Pero hay que saber querer, y cómo poder realizar lo que queremos. Aquí volvemos a encontrarnos con la repetida necesidad de educar nuestra voluntad y dominar nuestro modo de pensar. Si deseamos lograr algo, cualquiera cosa en la vida, que no sea una quimera loca, podremos obtenerla con sólo poner en movimiento las dormidas fuerzas de nuestro YO superior. Porque el YO interno de todos está en muchos dormido. La ignorancia y la falta de carácter son los obstáculos que se oponen a su despertar. ¿Cuántos son los que conocen que la generalidad de las gentes trabaja, solamente, con un 10 o un 15% de su capacidad cerebral, de su potencial mental...? Los genios de la humanidad han despertado esa porción dormida en un mayor porcentaje, y de ese porcentaje dependió la cosecha que esa vida les diera. ¿Por qué no lo hacen los demás? Casi siempre por ignorancia o por temor... He aquí, nuevamente, el fantasma del miedo. Pero si en verdad en un fantasma, ¿por qué no nos liberamos de él?

Si alguien ―y son muchos― tiene miedo a la obscuridad de algunos recintos, lo más sencillo para convencerse de tan fútil temor es hacer un esfuerzo de voluntad, pensar que no hay razón para ello y que se debe entrar a esa pieza o piezas obscuras. Cuando se haya vencido, ese temor, y sobreponiéndose en un arranque de audacia, veremos que allí o había ningún motivo para atemorizarnos y angustiarnos, como tantos. Y al vencer ese miedo se habrá fortalecido la voluntad y el carácter, y se habrá dado un nuevo paso en la senda hacia el progreso y al triunfo.

De la misma manera podemos hacer con cualquiera otra situación. Es cuestión de utilizar nuestra imaginación, nuestro pensamiento. Darle vuelo con entera confianza en lo que quisiéramos conseguir. Pero al decir que le dé vuelo, no pretendemos insinuar que imaginemos locamente. No debemos divagar ni exponernos a delirios de inconsciente. Precisamente para ello es que debe aprenderse a gobernar el pensamiento para que la imaginación no se lance a correr como caballo desbocado. Tenemos que pensar bien lo que buscamos. Meditar una y muchas veces acerca del propósito que anhelaríamos convertir en realidad. Fijar con toda atención nuestro pensamiento en lo que deseamos, apartando la imaginación de cualquiera otra cosa que pueda distraerla. Ya vimos anteriormente cómo la imaginación, el pensamiento, vuela fácilmente de uno a otro asunto, de una a otra imagen; se distrae con facilidad y nos hace perder el tiempo, que es muy valioso.

Controlemos el pensamiento. No lo dejemos saltar de un lado a otro. Hagamos como el jinete cuando su caballo se muestra díscolo o se le encabrita. Mantengamos bien las riendas de nuestra mente y obliguemos a nuestra imaginación a detenerse y estudiar todas las formas convenientes para el logro de un mismo asunto. Así iremos fijando ese asunto en nuestra mente, hasta que lo veamos en toda su magnitud y factibilidad. Confiemos en que es posible realizarlo (siempre que no sea un absurdo). Y una vez analizado en todos sus detalles, pongamos en práctica los medios necesarios para hacerlo realidad. Así han procedido siempre los más afortunados, los más altos exponentes de nuestra humanidad, los grandes inventores, los triunfadores de la VIDA.

Y ello requiere una fuerte voluntad. Porque sin voluntad no podremos ni siquiera dominar nuestra imaginación; menos, lograr poner en práctica un proyecto, vencer las dificultades que se presenten, obtener los medios para ello y lograr el triunfo. Sin voluntad fracasaremos al menor tropiezo, nos desanimaremos ante las primeras fallas, que pueden ser modificadas, eludidas, desechadas. Y si fortalecemos, con la lucha en tal sentido nuestra voluntad, habremos logrado formarnos un carácter firme y alcanzaremos a tener confianza en nuestras propias fuerzas. Esto ya es gran avance, pues el que tiene fe en sí mismo puede conseguir todo lo que se proponga. Es el significado del aforismo romano: "Querer es poder"...

Y la fuerza de voluntad se adquiere con ejercicio. Ya lo dijimos antes. Empecemos desde lo más sencillo, haciendo todos los días la gimnasia volitiva necesaria. Y cuando hayamos vencido en los ejercicios fáciles, adelantemos con otros más difíciles, hasta que veamos cómo es cierto que la voluntad se fortalece lo mismo que los músculos: cuanto más avanzamos en lo sencillo, más fuerza de carácter alcanzaremos en lo complejo, hasta que llegará el día en que nada nos parecerá difícil. Entonces podremos lograrlo todo, muy especialmente en los dominios del espíritu, en donde, además nos ayudarán las fuerzas invisibles del Cosmos... ―

Otro de los campos hacia el que debemos encauzar nuestro pensamiento, si queremos avanzar en el sendero de la superación material y espiritual; si deseamos triunfar en la meta de llegar a mundos superiores, espirituales o físicos como Ganímedes, es el conocimiento de la Muerte: saber que la muerte no existe. Esto puede parecer una locura, un absurdo, para los profanos. Pero ya lo hemos dicho muchas veces, y es la gran verdad en todo el universo. Si batamos solamente de mundos como el nuestro, puede ser cierta, desde el punto de vista meramente material. Mas el estudio de libros esotéricos, de toda clase y los tratados especializados en espiritismo, nos demostrarán que es verdad que la Muerte no existe en el Cosmos sino como fenómeno transitorio hacia mundos superiores. Ya se ha explicado en mi libro anterior y lo he mencionado en capítulos pasados. Y el conocimiento exacto del papel que juega la muerte en el desenvolvimiento humano nos ayuda, magistralmente, a desarrollar la enorme fuerza volitiva y mental necesarias para el triunfo en las duras y difíciles pruebas que ha de vencer quien pretenda ser el amo de sí mismo y el señor de su destino. Porque, de todas las formas de miedo que puedan conocer los humanos, el miedo á la muerte es la mayor y más contundente...

Ya sea directamente, temiendo nuestro propio deceso, o indirectamente, por ese generalizado temor a lo fallecido, a los seres de ultratumba, toda una humanidad como la nuestra se sobrecoge y tiembla ante el espectro de la Muerte. Y por ese temor llegan a ser dominados, la mayoría, en infinitos casos. El terror que la muerte inspira, puede convertir a muchos en traidores, en delincuentes, en verdaderos guiñapos humanos esclavizados por cualquier forma de tiranía o de expoliación. ¡Cuántos hay que viven aterrorizados por haber―se convertido en esclavos de alguien que los amenaza con matarlos, si no le obedecen! Esta es la forma más corriente de chantajear que usan algunos; y el medio más contundente para arrancar determinados secretos, de que se valen la policía y los servicios de inteligencia de todas las naciones, pues para resistir a una amenaza de muerte se necesita ser un héroe para no ceder... y héroes no hay muchos.

Mas aquellos que han conocido la verdad sobre la muerte, y que han tenido pruebas de esa otra vida, tan hermosa y feliz para los justos y los puros de corazón, sí pueden llegar a la entrega suprema y al heroísmo. Ejemplos abundan en la Historia y los hay de tal magnitud como las masivas ejecuciones de mártires cristianos en los primeros siglos de la cristiandad. Y en la historia de todos los pueblos hay también infinidad de ejemplos de heroísmo que nos prueban cómo es posible superar el temor a la muerte cuando la prueba suprema es exigida por las circunstancias a un hombre de valor y de carácter, en aras de un ideal muy noble y alto... Entonces, la muerte deja de ser aquel espectro terrorífico para quien vale más el honor o el altruismo, que una existencia de cobardía y de bajeza...

La manera más sencilla de comprobar que la muerte es sólo un fenómeno transitorio entre dos existencias, y que la vida no es extingue, está en acudir al espiritismo. Pero debe tenerse cuidado al buscar las personas que nos pueden vincular con él. Desde la más remota antigüedad ha sido practicado el espiritismo. En siglos lejanos hicieron uso de él determinados círculos, por lo general secretos y premunidos de ciertas garantías y requisitos muy severos para la admisión de miembros. Formaron parte de muchas de las escuelas de misterio y en distintas épocas y pueblos, fue privilegio de las altas castas sacerdotales. Pero esto lo trataremos en el próximo capítulo.


CAPITULO XV
El espiritismo: Sus Virtudes y sus Vicios


En estos tiempos es común, en todo el mundo, hablar y practicar el Espiritismo. Pero a quienes todavía no conozcan o no entiendan de qué se trata, hemos de explicarles qué es en sí esta ciencia tan vieja en la humanidad, pues su conocimiento se remonta a las más remotas épocas, aun cuando su vulgarización en el gran público date, relativamente, de mediados del siglo pasado, cuando en Francia se funda la Sociedad de estudios espiritistas presidida por Allán Kardec, el padre moderno de la divulgación de los conocimientos y prácticas organizadas sobre la Materia de los Fenómenos Psíquicos.



Podemos definirlo como el estudio y la investigación de los fenómenos que nos prueban la posibilidad de comunicación entre los seres encarnados, o "vivos", según entienden los profanos, y los seres desencamados, o "muertos", como denominan quienes ignoran todas estas leyes de la Naturaleza, a los que han dejado en la Tierra su cuerpo fisco o envoltura carnal.

Hemos dicho que esto fue conocido y practicado desde la más remota antigüedad, porque desde los egipcios era práctica generalizada entre las diferentes escuelas de misterios. Así mismo, las diferentes escuelas iniciáticas derivadas de los Hermanos de la Esfinge, como vimos anteriormente, tenían entre sus ritos y secretos el oculto saber de estas cosas, y pruebas de ello abundan en las investigaciones realizadas, siglos después, en algunas de aquellas sociedades o hermandades secretas. Entre los esenios de Judea, en las riberas del Mar Muerto, y entre los Magos de la Persia antigua; en las escuelas griegas de Platón y de Pitágoras, se practicaba ya el espiritismo. El Oráculo de Delfos, también no era otra cosa que un caso de notable mediumnidad. Y entre los Druidas de la antigua Britania era, igualmente, una práctica generalizada.

Pero en todos esos casos, como todavía hoy suele suceder, era objeto de un cuidadoso hermetismo y de práctica realizada por grupos muy cerrados y secretos. Débese a León Hipólito Dinisart Rivail, más conocido mundial―mente con el seudónimo de Allán Kardec, la divulgación de todo lo referente a esta antiquísima ciencia, y a la organización de entidades repartidas hoy por todo el mundo para el estudio y la práctica de esta rama del esoterismo.

Los que no han tenido oportunidad de saber cómo es, en verdad, el fenómeno de la Muerte, pueden conocerlo y comprobar fácilmente, con el Espiritismo, que la vida no se acaba en el sepulcro y que los mal llamados "muertos" siguen viviendo y gozan de mayores atributos que los que pudieran haber tenido en su permanencia en la materia, en el período comprendido entre los años que duró una encamación. Esto se desprende, inmediatamente, de cualquier manifestación espiritista elevada, aun cuando el simple hecho de poder comunicarse con el espíritu de una persona fallecida, aunque tal fenómeno no reúna los requisitos de altura y selección más recomendables, lo está demostrando intrínsecamente.

Si sabemos que el ser humano, al separarse de su parte material más densa, el cuerpo carnal visible, continúa viviendo y conserva todas las cualidades o defectos que tenía durante su vida física, nos será más fácil entender que pueda encontrar un medio, una forma de acercamiento con los seres que siguen actuando y viviendo en sus cuerpos de carne y hueso, como vulgarmente se dice. Y esa manera de acercarse, que es común por estar todos ocupando un mismo espacio, diferenciado sólo por las diferentes condiciones de sustancias o materia de que están formados los vehículos o cuerpos de ambos, es lo que permite realizar la comunicación ostensible cuando el sujeto encarnado posee las condiciones de sensibilidad convenientes. Casi todas las personas pueden conseguir la mediumnidad, o sea la facilidad de sentir y permitir el contacto y la manifestación de un ser desencarnado, y dichas condiciones pueden ser innatas o adquiridas mediante cierta gimnasia psíquica; pero la comunicación efectiva, en ambos casos, presenta la misma manera o forma: El espíritu desencarnado ocupa, momentáneamente, una parte del organismo del encarnado. Puede posesionarse en ese lapso, de un brazo o de los dos del médium; y en otros casos, ocupar durante un determinado período de tiempo, generalmente corto, la cabeza del sujeto. Por lo general, este fenómeno se realiza gracias a la voluntad del médium que permite esa operación, pues si la persona encarnada no se presta al experimento, es casi imposible que éste se realice. Empero, hay casos en los cuales, la posesión del miembro del encarnado puede hacerse involuntariamente, cuando el sujeto encarnado es víctima de una excesiva sensibilidad, y el desencarnado posee una fuerte energía y pocos escrúpulos para hacerlo sin importarle que se lo permitan o no. Pero de estos casos hemos de ocuparnos más adelante.

Veamos ahora el mecanismo general de tales fenómenos. Ya sabemos que todos estamos envueltos por un cuerpo fluídico, el Doble Etérico, o Cuerpo Vital, que impregna molécula por molécula todo el cuerpo físico. Cuando este doble se separa de una parte o del total de nuestro organismo denso, aquella porción queda inerte e insensible. Esta es la base del fenómeno de la anestesia, en medicina. El Desencarnado también «posee una envoltura fluídica, que en espiritismo se denomina periespíritu, y con ella impregna momentáneamente el brazo o cabeza del médium, que ha cedido dicha parte de su cuerpo para el experimento. Así el fallecido puede actuar a través del miembro que se le ha prestado. De esa manera, en caso de mediumnidad escribiente, generalmente entre los que prestan su brazo para ello, puede realizarse el trabajo de la comunicación. Y en caso de posesión de la parte superior del cuerpo, incluyendo la cabeza, la manifestación puede ser mental, o sea parcial, o total, lo que produce efecto verbal con el desencarnado que hace uso, directamente, del cerebro y órganos de la voz, de la audición y del pensamiento del médium.

Puede fácilmente comprenderse que si la persona posee una débil voluntad, puede caer bajo la influencia del espíritu que penetra en su cuerpo de aquella manera, y éste es uno de los peligros del espiritismo a los que nos vamos a referir después. Ahora bien, si hemos entendido el mecanismo de esta operación, veremos que no hay mayor dificultad para el desencamado en hablar o escribir como si lo estuviera haciendo con sus propios órganos, porque está utilizando los del médium y la energía vital del mismo.

Esto nos lleva a considerar una serie de aspectos en tales fenómenos, aspectos que pueden tener consecuencias benéficas o perjudiciales según los casos y las personas que en ellos intervengan. Sabiendo que los espíritus o "egos" (del latín: yo) más allá de la muerte siguen conservando sus cualidades o defectos, su identidad psíquica igual que la tuvieran en la vida física no nos será extraño comprender la necesidad de comunicarse con egos de condición moral más adelantada que los seres de baja estofa. Porque éstos siguen pensando y actuando como lo hicieran en la Tierra. Y por lo tanto, a nadie que no fuera un ser de igual condición ha de gustarle entenderse con un delincuente, con un vicioso, o con espécimen de las más bajas pasiones de nuestra humanidad. Y debe tenerse en cuenta que éstos son los que más pululan en tomo a los humanos encarnados, por la misma razón de que, estando todavía muy atrasados, sienten fuertemente la atracción del mundo inferior terrestre, pues aun les es difícil comprender formas de vida superiores a las que conocieran y vivieran acá. Para ello se requiere un paulatino avance, una lenta evolución integral del YO interior, y los que no han logrado, aún, dicho avance, al no conocer hasta más tarde las superiores condiciones de la vida espiritual, les causa un sufrimiento horrible el verse despojados de su cuerpo físico y del único mundo, que, en su ignorancia, conocían. Por eso buscan afanosamente, comunicarse con los encamados; y si alguien, por ignorancia, pretende comunicarse empíricamente, con el "más allá" lo menos que puede sucederle es establecer contacto con aquellos exponentes de los más bajos niveles de la humanidad, habitantes de los planos inferiores del mundo astral o Cuarta Dimensión. Y esto explica la multitud de manifestaciones absurdas, groseras y malignas, muchas veces, que sufren quienes incursionan en el espiritismo sin la debida preparación y conocimientos previos.

Otro de los aspectos muy importantes del problema es el derivado de la Ley de Afinidades, o sea la que nos enseña que lo semejante atrae a lo semejante. Esto, que tiene comprobación en todas las esferas de la Vida, es uno de los más importantes factores que deben normar las reuniones espiritistas, si se quiere obtener los mejores resultados. Si en las reuniones de toda clase en el mundo físico, vemos que las personas se agrupan en conformidad con sus gustos y opiniones, ese mismo fenómeno sucede en las de orden espiritista. No podemos imaginar que un ser elevado que goza en los niveles espirituales de una posición alta, y por lo tanto feliz, agradable y bellísima en los infinitos niveles de la gracia, pueda aceptar descender, frívolamente, hasta la materia, que para esos estados superiores significa un retroceso y una mortificación, por dar gusto a un grupo de personas de la Tierra que, por curiosidad o por tantos mezquinos deseos que impelen a muchos a buscar a los espíritus, se hallan reunidos en una sesión de espiritismo... ¿Acudiría una persona notable, culta y de elevada moral a una reunión de bebedores o de juerguistas de bajo nivel en algún garito de ésos en que se emborrachan y se suscitan sangrientos altercados a cada paso? Claro que no. Y ¿se sentiría cómodo un ser acostumbrado a frecuentar centros de alta cultura, entre una reunión de ignorantes que sólo buscasen embrutecerse con demostraciones de torpeza y de prácticas brutales?... Así mismo sucede en las tenidas encaminadas a convocar a los espíritus. Acuden aquellos que sienten agrado en sentirse acompañados por encarnados de su propia condición. Es por eso que en las grandes escuelas metafísicas, de todos los tiempos, se educó primero a los discípulos, hasta alcanzar los niveles de purificación y adelanto debidos para tales prácticas, y nunca se ha llamado, o evocado, a entidades que puedan aportar algún adelanto cultural o realizar una obra útil de amor y de enseñanza, mientras no se reunieran los elementos premunidos de la más seleccionada idoneidad. Así trabajaban en este terreno los antiguos Maestros y así, también, lo hacen los modernos...

En cambio, entre los exponentes, encarnados, de todas las bajas estofas de la sociedad humana, abundan quienes buscan el contacto con esa multitud de seres malignos del Astral, para procurar efectos de perniciosa influencia. A estos grupos corresponden los llamados brujos o los médiums populares que explotan a las masas con infinidad de supercherías, o de acciones protervas. La perversidad de muchos los impele a buscar a dichos seres, en el deseo maligno de saciar una venganza o pretender un beneficio de lucro indebido. Toda la gama de las más bajas pasiones ha buscado, en todos los pueblos y en todas las épocas saciar la sed impura de su lodo interno en alianzas de tal índole. Pero no saben, estos desgraciados, que la primera víctima de tales hechos resultan ellos mismos, por la misma fuerza de la Ley de Causas y Efectos que ya hemos estudiado en anteriores capítulos. En primer lugar, los espíritus que se prestan a tales trabajos, son de tan baja condición, y aun más baja todavía, que aquellos que los evocan. Y un malvado no tiene escrúpulo por jugar y hacer víctima de sus instintos depravados a los mismos con quienes se junta. Así, pues, los que hacen daño, son dañados ellos mismos... Y, en segundo lugar, por la misma Ley Cósmica de Causas y Efectos, cada acción o pensamiento maligno genera la correspondiente reacción en los planos psíquicos y físicos, aumentada en potencia hasta alcanzar consecuencias que se extiendes en tiempo y espacio a muchas existencias sucesivas.

Recomendamos a quienes se interesen por estudiar a fondo todo lo relacionado con esta antigua ciencia, las magníficas obras escritas desde el siglo pasado por Allán Kardec, y que se encuentran en todas las buenas librerías, muy especialmente las dedicadas a libros esotéricos. Entre dichas obras sugerimos: "¿QUE ES EL ESPIRITISMO?", "EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS", "EL LIBRO DE LOS MEDIUMS", "EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO".

Son muy diversas las formas como los espíritus pueden manifestarse a las personas encarnadas. Las más comunes suelen ser: las apariciones, o sea la figura del muerto que, de manera más o menos visible discurre por los sitios en que acostumbraba vivir en la Tierra. Este fenómeno se explica por un grado bastante fuerte de condensación del periespíritu o envoltura fluídica del ser, ocasionada por la propia voluntad del espíritu, causada en la mayoría de las veces, por el intenso deseo de actuar ostensiblemente en aquellos lugares que fueran su ambiente acostumbrado en una última encarnación anterior: De tal modo se explican las diferentes apariciones de fantasmas, de las que hay abundantes referencias en la historia de algunos países; y ciertas materializaciones en tenidas espiritistas. Algunos egos han quedado tan apegados a su anterior existencia que no llegan, en mucho tiempo, a darse cuenta de su nuevo estado, y la fuerza del deseo de visitar lo que antes constituyera su vida, los lleva a tales visitas, que pueden alcanzar un grado visible de condensación de la sustancia fluídica. Pero también puede obedecer tal fenómeno al deseo de cumplir una determinada misión, muchas veces útil, y tal es la razón de muchas apariciones de santos o personas que han traído algún mensaje del "más allá". Entre estos casos, lo más elevado y concreto son las apariciones de Cristo a sus discípulos en el período de cuarenta días posteriores a su crucifixión. Los que estudien, con detención y conocimiento metafísico del asunto, los. Evangelios, verán claramente que el Salvador no se presenta en su cuerpo físico en ninguna de ellas. Todos los detalles de cada una de esas manifestaciones, son claros y verdaderos signos de que actúa en su cuerpo fluídico, condensado a tal extremo, en una materialización asombrosa, que puede ser tocado, como en él caso de Tomás, al meter sus dedos en las llagas. Y el prodigioso poder de Cristo llega hasta el extremo de comer y beber junto con los discípulos sin que la materia sólida y líquida de los alimentos afecte en nada a ese cuerpo fluídico tan maravillosamente condensado. En Verdad, tal prodigio sólo ha podido lograrlo un semidiós, como EL.

Pero la realidad de la sustancia de ese cuerpo, y por tanto la verdad del fenómeno espiritista, reside y se explica en la forma de su aparición: siempre lo hace de improviso, pasando a través de los muros y de las puertas cerradas, y eso no se puede realizar, de ninguna manera con un cuerpo de materia física común. Y recalco estas últimas palabras, porque para todo conocedor de la metafísica y la Cosmología, es corriente el saber que la materia puede asumir infinitas graduaciones de densidad, según los planos o mundos en que se esté actuando, y el Doble Etérico así como el Alma, son también, formas de materia diferentes a las conocidas por nosotros en la Tierra, correspondientes a niveles y leyes superiores de la Naturaleza. Por eso es que fía podido pesarse el Alma en experimentos a los que me referí en mi libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES..." y todo esto se explica, igualmente, en las obras dé Allán Kardec mencionadas más arriba, muy especialmente en el libro "El Evangelio y d Espiritismo", para quienes deseen profundizar en la investigación y aclaración de estos puntos.

Otra de las formas acostumbradas en la manifestación espirita, es la de ruidos o golpes fácilmente identificables por los encarnados. De esto hay, igualmente, una variedad infinita dé ejemplos, que ya la mayoría de la gente conoce. El fenómeno en tales casos es algo similar al de las apariciones. La diferencia radica en que la fuerza de voluntad del espíritu se ha dirigido a llamar la atención ejerciendo su energía sobre un objeto inanimado o sobré el sentido del oído de quien lo advierte. Pero siempre es una intervención de la voluntad del desencarnado a través de la sustancia fluídica invisible, entonces de su periespíritu. Este fenómeno tiene estrecha relación con los de movimiento de objetos que en muchas sesiones espiritistas se han realizado, como el movimiento de sillas y levantamiento de mesas y hasta de personas, que la ciencia de que estamos tratando conoce miles de casos a través de los siglos y de los países. En estas manifestaciones, la energía magnética y vital de los encarnados es utilizada en parte para reforzar el experimento. El desencarnado emplea parte de esa energía, y de ahí que, después de algunas sesiones espiritistas, pueden sentirse algo cansados los asistentes. En tales modalidades, el espíritu que se manifiesta utiliza directamente, por tal medio, el objeto u objetos con los que se está manifestando. Esta es la explicación del fenómeno de las mesas y sillas parlantes por medio de golpes, los de las copitas que recorren un tablero o una mesa, y el de la moderna "guija" con lápices o lapiceros, hoy muy extendidos en todas partes, Y así como operan sobre los objetos inertes, pueden hacerlo sobré las personas, actuando directamente sobre un miembro o sobre la casi totalidad del cuerpo físico del médium, como ya vimos al comenzar este capítulo, Réstanos, ahora, ocuparnos de los aspectos positivos y negativos del Espiritismo.


***


Ya se ha dicho que el Espiritismo ha sido estudiado y practicado por una gran cantidad de instituciones desde tiempo inmemorial. Y también se ha declarado que tal manera de comunicación con los espíritus dé los fallecidos do sólo es posible sino que puede utilizarse con fines muy diversos, según sean las personas y entidades que intervengan en cada caso. Veremos, ahora, cómo actuaron y actúan los elementos inspirados por un fin benéfico, noble, elevado y sus correspondientes consecuencias; y después, veremos lo contrario. En las Hermandades ocultas, de todos los tiempos, y en las instituciones de investigación científica de propósitos culturales y humanitarios, siempre se tuvo gran cuidado en seleccionar a los participantes en tales prácticas, por lo mismo que ya explicáramos con relación a la Ley de Causas y Efectos, o Ley Cósmica de Causación. Por tal razón, los espíritus evocados eran de categoría superior, o por lo menos de un grado evolutivo mayor al común de los mortales. Así se aseguraba una comunicación perfecta y un resultado positivo en los contactos. Cuando un grupo de personas que han logrado superar su YO interno, y purificar su mente y su alma, proceden a tal trabajo, nunca lo hacen empíricamente ni en público. Tales grupos cuidan mucho de aislarse de las interferencias perjudiciales, y de las influencias negativas de personas no calificadas para dichas relaciones. De tal manera se asegura la posibilidad de concurrencia de espíritus bien intencionados y dispuestos a trabajar con elevación, nobleza y amor. Y debe saberse que en esos planos invisibles de la Naturaleza nadie está ocioso, como pudiera creerse con las pueriles explicaciones que ciertas religiones pretenden dar sobre el "más allá". Esos "cielos" de concepción infantil que nos muestran ―particularmente el Catolicismo―, las diferentes iglesias cristianas reformadas, vulgarmente llamadas protestantes, el islamismo o religión musulmana, derivada del cristianismo, y una serie de sectas modernas vinculadas a dichas religiones, son verdaderos frutos de la ignorancia extendida en Occidente por los siglos de obscuridad, egoísmo y avaricia de quienes recibieron un Mensaje Divino de Cristo y no lo supieron conservar en toda su pureza y amplitud.

Porque en los fundamentos de la doctrina cristiana y de sus primitivas y puras enseñanzas estaba presente, a cada paso, el conocimiento y la verdad de las viejas religiones que sabían y practicaban el espiritismo con fines de superación y de altruismo. Y los mismos padres de la Iglesia, en los primeros años y siglos lo enseñaron y lo practicaron, como los grandes iniciados de la antigüedad. Ese conocimiento oculto del más allá fue el secreto de la fuerza heroica demostrada por los primitivos cristianos ante las bárbaras torturas y los cruentos sacrificios a que fueron sometidos los mártires cristianos de los primeros siglos. Y esa fuerza irreprimible dio el triunfo a la naciente religión. Pero, con el correr de los siglos y la paulatina desmoralización de los conductores en la Edad Media, al ocultar primero, y combatir después tal enseñanza que perjudicaba su ambicioso anhelo de construir un imperio mundano a imagen y semejanza de los reinos de la Tierra, en lugar de asegurar una senda positiva para los reinos celestiales, fue la causa de la corrupción en que se hallara el cristianismo en los finales del medioevo, y de todas las sangrientas luchas que vinieron después con la Reforma. Y quienes lo practicaron en secreto fueron llevados a la hoguera de los tiempos terribles de la Inquisición, como herejes y brujos...

Como veníamos diciendo, en esos "cielos" nadie está ocioso. Se trabaja de continuo por lo mismo que no hay cuerpos físicos que requieran de reposo cada cierto número de horas. Y cuando se ha llegado a los niveles altos o intermedios, ya todo se encamina al cumplimiento de la Ley de Amor Universal. Y si en la Tierra, una persona o un grupo de personas se ocupa de hacer el bien y prodigarlo, esos espíritus desencarnados los ayudan. Y es fácil entender que si pueden ayudar sin que el encarnado se entere, mucha mayor ayuda se puede obtener cuando se trabaja de común acuerdo. Y ésta es una de las grandes fuerzas cósmicas que entran en juego para la superación de todas las humanidades y de todos los pueblos.

Las Hermandades secretas que de esa manera han trabajado miles de años, han hecho más por el Progreso y por la Civilización, así con mayúsculas, que todas las religiones juntas...

Empero, si consideramos los aspectos negativos, debemos saber cómo evitar los males que, también, son susceptibles de producir los malos usos de esta ciencia. Pues si un grupo de personas mal intencionadas llega a pactar con los espíritus inferiores, que son los verdaderos "demonios", los resultados han de ser tan malignos como de malignos sean quienes en ese caso intervengan. La brujería popular, cuando no es materia de estafa y de farsa para engañar a los incautos, puede, igualmente, hacer tanto daño como bien hacen los otros. Así ha pasado en todos los tiempos. Ya sabemos que el BIEN y el MAL marchan a la vera del camino en todas partes; y si han existido Hermandades de Hijos de la Luz, también ha habido cofradías tenebrosas de Hijos de las Tinieblas...

Y en ellas se ha practicado todo lo que de maligno y detestable pueda tener cabida en el alma humana. Y como los espíritus no dejan de ser lo que eran al pasar al otro plano, una alianza de tales condiciones puede lograr abominables resultados. Ejemplos existen muchos en la Historia... Más no sólo es susceptible de hacer daño un espiritismo de tal clase, a los demás. Las primeras víctimas de tales prácticas son los mismos que las ejercen. Ya lo dijimos antes. La multitud de seres que pueblan las bajas regiones del Plano Astral, por su mismo atraso, por su misma inconsecuencia y maldad, en su obscura inteligencia aún no desarrollada ni depurada, no tiene el menor escrúpulo de burlarse y hacer daño a los mismos que los evocan. Y como su atraso evolutivo todavía no les permite vislumbrar las altas cumbres de la Evolución y los luminosos mundos que esperan a quiotes han logrado subir más escalones de la Vida, al morir están desesperados por haber perdido su cuerpo físico y tratan, a toda costa, de procurarse uno nuevo, robándolo, si pueden, al incauto que se atreva a conectarse con ellos. Esta es la razón de muchas locuras incurables y de muchos trastornos psíquicos incomprensibles y rebeldes a la psiquiatría. Y, del mismo modo, muchos accesos de furor que terminan en la delincuencia, sin que sus autores puedan, más tarde explicárselos ellos mismos, son, en verdad, casos reales de posesión de un alma débil por uno de aquellos malignos intrusos que se han apoderado del incauto e indefenso YO del encarnado...

En casos menos graves, las personas que tratan de comunicarse con los "muertos", sin tener la debida preparación y adelanto, se exponen a ser víctimas de las más desagradables supercherías, pues caen en manos de seres que se entretienen en burlarse de los ignorantes y de los crédulos. Esto es la mayoría de los casos en las sesiones de espiritismo empírico y con grupos heterogéneos. Al no descender a ellas sino espíritus mediocres, frívolos, y dados a todo lo que fuera una vida común y grosera, sus resultados no pueden ser otros que los que se obtendría de reuniones entre encamados con igual nivel social, intelectual y moral... exactamente lo mismo que en la Tierra, con el agravante de que no se sabe con quién se está tratando ni se le puede castigar, como se haría en este mundo ante un engaño, una estafa o una burla...

Y no sólo hay engaños y burlas provenientes de los espíritus. Hay, también, mediums farsantes y operadores que tratan de sacar partido y lucro a costa de los incautos e ignorantes. Gran parte de las "sesiones de espiritismo" que sé realizan en muchas partes, en muchas casas, solamente son superchería y teatro organizados por chantajistas y estafadores que procuran negociar en su beneficio a costa de los necios que les creen todas sus artimañas. Una persona que se precie de honrada y que conozca la verdad del Espiritismo, jamás se presta para farsas ni para bajas maniobras de lucro personal, sean los médiums o los que los soliciten. Porque es necesaria, a veces, una gran experiencia en la materia para no dejarse engañar por falsos mediums que llegan a realizar verdaderos alardes de prestidigitación para embaucar a los crédulos clientes.

Pero, quien posea una buena experiencia en el asunto, puede descubrir fácilmente los muchos trucos a que se exponen los incautos e ignorantes en el tema. Vemos, pues, que no es recomendable incursionar en el espiritismo sin una adecuada preparación, espiritual y técnica. Y vuelvo a sugerir, a los que esto deseen investigar más profundamente, el estudio de los magníficos libros de Allán Kardec recomendados anteriormente.


CAPITULO XVI
MI Viaje Astral a la Luna


Pasaron varias semanas desde mi primer desdoblamiento y la visita que, en compañía del Maestro, hiciéramos al Perú. Durante ese lapso, practiqué dos veces más la salida consciente de mi cuerpo, siempre vigilado por él, y me sentí muy feliz cuando me dijo que me preparara para hacer un viaje de ensayo a nuestro satélite, la Luna. Esto era ya un notable progreso. Todas mis reservas anteriores habían sido superadas, y esperaba con verdadera ansia el momento de poder salir de la Tierra y aventurarme en el espacio a conocer nuevos mundos.



Dumpbahar me explicó el motivo de tal viaje, manifestando que deseaba asegurarse de mi satisfactorio estado y preparación, a fin de intentar, con toda seguridad, una visita a Ganímedes en próxima oportunidad. Así pues, recibí con alegría su orden de estar listo para ir a la Luna, con él, a la noche siguiente. Esta vez había escogido un horario nocturno para disponer de todo el tiempo necesario en una prueba tan importante como interesante. De tal suerte, al llegar el momento propicio, me encontraba como el escolar cuando su profesor le anuncia un premio...

Eran las nueve de la noche escogida. Acabábamos de reposar la cena con un rato de amena charla en el''grupo de compañeros del Hogar cuando Rahmojan me hizo seña de salir. Ya tenía las cosas dispuestas y todo preparado en la Cripta. Me despedí de mi mujer, mis hijos y los demás, que ya estaban enterados del plan, y salimos juntos para el Templo.

―Vas á conocer nuevas experiencias, de gran valor ―me dijo, mientras ingresábamos en el Monasterio―. La Luna, contra lo que todos los profanos creen, está habitada; pero por seres astrales invisibles para el ojo y los instrumentos humanos de hoy. Tú lo vas a comprobar y no debes atemorizarte con lo que veas y escuches, pues estarás protegido por mí en todo momento. Además, ya tu aura posee rayos muy hermosos y la potencia lumínica suficiente para protegerte de aquéllos, y esta experiencia te servirá de ensayo para realizar, con mayor seguridad, una próxima visita al mundo en donde se encuentra nuestro Hermano Pepe...

Una vez en la Cripta, nos tendimos en nuestros respectivos camastros de mármol, a los que ya había llevado las mantas y almohadas en la tarde. Oramos como de costumbre, y relajando todo el cuerpo me dispuse a ejecutar el ejercicio ya conocido. Pocos minutos después me separaba lentamente del cuerpo físico que ahora reposaba en profundo letargo. El Maestro me esperaba ya, flotando en el aire a los pies de su cuerpo, y me invitó a seguirlo. Igual que la vez anterior, pasamos a través de los muros de la Cripta y del Templo y nos encontramos volando por encima del valle. Dumpbahar había esperado para este viaje una noche de plenilunio, magnífica. El astro iluminaba bellamente las cumbres plateadas de las montañas, y parecía como si nos llamara, sonriente y bondadoso. Con nuestro pensamiento iniciamos la gira raudamente; pero el Lama me dijo que controlara ese mandato mental para no realizar un vuelo instantáneo. Quería que gozara de la maravillosa experiencia y me fuera compenetrando en la asombrosa pero común facultad de viajar astralmente fuera de nuestro mundo. Y yo gozaba, como un niño en paseo de vacaciones, de aquellos momentos de inefable plenitud y de absoluta libertad de todas las trabas de la Tierra. Nuestro planeta se veía ahora, como una enorme bola azul plateada en la negrura del cielo tachonado de estrellas, y la Luna se iba agigantando a nuestra vista igual que un disco o un reflector que, cada minuto crecía y crecía hasta volverse mucho más grande que la Tierra ya lejana. Veíamos marcarse los relieves, las montañas y los cráteres, cada vez con mayor nitidez, y poco después volábamos en torno de ella como podríamos haberlo hecho dentro de una nave espacial. Pero en nuestro estado fluídico, la visión era completa y libre de todo obstáculo. Pensé que nuestros astronautas emplean casi tres días en ese viaje, que nosotros estábamos realizando en minutos. Rahmojan captó mi pensamiento y me sonrió. Dimos una vuelta completa en tomo al satélite y descendimos sobre uno de los extensos cráteres que nuestros astrónomos denominan "mares". No me llamó demasiado la atención, porque recordaba haber visto algo igual en la televisión cuando los astronautas llegaron a la Luna. No se veía a nadie, pero pude percibir claramente, alo lejos, como un rumor de torrentes, marejada embravecida o el rugir del viento huracanado. Naturalmente, allí no había ni agua ni aire. Dumpbahar leyó mi mente y me dio la respuesta:

―Esos rumores provienen de la otra parte, la obscura, que está a espaldas nuestras. Son los habitantes de quienes te hablé cuya multitud se agolpa en la cara del astro que no recibe la luz solar. No podrían soportarla aquellos seres, como ya te expliqué en mis clases anteriores. Ahora vamos a ir para allá y te prevengo de no atemorizarte. Ya sabes que nada debe causarte miedo, pues, aunque vas a contemplar escenas terroríficas nada podrán hacerte estando yo contigo...

Con la rapidez del pensamiento volamos a la otra parte del astro. Era, verdaderamente, horrible cuanto allí se veía. Un enjambre gigantesco de seres de formas a cual más grotescas y repugnantes, se debatía en toda la superficie de la Luna desconocida por los hombres. Era cual una muchedumbre de animales fantásticos, engendros caricaturescos de humanoides mezclados con las más variadas formas zoológicas. Entidades repugnantes, mezcla de reptiles y de pájaros, volaban sobre la masa de bestias que se arrastraba o saltaba sobre el suelo... Grandes murciélagos que, al desplazarse, cambiaban de forma, como si se diluyeran en el espacio, espectrales figuras con rostros deformes y cuerpos alargados como serpientes, que se enroscaban unos en otros y producían una infernal algarabía... Las más espantables descripciones del Dante, y las figuras fantásticas más repulsivas de los dibujos de Alberto Durero, el gran pintor del Medioevo, serían pálidos reflejos ante la muchedumbre de seres heterogéneos y terroríficos ahora contemplados por nosotros. Todas las formas de reptiles de la Tierra; infinidad de engendros mezcla de animal y de humanoide, y figuras espectrales que se desvanecían y volvían a formarse, nos rodeaban y muchas de ellas se acercaban haciendo muecas y ademanes amenazadores; pero el aura del Maestro resplandecía con rayos intercambiantes de hermosas tonalidades entre blanco celeste y dorado, y aquella multitud de seres se alejaba de nosotros huyendo del radio de acción de la luz de nuestras auras, a medida que avanzábamos. Al acercarnos, aullaban, silbaban y rugían con todas las formas de estridencias que sería imposible interpretar por no tener parangón en nuestro mundo...

―Ya estás comprobando, por ti mismo, lo que te había prometido. Esta es la población limar que nuestros astronautas ni siquiera han podido imaginar. Hubiera sido necesario que se tratara de clarividentes y clariaudientes, para poder saber que la Luna tiene esta clase de habitantes. Pero sólo en la Cuarta Dimensión podemos conocerlo... Ahora bien; esto tiene una influencia tremenda en las relaciones astrales de uno y otro mundo. Voy a mencionarte cómo, en verdad, estos seres, en sus infinitas variedades y formas, llegan a tener contacto con nuestro mundo y pueden influir sobre los hombres. Mas, ahora que ya sabes de su existencia, volvamos a la Tierra, con calma, sin apresurarnos, porque en el trayecto voy a darte esas lecciones que de esta manera, se grabarán mejor en tu conciencia...


***


Sabemos bien que la Luna influye, notablemente, en diferentes aspectos de la vida en nuestro planeta. Su atracción determina las mareas en los océanos, y su magnetismo se deja sentir en los fenómenos climáticos. La agricultura conoce, muy bien la influencia selenita en los movimientos de la savia en los vegetales, y sirve de ayuda para normar las siembras y las cosechas, lo cual ha sido de conocimiento general desde antaño. También la Luna actúa como reguladora de muchos procesos vitales, como los ciclos periódicos de la mujer, y por tanto, entra en relación con las fechas propicias o ineficaces de la procreación. Y, lógicamente, esa influencia alcanza, también, a la gestación y fecha de nacimiento de los fetos. En cirugía, se ha podido comprobar que ciertos períodos en las fases limares, favorecen la cicatrización de las heridas, y otros la alargan. El cabello, la barba y las uñas crecen con mayor rapidez cuando fueron cortados en las fases dé cuarto creciente y plenilunio, y muchos aspectos de procesos quirúrgicos o de ciertos tratamientos médicos son afectados directamente por nuestro satélite. Esto era conocido por los astrólogos desde la más remota antigüedad, y algunos galenos actuales ―muy pocos en verdad― lo saben y lo observan, aunque no se lo digan al paciente, pues es preciso que ambos lo sepan, o de lo contrario se expondría el médico a caer en el ridículo de la profana ignorancia...

Pero que es muy poco conocido: mejor dicho, conocido por aquellos que participan de la sabiduría cósmica de los iniciados, es la influencia que ejercen en los seres de este mundo esos otros seres invisibles que habitan el lado obscuro de nuestro satélite. A muchas personas se les llama "lunáticas" en el lenguaje popular, por la manera de comportarse en determinadas ocasiones. Y el apodo, común en todos los pueblos de acuerdo a las modalidades de lenguaje de cada país, no es otra cosa que el fruto de la experiencia milenaria, a pesar de que nadie sepa explicar el "porqué". Y, sin embargo, todos conocemos que la Luna puede afectarnos, más o menos, según sea la sensibilidad y la mayor o menor fuerza nerviosa y volitiva de cada uno. Nadie segará que hay personas que, en ciertos períodos mensuales se sienten deprimidos, a diferencia de otros días del mes en que están más eufóricos y animados. La psiquiatría conoce, también, cómo determinados enfermos se 'manifiestan de diferente manera en unas semanas o en otras, y yo puedo asegurar, por experiencia propia y de varios de mis hermanos de la Orden, cómo observé, desde hace muchos años, la influencia lunar en el desarrollo de mi diaria vida y actividad.

Pude apreciar, y ahora lo comprendo, perfectamente, cómo en los catorce días de las fases de menguante y luna nueva, o luna negra, iban disminuyendo para mí las probabilidades de éxito en cualquiera gestión. Se me dificultaban los negocios; se entorpecían las relaciones con ciertas personas, se alteraba mi normal serenidad y me veía, muchas veces, enfrentado a situaciones capaces de hacer perder la ecuanimidad a la generalidad de las personas. Yo mismo, antes de lograr los frutos de este adiestramiento, caí, a menudo en esos equivocados accesos de cólera, de descontrol y de abatimiento. Y siempre coincidían los períodos mencionados negativos, con las susodichas fases de la Luna: el cuarto menguante y la Luna negra. En cambio, al comenzar el cuarto creciente y llegar al plenilunio, o Luna llena, su carácter cambiaba y mis asuntos se iban arreglando, hasta lograr éxitos que antes desconfiara obtener. Tales observaciones, repetidas durante largos años, en conexión con mis estudios en la Orden, me llevaron a conclusiones que determinaron el hecho de repartir mi tiempo y mis ocupaciones en conformidad con las fases del satélite. Desde entonces, todo se fue modificando y pude comprobar cómo, en verdad, dichas fases influían notablemente en la marcha de mi vida diaria.

Pero la verdadera causa; la forma en que esa influencia era ejercida sobre mí, igual que sobre todos los humanos, no me había sido revelada, aún, sino de manera muy subrepticia. Sabía, ya, adecuarme a las influencias lunares para sacar el mejor partido en mi diaria lucha por la vida. Pero sólo ahora llegaba para mí la verdadera causa, el motivo intrínseco y real de aquellas influencias tan notables, al conocer la población lunar y el mecanismo de su acción sobre la Tierra.

Varias de las otras interferencias, en el campo de la física y del magnetismo, según lo anotado al principio, son lógicos resultados de las fuerzas físicas y magnéticas del satélite actuando sobre nuestro mundo. Pero ¿pueden influir estas fuerzas en los campos de vida espiritual, mental, intelectual, psíquica y moral?... ¿Es aceptable suponer que los hechos y las relaciones de seres vivos e inteligentes, en su vida íntima y en su comunicación con otros seres vivos e inteligentes, como los seres humanos, se vean modificados o alterados en su relación sustancial y en la manera de pensar o de actuar de consuno por causas meramente físicas? No es lógico. Es posible pensar que ciertos hechos de orden físico tales como alteraciones de la corteza terrestre, meteoros, fenómenos telúricos y otros, puedan alterar ciertas relaciones entre las personas con respecto a determinados planes. Pero no es aceptable que tales fenómenos lleguen a modificar maneras de pensar o de actuar a largos plazos, ni menos alterar de modo intrínseco las normas de la vida de un sujeto en plazos tan cortos como los que median entre las cuatro fases mensuales de la Luna. Ello sólo puede obedecer a causas igualmente de orden psíquico, a la intervención de fuerzas vivas actuando sobre las energías vivas de los seres... a fuerzas mentales influyendo en la voluntad y la mente de los otros seres... a organismos fluídicos introduciéndose en los otros cuerpos fluídicos del hombre... En fin, que efectos de orden moral, mental y psíquico no pueden ser modificados sino por otros agentes o causas de igual orden y entonces tenemos que aceptar que tales influencias de la Luna no pueden ser atribuidas a la masa inerte del astro, con su magnetismo y sus fuerzas de atracción y repulsión, sino que requieren la presencia y la acción de fuerzas vivas y con cierta dosis de inteligencia...

Tenemos, entonces, explicado el problema. Existiendo allá una población de seres como los que acabamos de describir, dicha influencia obedece a la acción directa de los mismos, actuando en los momentos en que mejor, pueden ejercerla, o sea en los períodos en que pueden ponerse en contacto, libremente, con la Tierra. Sabemos que por su condición de atraso en la evolución, permanecen confinados en la parte obscura durante los días en que la Luna recibe la luz solar que los afecta. A medida que esa luz va desapareciendo, se van diseminando hacia las partes obscuras del satélite, y pueden, como formas astrales que son, llegar hasta la Tierra y actuar, también, en las. horas y en los lugares mas propicios y desprovistos de luz del planeta, atacando a los humanos en relación directa con su mayor o menor sensibilidad y falta de dominio, y entorpeciendo con su alocado entrometerse, todos los asuntos sujetos a la voluntad de los hombres, tales con» negocios, relaciones públicas, familiares e institucionales, etc., hasta que en su máximo desarrollo, cuando la luna negra les es más propicia, alcancen a su máximo poder de manifestación...

Si meditamos bien en esto, tal ver logremos desentrañar el misterio de muchos de nuestros problemas, a través del largo peregrinaje por la vida en este mundo. Y también podremos hallar la manera de contrarrestar dichas influencias. Para ello, nuevamente, habremos de aprender a desarrollar nuestra voluntad y a dominar nuestro pensamiento y gobernar nuestros impulsos, única senda para lograr el triunfo en nuestra vida y en la evolución total...


CAPITULO XVII
La Juventud y las Drogas


Uno de los problemas de mayor trascendencia en los tiempos que estamos viviendo, es el de la toxicomanía, o el uso de drogas estupefacientes y alucinógenas por una gran mayoría de personas en todo el mundo. Y lo más nefasto en la mayor parte de los países resulta el alarmante incremento que tal práctica va tomando en grandes sectores de la juventud de todos los pueblos. El índice de toxicómanos aumenta día a día, y es decepcionante comprobar cómo, desde hace algunas décadas, los jóvenes drogadictos van engrosando las filas de ese ejército de la depravación y de la muerte, para beneficio de los criminales que negocian con la salud y el alma de los futuros ciudadanos, que hoy resultan fuciles presas por su mismo anhelo de buscar un mundo nuevo, una humanidad mejor.



Porque no es posible pensar que los jóvenes de hoy caigan en el vicio por simples motivos de placer efímero... Muchos de ellos habrán que lo hagan por inconsistencia de principios morales o por falta de una adecuada educación. Pero hay muchos, también, que han ido a parar en las garras de una droga por estar cansados de la hipocresía y la inconsecuencia de la vida social y material de este mundo que se debate en los estertores de una civilización agonizante, como vimos en mi anterior libro. Nuestra civilización agoniza―ya lo expuse en "YO VISITE GANIMEDES..."― y uno de los síntomas de esa, mortal enfermedad no es otro que el uso de las drogas, perseguido publicar mente por la generalidad de los gobiernos, y amparado, secretamente por varios de ellos...

Y la juventud, en todas partes, encuentra un mundo cada vez más corroído por un materialismo que sólo busca realizar pingues ganancias y negocios, muchas veces turbios e inconfesables, para saciar, cueste lo que cueste, la desmedida ambición de los grandes consorcios y de los mezquinos intereses egoístas de grupos de poder económico, empeñados en manejar el mundo entero como si fuera un gran feudo...

Y entre esos nefastos grupos se encuentran mañas que negocian con las drogas, que, hasta ahora, no es posible erradicar definitivamente del planeta. Y ese tremendo tráfico mortal está haciendo pingues utilidades con las grandes masas de la juventud en todas partes. Porque a la curiosidad que despierta lo desconocido, se une la inconsciente complicidad de los mismos viciosos, quienes, una vez dominados por el morboso hábito, no trepidan en buscar nuevos acompañantes en el engañoso placer de los primeros días, que los lleva, lenta pero ineludiblemente, a la degeneración, la ruptura moral y física y, al final, a la más despreciable condición humana y la muerte...

Casi siempre el drogadicto es un débil y un ignorante de la verdadera acción que ejerce la droga, cualquiera que ella sea. Trátese de la morfina, la heroína, el opio, el haschis, la marihuana o el LSD, todas ellas son mortíferas a más o menos plazo, y todas producen una lenta pero segura degradación en sus víctimas. Hemos dicho que una de las causas, la más común, es la ignorancia al respecto. No se pretende, con eso, decir que el drogadicto sea un tipo ignorante. De ningún modo; ni que sea falto de inteligencia. No... Precisamente, muchos intelectuales, y bastantes elementos estudiosos de las más difíciles profesiones, han caído, a veces, en la toxicomanía. Si hemos empleado el término "ignorante" es refiriéndonos a la ignorancia sobre los verdaderos efectos de la droga, para cuya evaluación se requiere, en último término, conocimientos de cosmología y metafísica que no abundan en el mundo.

Porque a los efectos inmediatos de cualquiera de las mencionadas sustancias; conocidos por todos los que las usan, se unen, artera y secretamente, las distintas consecuencias internas que ellas ejercen sobre los "chacras" (palabra sánscrita) o sea los centros de fuerza y de poder fluídicos internos, cuya coincidencia con las glándulas endocrinas es muy grande y secreta, y gobierna, en cierta forma, todas las manifestaciones de nuestra vida interior. Y por eso hemos dicho que la causa primordial de la toxicomanía es la ignorancia, pues quienes conocen de estos secretos de la naturaleza jamás caen en ninguna desviación de la vida natural y equilibrada; por tanto, nunca pueden caer en un vicio...

Es lamentable ver cómo, jóvenes de notable inteligencia, que pueden tener un porvenir brillante con la cultura que van acumulando, se dejan arrastrar al vicio, como si fueran unos pobres polichinelas, meros títeres humanos de las circunstancias y de la falsa amistad. Se puede ser inteligente y educado; instruido y moralmente apto para grandes logros en la vida. Pero si no se tiene carácter para no dejarse arrastrar por otros, de nada vale la instrucción y los buenos propósitos, los buenos modales y los pensamientos en busca del progreso: sin voluntad se puede caer en cualquier cosa, hasta en las más abyectas... Ya lo dijo una vez Florencio Sánchez, célebre autor teatral uruguayo: "Los hombres sin carácter son muertos que caminan"...

Y los seres dominados por cualquiera de los vicios de la humanidad de este planeta, incluso las drogas, son muertos que caminan, porque, tarde o temprano, llegarán a convertirse en guiñapos humanos despreciables, o muertos ambulantes que perdieron su alma. Porque las drogas no perdonan. Y a la lista anterior debemos adjuntar, también, el alcohol, aunque no esté incluido, normalmente en el término "droga". Pero es tan vicio y tan terrible como el que más, en la larga y tenebrosa secuela de los hábitos malignos.

Los tristes resultados de cualquiera de―estos vicios destruyen igualmente la personalidad, la dignidad y la salud de quienes caen en sus garras. Los síntomas y efectos exteriores los conocemos todos. Pero los efectos interiores los desconocen hasta los médicos, en muchos casos, pues es necesario ser un metafísico y un cosmólogo para llegar a dominar toda la gama de efectos internos que cada droga puede ocasionar. Es necesario saber qué son los "chacras" y cómo actúan dentro de nuestro organismo, en conjunto con las glándulas endocrinas. Y esto sólo es conocido por muy pocos médicos...

Es sensible que no se pueda divulgar, en un trabajo público como este libro, la importante relación de esos centros fluídicos invisibles para el ojo y los actuales instrumentos de nuestra ciencia, con las glándulas endocrinas. Ya los médicos saben que hay muchas facetas desconocidas en la actuación que esas glándulas tienen dentro de nuestro organismo. Y las más ocultas son, precisamente, las relacionadas con los "chacras" por ser conocimientos que caen absolutamente dentro del secreto de los terrenos de la Cuarta Dimensión, donde no es posible penetrar sin la previa preparación de un "iniciado". Vale decir, con el previo adiestramiento integral que tantas veces hemos mencionado en el curso de mis dos libros...

Y tal conocimiento nos permite asegurar que, cada una de las mencionadas drogas actúa de modo particular sobre uno o varios chacras, y de esa manera las consecuencias resultan más o menos dañinas, pero siempre son nefastas todas ellas. Todos los órganos de nuestro cuerpo son afectados por su acción, sus efectos inmediatos visibles, se manifiestan ostensiblemente. Pero las consecuencias mediatas, o a mayor plazo, vienen con el tiempo, ya que la acción en la Cuarta Dimensión, que ya sabemos que domina a todo el organismo integral, son más o menos progresivas y seguras en su destructor avance, de no extirpar de raíz el vicio. Y quien no ha tenido voluntad para oponerse a entrar en él ¿puede tenerla para dejarlo? Recordemos, como ilustración comprensible del problema, lo que sucede con la anestesia, fruto de determinada droga empleada legalmente en medicina. Ya hemos explicado, anteriormente, este fenómeno. Según sea el medicamento empleado el cuerpo etérico, o Doble Vital, es expulsado fuera de determinado órgano o porción de nuestro cuerpo, lo que produce la insensibilidad de dicha porción del organismo. Esto, en mayor escala, es el resultado de cada una de las drogas empleadas para el vicio. Y sus resultados son la respuesta directa del cuerpo etérico dentro de nosotros. Es fácil comprender que si tal acción se repite de continuo, sus efectos serán cada vez más perjudiciales para toda nuestra fisiología y metabolismo, pues la vida celular de los órganos afectados se trastorna y esa perturbación puede ocasionar consecuencias incurables dentro de la economía general de nuestro cuerpo. Un vicioso puede haber sido un ser inteligente, de inteligencia brillante incluso; pero si el ataque artero de la droga va dañando paulatinamente las células de su cerebro, llegará a convertirse, poco a poco, en un torpe, embrutecido por el vicio antes de llegar a la muerte... Otros, como en el caso del alcohol, verán entorpecerse su cerebro, ennublarse su conciencia y caer en la más despreciable abyección, antes de morir con el hígado desecho, como casi todos los embrutecidos alcohólicos sempiternos. Y los trastornos a la médula espinal, a los pulmones y al corazón son tan comunes que no merecen mayores explicaciones al respecto. No hay órgano que no sea afectado,― más o menos directamente. Y en este ataque general a la propia fortaleza de nuestro cuerpo, unas y otras, con mayor o menor rapidez, realizan su demoledora acción en todo nuestro ser...

Ya conocemos cómo se comporta el morfinómano, el opiómano, el marihuanero, al perder totalmente el control de sí mismo... Y si recordamos que, en términos generales esos tan mencionados "chacras" se convierten de servidores sumisos y obsequiosos en carceleros y verdugos, tendremos que pensar en el terrible cuadro que le espera al drogadicto a corto plazo... Si entendemos esto, ¿por qué no oponernos a la destrucción total?... ¿Por qué no hacer un esfuerzo de voluntad, una demostración de personalidad consciente, de verdadera consistencia humana, y apartar la droga?... ¿Puede considerarse un ser consciente quien se deja arrastrar por un simple agente químico, por una sugerencia necia de un amigo, por una momentánea tentación de experimentar sensaciones nuevas, cuando sabe que se va a causar daños que pueden llegar a ser irreparables?... Creo que es demostrar una imbecilidad mayúscula, si quien así procede ha podido razonar. Claro está que quien no razone ¿merece llamarse ser humano?...

¡Y un ser humano tiene tanto en qué pensar! Hay tantos problemas que requieren atención en nuestro mundo, ¡que no merezcan el esfuerzo de nuestras juventudes para su resolución!... Porque, en verdad, creo que los jóvenes, en todas partes, se están retrayendo, se están aislando, por un falso concepto de valor humano para enfrentarse a las circunstancias y a los verdaderos causantes de la decadencia actual de nuestro mundo. No es formando grupos aislados ni entregándose a las drogas como puede salvarse nuestra humanidad. Así, los verdaderos tiranos, los culpables de la situación mundial que repudian, honestamente, las juventudes; los responsables anónimos, escondidos tras las bambalinas del teatro de la Vida en este mundo, seguirán medrando en la sombra y hundiendo, cada vez más, a esta pobre humanidad...

Creo, sinceramente, que el fenómeno de la rebeldía juvenil que estamos contemplando, obedece a motivos muy plausibles, a deseos muy puros y encomiables. Ellos, los jóvenes de este siglo XX, están convirtiéndose en los jueces insobornables de este mundo... Su rebeldía, ante las atrocidades que cometen quienes conducen esta humanidad a la hecatombe, tiene mucho de .estoicismo negativo ante la proximidad de los desastres. Lleva, en su fuero Viten», mucho de la resignación de los mártires y del conformismo del esclavo, que se ampara en la noche de la droga, para olvidarse de la injusticia y la crueldad de los hombres... Pero este no es el camino. Esta no puede ser la solución. Sería como el camello que hunde la cabeza en la arena creyendo salvarse del peligro o la amenaza... Los jóvenes de hoy en día anhelan «8 mundo mejor, una forma de convivencia más pura y más franca, un mundo sin tapujos ni embelecos de pasadas épocas, que hoy, en la era atómica, se deje de engañifas y sofismas, que escudan su hipocresía y su bajeza para alcanzar utilidades tenebrosas, y emprenda la conquista de una mejor civilización, sin lacras ni compromisos del pasado...

Y ese mundo nuevo, esa nueva civilización regenerada, no se logra con las drogas ni se construye con el aislamiento estéril. ¿Puede esperarse de quien no tuvo carácter para evitar un vicio, que pueda convertirse en el apóstol o el líder de una causa grande y sagrada como la regeneración de un mundo...? Para ello se requiere de una voluntad de acero. De una moralidad a toda prueba, porque un inmoral no puede pretender que lo sigan quienes aspiren a reformar la civilización actual, Y para ello se necesita de sacrificios heroicos, los que implican cualidades excepcionales que, de hecho, han perdido aquellos que no tuvieron el valor de decir "no" al amigo drogadicto que pretendió arrastrarlo al vicio...


CAPITULO XVIII
El Por Qué de la Delincuencia Juvenil


Al estudiar el panorama mundial, no sólo encontramos, entre los múltiples problemas que aquejan a nuestra humanidad, el de la amenaza de las drogas a la juventud, sino, también, la escabrosa faceta de la delincuencia entre los niños y los adolescentes. Las noticias mundiales están llenas de hechos que, verdaderamente, asombran a quienes estamos acostumbrados a considerar a esos seres como criaturas aún tiernas y dignas de la más grande consideración.



Pero, cuando llegan a nosotros informaciones de asesinatos pavorosos, cometidos por menores de edad. Cuando leemos, como ha sucedido en los Estados Unidos de Norte América, que un niño de 15 años disparó dos tiros de revólver al corazón de su madre, porque la pobre mujer, enferma, se había negado a proporcionarle 36 dólares para comprar una máquina que el muchacho quería para hacer experimentos caprichosos... O aquel otro caso de una chica de 14 años que, por haber sido reprendida por su padre a causa de las malas notas del colegio, fue a buscar la escopeta del autor de sus días y le descerrajó, a quemarropa, los dos cartuchos de la misma, fulminándolo instantáneamente. Y qué diremos de ese otro muchacho de 16 años que, por una discusión familiar, sacó el fusil que su padre guardaba en el desván y se fue a sentar sobre una roca, frente a la carretera que pasaba cerca de su casa, y desde allí empezó a disparar contra todos los autos que transitaron por ella, matando así a tres personas e hiriendo a más de siete, todas víctimas inocentes que nada tenían que hacer con la molestia surgida en la casa del muchacho...

¿Qué podemos pensar de ese otro grupo de jóvenes, entre los 16 y los 19 años, que, reunidos en pandilla, se dedicaban a visitar las cantinas de Manhattan, consumían lo que querían y, en vez de pagar, regalaban al cantinero y a los mozos con una lluvia de balas, matando sin asco a multitud de inocentes... y ese otro muchacho de 17 años que se había especializado en perseguir a los mendigos inválidos y, al amparo de las sombras de la noche los atacaba, torturándolos con cuchillas antes de darles la puñalada fina!...?

De tales casos hemos leído una larga lista infamante en los diarios y revistas, muy especialmente de las grandes ciudades norteamericanas. Es notable la afluencia de informaciones de tal índole provenientes del país del "Tío Sam”. Es verdad que la delincuencia juvenil se da en la mayoría de todos los pueblos, pero muy particularmente entre los habitantes de las grandes urbes del mundo occidental, y en especial en los centros superpoblados de las llamadas grandes potencias de Occidente. Y entre todos éstos, el mayor porcentaje corresponde a las ciudades yankis. ¿Es que allá se han concentrado, en mayor cantidad, los factores negativos generadores de tales tipos de delincuencia...? ―Esto lo vamos a analizar a la luz de conocimientos suprafísicos en investigaciones realizadas bajo la dirección de mi Maestro, en largas sesiones de estudio que tuviera bajo su control.

Pero antes de proceder a dicho estudio, permítaseme anotar algunos otros casos que conmueven, profundamente, al observador imparcial de tales hechos. En Sydney, Australia, hace poco, un grupo de cuatro muchachos encontró a William Henry Hill, de 55 años, dormido en un autobús desocupado. Rociaron sus ropas con alcohol y le prendieron fuego, quemándolo vivo... ¿Qué motivo pudo haber para tal atrocidad? ―La revista "La Pura Verdad" de Pasadena, California, EE.UU. informa detalladamente de estos y otros casos como los que siguen: En San Francisco, California, un estudiante de secundaria, Rodney García, de 17 años, resultó muerto y otro, John Santiago, de 16, fue herido seriamente en un muslo, por los ocupantes (seis jóvenes) que llegaron de improviso ante la zona de estacionamiento de un restaurante y comenzaron a disparar, a ciegas, contra los presentes en dicho lugar. Agentes de la policía que minutos más tarde lograron detener al automóvil desde el que se hicieron los disparos, vieron que se trataba de seis muchachos con edades comprendidas entre los 15 y 20 años. En el auto hallaron una escopeta recortada y las cápsulas vacías de las municiones disparadas.

Mientras esto sucedía en California, dos jóvenes en Atlanta, Georgia, furiosos por no haber conseguido que se tocara en una fiesta los discos que ellos deseaban, salieron, fueron a sus casas a buscar armas y regresando al auto se dedicaron a disparar por las calles, a diestra y siniestra, contra todo lo que se moviera delante de ellos. Hubo dos muertos y varios heridos, todos ajenos a la disputa que tuvieran horas antes en la fiesta...

Y qué diremos de la organización montada por el siniestro asesino juvenil Masson, en California, en la que participaron muchachos y muchachas, cometiendo una serie de crímenes en víctimas inocentes que nada tenían que ver con sus victimarios quienes parecen que actuaron como si realizaran rituales sangrientos, llevados por una furia satánica absurda e incomprensible...

Tales casos y los muchos más que nos abstenemos de mencionar por no alargar inútilmente la lista, nos llevan a preguntamos: ¿Qué explicación lógica puede haber de tan abominables hechos? ¿Puede haber esa explicación...? Los sociólogos, los educadores de diferentes países, muchos padres y madres en todas partes, se han hecho esta misma pregunta... y nadie, hasta ahora, llega a dar una respuesta satisfactoria porque nadie, en estos momentos de gran confusión y de predominio de las ideas materialistas en la educación moderna, se acuerda o conoce la verdadera estructura del ser humano y su íntima relación con los planos invisibles de la Vida. Pero esa respuesta existe y la conocemos todos los que hemos caminado por los senderos metafísicos de alguna escuela seria de instrucción esotérica.

Es un problema que sólo tiene respuesta en los dominios de la Cuarta Dimensión. Para quienes conocemos cómo está formado el ser humano, y cómo se relaciona toda su vida con los distintos niveles de ese mundo astral al que denominamos la "Cuarta Dimensión", este problema tiene una clara visión del conjunto y una completa información que poder proporcionar a los interesados en tan escabroso tema.

Vamos a adelantar que tal fenómeno estaba ya previsto en los libros sagrados, y que en el Apocalipsis de San Juan se habla de que "en los tiempos que han de llegar, Satán será desencadenado para tener amplio dominio sobre la Tierra..." ¿Qué significado tiene esto? ―Lucifer, Satán, las figuras simbólicas del Reino de las Tinieblas, que no ha sido nunca explicado por la Religión, pues ello implicaría la necesidad de abordar temas de cosmología y metafísica que fueron vedados desde la Edad Media por no convenir a los intereses mundanos de la Iglesia, representan la multitud de entidades malignas y atrasadas que pueblan los planos inferiores de ese mundo astral o Cuarta Dimensión, entidades, en su mayor parte provenientes del mismo mundo humano, que se encuentran en dichas regiones de la Naturaleza que fueron explicadas en "YO VISITE GANIMEDES..." como parte integrante de ese gran mundo psíquico llamado por los orientales "Plano Astral" y conocido por nosotros como "Cuarta Dimensión".

Ya sabemos que ese mundo, o región importantísima de la Naturaleza, está formado por una infinita serie de divisiones o regiones, subplanos o niveles de vida, en donde discurre gran parte de la existencia de todos los seres humanos, además de ser, también el mundo en que se desarrollan infinidad de seres infrahumanos y suprahumanos, desde las más primitivas y elementales formas de vida hasta muy elevados niveles de desarrollo para las entidades que por ese plano tienen que pasar y permanecer, mas o menos tiempo según su menor o mayor grado de adelanto en el proceso de desenvolvimiento que todos los seres o criaturas siguen en el Universo.

Y conocemos, también, que las regiones o niveles inferiores corresponden a lo que se conoce teológicamente como "Reino de las Tinieblas", pues en parte, dicha denominación proviene del atraso, u obscuridad mental, moral y espiritual correspondiente a dicho plano de la Naturaleza, y de igual modo porque allí la Luz del Espíritu no ha podido abrirse paso todavía, y la obscuridad moral corre pareja con formas de obscuridad ambiental que hacen de tales regiones el verdadero reino de todo lo tenebroso que puede darse en la Vida. En esos niveles de la Evolución tienen su asiento los llamados "Infiernos" y "Purgatorios" de las religiones, y no han sido explicados por la Iglesia Católica Romana, ni por las iglesias ortodoxas y protestantes, porque su verdadera interpretación, no la teológica que ya adolece de sofismas medievales, sino la científica y natural, corresponde a conocimientos y verdades que fueron prohibidas y ocultadas desde la Edad Media por la Iglesia cuando la ambición de poder y de riquezas llegó a dominar en las altas jerarquías, llevando a sus dirigentes a construir un imperio terrenal, que detentara fortuna y poder materiales, en vez de ese otro reino espiritual humilde y pobre predicado por el Sublime Maestro Jesús y sus discípulos...

Era imposible conciliar una enseñanza esotérica, como la de los dos primeros siglos del Cristianismo, con la ambición de poder y de riquezas que tentó y dominó, posteriormente, a los obispos del medioevo. La historia nos: lo prueba, pues en ella vemos que, en vez de un reino espiritual y pobre, se levantó un imperio lleno de orgullo y de soberbia, que acumuló ingentes riquezas materiales y creó ejércitos y empleó la fuerza de las armas para dominar a los pueblos, hasta los tiempos en que el Papado fue despojado de su poder temporal a fines del siglo pasado.

Y para construir ese imperio material con un pretexto espiritual, no se podía enseñar ―como lo hicieron durante dos siglos los primeros padres de la Iglesia, entre ellos Orígenes― las verdades de la evolución del espíritu a través de su peregrinación por la Materia y su sucesiva serié de transformaciones en niveles cada vez más adelantados en demanda de la perfección, pues hubieran tenido que enseñar el lógico proceso de la Reencarnación o "Ley de Pluralidad de Existencias" enseñada por Cristo, como consta en los Evangelios, pero disimulada, prohibida y perseguida desde el siglo cuarto por los que ambicionaron la construcción del imperio terrenal y para ello crearon el mito de una sola existencia, en la cual habría de decidirse sin apelación la salvación o condena del alma... ¡Tremendo absurdo que nos ha dado la idea deforme de un Dios vengativo y cruel que hizo a los hombres, a capricho, ricos y pobres, inteligentes y torpes, todopoderosos y siervos, humillados y pisoteados los unos y encumbrados y felices los otros..;1 Ese mundo absurdo ha sido el fruto de la ignorante y maliciosa interpretación proporcionada por los dogmas medievales, desde los tiempos en que se ocultara, para siempre, las luminosas enseñanzas esotéricas de los dos primeros siglos del Cristianismo. Y de allí, salió, más tarde, en el siglo sexto, el llamado sacramento de la confesión, que no existía en los siglos anteriores: Porque era más fácil dominar a los pueblos y a los reyes haciéndoles creer que sólo se podía salvar el alma obteniendo la absolución y para ello, los únicos autorizados eran los miembros de la Iglesia... y también, en esa forma, podía asegurarse el máximo poder del nuevo imperio, conociendo el modo de pensar y los secretos más íntimos de reyes, señores y vasallos...

Todo esto impidió, a través de los siglos, que se conociera la verdadera senda por la que camina el alma en demanda de su superación, en el anhelo justo y divino de que todos puedan alcanzar la perfección a que aspira el ser humano una vez que ha logrado despojarse de las vendas que nublan su razón y que traban su mente. Por eso siempre se ha dicho en los textos sagrados del Nuevo testamento: "que los que tengan oídos, oigan: y los que tengan ojos, vean..."

Y quienes tienen, ya abiertos los ojos y los oídos a la luz y a las armonías de los planos superiores de la Cuarta Dimensión, saben lo que significa la alegoría apocalíptica mencionada en párrafos anteriores sobre el desencadenamiento de Satán en los tiempos del cumplimiento de esa tremenda profecía: es la proliferación en la Tierra de legiones de espíritus provenientes de los más bajos niveles del mundo astral, o mundo del alma que están encarnando de nuevo en las etapas postreras de estos últimos años de la civilización actual, civilización agonizante como se explicó en mi libro anterior, que cumple inexorablemente lo escrito en la predicción de la Isla de Patmos, porque ya los "tiempos han llegado"... Si tenemos en cuenta que en estos años postreros de un ciclo o revolución cósmica, gran número de espíritus desencarnados correspondientes a los más bajos niveles de ese mundo invisible vuelven a encarnar en masa en todos los confines de la Tierra, atraídos, especialmente hacia los lugares donde más se ha pronunciado el materialismo de las costumbres y la frivolidad de la vida diaria, no hemos de extrañarnos al contemplar esa profusión de hechos bochornosos, abominables y sin explicación para el investigador profano. Si nos detenemos a meditar qué puede hacer un ser en cuyo interior se debate un alma todavía atrasada, un alma que no ha llegado a superar los niveles del salvajismo o de la barbarie más cruel, un espíritu imperfecto que sólo conoció en sus encarnaciones anteriores las manifestaciones de una vida brutal y feroz, tenemos, entonces, la explicación lógica y cabal del porqué de los anteriores fenómenos descritos al ocuparnos de la delincuencia juvenil que hoy se desborda por el mundo. Es que los tiempos han llegado y la profecía se cumple.

Y a los que preguntan cómo Dios permite todo esto, también podemos responderles. En la Justicia infinita del Creador, y en su infinito Amor, que busca todos los medios que permitan al Hombre poder aprovechar las menores coyunturas para prosperar en la Senda de su superación, éste fenómeno de la proliferación de almas imperfectas en la Tierra tiene por objeto la oculta y sapientísima intención de procurar que esas almas, que antes de encarnar de nuevo reciben una advertencia de entidades angélicas de la Cuarta Dimensión para aprovechar de esa nueva oportunidad y última contingencia para poder dar un salto heroico hasta el nivel de superación que les permita evitar el terrible destino que espera, en Hercólubus a todos lo que no hayan alcanzado, en el Juicio final, el nivel vibratorio conveniente, es la prueba de cómo el PADRE vela siempre, amorosamente, por el constante mejoramiento de todas sus criaturas... Si muchos de ellos no comprenden la lección y no aprovechan la oportunidad, allá ellos...

Quien piense, detenidamente, en esto, comprenderá la lógica y sencilla relación entre las palabras enigmáticas del Apocalipsis y los absurdos e incomprensibles fenómenos de la delincuencia juvenil de los tiempos actuales...


CAPITULO XIX
La Precocidad Infantil de los Ultimos Tiempos


Paralelamente a los aspectos negativos reseñados en los dos capítulos anteriores, vemos hoy una notable afluencia de niños superdotados, de criaturas que asombran por sus preclaras dotes de inteligencia y sus tempranas y precoces manifestaciones de genialidad. Abunda en todas partes, muy particularmente entre los pueblos considerados como subdesarrollados de la América Latina, un incremento asombroso de nacimientos felices de seres que, desde los primeros años de la infancia hacen gala de una inteligencia muy superior a las de sus progenitores y, en ciertos casos, tan marcada luminosidad mental e intelectual que han merecido menciones especiales de la prensa y premios de estímulos de las autoridades.



Este fenómeno, coincidente con los otros de tipo lamentable ya estudiados, merece ser explicado también porque, igual que en los otros casos, no tiene respuesta satisfactoria en los medios comunes de investigación y de cultura profana.

Para ello debemos recordar la ley cósmica de los contrarios, o de los pares opuestos, que hemos conocido en capítulos anteriores, todo en el universo tiene su antítesis, como ya lo analizamos entonces, y así como están naciendo grandes cantidades de espíritus atrasados, en busca de una última oportunidad, en la Tierra, de encontrar un nivel mayor que les permita en las horas postreras alcanzar las vibraciones protectoras contra la atracción que ejercerá Hercólubus a su paso cercano a nuestro mundo; de igual manera la Divina Providencia permite que en ésta etapa crucial, en estos veinticinco años de definición para la humanidad de este planeta, encarnen acá nuevamente, los espíritus de muchos maestros del pasado en misión amorosa de ayuda a sus congéneres. ¿Qué otra explicación puede tener la aparición de tantos niños―prodigio, de criaturas que demuestran estar superdotadas hasta llamar poderosamente la atención de sus conciudadanos? ―Los conocimientos científicos profanos callan ante este fenómeno, como callaron cuando se trató de interpretar los otros fenómenos contrarios. Y la única explicación lógica es la de que están encarnando en la Tierra, en todas partes, verdaderos maestros de la luz y del amor, para ayudar a sus contemporáneos a soportar las tremendas pruebas que se avecinan.

De tal suerte podemos comprobar que, mientras en algunos casos la estulticia y la violencia dominan en ciertos ambientes, en la generalidad de los pueblos nacen y se multiplican los grupos de jóvenes ansiosos de saber cada vez más, de aprender el verdadero sentido de la Vida, y descubrir los medios más eficaces para un mayor desenvolvimiento y supervisión integral de todos. No podemos negar que hoy, desde hace relativamente pocos años, aproximadamente un cuarto de siglo, han aumentado en todo el mundo las escuelas de disciplina espiritual. Hay ansia de saber y de mejorar. Ya no satisface a la mayoría, especialmente a las juventudes, la carcomida maraña de sofismas doctrinales de las religiones. Se ha visto, claramente, en todas partes, la marcada influencia comercial de las estructuras religiosas, siempre inclinadas a un sentido mercantilista de sus procedimientos, que, aunque trate de disimular el afán utilitario de las organizaciones, deja traslucir, siempre, un innegable propósito de aprovechamiento mercantil en sus agentes. Y esto no ha pasado inadvertido a los más inteligentes jóvenes de hoy. Y por eso se ha llegado hasta el absurdo de modificar rituales y liturgias, quitando la solemnidad y la seriedad a las ceremonias religiosas para convertirlas, a veces, en verdaderas manifestaciones circenses... La misa católica, antes solemne, misteriosa y llena de unción y de respeto en el conjunto del oficiante y de la feligresía, llega hoy, con las enmiendas en ella introducidas, a perturbar el deseo sincero de meditación y de elevación espirituales, ante el absurdo y chabacano procedimiento de convertirla en un espectáculo teatral y muchas veces ridículo. Y todo ello, porque los jerarcas, al comprobar el cada vez mayor ausentismo de las gentes, han pretendido atraer a las masas dándoles circo, igual que los romanos del paganismo, en vez de una enseñanza verdaderamente espiritual.

Y ante este espectáculo tan triste, las juventudes buscan ansiosas los centros de estudio elevados en donde puedan saciar su sed de verdad, de luz y de mejoramiento humano. Los soldados de ese ejército del Vaticano pudieron darles esa luz y esa verdad, si hubieran podido explicar lo que explican las escuelas esotéricas, como en los dos primeros siglos de la Iglesia. Pero ya es muy tarde para ello. Sería preciso romper con el pasado, anular una serie de falsos y necios dogmas, destruir una estructura dé diecisiete siglos, o sea desde los tiempos en que comenzó la persecución de las verdades ocultas y prohibidas. Y esto no lo pueden hacer, porque equivaldría a derrumbar el castillo que han construido.

Pero, una vez más, como siempre en el Cosmos, las grandes entidades que gobiernan el Universo todo, ponen las cosas en su sitio y mandan a la Tierra a grandes espíritus encargados de la misión luminosa de alumbrar las conciencias y enseñar los verdaderos caminos. Muchos de esos niños―prodigio, muchas de esas criaturas que asombran con su inteligencia desde los primeros años de la infancia, son viejos espíritus, llenos de sabiduría y de amor que vienen a servir de guías y de antorchas en los tiempos postreros de esta civilización que agoniza. Muchos, sin que les fuera preciso, aceptaron tal misión en momentos en que la Tierra va a sufrir las pruebas necesarias para su purificación y transformación en el conjunto armónico de nuestro sistema solar. Ya se explicó en mi anterior libro cuáles serán esas pruebas y cómo ha de suceder todo lo predicho en las viejas profecías que se están cumpliendo. Si comparamos todo lo explicado en "YO VISITE GANIMEDES..." con lo que estamos diciendo ahora, veremos la claridad meridiana del "porqué" de todo ello en la ineludible necesidad cósmica de realizar en la Tierra los cambios que le permitan estar en condiciones de cumplir las promesas postreras de Cristo al asegurar que "Su Reino bajaría a la Tierra". Y tal reino no puede asentarse en una Tierra habitada por bestias feroces como son, todavía, los seres humanos en la actualidad...

Para poder enrumbar a los espíritus hacia la nieta luminosa de la Verdad y el Amor, hacen falta maestros que guíen a los hombres hacia su superación, en la forma más rápida y por el camino más seguro, porque ya no pueden hacerlo aquellos que se han llamado, pomposamente, "ministros del Señor"... Hace falta espíritus llenos de LUZ y de VERDAD, que muestren el verdadero CAMINO... Y ya los otros fracasaron, desde hace muchos siglos. Por eso han nacido, en este siglo, tantos guías espirituales repartidos por los distintos pueblos. Y han venido, otra vez a la Tierra, muchos de los que en los días del Nuevo Testamento, dieran su sangre por amor al Cristo... Debe saberse que, en distintos lugares del planeta, están hoy encarnados, nuevamente, seis de los discípulos que tomaron asiento en la Ultima Cena y varios de los discípulos secretos del grupo formado en esos tiempos por José de Arimatea, siendo nada menos que éste uno de los que trabajan hoy por la regeneración humana.

Es imposible revelar quiénes son en los momentos actuales. Se les perseguiría como farsantes y estafadores. Se les abrumaría con las impertinencias de la prensa sensacionalista. Se les escarnecería, como siempre lo hicieron los ignorantes y los ambiciosos y egoístas falsos apóstoles y fariseos... Pero en su silenciosa misión, van repartiendo por todo el mundo las aguas vivas de la antigua ciencia de la Vida, para todos aquellos que tienen verdadera sed de Luz, de Amor y de Verdad. No podemos negar, repito, que hoy proliferan en todas partes, los grupos y las organizaciones espirituales abocados a la prédica de las verdaderas ciencias. Si estuviéramos en los tiempos del apogeo del imperio terrenal de la Iglesia, ya se habrían levantado las horcas y las hogueras para quemar por herejes a esos maestros de la LUZ. Varios de los que hoy están trabajando, silenciosa y humildemente en el planeta, sufrieron, en otras encarnaciones, en las hogueras de la Inquisición... Pero hoy, la omnipotencia divina ha permitido que los sicarios de ese ejército de asesinos denominado sarcásticamente, el "Tribunal del Santo Oficio", haya quedado relegado a una mera institución decorativa dentro de las carcomidas estructuras de la Iglesia.

Y quienes trabajan por amor a Dios, miran aquellos recuerdos del pasado como simples experiencias que sirvieron para iluminar sus almas y fortalecer su espíritu, en la senda maravillosa de la Perfección y de la Gloria...

Ayudemos a que esas almas puras, que van naciendo día a día, en una misión a veces heroica ―pues que vienen a trabajar junto a nosotros sin que, muchos de ellos lo necesitaran ya― pueda alcanzar el fruto apetecido por su amoroso anhelo de mostrar a los ciegos el camino y a los sordos la armonía de las esferas superiores. Ya nuestro mundo se hunde en la noche de las pruebas,― para renacer a la aurora del día de la PAZ y del AMOR, en el próximo milenio. Pero los actuales días de prueba necesitan del valor y de la serenidad que tuvieron los antiguos cristianos perseguidos en la Roma de tos Césares. Para ello han bajado, otra vez, los líderes del pasado, los maestros que inculcaron en los mártires la fe y la alegría dé quienes sabían que no morían para siempre, que los esperaba la patria de la LUZ y de la PAZ... Y ahora, que muchos se sienten solos, porque en la religión no han encontrado nada sólido ni veraz, que satisfaga a su razón, las palabras eternas, repetidas a través de las edades, en todos los confines de la Tierra, por los maestros de la Senda Oculta, vuelven a constituir la fuente de aguas vivas que siempre estuvo lista a saciar la sed de los sinceros y los justos...


CAPITULO XX
Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad


Hoy vuelven a escucharse en el mundo las palabras angélicas de antaño: "Paz en la Tierra a los Hombres de Buena Voluntad"... Pero no son pronunciadas, ahora, por aquellos que debieron enseñarlas. Estos, los soldados del ejército del Papa, han cambiado, nuevamente, el sentido de las palabras sagradas por una fórmula blasfema: "Paz en la Tierra a los Hombres que Ama el Señor"... ¿No se dan cuenta, en su orgullo y su soberbia, que así están presentando, otra vez, la imagen de un dios que se aleja del concepto de la divinidad por no ser un dios de amor sino un dios de odio para muchos? ―El concepto de Dios es el de la suprema bondad y del supremo amor. Y ¿puede pensarse que un dios, todo bondad y amor pueda establecer divisiones entre sus criaturas, amando a unos y desechando a otros, prometiendo paz a un grupo escogido y discriminado en la Creación a otros, estableciendo una separación abominable entre sus criaturas, pues al no amar a todas ha de repudiar u odiar a muchas...? ―Nuevamente, la descomposición interna de la Iglesia deja escapar un nuevo signo, o síntoma que revela cómo se ha dejado influir por las bajas pasiones humanas hasta llegar a la aberración de cambiar la frase de los Evangelios según su propio modo de pensar: amando a unos y odiando a otros...



No es de extrañar que eso suceda en quienes, por herencia, siguen experimentando los mismos sentimientos que llevaron antaño, a sus antecesores, a bendecir las armas homicidas de un pueblo contra otro, a lanzar miles de hombres a las guerras de religión, a asesinar hombres, mujeres y niños inocentes en la terrible noche de San Bartolomé, contra los protestantes, a quienes hasta hace poco incitaban desde el pulpito a las feligresías a perseguir con piedras y con palos a los predicadores de esas iglesias, y que, durante muchos siglos, vejaron y trataron como seres indignos de toda consideración a los miembros de otras religiones, olvidando las enseñanzas de amor del Sublime Maestro y sus muestras de cariño y de consideración para los que, en ese entonces, eran considerados como gentiles.

Pero la suprema sabiduría del SEÑOR ha permitido que las palabras angélicas vuelvan a ser pronunciadas, en su justo valor, por los maestros ocultos que, repartidos por el Orbe, siguen enseñándolas, como vamos a hacerlo, acá, para beneficio de muchos. "Paz en la Tierra a los Hombres de Buena Voluntad"... Así proclamaron los coros celestiales, y así puede suceder en todos los tiempos entre todos los que, justos y con honrado criterio, anhelan conseguir la paz del alma...

Porque la paz espiritual, la serenidad interior, síntoma inequívoco de la pureza de un alma, no se consigue mediante fórmulas de intermediarios ni con absoluciones otorgadas por monjes muchas veces tan pecadores como el mismo penitente. La prueba está, precisamente, en el estado de conciencia de quienes, por ignorancia, no tienen otro camino al que recurrir sino el de la confesión. ¿No comprobamos cómo, después de la penitencia, la mayoría de quienes pasaron por un confesionario vuelven a cometer los mismos errores y, a veces, otros cada vez mayores, dando todo ello por resultado la constante perturbación anímica de todos y el continuo regreso de los feligreses al mítico procedimiento, sin que logren de manera estable, encontrar la paz dentro de ellos mismos? ―Es que nadie puede lograr por intermedio de otro esa armonía interna, ese equilibrio permanente que acompaña a la justa conducta de quien, en verdad, se propone elevar su propia alma. El que esto desea, tiene que proceder por sí mismo a educar toda su constitución interior; todo el edificio de su propia superación depende, exclusivamente, de la forma como se comporte y como piense, abstracción hecha de toda ceremonia o todo rito ejecutados por seres ajenos a sí mismo. El edificio de nuestra personalidad solo podemos levantarlo nosotros mismos. Es falso, enteramente falso, que existan hombres autorizados para anular los erectos de nuestras propias culpas. Y vamos a ver, cómo podemos alcanzar la paz del alma sin necesidad de confesionarios ni de absoluciones falaces...



La preparación del Terreno

Como en la construcción de todo edificio, para la edificación de una personalidad sólida y limpia, susceptible de lograr la suprema Serenidad, debemos, antes que nada, conocer perfectamente el terreno en que se ha de trabajar. El terreno, en este caso, es nuestra verdadera conformación anímica, nuestra conciencia, nuestro YO interno. Es imposible conseguir ningún resultado positivo si previamente no analizamos, con sinceridad y justeza, cómo somos, en verdad. Es el viejo procedimiento que siguieron siempre todos los discípulos de las escuelas de superación personal: conocerse a sí mismo. Ya esto lo hemos dicho anteriormente, en los primeros capítulos. Pero vamos a proceder en forma adecuada y con método, para facilitar a quienes en ello se interesen, una senda progresiva de conocimientos y prácticas útiles que les sirvan de pauta segura en el trabajo de su íntima transformación.



Ya expresamos, varias veces, lo difícil qué es hacer un retrato exacto de sí mismo. La mayor parte de los seres humanos son incapaces de formarse un concepto justo de su propio Yo. Es común considerarse mejor de lo que se es. Se disimulan los defectos, se ignoran muchos de los errores de la vida diaria, tal vez no por malicia, sino por no estar acostumbrados a valorizar en su justa posición nuestras costumbres y hábitos de vida. Y en cuanto a las pasiones dañinas, la mayor parte cree que son ideas o sentimientos normales, sin llegar a pensar que se trata de anomalías y de errores gravísimos para nuestro avance hacia los planos superiores de la Vida. Por lo general, los seres humanos no están acostumbrados a calificar sus propios actos o pensamientos, y los consideran equivocadamente, como facetas naturales y manifestaciones inocuas de su personalidad. Pero nada podrá lograrse, en el camino de la superación personal, si no se hace el propio examen, con un criterio sano y una justa valoración de cada cosa. Una fórmula muy sencilla y que proviene de los tiempos bíblicos y de las enseñanzas crísticas, es la de imaginar como si fuéramos a juzgar a un extraño y no a nosotros mismos. Procuremos ver de qué manera nos comportamos con los otros. Cómo reaccionamos en diversas circunstancias de la vida diaria. Cuáles son los hábitos más saltantes de nuestra personalidad. Qué hacemos, cada día y cómo pensamos diariamente.

Si para ello nos ayudamos con la vieja Tabla de Moisés, los Diez Mandamientos, y comparamos nuestras acciones y pensamientos dominantes con el antiguo Decálogo, podremos ir descubriendo, fácilmente, en dónde estamos equivocados, qué errores constituyen la norma de nuestra conducta, y en qué puntos debemos recapacitar y poner atención para su enmienda y total evitamiento, si somos sinceros en nuestro propósito de buscar la propia superación. Esto es fundamental. El que no encuentre en la Tabla de Moisés nada que se oponga a su proceder de cada día, o es ya perfecto, y en tal caso ha logrado ya la paz interna, o es un necio que, en su ceguera, no quiere darse cuenta de sus propias imperfecciones. En ambos casos está de más seguir adelante...

Pero el que vea, clara o turbiamente, los defectos de su propia conciencia al compararla con las normas del Decálogo, habrá dado el primer paso positivo y sabrá, ya, en dónde están los reajustes que tiene que hacer en su fuero interno. Si, además de esto, puede contar con el consejo desinteresado y noble de alguna persona mejor capacitada para absolver consultas de orden moral, y con la suficiente confianza para volcar ante ella su alma, habrá dado otro gran paso en la preparación del terreno interno para su transformación.

Conocidos los defectos comunes, se empezará por proponerse la enmienda de todas aquellas fallas encontradas. Deberá hacerse una lista escrita y secreta de todos los errores que encontramos en nuestra conciencia, porque el escribirla y guardarla con nosotros nos facilitará el poder repasarla, a cada instante, para no olvidar la disciplina de nuestro Yo interno a que habremos de someternos, voluntaria y firmemente. Y si pensamos, a cada momento, en el decidido propósito de enmendar nuestros errores, podremos aplicar, también, a la constante lectura del Decálogo, la fórmula crística de simple sabiduría:

Haz a otros lo que quisieras que hagan contigo...



Los Cimientos del Edificio

Preparado el terreno en la forma antes dicha, debemos cimentar la construcción de las estructuras fundamentales de nuestra propia personalidad. Ello significa adquirir los conocimientos elementales de la conformación integral del ser humano, para poder trabajar adecuadamente sobre una base verdadera y sólida, y no sobre suposiciones erróneas de cómo está constituido el hombre. Si no tenemos a la mano algún centro serio y honrado de entrenamiento esotérico, alguna escuela metafísica y elevada en donde podamos aprender los rudimentarios conocimientos de metafísica y cosmología acerca de la constitución del Hombre y su relación con el Cosmos y el Universo, busquemos en las buenas librerías un tratado que nos ayude a educarnos en forma autodidacta en ese campo del saber. Sugiero, en tal caso, las siguientes obras: "CONCEPTO ROSACRUZ DEL COSMOS", por Max Heindel "EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS", por Allán Kardec; "EL CIELO Y EL INFIERNO, O LA JUSTICIA DIVINA", por Allán Kardec.



Con estos libros puede iniciarse el proceso metodizado en el camino de una instrucción autodidacta. Conoceremos, así, las bases fundamentales del conocimiento esotérico de la humanidad y de sus relaciones con el Cosmos, y podremos sentar los cimientos para la construcción de un progresivo estudio y disciplina de todo el edificio de nuestra personalidad superada. Porque no es posible avanzar a ciegas por el camino que ha de llevarnos a lograr la paz interna. Previamente hemos de conocernos a nosotros mismos, saber cómo estamos organizados y cuáles son las relaciones con el mundo en que vivimos y con todos los diferentes planos de la Naturaleza, o mundos invisibles que nos rodean y que integran nuestro propio ser. Y esto nos permitirá adelantar rápidamente en el sendero que nos estamos proponiendo seguir.

Al estar enterados, ya, de cómo funciona el Universo y cuál es nuestra verdadera posición en el, habremos comprendido que nadie, sino nosotros mismos, puede hacernos avanzar un solo paso, si nosotros, por nosotros mismos, no lo damos...



Las Columnas Fundamentales de la Obra

Una vez adquiridos tos conocimientos básicos de lo que somos, de dónde venimos y a dónde vamos en la Vida, que nos permitan despejar la nebulosa en que siempre estuvo el hombre encerrado por los dogmas y los misterios creados por una religión egoísta y avara, podemos iniciar con confianza el trabajo efectivo de nuestra autoeducación espiritual. Veremos, con la lectura de los textos recomendados, cuánto ha habido de falso y de mistificación en las enseñanzas que nos inculcaron desde niños las congregaciones religiosas encargadas de educar a las masas, no para su positivo adelanto espiritual sino para su aprovechamiento en los seculares planes de explotación que desde la Edad Media pusieron en práctica, en la mayor parte de los casos.



Y con el estudio de esos textos, podremos comprender, ya, la utilidad de los ejercicios y de las disciplinas a que habremos de someternos si queremos triunfar en el propósito de conseguir la paz del alma. Porque ésta no se consigue fácilmente, sino a fuerza de trabajo paciente y firme en el mencionado sendero. Nada de valor se consigue fácilmente. Cuanto más vale una cosa, tanto mayor es su precio. Y ¿cómo ha de ser barato el triunfo de la superación espiritual que transforme a un ser de mezquino y débil en sabio, poderoso y grande...? Pero ese precio no se paga en dinero sino en trabajo, abnegación y sacrificio de nuestras íntimas debilidades. Si deseamos cambiar nuestras vidas y gozar de las cumbres luminosas de la sabiduría y de la PAZ, habremos de esforzarnos en realizar todo aquello que asegure un resultado positivo y no vanos intentos de mediocres principiantes. La victoria es de los fuertes y los hábiles, y para ello deberemos prepararnos, fortaleciendo y dominando los dos puntales o columnas fundamentales de todo el edificio: la energía poderosa de nuestra voluntad y el dominio absoluto de nuestro pensamiento...

Ya mencionamos en capítulos anteriores estos dos instrumentos esenciales de toda disciplina espiritual: voluntad y pensamiento. Sin ello no podemos adelantar un solo paso. Pues la voluntad es la llave maestra que abre todas las puertas, y el pensamiento, la llave secreta de todas las acciones y de todos los estados del alma. Si no aprendemos a desarrollarlos, de nada nos servirá conocer su verdadero valor, si no lo ponemos en práctica.

Y ¿cómo se logran esas llaves? ―Con paciencia y perseverancia. Ya se ha dicho, y lo repito ahora, que es cuestión de tiempo y de esfuerzo renovado, día a día, en un firme propósito por vencer en toda la línea. La voluntad se desarrolla paulatinamente a medida que la ejercitamos, y para ello ha de comenzarse con pruebas y ejercicios pequeños, que no demanden un gran esfuerzo. A medida que vayamos avanzando en su cultura, veremos cómo nos resulta cada vez más fácil realizar cualquier ejercicio, porque la energía volitiva, al ir creciendo, nos va ayudando a resolver los trabajos más fuertes. Siempre se empieza por lo sencillo para llegar a lo difícil y lo grande. Sería imposible pretender, desde el principio, desarraigar de nosotros un mal hábito, una pasión dominante, una costumbre que practicamos durante gran parte de nuestra existencia. Pero si vamos haciendo pequeños ejercicios que nos fortalezcan la voluntad progresivamente, al cabo de un tiempo esa misma fuerza de voluntad que nos sirvió para preservar en el sendero, nos ayuda a vencer el mal hábito y triunfar en el empeño de alejar de nosotros la pasión que, antes, pudo dominarnos.

Si somos avaros, apegados excesivamente al dinero y poco inclinados a compartirlo con el prójimo, tendremos que acostumbrarnos a considerar el dinero como un medio para poder hacer el bien en la vida, ayudando con él a los necesitados y compartiendo la alegría de dar a otros alimento, salud y tranquilidad, entre otras muchas cosas que con el dinero pueden lograrse en la Tierra.

Si somos iracundos y nos violentamos fácilmente, procuremos dominar nuestros impulsos, reprimir nuestra fácil ira y soportar con paciencia las impertinencias que los demás tengan para con nosotros, pensando que la humanidad no es perfecta y que debemos perdonar los errores ajenos si queremos que se perdonen los nuestros. ¡Qué mejor ejemplo que el de Cristo en la cruz, pidiendo el perdón para los que lo insultaban, lo golpeaban y escupían...!

Si somos lúbricos, o excesivamente inclinados a entregarnos a los placeres de Venus, habremos de moderar nuestros impulsos, normalizando nuestras relaciones sexuales dentro de un régimen natural que permita el cumplimiento de la misión creadora y no excediéndonos hasta convertir al sexo en un instrumento de aberraciones y de bestialidad monstruosa. Recordemos, además, que quienes usan el sexo en demasía, que abusan de él y lo pervierten en prácticas contra natura, son las primeras víctimas de ese abuso, pues el sexo está íntimamente ligado a las funciones del cerebro y de la médula espinal, y todo exceso de desgaste energético en materia sexual se paga con un desgaste de energías mentales e intelectuales que pueden llegar a extremos de embotamiento y anulación de las mencionadas facultades, acarreando un paulatino e ineludible embrutecimiento en tos seres que se entregan a los vicios del sexo. Muchos idiotas han llegado a tal estado sólo por el abuso de las funciones sexuales que dejan su marca indeleble en la inteligencia y la razón de quienes cometieron tales errores.

No pretendemos decir que no se use del sexo. Pero si su uso normal, especialmente en el matrimonio, es sagrado y produce un bienestar general de todo el organismo, su abuso produce degeneración moral, intelectual, mental y física en el sujeto. Por eso, al tratar de conseguir la superación espiritual, debe regularse las funciones sexuales. No quiere esto significar la abstención de ellas. Eso únicamente está reservado a ciertos niveles de entrenamiento para grados superiores de las altas Iniciaciones. Pero en el propósito de lograr la paz del alma, la tranquilidad y felicidad en la Tierra, basta con normalizar esas funciones dentro de un régimen sano y equilibrado, muy particularmente dentro del estado de vida matrimonial, que nos aleja de los peligros del mal uso y de los vicios en este terreno.

Y pasando a otros aspectos de la necesaria disciplina interior, si somos propensos a los errores correspondientes al octavo mandamiento del Decálogo, aficionados a la mentira, a la falsedad, a la maledicencia y todo aquel fárrago de consecuencias que se desprende de no hablar noblemente y con verdad y honradez, habremos de esforzarnos en corregir tales errores, acostumbrarnos, poco a poco, a decir siempre la verdad y no entrar en chismorreos ni habladurías falaces que puedan dañar al prójimo. Recordemos siempre la fórmula: "No hagas al prójimo lo que no quisieras que te hagan a ti"...

Y si hemos sido fácil presa de los errores contenidos en el séptimo mandamiento, llegando a hurtar lo que a otros pertenece, a engañar y estafar a otros, habremos de parar, desde el principio, tan funesta inclinación, madre de infinidad de vicios y puerta de entrada a la degradación moral y material de tantos seres. Debemos disciplinarnos con toda energía para no tomar ni siquiera un simple papel que no nos pertenezca. Hay muchas personas que, sin ser ladrones en formas ya escandalosas, tienen el mal hábito de apropiarse, ilícitamente, de pequeños objetos, haciéndolo como si quisieran conservar un souvenir. Esto, conocido en psiquiatría como cleptomanía, puede obedecer, también, a desviaciones morales de orden psíquico. Como enfermedad, porque realmente lo es, deberemos ponernos en cura en tales casos. Y para ello, no hay como fortalecer nuestra voluntad y dominar nuestro pensamiento fijando a todas horas la idea de no tocar ni un alfiler que no nos pertenezca...

Y en el campo de la gula ¡cuántos se dejar arrastrar fácilmente por la glotonería, sin saber el daño enorme que se hacen!... Corazón, riñones, hígado, páncreas y estómago, sufren las ingratas consecuencias de una desmedida afición a comer desmesuradamente. Este vicio está muy extendido, porque nadie lo considera como tal. Se hace gala de tener magnífico paladar y estar acostumbrado a los placeres de una buena y abundante mesa. Pero, ¿nos damos cuenta que el exceso en las comidas y bebidas desequilibra nuestro metabolismo y, por tanto, ataca de manera constante nuestra fisiología, llenando de venenos nuestro cuerpo? ―Con esta aberración no atentamos contra el prójimo; pero nos estamos suicidando, lentamente, al trastornar toda la economía funcional de nuestro organismo. Es difícil, muy difícil, alcanzar la paz plena, si estamos dominados por la gula...

Y ¿qué decir del tan extendido vicio de buscar en la mujer o en el marido de otro ser, lo que podemos tener con nuestro cónyuge? ―El triángulo amoroso ha sido, desde la remota antigüedad, uno de los vicios más comunes... El adulterio fue practicado en todos los tiempos por nuestra atrasada humanidad. Pero nunca, igual que como hoy día, se practica con mayor descaro y con los más desaprensivos alardes. El cinismo ha dado lugar a que la práctica del divorcio haya establecido patente de pública aceptación en todos los pueblos, y con ello se ha llegado a una de las más tristes consecuencias; la destrucción del hogar y la familia... ¡Cuántos males en nuestra civilización actual, sólo obedecen a esa desorbitada costumbre moderna de repudiar un enlace cuando ya los cónyuges se cansaron el uno del otro! ―Claro está que tales uniones no han sido perfectas. La mayor parte de los casos fueron frívolas y pasionales, pero no por verdadero amor. Cuando dos seres se unen por un amor verdadero, nunca dejarán de amarse, porque el amor crece con la unión y llega a ser tan fuerte que lleva a los dos seres a una estrecha comunión espiritual que cumple la simbólica frase ritual del matrimonio: "Ya no sois dos sino una sola carne"... Y esta gran verdad la comprobamos a cada paso al contemplar el ejemplo de tantos matrimonios que llegan a la más avanzada ancianidad, unidos tiernamente, como si estuvieran en los días venturosos de su lejano noviazgo... Felices aquellos que lograron esto, pues en la paz de esos matrimonios es mucho más fácil encontrar la paz interna...


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Meditando, profunda y detenidamente sobre todo esto, podremos llegar a organizar el trabajo efectivo que, diariamente, nos permita acercarnos a la meta de la iluminación interna que trae por consecuencia la inefable serenidad, madre de la PAZ ESPIRITUAL. Ya hemos dicho, y lo repetimos antes de terminar este capítulo, que las columnas fundamentales de todo el edificio han de ser el desarrollo de nuestra voluntad y el dominio que con ella podremos lograr del pensamiento. Con las primeras disciplinas, encaminadas a conocemos últimamente y descubrir nuestros defectos, habremos conseguido preparar el terreno. Y con las prácticas del propio examen, al saber lo que tenemos que eliminar y lo que debemos reforzar, habremos conseguido estructurar el plano verdadero de toda nuestra obra. Conociendo los defectos estaremos en situación de conocer las cualidades que se deben desarrollar, y llegado ese momento, podremos poner en práctica los ejercicios que se detallan en el último capítulo de este trabajo, dedicado a todos aquellos, que con sinceridad y honradez, aspiran a encontrar la paz del alma en medio de este mundo conmovido por todas las fuerzas del Mal en los momentos postreros de una civilización que agoniza...


CAPITULO XXI
Fórmulas, Recetas y Ejercicios


Antes de entrar de lleno en la descripción de ejercicios y prácticas de carácter objetivo, debo hacer una última aclaración acerca de muchas preguntas que, en miles de cartas, se me hizo en cuanto al aspecto profético encerrado en la última frase del capítulo anterior: los momentos postreros de una civilización que agoniza.



Muchos me preguntaron que, si nuestro planeta va a ser arrasado por una serie de plagas y cataclismos, como se explica en mi primer libro, ¿de qué sirve el prepararse a una superación integral del individuo...? Y esto es de trascendental importancia tener de antemano conocida la respuesta.

Todos los que hayan leído mi libro anterior, "YO VISITE GANIMEDES...", están enterados de lo que significa el "Juicio Final" a que se refiere el Evangelio de San Mateo, que ha sido explicado en detalle y ampliamente en dicho libro. Por él sabrán que, a fines de este siglo, pasará cerca de la Tierra ese gran planeta del sistema estelar de Tila, conocido con el nombre de Hercólubus, y que su influencia magnética y de todo orden producirá enormes trastornos en la Tierra, entre ellos el cambio del eje de rotación de este planeta. Es lógico pensar los cataclismos que ha de causar tal fenómeno, y tales consecuencias han sido explicadas, con lujo de detalles, en el mencionado libro. Así mismo, fueron explicados en detalle las alegorías finales del Apocalipsis de San Juan, referentes, por una parte, a los tiempos postreros de esta civilización y, luego, la reconstrucción de este mundo para la nueva etapa, verdaderamente paradisíaca, en que crecerá en la Tierra una nueva raza superior y un nuevo mundo de paz y de perfecta armonía, cumpliendo la promesa crística de que SU REINO bajaría a este mundo.

Y si tenemos en cuenta lo explicado sobre la atracción directa y poderosa que Hercólubus ejercerá, especialmente en la Cuarta Dimensión, sobre toda la población de espíritus concentrada en torno a la Tierra, llevándose a ese astro a todos los espíritus que no hayan logrado desarrollar un nivel de frecuencia vibratorias mayor, o más elevado, que el de las frecuencias vibratorias de Hercólubus, tendremos que tomar el peso del terrible destino que espera, para entonces, a todos aquellos que se mantuvieron en un atraso moral, mental y espiritual capaz de ser atraído, en conformidad de la Ley de atracción de los Semejantes, a un mundo tan atrasado en comparación con el nuestro, que podemos decir ―como ya se ha explicado en el libro anterior que será un verdadero infierno para quienes renazcan en él. En cambio, todos los espíritus que lograran alcanzar niveles espirituales superiores a las frecuencias vibratorias de Hercólubus, no serán afectados por dicha atracción, permaneciendo en torno a la Tierra para renacer en ella en la próxima etapa, en cuerpos nuevos mucho más avanzados que los actuales, o sea la famosa "nueva raza" de las profecías, tanto bíblicas cuanto de otras fuentes. Así pues, tal destino ineludible para todos los seres humanos de este planeta, sólo puede modificarse mediante un esfuerzo en pro de un mejoramiento efectivo de nuestras condiciones anímicas, que nos haga aptos para gozar de nuevas encarnaciones superiores y de completa dicha.

Nadie puede eludir este destino. La evolución se cumple inexorablemente para todos los seres vivientes, y quienes conozcan sus leyes comprenderán cuan importante es conseguir que las nuevas encarnaciones sean mejores, muy particularmente en momentos cruciales como el que está viviendo nuestra actual humanidad. Y si no podemos evadirnos del Destino o Ley del Karma, tenemos que rendirnos a la evidencia de que, o nos esforzamos en estos últimos momentos de la civilización presente para subir nuestras vibraciones en la escala moral, intelectual, mental y espiritual, a fin de conseguir nuevas existencias de verdadera felicidad, o nos quedamos atrasados y aseguramos así un terrible destino de muchos y muchos milenios en Hercólubus, astro que hoy pasa por estado evolutivo como el que tenía la Tierra hace más de un millón de años...

Recomiendo leer detenidamente los capítulos respectivos de mi libro anterior, en donde quedó explicado ampliamente todo lo relativo a este proceso apocalíptico. Y, ante tal situación, es muy claro que debe procederse a mejorar nuestra alma, precisamente en estos últimos años, porque es la única oportunidad que hoy tiene toda nuestra humanidad, de salvarse de tan terribles consecuencias... Por eso las religiones han insistido, constantemente en que "debemos salvarnos" pero no han podido explicar por qué ni cómo, por los mismos motivos ya anotados en páginas anteriores. Nadie puede eludir la marcha progresiva de la evolución. Nadie puede sustraerse a las fuerzas cósmicas que lo conducen, lo guían y lo impulsan a marchar hacia adelante en la senda eterna de la Vida. Nadie puede detener el Destino. Y si ahora estamos enfrentados a las puertas simbólicas de lo que las religiones llaman "EL CIELO" y "EL INFIERNO" ya explicados, también en mi libro anterior, creo que nadie ha de ser tan necio de escoger el segundo, pudiendo obtener el primero...

Esta es la respuesta a quienes, sin llegar a comprender la tremenda importancia de los momentos actuales, no se explicaban cómo podía un hombre aprovechar su perfeccionamiento positivo en un mundo que se va a acabar... Pero si sabemos todo lo antes dicho, comprenderemos la enorme verdad y el trascendental mensaje de esperanza para los que logren abrir sus ojos a la LUZ y sus oídos a las gloriosas armonía de un nuevo mundo de PAZ, de AMOR y de VERDAD...


***


Ahora veremos una serie de ejercicios prácticos, y de recomendaciones, que puedan servimos para transformar nuestra vida psíquica, mental, moral' y espiritual. Ante todo, tengamos en cuenta lo que se dijo, al respecto, en capítulos anteriores de este mismo libro.

Lo primero que tenemos que asegurar, como ya se recomendó, es un lugar en donde poder recluirnos, por un rato, sin que nadie nos moleste, sin que nadie nos interrumpa, durante el tiempo que dediquemos a estos trabajos. Esto no es difícil: en última instancia puede servirnos nuestro mismo dormitorio, si en él podemos permanecer por lo menos, un cuarto de hora diaria solos y sin intromisión de extraños. Porque lo principal es evitar que nos molesten, perturben o interrumpan cuando estemos dedicados a nuestro trabajo espiritual. De no ser así, poco hemos de avanzar, pues se requiere gozar de absoluta tranquilidad y silencio, muy particularmente en los primeros tiempos, hasta que hayamos logrado tal avance que nos permita actuar, libremente, en lugares públicos.

Ya se ha indicado la importancia capital de realizar el propio examen. El trabajo enfocado a conocernos, íntegramente, tal como somos en nuestro ulterior y no como pensamos que somos, en apariencia. Pero para ello, es necesario, previamente, adiestrar nuestra voluntad y nuestro pensamiento. Ya dimos algunas pautas en los capítulos anteriores. Ahora vamos a recapitular.


Primeros Ejercicios

Nos propondremos hacer, todos los días, en la mañana y en la noche, un cuarto de hora de retiro absoluto, en el lugar que se haya escogido para ello. Deberemos contar con la comodidad de poder descansar nuestro cuerpo, si fuera posible, echados, como en la cama, o sobre algún mueble que nos permita extender nuestro cuerpo en una posición de verdadero y completa descanso. Relajemos todos los músculos, como hacen los gatos cuando se estiran, para que no haya la menor tensión en ninguno de ellos. Estando así, plenamente descansados, fijemos nuestro pensamiento en una frase corta y contundente, relacionada con nuestro propósito, por ejemplo: "Debo dominar mi pensamiento"... O, "Voy a controlar mi mente". Procuremos no apartar, ni un sólo instante, la imaginación, de la frase que hayamos escogido para este primer ejercicio. Y mantener fija la atención durante un cuarto de hora» que puede ser controlado, al principio, con un despertador. Andando el tiempo, cuando ya dominemos nuestro pensamiento, no necesitaremos de reloj. Este ejercicio se hará, repetidamente, día y noche, que puede ser al levantarse y antes de acostarse, basta que hayamos logrado apartar de nosotros cualquiera idea ajena a lo propuesto y mantener ese cuarto de hora la mente fija en la frase escogida.



Debe tenerse gran cuidado de que, en todo momento, podamos estar con el cuerpo cómodamente descansado y respirando tranquila y pausadamente, para que todo nuestro organismo se mantenga en perfecto equilibrio. Al cabo de pocos días, con el primer pensamiento, cambiemos la frase propuesta por: "Debo purificar todo mi ser"... manteniendo esa idea, no sólo durante el cuarto de hora de disciplina diaria, sino que escribiremos esa frase en un papel que llevaremos con nosotros a todas partes. Es lógico que tal procedimiento no deba ser visto por nadie, para evitar burlas e incomprensiones de extraños. Tal idea debe quedar grabada, indeleblemente, en nuestra conciencia, y por eso llevaremos, ocultamente la frase escrita y la leeremos cuantas veces nos sea posible, en momentos fugaces de que podamos disfrutar en nuestras ocupaciones diarias.

Cuando la idea "DEBO PURIFICAR TODO MI SER" resuene a cada instante en nuestra memoria, en nuestro yo interno, esa idea habrá tomado forma en nuestro subconsciente y podremos pasar a una nueva fórmula, pero sin abandonar la idea madre mencionada.

Una nueva idea deberá ser fijada por nosotros: "Tengo que conocer mis defectos"... Para ese entonces, ya nos habremos acostumbrado a mantener la mente fija durante un cuarto de hora. Entonces, dedicaremos un cuarto de hora a la idea anterior y un cuarto de hora a la nueva frase. Si lo hacemos sin distraernos ni abandonar, un sólo día, ese ejercicio, habremos empezado a desarrollar una fuerza volitiva de verdadera importancia. Si lo hemos logrado, repitiendo día a día esas frases―ideas fundamentales, estaremos llegando al momento de nuestro examen interno. El retrato de nuestra íntima personalidad.

Entonces, escribiremos en―una libretita que podamos llevar a todas partes, la frase "VOY A CONOCERME A MI MISMO"... y leeremos dicha frase en cuantas oportunidades se nos presenten de dar un vistazo a la libretita.

Ahora, en nuestra sesión de retiro diario, empezaremos a buscar los defectos inherentes a nuestra alma. Para ello, debemos ayudarnos con un instrumento de consulta inequívoca: La Tabla de los Diez Mandamientos de Moisés. Allí encontraremos una pauta para no desviamos del camino a seguir. Leeremos los diez mandamientos antes de comenzar la concentración de un cuarto de hora, y durante el lapso mencionado, fijaremos nuestra atención en uno solo de cada mandamiento, cada día. Este ejercicio, repetido, deberá darnos, al cabo de pocas semanas, una imagen clara de dónde se encuentran los errores más comunes de nuestra vida interior, nuestras fallas más corrientes y nuestras debilidades más saltantes. Fijaremos la mente, a cada instante, sobre los principales motivos de error que hay en nuestra alma, refiriéndolos a la vida diaria de relación con otros seres y habrá llegado el momento de comparar nuestra conducta con la fórmula crística por excelencia: "No hagas a otro lo que no quisieras que te hagan a ti"... Cuando apliquemos esta fórmula a nuestro trato diario con el prójimo, descubriremos cuántos errores, secretos y silenciosamente descuidados, hemos estado cometiendo en nuestra vida intima.

Habrá llegado, entonces, el momento de enmendarnos, de aplicar a la limpieza de todas esas llagas morales, la fuerza que hemos ido desarrollando, fuerza de voluntad y dominio de pensamiento.

Con el mismo procedimiento de concentración y meditación acerca de uno de los defectos encontrados en nosotros mismos, tomaremos como sujeto de experimentación, para comenzar la limpieza, los más simples defectos, para que nos sea más fácil su eliminación y acostumbrarnos a no cejas, en ningún caso, de la tarea propuesta. Si por ejemplo, somos aficionados al juego, cartas, dados, apuestas hípicas, etc., nos propondremos, con toda firmeza, dejar ese hábito para siempre. Si somos fumadores, abandonaremos el tabaco, de golpe, pues de otra manera es engañoso y difícil.

La determinación debe cumplirse en el mismo momento en qué tomemos la resolución de hacerlo. Si titubeamos, estamos perdiendo fuerza volitiva, y si no nos mantenemos firmes, no podremos triunfar en la campaña total de nuestra regeneración. Para ello, la ayuda del ejercicio diario de las mañanas y las noches es capital. Pero, a medida que el tiempo transcurre, la fijación de nuestra menté irá manifestándose en otros momentos de nuestra labor diaria, logrando que la idea―forma de nuestro propósito vaya dominando toda nuestra vida interna. Sólo así podremos triunfar y desarraigar de nosotros los errores fundamentales de nuestra anterior personalidad.

Cuando hayamos vencido los más sencillos defectos de nuestras diarias costumbres; cuando notemos que podemos dominar fácilmente y mantener fijo nuestro pensamiento en la idea que elegimos para modus operandi, habrá llegado el momento de prepararnos a librar la gran batalla de nuestra liberación interna. Tendremos que confesarnos, paladinamente, los grandes defectos, las grandes, pasiones que dominan nuestra alma. Con el mismo procedimiento, y con la ayuda siempre, del Decálogo y de la fórmula crística de no hacer a otros lo que no deseamos que se haga con nosotros, iremos a enfrentarnos a los grandes enemigos de nuestra superación y de nuestra paz espiritual.

Si somos avaros y acaparamos el dinero como si fuera algo vital pata nuestra existencia, aprendamos la verdad de que el dinero debe usarse como un medio y no como un fin. Un medio para subsistir, pero también para ayudar a los demás altruistamente. Nos propondremos emplearlo, sin egoísmo ni mezquindades, compartiéndolo en casos de necesidad ajena con el prójimo. Y si somos egoístas, lo cual podremos descubrir comparándolo con la fórmula crística, haremos el firme propósito de darnos, cuanto podamos, a mejorar nuestras relaciones con los demás... Esto nos abrirá un campo ilimitado de horizontes cada vez más amplios en donde emplear nuestras fuerzas y nuestros medios de acción. Y al irse ampliando los alcances de nuestra concienciarlos panoramas de la vida que nos rodea, iremos, descubriendo posibilidades de acción y de pensamientos útiles que hasta entonces no imaginábamos que pudieran existir. Esto será el síntoma inequívoco de que nuestra conciencia se está ampliando y de que nuestro interior comienza a iluminarse... Ha llegado el momento de reforzar nuestra disciplina y de exigir cada vez más fuerza en el cumplimiento de nuestro propósito de enmienda general. Y aquí podremos confiar, también, en la ayuda exterior de las altas entidades del mundo invisible, que siempre vigilan y están dispuestas a ayudar a todos los que requieran su auxilio para una rápida transformación.

Es el momento de elevar nuestro pedido de ayuda y de protección espiritual. Recordemos la oración por excelencia que el Sublime Maestro nos dejara: el Padre Nuestro. Pronunciándolo, con toda unción, en los ejercicios de la mañana y de la noche, antes de comenzar la concentración y la meditación, confiemos en que vamos a ser escuchados con toda seguridad. Al poco tiempo de realizar dicha práctica, veremos, en verdad, sus resultados positivos. A medida que avancemos en la eliminación de las pasiones que antes nos dominaban, notaremos cómo al pronunciar con todas las fuerzas del alma el sencillo "PADRE NUESTRO", entrará en nosotros una luz nunca soñada... una placidez que se extenderá por todos los ámbitos de nuestra conciencia y que nos hará sentimos transformados...

Si nuestra fuerza de voluntad nos lleva a realizar toda esta paciente y magnífica labor, en poco tiempo habremos llegado a sentirnos nuevos, a notar que aquel sujeto imperfecto de antaño, es ya cosa del pasado, porque en nosotros está naciendo un hombre nuevo... Y habrá llegado, también, el momento en que podamos pedir con toda fe y seguridad, la Paz del Alma...

Al vencer nuestros defectos, al enmendar nuestros errores y arrancar, de nosotros mismos las pasiones tan comunes a nuestra humanidad, habremos dado el gran salto hacia los cielos donde se encuentran los justos. Una vida nueva abrirá ante los ojos del alma, abiertos, ahora, a las luces inefables de los remos superiores. Una armonía cada vez más grande se irá apoderando de nosotros, al sentirnos como fuera de este mundo y sus bajezas, y una gran serenidad irá reemplazando nuestras anteriores angustias, porque iremos conociendo que, en verdad, es cierto aquello que se dijo en las riberas del roldan, desde hace ya veinte siglos:

LLAMAD Y OS ABRIRÁN... PEDID Y SE OS DARÁ...


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Hemos trazado un esquema, sencillo y práctico del procedimiento a seguir. Los que no conocen, todavía de estas cosas; pensarán que es demasiado―simple para ser eficaz. Y se engañan como se engañaron, siempre, los que antaño le pedían al Salvador las fórmulas para su propia salvación... Porque las fórmulas siempre fueron simples, como la dulce doctrina que Él mismo predicaba: "No hagáis a otros lo que ―no quisierais que se haga con vosotros"... No cabe mayor simplicidad, porque el verdadero camino del REINO es sencillo y simple como las almas inocentes de los niños... Si queréis, en verdad, llegar al Reino de Dios, a ese Reino de la Luz Dorada que se ha explicado detenidamente en mi libro anterior, al final de vuestras disciplinas y ejercicios, veréis que es el camino de la sencillez inmaculada de la almas de los niños tiernos...

Lo que hace falta, para lograrlo, es la fuerza de voluntad que nos dará la perseverancia, y el dominio absoluto de nuestros pensamientos, que es la mágica varita del control general de nuestra vida interna. Ya se ha dicho y lo repito: Nosotros somos así como pensamos. Por tanto, el edificio total de nuestra vida interna es sólo el resultado de nuestra manera de pensar, pues no hay acción que no provenga de una previa idea... Si aprendemos a pensar noble y elevadamente, seremos nobles y elevados en nuestras diarias acciones. Y si ambicionamos la paz de espíritu, tendremos que establecerla con nuestro propio pensamiento en el templo interior de nuestra limpia conciencia, eliminando con la fuerza de nuestra voluntad, todo lo que se oponga a su firme y perpetua estabilidad...


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En los actuales días que se viven en el mundo, son muchos los que padecen de angustias mil, por la agitada vida moderna. Muchas de esas angustias, a veces, obedecen a neurosis fáciles de contrarrestar, en atención al funcionamiento de los sistemas nerviosos afectados por la vida caótica de las grandes urbes. Para ellos, como una ayuda auxiliar, aparte del procedimiento recomendado en las páginas precedentes, voy a dar aquí una sencilla receta que cualquiera se puede preparar, con sólo el trabajo de conseguir los ingredientes, que son todos fáciles de obtener, en su mayor parte de origen vegetal:

● Gramos
● Extracto blando de Sauce Blanco 50
● Tintura de Crataegus Oxiacantha 100
● Extracto Fluido Passiflora Incarnata 100
● Agua Destilada 50
● Glicerina Q.P.
● 250 Jarabe de azúcar para completar un litro.

Mezclando los extractos, tintura y agua destilada, filtrando a través de una tela fina y añadiendo la glicerina y el jarabe, se obtiene un jarabe de sabor muy agradable que se puede tomar, a razón de dos cucharadas al día, o sea una cucharada en la mañana y otra antes de dormir. Es un medicamento muy útil para el sistema nervioso, y que en nada se opone a cualquier dieta o régimen alimenticio, ni forma hábito como las drogas de orden sintético hoy tan comunes en la farmacopea moderna.


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En cuanto a las dietas alimenticias coadyuvantes en el proceso de transformación espiritual y psíquica, debo aclarar que, si es muy importante su empleo en una disciplina integral en tal sentido, debe tenerse en cuenta que no todas las personas pueden someterse, por igual, a los mismos regímenes. Todos los organismos no son, estrictamente, iguales en su funcionamiento, en su metabolismo y en las necesidades particulares de cada uno. Hay personas que, por determinada circunstancia fisiológica, no pueden prescindir de las carnes como fuente de proteínas en su diaria alimentación por no tolerar ciertas formas de proteína vegetal, como sucede con algunos pacientes de dolencias crónicas de origen hepático. Es un absurdo creer que sólo con las dietas vegetarianas se puede lograr la pureza integral del ser. Recordemos que nuestro Sublime Maestro Jesús de Nazareth también comió carnes, muchas veces...

Lo peor, en materia de alimentación, es el abuso de alimentos fuertes, y de bebidas espirituosas. Pero el que un buen discípulo, honradamente encaminado en la senda de los ejercicios ya descritos, coma o deje de comer carnes es secundario. Otra cosa sería fanatismo, y, antes que nada, es preciso alejar de nosotros, todo conato de fanatismo. Esto hace tanto daño como cualquiera de las pasiones comunes de nuestra humanidad. Claro está que, si nuestro organismo lo admite, la abstención de carnes es muy importante, porque acelera y ayuda a moderar nuestras costumbres, desintoxica nuestro cuerpo físico eliminando de hecho los venenos físicos de las carnes y alejando de nosotros los venenos psíquicos derivados de las influencias astrales contenidas en los tejidos animales. Debe recordarse que todas las pasiones, en humanos o animales, tienen asidero físico en la sangre, y por tanto sus influencias astrales quedan grabadas en los tejidos alimentados por la sangre. De allí que las personas de alimentación carnívora, como los mismos animales carnívoros, sean más propensas a la violencia en sus reacciones, que los vegetarianos. Es un fenómeno que se puede comprobar, fácilmente, dejando un tiempo de consumir carne. Al cabo de algún tiempo, se nota cómo nuestras relaciones dejan de ser impulsivas y violentas, para apaciguarnos lentamente. Pero no debe suprimirse la carne si no se puede reemplazar su proteína con proteína vegetal. Y a quienes ciertas proteínas de origen vegetal no les caen bien en su metabolismo, no les queda más recurso que seguir consumiendo carnes, aunque los fanáticos vegetarianos digan lo contrario.

Ahora bien, dentro de condiciones fisiológicas favorables, veamos cómo pueden organizarse dietas que contengan todos los elementos necesarios para la perfecta nutrición, y que estén exentas de los venenos físicos y psíquicos de las carnes.

Es de todo punto imprescindible que en la dieta diaria se incluya alimentos que proporcionen suficiente proteína al organismo. Esta puede obtenerse, abundantemente, de alimentos derivados del fríjol soya, cuya proteína es mucho más nutritiva que las de origen animal, y está exenta de las toxinas contenidas en las carnes. También puede suplirse ésta con el gluten que se obtiene lavando la harina de trigo amasada con agua. La masa es sometida a un lavado minucioso que elimina el almidón, dejando una pasta viscosa y blanda, algo pegajosa, que es el gluten en cuyas mallas se retenía el almidón ' de la harina, que puede ser recogido en el fondo de un recipiente amplio» después de dicho proceso. Con el gluten, adicionado de pasta de soya, se puede confeccionar infinidad de guisos que, según se desee, pueden reemplazar, ventajosamente, muchos preparados a base de carnes, tales como bifes, asa* dos, estofados, parrillas y otros guisos, con apariencia de carne, cuyo sabor sólo depende de los condimentos y salsas que se les adicione. Su valor nutritivo es igual o mayor que los preparados a base de carne, pero con la ventaja de no llevar al organismo los venenos físicos y psíquicos que aquélla contiene.

Teniendo como base la mezcla de soya―gluten, puede confeccionarse,, infinidad de menús, muy variados y nutritivos, a la par que debidamente balanceados, si se cuida bien de confeccionarlos con ingredientes en los que intervengan una mezcla diaria de verduras, hortalizas, frutas, leguminosas y cereales. Los menús, es lógico, dependen del gusto de cada persona y de la facilidad para conseguir los distintos alimentos. Pero en todas partes es fácil, encontrar la lista de especimenes que vamos a recomendar a continuación:


Verduras

Espinacas, acelgas, col, coliflor, lechuga, apio y berros. Pueden comerse en distintas formas, de preferencia en ensaladas, con una ligera cocción para no desnaturalizar los principios vitamínicos de las mismas. En cuanto a la col, debe preferirse comerla cruda, bien lavada, cortada menudamente, para servirla como ensalada, a la que se puede agregar el apio, también crudo, y aderezadas con adición de aceite puro de oliva y limón, u otras salsas a gusto.




Hortalizas

Patatas (papas), alcachofas, tomates, cebollas, ajos, berenjenas y espárragos.



Todo el mundo conoce cómo preparar estos alimentos; pero debe hacerse una especial mención acerca de algunas de ellas: las patatas deben ser, de preferencia, cocidas con cáscara, para conservar al máximo las cualidades de la porción del tubérculo que se encuentra directamente bajo la piel, lo que es mucho mis efectivo que mondarlas, con lo cual se pierde la parte más alimenticia que es precisamente la que se encuentra bajo su fina epidermis. Además, al hervirlas, debe conservarse el agua, que resulta un cocimiento magnífico para la artritis, tan común en todas partes, y que puede tomarse como sopa o mezclada en otras formas, o simplemente como bebida.

En cuanto a las cebollas y los ajos, son dos vegetales de un valor inestimable para la salud y el buen mantenimiento de nuestro organismo. La cebolla es desintoxicante de todos los órganos, depurativa en caso de úlceras, abscesos, llagas, etc., y desinflamante de las vías respiratorias, que se pueden aliviar con jarabe preparado a base de cebolla cruda y azúcar. Su valor medicamentoso y profiláctico del organismo es inestimable. No debe faltar en ningún menú diario. De igual modo los ajos, son bulbos maravillosos por sus muchas aplicaciones en terapéutica naturista, y un alimento perfecto que controla en forma admirable la hipertensión, hoy tan extendida. Entre las farmacopeas de Hipócrates, Galeno y Paracelso, el ajo tiene infinidad de aplicaciones, y figura como tónico administrado diariamente, durante los treinta años que demoró la construcción de la gran pirámide de Keops, a tos cien mil obreros que trabajaban en ella. Su empleo, también, debe ser diario, en todos los menús que se elabore, pues entra entre los agentes secretos que en la alimentación contribuyen, en el metabolismo, a prolongar la salud y alargar la vida.

Entre las raíces comestibles, las mejores son la zanahoria, la remolacha y los nabos, que pueden incluirse en todos los menús, en varias formas:


Las leguminosas

La principal de todas ha de ser la soya, o fríjol―soya, ya mencionado, las judías o frijoles comunes, los paulares, arvejitas, habas, lentejas y garbanzos, todas ellas ampliamente conocidas y empleadas en la cocina de todas las familias. Tienen propiedades nutritivas de primera fuerza, y no deben faltar, por lo menos dos veces a la semana en las dietas familiares. De todas ellas, las de menor importancia, por ser más laboriosas para la digestión, son las habas, sin dejar de ser un alimento concentrado de gran fuerza.




Los Cereales

Trigo, avena, arroz, maíz y cebada, ampliamente conocidos, entre los que recomendamos, de preferencia el trigo y la avena. El trigo, que puede comerse en grano, pelado y cocido, en varías formas, y su harina que nos sirve para la preparación del pan y de las mezclas a base de gluten ya mencionadas. En cuanto al pan, debe preferirse el de tipo integral o sea el completo, llamado, también, pan negro, por ser el más nutritivo y de mejor digestión. La avena, que ha sido mundialmente popularizada como "quaker", es invalorable en la dieta diaria, especialmente para los desayunos, mezclada con leche y azúcar, pero mejor con miel, y especialmente si ésta fuera de abejas. En cuanto al maíz, la forma más sencilla y digestible es el de las mazorcas frescas y cocidas con agua hirviente, comúnmente llamadas "choclos".



Todos estos alimentos, combinados en forma agradable y sin que se prescinda de ninguno en las dietas semanales, acompañados, siempre de alguna fruta, aseguran un bienestar y una salud permanentes. En cuanto a las frutas, la mejor de todas es la naranja. Todo el mundo debería consumir, por lo menos, un par de naranjas diariamente, pues la madre naturaleza nos ha dado, con ellas, un verdadero tesoro de valor inestimable para el mantenimiento de la salud. Limpia, desintoxica, nutre, vigoriza, desinfecta interiormente, refresca y tonifica todo el organismo, siendo una verdadera panacea. Y junto a ella, las uvas y los plátanos ocupan los puestos principales en la larga lista de frutas que podemos comer diariamente. Debe tenerse en cuenta que estas tres frutas solas, pueden sostener durante largo tiempo a una persona, con sólo adicionarles proteína de soya.

Si a todo lo anteriormente expuesto, añadimos el uso de la leche, los huevos, el queso y el yogurth, tendremos todos los elementos para una dieta diaria y un régimen alimenticio que nos asegura una larga vida, sana y fuerte, si no median otros agentes extraños de desequilibrio, como los de orden psíquico tantas veces mencionados en otros capítulos. Pero lo que más hay que tener en cuenta es que el volumen y cantidad de elementos nutritivos no sea exagerado. Ya hemos dicho que mucha gente se enferma y se mata por la boca: los glotones y los viciosos de la gula deben dar marcha atrás a sus diarias francachelas. Basta con comer, lo suficiente para una alimentación equilibrada y que reemplace el desgaste diario. Hay que comer para vivir, no vivir para comer. En este caso sobrevienen los trastornos digestivos y hepáticos, la adiposidad que puede llegar a extremos de obesidad, trastorno casi letal pues entorpece el funcionamiento de todos los órganos vitales, y los estados de autointoxicación por los excesos de alimento.

La buena salud es, como todo, equilibrio y armonía. Si nos atenemos a un desayuno frugal, con frutas y cereales en cantidad normal, y un poco de leche, y a dos comidas en el resto del día, con platos que contengan verduras, hortalizas, proteínas e hidratos de carbono que pueden provenir de un postre, nos mantendremos sanos y fuertes, y podremos dedicar a nuestras labores y estudios toda la energía que sea menester.


El Despertar de las Facultades Latentes

La mayor parte de las personas que se interesan por los estudios esotéricos, ambicionan, de primera intención, lograr los poderes que constituyen el galardón de los Iniciados. Pero en todo momento, los Maestros de todas las Escuelas advirtieron a sus discípulos que esos poderes sólo podrían obtenerse una vez que el discípulo hubiese demostrado su calificación, o merecimiento, para ellos. Es que no se puede pensar en entregar a un neófito un poder o facultad de tal naturaleza, que sería como poner en manos de un niño una metralla o una bomba explosiva. ~



El desdoblamiento o facultad de salir voluntariamente de nuestro cuerpo físico, conocido también como don de ubicuidad, pone a quien pueda realizarlo conscientemente, en condiciones de averiguar muchos secretos de la vida íntima de los demás. Claro está que no debe ser usado sino por personas que hayan purificado íntegramente su Yo interno; que vivan ya una limpieza de alma tan completa que les impida toda tentación de hacer mal uso del don, y que sean tan fuertes y equilibrados para estar seguros, con toda certeza, de no cometer ni la más mínima ligereza en tal sentido.

De igual modo sucede con el poder, o facultad de la clarividencia y clariaudiencia. Y todavía en menor grado, pues estas dos facultades se desarrollan casi parcialmente con el don de ubicuidad, lo que da al sujeto una superioridad y un poder tan grandes sobre sus semejantes, que dichas fuerzas no pueden estar en manos sino de lo» mas puros y probados. Cualquier otro ser que llegase a detentar esas fuerzas ocultas, podría sentirse tentado de emplearlas para el mal, o hacer mal uso de ellas. Y esto, felizmente, no es fácil de obtener por cualquiera.

Pero en aquellos en quienes ya se ha logrado el dominio absoluto del pensamiento y el control de una poderosa voluntad, puesta al servicio de un alma limpia, la iluminación interior es como una llave maestra que está lista para abrir las puertas de esas dos facultades maravillosas. Al limpio de corazón y de pensamiento, con la iluminación interna se le abren las puertas del REINO, pues con ambas facultades puede, en cualquier momento, llegar hasta Ellas y trasponerlas... Recordemos aquel pasaje de capítulos anteriores, cuando conducido por mi Maestro, me vi ante las Puertas del Reino de la Luz Dorada y se me hizo la promesa de que, al término de mi adiestramiento, podría penetrar tras de ellas...

No es posible pretenderlo antes de que una completa purificación haya iluminado el alma. Pero cuando el alma es ya pura, toda nuestra maquinaria interna está vibrando en frecuencias nuevas, en tipos de vibración tan altos que los .chacras o centros de poder secretos en la Cuarta Dimensión de nuestro organismo, están ya listos para abrir las puertas sagradas, con una simple orden de nuestro YO SUPERIOR, como el "Sésamo, Ábrete" del cuento de "Las Mil y Una Noches"...

Si queremos gozar de aquellos dones, aprendamos, antes, a merecerlos. Trabajemos en la transformación integral de nuestra personalidad, para hacer de un ser mediocre y débil un paladín de las luminosas huestes del REINO... Y cuando esto se haya realizado en nosotros, no necesitaremos, ya, buscar ningún maestro humano, porque la Luz generada por nuestro propio espíritu será la antorcha deslumbrante que atraerá―, de inmediato a cualquiera de los Maestros Invisibles que siempre, en la Cuarta―Dimensión, están prontos a tomar de la mano al nuevo Iniciado para hacerlo ingresar, con todos los honores, en la GLORIOSA MANSION DE LOS JUSTOS.

Así, de esta manera, sin necesidad de pasar, ya, por la muerte física, el despertar espontáneo de las dormidas facultades, como premio sublime a la paciencia y el valor con que se consiguió triunfar, habrán hecho que se cumpla en el nuevo soldado del REINO, esa otra promesa de CRISTO:

BUSCAD EL REINO DE LOS CIELOS, QUE TODO LO DEMÁS OS SERA DADO POR AÑADIDURA.


EPILOGO


Han pasado ya dos años desde el día en qué llegáramos a Janlitpur; y ayer, el Maestro nos convocó en su despacho a los cuatro, junto con el Hermano israelita y el Hermano egipcio. El anuncio de tal reunión, enteramente fuera de lo acostumbrado hasta ahora, no dejó de sorprendernos, y esperamos ansiosos qué sería lo que nos iba a decir.



Después del desayuno, estuvimos todos puntuales a la cita. Dumpbahar nos esperaba de pie en el centro de la sala y, tras abrazarnos a cada uno, nos miró un rato en silencio con aire paternal y en tono suave y lento, comenzó a hablar:

―Ha llegado la hora en que debo anunciaros que vuestra prepararon acá, toca ya a su fin... EL YO INTERNO de cada uno de vosotros se ha ido transformando, superándose día a día, mes a mes, hasta alcanzar el nivel de purificación requerido por nuestros Hermanos Mayores de Ganímedes... En vuestras almas ya no existe ni el egoísmo ni la envidia. Se ha eliminado de ellas el odio y el rencor, tan comunes en este mundo... Y habéis aprendido a ser verdaderos hermanos entre vosotros y con todos los demás seres de la Creación, probándolo y ratificando vuestras nuevas cualidades, porque sabéis ahora que no es posible apartarse de las demás criaturas del Universo, como los animales y las plantas, a quienes se debe amar y cuidar con esmero, si queremos ser merecedores de la amorosa consideración de nuestros Hermanos Mayores de otros Mundos y de otros Planos de la Naturaleza, como las Divinas Entidades que dirigen y controlan todos los aspectos de la VIDA en el COSMOS...

La pureza de vuestras almas ha eliminado, también, la avaricia y la ambición desmedida y malsana que lleva a la generalidad de los hombres a cometer los más crasos errores, posponiendo los deberes de humanidad ante tos dictados mezquinos de intereses mucha veces inconfesables, como los que hoy día están impulsando a los líderes del mundo hacia una nueva y. terrible conflagración...

Porque el panorama mundial no puede ser, ya más lóbrego y amenazador, con una serie de focos de discordia capaces, cada uno, de servir como detonantes de la terrible explosión de una tercera guerra mundial... Basta mirar lo que sucede en el Medio Oriente, o lo que se realiza en Vietnam o en Camboya; o la aguda crisis del petróleo que no tardará en producir fricciones y choques entre las grandes potencias empeñadas en lograr su hegemonía... Todavía no aprende la humanidad a posponer los intereses pequeños de grupo o de nación en bien de los intereses generales de todo un mundo... Aún no aprenden los hombres la necesidad de cooperar los unos con los otros por el bienestar general, posponiendo los regionalismos, los anticuados conceptos de nacionalismos chauvinistas y los grandes bloques financieros y económicos que dominan a los pueblos; llegando a un acuerdo en favor de la cooperación mundial, que aprovechase los recursos naturales en beneficio de toda la humanidad, como nos lo demuestran nuestros Hermanos de Ganímedes en un mundo sin fronteras y con un gobierno mundial que elimine, para siempre, el espectro de las guerras, como ahora vemos en la Tierra, extenderse por doquier el fantasma de una horrenda hecatombe...

Yo he podido comprobar, satisfecho, cómo ha crecido en todos y cada; uno de vosotros la fuerza del verdadero AMOR, de ese amor universal y cósmico, elevado y puro, que sublimiza a todos los seres del Universo, acercándolos a DIOS... Y por eso, al haber vencido, igualmente, la frívola vanidad, el nefasto orgullo y la soberbia que emponzoña las almas, podéis ahora recibir este anuncio de una final aprobación de vuestros esfuerzos, disciplina y estudios, para disfrutar, dentro de poco, el premio de ser conducidos a un mundo superior al nuestro... Ya no anidan en vosotros las bajas pasiones que enturbian la conciencia humana, y tenéis la fortaleza de espíritu y de voluntad que os han permitido triunfar de todas las pruebas necesarias para vuestra integral transformación... Hoy sois puros en alma y cuerpo, y esa pureza está reflejada en la brillantez de vuestras auras, que han sido contempladas por nuestros Hermanos Mayores del gran satélite de Júpiter, mientras vosotros descansabais plácida y serenamente en el sueño. Sin que lo supierais, hemos sido visitados por una nave de aquellas que ya conocéis, que, en la noche, hace pocos días, observó nuestra humilde morada y pudo comprobar el estado de las auras de cada uno...

Rahmojan hizo una pausa y nos miró detenida y profundamente, como lo hiciera siempre que nos daba algunas de sus lecciones. Luego, con medida lentitud, prosiguió:

―Ayer se comunicó telepáticamente conmigo nuestro Muy Amado Hermano Pepe... Me dijo que habéis sido aceptados y que, dentro de siete días a contar de hoy, vendrán a conduciros a Ganímedes...

Todos nos miramos sorprendidos. El auto―control que ya tenemos nos mantuvo serenos, ante tal noticia; pero la alegría del grupo se manifestó en una sonrisa general que intercambiamos, sin alterar en nada nuestra posición, ni dejarnos arrastrar por demostraciones que, en otros, habrían sido ruidosas y exageradas. El Maestro sonrió, a su vez, y cambiando de tono, continuó:

―Los Tiempos han llegado... Las viejas profecías se cumplen y la locura desatada entre los hombres que gobiernan al mundo, por la soberbia, la ambición y el odio, los va acercando, ciegamente, a la realización del horrendo sacrificio... El Apocalipsis está en su pleno desarrollo, y pronto vamos a presenciar el comienzo de las tristes consecuencias que una terrible ceguera moral y espiritual ha de acarrear a esta pobre humanidad... Un entendimiento mundial evitaría la catástrofe, pero, ¿dónde están, quiénes son los que pueden lograrlo?... ¿No vemos que, día a día, se agravan y complican las relaciones entre unos y otros pueblos, desoyendo las prudentes y dramáticas advertencias del Supremo Pontífice Pablo VI, y acrecentando hora tras hora los motivos del odio entre los unos y los otros, como un presagio sangriento del apocalíptico holocausto?...

Por eso, en todo el mundo, se multiplican las misteriosas visitas de los Hermanos de Ganímedes, que, a despecho de quienes tratan aún, de negarlos y ridiculizarlos, siguen cumpliendo su amorosa misión de sacar de la Tierra a los que se han capacitado para ello. No sois los únicos que ahora van a dejar este mundo amenazado por la locura y el odio: en diferentes lugares del planeta, con distintos Maestros y en variadas formas, se preparan muchos seres cuyas auras están alcanzando la luminosidad requerida. Y por eso bajan, cada vez 'con más frecuencia, las máquinas extraterrestres que vienen a recoger, de los lugares marcados y previamente conocidos por ellos, a las personas que completaron y siguen completando su purificación y adiestramiento. En otros lagares en donde no se cuenta con tas condiciones especiales que nosotros tenemos aquí, se ven forzados a hacer sus visitas de noche, cuando los demás duermen y no se exponen a situaciones desagradables por la intromisión de seres todavía no aptos para su contacto con ellos,.. Vosotros conocéis, muy bien, la ceguera y los trastornos que ocasiona la falta de preparación adecuada en estos casos...Y nuestros Hermanos Mayores no tienen ningún interés de perder su precioso tiempo con seres atrasados o malévolos... Pero todo el que sea puro y sincero en su propósito de alcanzar la perfección, podrá lograrlo trabajando dentro de sí mismo, como vosotros y los demás en otros pueblos, ya lo han hecho...

El Maestro calló. Nos miró profundamente, y nos recomendó estar listos para la próxima semana. No necesitaríamos llevar ningún equipaje. Nos explicó la inutilidad de ello, pues, desde el momento de subir a la astronave, seríamos provistos de todo lo necesario para el viaje. Y en ese nuevo mundo se nos proporcionaría cuanto pudiésemos requerir para nuestra vida diaria. Así, pues, sólo teníamos que esperar y distribuir entre nuestros amigos del Hogar, las pocas pertenencias que aún nos quedaban en la Tierra.

Cuando retornamos a nuestro alojamiento, estábamos aún confusos y sorprendidos. No creímos que fuera tan pronta nuestra conversión. Pensábamos que hubiera sido preciso mayor tiempo; y lo mismo nos dijeron el israelita y el egipcio. Todavía no éramos clarividentes. Sólo habíamos podido llegar a realizar viajes astrales, como se explicó en capítulos pasados. Pero Rahmojan, en conversaciones posteriores, nos explicó ampliamente que este punto no era indispensable, en absoluto.

―En el nuevo mundo al que vais a ser llevados, se os dará eso y mucho más. La mayoría de las gentes cree que .deben ser clarividentes y tener poderes extrasensoriales para alcanzar la perfección. Y están equivocadas. La PERFECCIÓN se logra con la pureza del alma cómo base; sin ésta no hay PERFECCIÓN. La clarividencia y los demás poderes, que muchos ambicionan frívolamente y no con elevado anhelo, son consecuencias posteriores de la verdadera purificación del Alma. Pueden venir espontáneamente cuando el YO SUPREMO haya triunfado en su elevación total sobre la Materia; pero no antes... Y en seres como ustedes, serán despertados en cuanto lleguéis a ese mundo superior. Pero la entrada a ese mundo ya la habéis obtenido con la total pureza lograda en vuestras almas. Esperad que se haga la Voluntad de Nuestro Padre Celestial...

Y en tal estado, aguardando el ansiado momento, repartimos lo que aún poseíamos; mi esposa le obsequió a Maruja, la española, un juego de objetos de tocador que la había acompañado muchos años, y su reloj pulsera de oro. A Nancy le entregó un medallón de oro que siempre había llevado, consigo. Yo le di a Charly varios libros que había traído conmigo del Perú, mi lapicero de oro y mi portafolios de cuero. Estábamos ya listos para el viaje...


***


(Nota final proporcionada por el Ingeniero Mr. Charles O'Connor).

Son las 12:00 del día 15 de Octubre de 1974.

En la explanada central del Monasterio de Janlitpur nos hemos reunido todos los miembros de nuestra comunidad fraternal. Los monjes y discípulos del Monasterio se encuentran a las puertas del mismo, y los Hermanos del Hogar, en compañía del Maestro Rahmojan Dumpbahar, esperamos a la puerta de nuestra mansión. En el claro y límpido cielo azul que se extiende sobre las cumbres nevadas que circundan nuestro valle, se puede apreciar, ya, una pequeña mancha redonda y brillante, como una minúscula gota de plata resplandeciente, que se mueve en raudo vuelo en dirección a nosotros. En pocos segundos se ha ido agrandando hasta poder ver que se trata de una maquina en forma de plato, que refleja los rayos del sol de manera irresistible. Se encuentra, muy alto, sobre las cumbres, y parece disminuir su velocidad. Todos estamos profundamente impresionados. La astronave, que ya se ve con perfecta claridad, se ha detenido a una altura de más o menos mil metros. El Hermano Yosip estrecha una mano a su esposa, que con el otro brazo retiene junto a sí a los dos niños. Los otros dos futuros viajeros cambian una sonrisa y algunas palabras, mientras miran hacia arriba. '

La máquina ha comenzado a descender, lentamente. Ya está en nivel de los picos nevados y penetra dentro del perímetro del valle. Debo confesar que experimento una rara emoción. La astronave se acerca al suelo con gran suavidad... Ya se ha posado en Tierra. Es un aparato enorme, de unos treinta a cuarenta metros de diámetro, y en las ventanas que circundan su cúpula central vemos varias personas que nos observan. Una escalerilla de metal se está proyectando hacia el suelo, y se abre una especie de puerta corrediza en la cúpula sobre la escalera. En el marco de la abertura aparece un hombre vestido con una ajustada escafandra o buzo, brillante. Nos saluda con la mano. Es nuestro Hermano Pepe, que ahora baja y viene hasta nosotros.

Salimos a su encuentro, tras nuestro Maestro. Pepe se abraza con él. Lo mismo hacen el Hermano Yosip, su señora y los niños. Luego, los otros dos Hermanos que van a viajar estrechan sus manos con él. Los monjes y discípulos se mantienen, respetuosamente, en la puerta del Monasterio. La conversación es breve. E1 recién llegado nos explica que tienen todo listo para recibir a los viajeros. Que han venido ahora en una astronave de mayor tamaño, con capacidad para mayor número de personas, y que puede realizar su viaje hasta el "REINO DE MUNT" en sólo tres días de los nuestros... Nos dice, también, que en el trayecto serán preparados los viajeros para acondicionarlos mejor a su nuevo mundo, sin que puedan temer trastornos de ninguna clase, porque en esos tres días recibirán cuidados especiales como sucedió con él mismo en su primera oportunidad.

Ha llegado el momento supremo de la partida. Pese a nuestra disciplina acostumbrada, todos estamos emocionados. El Maestro se despide, paternalmente, de cada uno de los viajeros. La esposa de Yosip está llorando pese a sus esfuerzos por dominarse. Ibrahim se contiene a duras penas. Al abrazarnos a cada uno, su emoción es tan grande que no puede articular palabras. Nos besamos todos en la frente, y nos encaminamos hacia la máquina que resplandece a los rayos del sol. Es un platón gigantesco, de un metal bruñido parecido a la plata o al acero inoxidable, que se ha posado en el suelo sobre cuatro bases a manera de patas, que sobresalen de la estructura central, que tiene forma de cúpula o cabina rodeada de ventanas. Varias personas nos observan desde adentro y nos hacen señales amistosas con las manos.

Acompañamos a nuestros Hermanos hasta la escalera metálica. Los primeros en subir son el médico egipcio y el botánico judío. En seguida, los dos hijos de Yosip, su esposa, él y Pepe. Nos apartamos todos de la astronave, regresando a nuestro lugar de antes, y esperamos. Una emoción más fuerte que nuestra voluntad nos embarga, y en los ojos de Manija tiemblan dos lágrimas. El Maestro está sereno; pero se le nota triste...

Se cierra la puerta metálica corrediza. La escalerilla se retrae dentro del aparato. Vemos que nuestros Hermanos nos saludan desde las ventanas, y un leve zumbido llega hasta nosotros en momentos en que la máquina comienza a levantarse del suelo. Me sorprende no ver niego ni ningún efecto que pueda anunciar un proceso de retropropulsión. Simplemente, la astronave se va elevando con lentitud, como si flotara en el aire... Cuando la altura ha alcanzado unos doscientos metros, mas o menos, vemos que las cuatro patas metálicas se retrae», desapareciendo bajo el centro del platón; toda la estructura de éste en su parte exterior cambia de color, apareciendo una tonalidad dorado―carmesí, y el aparato se eleva a velocidad cada vez más acentuada... Contemplamos cómo se aleja en el espacio, hasta perderlo de vista, y retornamos a nuestro Hogar con la mente fija en los queridos Hermanos que, en esos momentos, se dirigen a un lejano mundo de nuestro sistema solar en donde reinan la VERDAD, la JUSTICIA y el AMOR.

FIN